Ciclo B 

    ADVIENTO

        Canten hoy, pues nacéis vos,
        los ángeles, gran Señora,
        y ensáyense, desde ahora,
        para cuando nazca Dios.

        Canten hoy pues a ver vienen
        nacida su Reina bella,
        que el fruto que esperan de ella
        es por quien la gracia tienen.

                                              Digan, Señora de vos,
                                              que habéis de ser su Señora,
                                              y ensáyense, desde ahora,
                                              para cuando nazca Dios.

                                              Pues de aquí a catorce años,
                                              que en buena hora cumpláis,
                                              verán el bien que nos dais,
                                              remedio de tantos daños.

                                             Canten y digan, por vos,
                                            que desde hoy tienen Señora,
                                            y ensáyense desde ahora,
                                            para cuando venga Dios.

                                            Y nosotros que esperamos
                                            que llegue pronto Belén,
                                            preparemos también
                                            el corazón y las manos.

                                            Vete sembrando, Señora,
                                            de paz nuestro corazón,
                                            y ensayemos, desde ahora,
                                            para cuando nazca Dios. Amén.

 

 



 I DOMINGO DE ADVIENTO

 

Isaías 63,16b-17;64,1.3b-8. Ojalá rasgues el cielo, Señor, y bajes.

Salmo Responsorial  79  “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

I Carta de san Pablo a los Corintios. Aguardamos la manifestación de nuestro Señor.

Marcos 13,33-37. Velad, pues no saben cuándo vendrá el dueño.

 

MANTENERSE VIGILANTES.

 

        Hemos llegado al final del tiempo ordinario y comienzo de un nuevo tiempo, un tiempo de gozosa esperanza, un tiempo que nos invita a una preparación inmediata a la Navidad. Comenzamos el tiempo del Adviento y con él también el comienzo del año litúrgico. Será san Marcos, el evangelio que iremos meditando durante este año.

        Cuentan que un general perdió una batalla por no dejar de jugar una partida de billar, pues bien, muchas veces nosotros nos jugamos la vida por no dejar de fumar unos cigarrillos, o beber demasiado el alcohol. Cuantas lágrimas, cuántas familias arruinada, cuánta batalla perdida por cosas que no valen la pena.

        El Adviento nos recuerda que nosotros no tenemos el control de la historia ni de la vida. Dios tiene el control y nosotros, los creyente, dependemos de Dios, de su poder, de su acción y de su amor.

        Nos situamos desde la fe, entre la celebración litúrgica de su primera venida, hace más de dos mil años, vino Dios hecho hombre a vivir con nosotros, recordamos asì el nacimiento del amor, la llegada de la salvación.  Ese pasado, ese ayer lejano, nos suena, es eso que llamamos la Navidad: el pesebre, noche de paz, misa de gallo, regalos, árbol, año cero.

         También adviento nos invita a mirar nuestro presente. Dios que viene a cada instante a nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro trabajo, a dar sentido y fuerza a lo que somos y hacemos. Se trata por tanto,  de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

        Adviento finalmente indica, estar vigilantes a la espera de la segunda venida (2ª lectura), pero en actitud dinámica, esto es , trabajando por el reino de Dios en este tiempo de gracia que es el presente, el ahora (Evangelio).

     Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.  En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección.

        Dice Jesús que el Hijo del hombre viene de manera imprevista, puede ser de noche, cuando todos estén dormidos, por eso invita a la vigilancia. Jesús se presenta como luz, como dìa, y contrapone las obras de las tinieblas que no glorifican a Dios. Vigilancia y oración han de ir juntos, la vida cristiana debe ser un perenne adviento de vigilancia y oración contra las tentaciones diarias. A veces nos pesa mucho la vida, y en las horas bajas buscamos apoyo en los demás pero en el ambiente que nos rodea, la indiferencia religiosa, la ambigüedad y confusión de los valores, la injusticia social y el clamor de los pobres, el desencanto de muchos, el agnosticismo o el ateísmo declarado de no pocos e incluso el desprecio a las creencias religiosas. Constituyen para nosotros una dura noche, la noche oscura que nos invita a la oración constante.

que estás sucio, desilusionado, sin esperanza, sin amor,

que buscas soluciones  a tus problemas en el periódico, en el horóscopo o en nuevas aventuras.

 La Palabra de Dios te dice: tú puedes cambiar, tú puedes llegar a ser otro.

 “Tú eres nuestro Padre, nosotros somos la greda y tú eres el alfarero, todos nosotros fuimos hechos por tus manos”.

 Este alfarero te dice, ponte en mis manos, déjate modelar y yo te enseñaré lo que puedes llegar a ser.

 ¿Quieres cambiar? ¿Quieres estar preparado para la venida del Señor? ¿Quiere vivir este tiempo de espera, de Adviento, sin miedo?

Si es posible construir un mundo según Dios, mirar a los demás como nuestros hermanos, amigos. Hijos de un mismo Dios. Hoy es el momento de comenzar y despertar, de sacudir nuestras perezas, y animarnos a mirar a nuestro Salvador que llegue. Pidamos al Señor, que venga a nuestra vida, que nos ilumine de rincón a rincón toda nuestra vida para distinguir y poder mejorar siempre. Amén

 ORACIÓN

¡Velad!» (Mc 13,37)

Señor Jesús:

La esperanza de los creyentes

es el lema litúrgico del Adviento.

El pueblo de Israel es un gran maestro de esperanza:

«¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!»,

porque somos «la arcilla y tú el alfarero:

somos todos obra de tu mano...

mira que somos tu pueblo».

Esa «arcilla» debe dejarse moldear por la gracia.

Debemos estar dispuestos y preparados,

porque «sales al encuentro del que practica la justicia

y se acuerda de tus caminos».

Esos «caminos» de esperanza suponen:

— ESTAR VIGILANTES, mediante el servicio.

— TENER ESPERANZA, porque realizamos nuestra «tarea»...

Señor Jesús:

«Al comenzar el tiempo del Adviento,

aviva en tus fieles

el deseo de salir a tu encuentro,

acompañados por las buenas obras».

Tú eres ese dueño del Evangelio.

que confías a cada uno su tarea.

Queremos velar y comprometernos en serio,

para que Tú seas el «alfarero» de nuestras vidas

y, a través de ellas, «brille tu rostro y nos salve».

AMEN. Mc 13,24-32

 

 II DOMINGO DE ADVIENTO

 

ü     Primera lectura  Is 40, 1-5.9-11  “Preparadle un camino al Señor”.

ü      Salmo Responsorial  84 “Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación”.

ü      Segunda lectura  2 Pe 3, 8-14  “Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva”.

ü      Evangelio  Mc 1, 1-8  “Allanad los senderos del Señor”.

 

CIELOS NUEVOS, TIERRA NUEVA

 

        Este domingo nos invita a preparar el camino del Señor, acelerando la venida del Señor y del cielo nuevo y de la tierra nueva que esperamos, donde habite la justicia, la paz, el amor, la verdad…

        Recordamos, como los políticos en su afán de ganar simpatizantes, prometen una nueva realidad, un pueblo donde no haya corrupción alguna, donde brillen los grandes valores. Pero somos conscientes, llegados al poder se asombran, se llenan de temores, porque acabar la corrupción, caminar por la verdad la justicia no es cuestión de palabra, exige un gran compromiso personal y social grande de cada uno de los hombres. Jesús nos invita a prepararnos para gustar de  su reino. No un reino utópico, engañador. Jesús mismo con su nacimiento, muerte y resurrección ha inaugurado el reino celestial.  Confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia, la paz, pues solo la tierra nueva y el cielo nuevo podrán saciar nuestros deseos de felicidad;  anhelamos un mundo nuevo en que sea realidad el programa de Jesús según las bienaventuranzas.

        Es Juan el Bautista en este domingo quien nos estimula a prepararnos, rechazando aquellas distracciones de la vida, Porque “los afanes de este mundo” y el consumismo desaforado no sólo nos despistan, sino que además, como son espejismos, nos dejan insatisfechos, no llenan nuestra vida de verdadera felicidad y desde luego no nos ayudan a afrontar con realismo la crudeza de la realidad, no nos ofrecen verdadero consuelo y esperanza. Queremos felicidad, gozo y nos ofrecen fiestas, comida, paseos lo cual està bien, pero no nos darán una felicidad en su plenitud.

        Un profesor de universidad fue a visitar a un gurú, un maestro de sabiduría oriental y le dijo: “Maestro, enséñame lo que tengo que saber para ser feliz. He estudiado las Escrituras, he escuchado a los grandes maestros, pero aún no he encontrado la respuesta”.

        El Maestro le invitó a té, llenó la taza y siguió echando té que se iba derramando por la mesa y el suelo.

        El profesor sorprendido le dijo: “La taza está llena. Pare. Ya no cabe más”.

        El Maestro le explicó: “Tú, como esta taza estás lleno de tus opiniones y de tus especulaciones. ¿Cómo puedo enseñarte el camino si antes no vacías tu taza?

        Vivimos muchas veces llenos de tantas cosas o preocupaciones personales o ideologías, si estamos así ¿Cómo podremos preparar un lugar para Cristo? ¿Cómo puedo llenarme del evangelio de Jesucristo y cómo puedo acogerlo si yo soy el centro, si yo lo lleno todo?

        Es momento de vaciar todo lo que nos entretiene en el camino, es momento de limpiar nuestra alma, es momento de mirarnos a nosotros mismos y encontrar situaciones nada agradables para Dios. De despojarnos de ese hombre viejo que llevamos.

        ¿Podemos vaciarnos de nuestros prejuicios, de nuestras ideas fijas, de nuestros hábitos, de nuestra educación de nuestro orgullo, del siempre se hizo así, de la contaminación mediática ambiental, de ese bagaje acumulado a lo largo de los años?

        Porque Cristo hombre nuevo nos invita y nos transformará a su imagen, en hijos de dios y hermanos de los demás por el bautismo del Espíritu y por la  nueva alianza en su sangre.

        El penoso alumbramiento de una humanidad y mundo nuevos tampoco es fruto automático de revoluciones estructurales, sino de la conversión de las personas. Éste es el primer presupuesto abierta a la trascendencia, siquiera implícitamente, no habrá eficacia real en el cambio de estructuras sociales; porque, hecha la ley nueva, vendrá la trampa vieja. Así, la innovación será minada solapadamente por el viejo egoísmo, que se adapta con perfección a la situación nueva.

        Es bueno presenciar lo positivo y lo negativo de las cosas de esta vida, para luego decidirnos si vale la pena quedarnos solo en lo temporal o asumir con fuerza nuestro compromiso como cristianos que tenemos desde el bautismo. Decir sí al evangelio de Jesucristo, es comienzo de todo cambio, no es hacer más cosas  para justificar mi existencia, es hacer menos, es tener una actitud nueva y centrada en lo importante, no lo interesante.

        Hay una nueva esperanza, un sueño nuevo, un deseo de cambio. El anuncio de la Buena Noticia será realmente Buena Noticia si es portadora de esta novedad que asoma en medio del pueblo. Ayudar a abrir los ojos para ver esta novedad, comprometerse las comunidades de fe en la búsqueda de este reino, quiere decir reconocer la presencia de Dios que libera y transforma obrando en lo cotidiano de nuestra vida.

 

ORACIÓN

 

PRECURSORES DEL SALVADOR

«Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».(Lc 3, 6)

Señor Jesús:

De nuevo escuchamos la Palabra a través de Juan Bautista,
que, recordando la llamada de Isaías, nos dice:

«Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;

elévense los valles, desciendan los montes y colinas;

que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios».
Qué triste es que también estas palabras caigan en «desierto»;

porque nuestras vidas no son un camino recto y accesible
por el que facilitamos tu llegada a los hombres,
ya que no tenemos la «sensibilidad para apreciar los valores».
Continuamos siendo «montes y colinas», porque el orgullo y egoísmo
dificultan que «mostremos tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo».
Seguimos siendo «valles», porque no tenemos voluntad y constancia,
para «convertirnos» cada día y recibir el «perdón de los pecados»
y posibilitar vivir «limpios e irreprochables,
cargados de frutos de justicia».
Somos responsables de que «todos vean la salvación»,
pero necesitamos «enderezar lo torcido e igualar lo escabroso»,
para crecer en esperanza, junto con los hombres,
nuestros hermanos, y poder decir con el Salmista:

«El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres».
En este Adviento, ayúdanos. Señor Jesús, a «ponernos en pie».
Ayúdanos para que «nuestra comunidad de amor siga creciendo»,
a pesar de nuestros fallos, pecados y omisiones,
y que, escuchando e imitando a Juan Bautista,
seamos tus «precursores» en nuestro mundo.
AMÉN.                                Lc 3, 1-6

 

 III DOMINGO DE ADVIENTO

 

 

ü     Primera lectura ● Is 61, 1-2a.10-11 ● “Desbordo de gozo con el Señor”.

ü     Salmo Responsorial ● Lc 1, 46-50.53-54 ● “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.

ü      Segunda lectura ● 1 Ts 5, 16-24 ● “Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

ü      Evangelio ● Jn 1, 6-8.19-28 ● “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”.

 

LA ALEGRÍA DE UNA PRESENCIA

 

        Hermanos, vivimos en un mundo con tantos afanes y problemas, basta, mirar la noticia, basta leer el periódico y hay tantas situaciones que nos llenan de tristeza a veces de impotencia frente al mal. Actualmente la economía mundial nos tiene cada vez más preocupados. Estos tiempos, - dicen- son más difíciles que las anteriores, ha bajado mucho los puestos de trabajo, el desempleo se multiplica. En medio de esta situación el apóstol Pablo nos invita a estar alegres, ¿Cómo estar alegres en medio de tantos problemas? Sí, la fe, la esperanza en el Mesías será nuestra alegría, será nuestro gozo. No es que desconozcamos la realidad, sino que tendremos una nueva manera de ver aquella situación.

        Hoy Jesús es nuestra alegría, es nuestra luz, es el faro que en el mar de la vida, que tiene sus oscuridades, nos sirve de guía para que podamos llegar al puerto de salvación.

        ¿Es para mí la Navidad una fiesta de gozo? ¿Espero celebrarla con alegría? ¿Me creo que Dios me llama a ser testigo de su luz? ¿Tengo presente que, por mi Bautismo y Confirmación, también he sido ungido para dar la buena noticia a los que sufren?

        Pero nosotros tenemos una fe muy débil y no sabemos estar alegres por el mensaje de salvación que nos trajo Jesús hace unos dos mil años. Y buscamos la alegría en diversiones, placeres, dinero, etc. Y no es que todo esto sea malo, sino que ahí no está la verdadera alegría, la auténtica alegría.  Dios nos ha enviado a su Hijo para sanarnos y liberarnos de todas las ataduras e injusticias que nos oprimen y esclavizan. Tenemos derecho a ver en Jesús de Nazaret al Mesías que vino a salvarnos y liberarnos del pecado y del mal. Esto debe llenarnos de alegría y gozo. Por eso, el sentimiento principal de este tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría, debe ser de alegría interior y de agradecimiento profundo a Dios nuestro Salvador. Como María en el Magnificat, también nosotros podemos decir hoy: proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.

        La gran alegría estallará en Navidad, pero ya ahora de muchas maneras, se nos invita a vivir el gozo de saber que el Señor viene a salvarnos. A veces lo experimentamos: Cuando sentimos la felicidad del amor, de una esperanza cumplida, de haber sido capaces de superar una dificultad o de haber sabido perdonar.

        A veces, en cambio, la vida se hace dolorosa y cuesta mas encontrar esa alegría. Pero siempre, y en este tiempo especial, merece la pena mirar hacia nuestro interior y vivir la alegría de tener a Dios con nosotros, acompañándonos siempre.

        Esa alegría esperanzadora del Salvador que anunciaba Juan el Bautista debe también invadir nuestro espíritu, nuestra vida, Juan era testigo de la luz, de Cristo, y nosotros hemos de ser también testigos de Cristo, siendo pequeñas luces que atestigüen que Cristo sigue iluminando el mundo por medio de nosotros, en nuestra atención al enfermo, en nuestra lucha por la justicia y la paz, en el hacernos cercanos  a las personas, sobre todo a los que sufren; en definitiva, en una conducta de verdaderos cristianos.

        Juan vino para ser testigo de la luz y para que creas en el que es la luz.

        Ante los problemas de la vida necesitamos acudir a los profesionales.

        Que tengo un accidente: un abogado.

        Que estoy enfermo: un médico.

        Que el coche no funciona: un mecánico.

        Que voy mal en los estudios: una academia.

        En las cosas de Dios no hay profesionales, sólo hay testigos del Dios que viene; sólo hay voces que anuncian al Dios que viene.

        Y como Juan Bautista, usted y yo y todos los bautizados estamos llamados a ser testigos y voz de Dios, en Jerusalén, en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestro pueblo…

        ¿Difícil? Sí. Porque no conocemos al que es más grande que nosotros y está en medio de nosotros. ¿Fácil? Sí. Cuando conocemos, creemos y amamos al que está en medio de nosotros.

        De la misma manera que Juan anunciaba la venida del Señor, y así su testimonio ayudaba a otros a disponerse y prepararse a recibir a Aquel que les podía dar vida, de igual manera  nosotros que creemos y esperamos en el Señor, debemos ser sus instrumentos para que otros también puedan conocer y así amar al Señor, dándole un espacio en sus vida El testimonio de Juan era elocuente, porque impulsaba a otros a buscar al Señor, ¿y en mi caso?, mi manera de ser y de actuar, ¿cuestiona e interpela a los que tengo a mi lado, soy un signo de contradicción, por lo que vivo y por mis actitudes? ¿Mi vida inspira y motiva a otros a buscar al Señor?, ¿de qué manera, en qué?  ¿Es Jesús para mí, el Cristo, el Salvador, el Señor, el Dios hecho hombre?, ¿es Él la razón y el sentido de la Navidad?, ¿me estoy preparando para celebrar aquello que creo?, ¿de qué manera? Teniendo en cuenta que la Navidad es una oportunidad que tenemos para manifestar a toda nuestra familia, que la vida solo tiene sentido si Dios ocupa un lugar en nuestro corazón, dejándonos iluminar, guiar y conducir por Él, ¿qué podríamos hacer para que la Noche Buena la vivamos como una experiencia de Dios, donde al estar todos reunidos podamos expresar aquello que Dios es para nosotros y así disponernos para que el Señor nos transforme y nos llene de su presencia?, ¿qué podríamos hacer para que en esta Navidad el Señor nos disponga a su acción transformadora en nosotros?

 

ORACIÓN

 

¡ALEGRÍA, QUE JESÚS ESTA CERCA!

 «Exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia».
(Lucas 3, 18)

Señor Jesús:

Toda la Liturgia de este tercer domingo de Adviento
nos invita a la alegría, al gozo, a la esperanza...
Realmente debemos reconocer la tristeza y el pesimismo
en que envolvemos todas las expresiones religiosas
e, incluso, nuestras propias vidas,
Sin embargo, Sofonías reitera e insiste en la misma idea:

«Regocíjate... grita de júbilo... alégrate y gózate de todo corazón».
Cuando Tú naces y te encamas, desaparece todo temor,
y sólo cabe lo que nos pide también Pablo:

«Estén siempre alegres en el Señor;

os lo repito, estén alegres».

¿Cómo conseguir y participar de este gozo y alegría?
Es Juan Bautista quien nos explica cómo alcanzarla:

-Comparte lo que eres y tienes con los demás.
-No te aproveches de tu situación y actúa con justicia.
-Sé responsable en tus tareas y obligaciones.
-Trata a todos como te gusta ser tratado...
Este es el camino para vivir la Buena Noticia
y participar ya de la alegría.
Cuando lo hacemos así, entonces.
«Te sentimos cerca»
y empezamos ya a saborear tu paz.
Señor: No tememos la «horca» ni la «hoguera»,
porque sabemos que contigo
siempre estaremos alegres
y haremos Tu voluntad.
AMÉN.                     Lucas 3, 10-18

 

 IV DOMINGO DE ADVIENTO

 

Primera lectura  2 S 7,-5.8b-12.14a.16  “El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor”.

Salmo Responsorial  88  “Cantaré eternamente los misericordias del Señor”.

Segunda lectura  Rm 16, 25-27 “El misterio mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado”.

Evangelio  Lc 1, 26-38  “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”.

 

LA GRANDEZA DE MARÍA

 

Estamos llegando al gran acontecimiento de nuestra historia la presencia del Salvador en nuestra historia, Dios se hizo hombre.

Se hizo carne como nosotros, para sentir, lo que sentimos, para acompañar en nuestro camino, para alentarnos en nuestra vida. Es decir para compartir con nosotros en lo favorable y en las tristezas.

Contemplamos a María que con toda libertad acepta ser la madre del Salvador. Por eso resaltamos la figura de María de Nazaret que junto con el profeta Isaías, Juan el Bautista y san José, completa las figuras del tiempo de adviento.

Se cuenta la historia de una mujer que había trabajado duramente para sacar adelante su familia con muy poco aprecio por parte de esta.  Una noche le preguntó a su marido:

-Oye, Peter, si yo me muriera te ibas a gastar una gran cantidad de dinero en flores para mí, ¿verdad? -Pues claro que sí, Marta. ¿Por qué lo preguntas? -Es que estaba pensando que las coronas de muchos euros iban a significar en aquel momento muy poco para mí. En cambio, una florecita de vez en cuando, mientras viva, significa mucho. Marta estaba expresando lo que desean en su corazón todas las personas que tenemos a nuestro alrededor. «Una florecita de vez en cuando», es decir, algún detalle en que demostremos nuestro amor puede llevar alegría a la vida de una persona. ¿Por qué esperar a que los corazones hayan dejado de latir, a que los ojos no vean y los oídos no escuchen, para hacer entrega de unas rosas a esa persona que esta tan unida a tu vida? No olvides que vale más una sola rosa para el que vive que una gran corona para el que ya se, fue. 

«Alégrate, llena de gracia» (Lc 1,20), le dice el ángel a María en el evangelio de hoy. Pues bien, que nosotros sepamos alegrar la vida de los ancianos y de los que viven a nuestro alrededor. Si esto hacemos, nosotros mismos participaremos de esa alegría.  Se hace carne para compartir nuestro ser con nosotros, con nuestros hermanos. Con los que sufren los pobres, los humildes, los desvalidos, los enfermos. Ahí debemos encontrar a Dios. Ojalà en estas navidades nuestro corazones puedan reflejar esa gran presencia, amor y perdón con los demàs. Ojalà verdaderamente nos encontremos con Dios en nuestros corazones y en el de los demàs.

A lo largo de este Adviento, cada vez que nos hemos preguntado “¿Cómo será eso…?”, Dios nos ha ido dando su respuesta: tenemos lo necesario para preparar su camino sin dejarnos despistar, para reorientar nuestra libertad hacia Él evitando el pecado y así ser testigos creíbles de esperanza. Hemos tenido el ejemplo de Juan el Bautista y sobre todo el de la Virgen María.

Nos hemos preparado, pero ahora debemos dejar el protagonismo a Dios. Como lo manifestó el mismo Dios en la Primera lectura cuando David intenta construir un gran palacio para Dios, Él tiene intención de morar en los corazones, de transformar y hacer su presencia en cada corazón de los hombres.

El sí de María es un aliento, una fuerza para que cada uno pueda también animarse a tomar una decisión según la inspiración de Dios, y cumplirla con la ayuda divina.  Que todos podamos decir como María: hágase en mí según tu palabra, para que Dios monte el Belén en nosotros y por Él seamos expresión viviente de lo que es y significa la verdadera Navidad: Dios-con-nosotros.

Al rey David, gran pecador, Dios le dice “afirmaré la descendencia que saldrá de sus entrañas y consolidaré el trono de su realeza”. La promesa que el profeta Natán hace a David se cumple. Dios ya no se hará presente en una tienda viajera ni en un templo de piedra sino en un templo de carne, en Jesús, presencia eterna de Dios.

A María, de la que el evangelio no canta ninguna cualidad ni se nos dice la razón por la que Dios la eligió y privilegió, se nos dice que Dios la llenó de gracia para que pudiera acoger el don de Dios y amara a Jesús antes de que naciera.

¿Pudo María hacer otra cosa que decir sí? Dios esperó su sí, como espera el sí de cada uno de nosotros, los que esperamos y creemos que el futuro viene de Dios.

Como Jeremías María podía haber exclamado: “Me sedujiste Señor y me dejé seducir”. El que cae en manos de Dios ya no mira atrás. María vivió la eterna aventura de ser la madre de Jesús y la madre de Dios.

Los cristianos, nosotros, llamados a vivir la audacia de creer que el Dios de lo imposible nos ha elegido, nos ha llenado de su gracia y nos envía a llevar a Cristo al mundo porque lo llevamos, no en el cuerpo como María, pero sí en el corazón.

Que importante para nosotros en este domingo preguntarnos, cómo respondemos a Dios en nuestra vida. ¿soy consciente que Dios me envía también a mis hermanos?

• ¿Sé dar todas las explicaciones que necesita la gente y ayudarles a entender el mensaje

de Dios?

• Así como María tuvo sus dudas ¿cuáles son hoy las dudas que me pone el Señor?

• ¿Cuáles son mis miedos hoy? ¿a qué tengo miedo?

• Puedo recordar la frase :No tengas miedo, que nada  es imposible para Dios ¿qué

significaría poner en práctica esto?

Pidamos al Señor que cada uno de nosotros tengamos la presencia de Dios en nuestra vida. Y junto con Marìa podamos glorificar con nuestras vidas.

 

ORACIÓN

 

NO TEMAS, MARÍA

«Has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1, 30)

Madre Inmaculada:

La Iglesia «canta al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas».

Y tú personificas una de esas «maravillas», porque eres:

*VIRGEN fecunda,

*MADRE casta,

*ALEGRE por la fe,

*DOLOROSA en la esperanza,

*OBEDIENTE siempre,

*ESCLAVA en la libertad,

*LIBRE por la obediencia,

*CONFIADA en la noche,

*SERVIDORA...

Así nos enseñas el camino para:

*abrirnos a la voluntad del Padre,

*ser portadores de Cristo y

*actuar con docilidad al Espíritu...

Esta celebración es un canto a:

*la gracia que vence al mal,

*la presencia de Dios que supera la oscuridad,

*es «sí» que responde generosamente a la elección...

Madre Inmaculada, queremos imitarte con:

*la FE que compromete nuestras vidas,

*la ESPERANZA que triunfa sobre las dificultades,

*el AMOR que colabora con la gracia...

Deseamos ser «santos e irreprochables,

como tú ante el Señor por el amor».

AMÉN. Lc 1, 26-38

NAVIDAD

 

Primera lectura  Isaías 52,7-10 “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios”

Salmo Responsorial  salmo 97. “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”

Segunda lectura  Hebreos 1,1-6. “Dios nos ha hablado por el Hijo”

Evangelio  Juan 1,1-18. “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

 

EL MENSAJE DE NAVIDAD

 

            Queridos hermanos, estamos ante la grandeza de un Dios que vino no solo a visitarnos, sino a estar, con nosotros, a vivir con nosotros, a compartir nuestras historia

            Nos cuentan que en Rusia por los años 1994, comenzaron a interesarse por la educación religiosa y moral. Llegada la Navidad, todos los niños del orfanato escuchaban con mucho interés el acontecimiento que ocurrió en la historia de los hombres: la Navidad, como José y María y el Niño estaban en un pesebre, cómo los pobres pastores le visitaron trayéndole regalos. Misha uno de los niños del orfanato apenas de 6 años, había terminado de armar su nacimiento y observaba la escena. El inspector se acercó y vió que dentro del pesebre no solo había un niñito sino dos. Muy preocupado preguntó ¿Por qué había puesto dos niños?  Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo: Cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo: Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre. …Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas. Se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo… El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. Alguien que estaría con él para siempre. Gracias a Misha, yo aprendí que no son las cosas que tenemos en esta vida las que importan, sino a quienes tenemos, ellos son los que realmente importan.

            No alardees de tu nacimiento, posición, cualidades o logros espirituales. Ten presente la naturaleza de todas las cosas, y vivirás una vida plena y llena de gozo.

            En esta Navidad, más que mercantilismos, necesitamos el calor de una palabra, la presencia del Niño el vida de los hermanos.

             La Navidad es una fiesta de enorme profundidad cristiana y de honda alegría. Por eso hay que realizar un memorial pleno, es decir, de fe; pues celebrar en la fe los hechos salvadores de Dios -como ahora el nacimiento humano de Dios- es hacerlos presentes aquí y ahora para el creyente de hoy. El mensaje hondo que fundamenta el gozo auténtico de estas fechas es la humanización de Dios para la divinización del hom­bre. Pero es preocupante el rechazo de Dios, incluso por parte de ~os cristianos" o bien el querer manipularlo al antojo de nuestros intereses egoístas. Un Dios humanado puede resultar molesto para algunos por su presencia pobre, que es denuncia de la exis­tencia de la miseria de unos junto a la opulencia de otros al amparo de injustas desigualdades, establecidas como legítimas.

            Para que Dios nazca de nuevo en nuestro mundo hemos de compartir con los hermanos, especialmente con el más pobre, la Navidad y todo lo que ésta significa. Hoy nos deseamos mutua­mente paz y felicidad porque es el nacimiento de Jesús. Es lógico. A partir de la encarnación de Dios es posible y necesario amar al hombre, nuestro hermano, porque Dios lo ama y como Dios lo ama, a pesar de todas sus limitaciones que son también las de cada uno de nosotros. Que en esta Navidad podamos tener presente esto. La presencia de Dios en la historia de la humanidad

            Dios en presencia pobre. El Cristo de la Navidad, el que mejor comprenderá nuestro tiempo, es el Cristo de la liberación del hombre; pues ésta es la mayor tarea pendiente en la humani­dad actual. Cristo está en medio de nosotros, presente y actuando en todos aquellos que luchan y sufren por amor a la justicia, por la defensa de los derechos humanos y por la dignidad del hombre. Si no lo reconocemos es por culpa de nuestra ceguera farisaica.

            Venturosamente hay muchos "profetas" en el pueblo de Dios, tanto en el estamento clerical como religioso y laico, que tratan de desvelar ante sus hermanos a Jesús, el desconocido o rechaza­do, con su entrega testimonial en favor de la liberación de los pobres y los derechos de la persona: vida y calidad de la misma, educación y cultura, libertad ideológica y religiosa, trabajo y sa­lario, alimentación y vivienda.

            La Navidad nos recuerda que ser cristiano no se limita a acep­tar un credo, una autoridad religiosa, unas prácticas de culto y unas normas de moral. Ser discípulo de Jesús de Nazaret es tam­bién encarnarse, como él, en la entrega al hermano, espe­cialmente al que más lo necesita.

            Celebrar la Navidad en cristiano es compartir en alteridad y comunión solidaria con todos los hombres, a quienes Dios ama, la felicidad del Dios-con-nosotros; es salir de nuestra ruindad y de nuestros pequeños intereses para encontrar gozosamente al her­mano, en especial al más necesitado, porque Cristo se encarna en él y nace cada Navidad, cada día, en millones de pobres.

            Solamente así será Navidad en nuestro entorno y la celebrare­mos en cristiano, y no porque la pregone una alegría superficial de luces, bullicio, felicitaciones, visitas, vacaciones, regalos, champán y gastronomía. Todo esto, si va solo, es una imagen trivial de la Navidad. El peligro está en que se realice en nosotros la estremecedora afirmación del prólogo de san Juan: La palabra se hizo carne pero los suyos no la recibieron, no la reconocieron.

            Vivamos la Navidad, hagamos como los pastores que fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño… todo como les habían dicho. Y como ellos, volvamos a nuestra vida dando gloria y alabanza a Dios por lo que hemos visto y oído. Seamos “ángeles anunciadores” de la Buena Noticia, de palabra y con nuestras obras, para que la Navidad resulte creíble, para que de verdad testimoniemos que hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.

 ORACIÓN

«Os ha nacido un Salvador;

el Mesías, el Señor» (Lc 2, 11)

Señor Jesús:

«Hoy, queridos hermanos,

ha nacido nuestro Salvador, alegrémonos...

Nadie tiene por qué sentirse alejado

de la participación de semejante gozo,

a todos es común la razón para el júbilo:

porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte,

como no ha encontrado a nadie libre de culpa,

ha venido para liberamos a todos.

Alégrese el santo,

puesto que se acerca a la victoria;

que se regocije  el pecador,

puesto que se le invita al perdón;

anímese el gentil, ya que se le llama a la vida».

Así queremos celebrar esta noche santa,

y sentirte cerca de nosotros.

Tú eres nuestro SALVADOR, que nos das:

*la VICTORIA del amor sobre el odio,

 y la cercanía de la gracia;

*el PERDÓN del amor sobre el pecado,

 y la presencia de la misericordia;

*la VIDA del amor sobre la distancia,

 y la amistad de la salvación...

Ayúdanos, Señor Jesús, a vibrar contigo

con «la claridad de tu presencia en la tierra»,

que inunda e «ilumina esta noche santa».

AMÉN.                                             Lc 2, 1-14

 

AÑO NUEVO

 

Primera lectura  Números 6,22-27. Fórmula de bendición sobre el pueblo israelita.

Salmo Responsorial  salmo 66. El Señor tenga piedad y nos bendiga”

Segunda lectura  Gálatas. 4,4-7. Dios envió a su Hio, nacido de una mujer.

Evangelio  de San Lucas 2,16-21. A los ocho días le pusieron por nombre Jesús”

 

COMENZAR EL AÑO CON MARÍA

 

        Han pasado un años más. Y en la pequeña historia de nuestra vida se ha cerrado la última página de otro año. Es un año en la cual cada quien ha sentido una experiencia más sean buenas o malas, de triunfos o fracasos. Un año que nos ha enseñado que es necesario madurar en la vida humana y en la fe cristiana.

        Hoy, oramos también por la paz al Príncipe de la Paz recién llegado a nuestra tierra ensangrentada. Nos dice el Papa que es necesario «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz” la paz tan necesario en este mundo cada vez más violento y oscuro. Necesitamos es formación desde la familia

        HOY, ENERO 1, damos la bienvenida al año nuevo. Celebramos también, los cristianos, a María como Madre de Dios. María es la Madre de un Dios que ha sido para nosotros un vehículo para encontrarnos con la divinidad.

        Celebramos la Maternidad de la Virgen María.  En el mundo actual la maternidad pasa por un estado de ambivalencia. Por un lado el fenómeno de la disminución de la natalidad en el mundo, especialmente en Europa y Occidente, es real y evidente, al igual que casi se ha perdido el carácter "sacro" de la maternidad por su colaboración con la obra del Creador y el respeto a las leyes divinas sobre las fuerzas y límites procreativos del hombre y la mujer; por otro, la mujer desea satisfacer a toda costa su vocación íntima a la maternidad, o quiere tener menos hijos para poder dedicarse más y mejor a su tarea de madre educadora, o adopta con amor y decisión hijos "anónimos" o "huérfanos", a costa incluso de muchos sacrificios. Ante esta ambivalencia, simplemente delineada y que por tanto abarca otros muchos aspectos, es necesaria una campaña para que tanto la mujer como la sociedad en general valoren más la maternidad. ¿Qué se puede hacer en tu ambiente para lograr esta valoración? ¿En qué pueden las leyes, los medios de comunicación, las instituciones estatales y eclesiales contribuir a valorar la vocación original y primaria de toda mujer?

"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz". Números 6, 22-27

María es la hija de Israel, la hija de Sión, la heredera de las bendiciones del Dios de Israel. Sí, El "ha mirado la humillación de su esclava".

La Navidad anuncia la paz a los hombres de buena voluntad.

La paz no es un meteorito caído del cielo. LA PAZ que trae Jesús es un fruto que sólo crece en el corazón de los que lo acogen..

"María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón ".

No la cabeza sino el corazón es el lugar secreto donde Dios se cita con los hombres. Y María por la fe concibió a Jesús en su corazón antes que en su cuerpo.

La humanidad se siente amenazada , no por la presencia de Jesús nacido en Belén, sino por la maldad albergada en tantos corazones aún no sanados ni abiertos al Príncipe de la Paz.

"El que es bueno, de la bondad que almacena en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón lo habla la boca". Lucas 6, 45

El mundo ha multiplicado las armas, el mayor negocio inventado por los hombres, que nos pueden aniquilar en cualquier momento. No estamos precisamente en la Gran Víspera de la Paz. El sueño imposible se hará verdad cuando los hombres alberguen pensamientos de paz en sus corazones.

Hoy oramos con María, Madre de la Paz y corazón lleno de Dios, para recibir como ella las bendiciones de Dios al comenzar este nuevo año.

Unidos a María. FELIZ AÑO NUEVO A TODOS.

 ORACIÓN

MARÍA, EJEMPLO Y MAESTRA

«Y María conservaba todas las cosas,

meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19)

Santa María:

Queremos empezar el nuevo año civil,

poniendo nuestros ojos en tí

y uniéndonos a la plegaria del Papa

en la Exhortación Los laicos cristianos:

«Virgen Madre, guíanos y sosténnos para que vivamos siempre

como auténticos hijos e hijas de la Iglesia y de tu Hijo

y podamos contribuir a establecer sobre la tierra la civilización

de la verdad y del amor,

según el deseo de Dios y para su gloria».

Este es el deseo:

.    crear fraternidad y paz a nuestro alrededor,

.    centrar nuestras vidas en Cristo,

.    ser corresponsables en la Iglesia,

.    comprometernos en la voluntad del Padre...

En todos estos aspectos,

Santa María, tú eres ejemplo y maestra.

A tí recurrimos y pedimos ayuda.

Ruega por nosotros:

Reina de la paz,

Madre de Cristo,

Modelo de la Iglesia,

Testigo del amor,

Virgen obediente,

Fuente de la esperanza.

AMEN.     Lc 2, 16 - 21

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

 

Primera lectura  Is 42, 1-4.6-7 “Mirad a mi siervo, a quien prefiero”.

Salmo Responsorial  28  “El Señor bendice a su pueblo con la paz”.

Segunda lectura  Hch 10, 34-38 “Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo”.

Evangelio Mc 1, 7-11  “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

RENACIDOS DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

        Es natural para todos, recordar, tener presente y celebrar la fecha de nuestro nacimiento, muchos desde niños resaltan con  muchos signos y gestos. Es normal valorar la vida, ser agradecidos. También debe ser natural recordar y celebrar nuestro nacimiento a la vida espiritual, nuestro nacimiento a la vida de Dios, es decir, nuestro bautismo. Ese dìa Dios nos hizo sus hijos, nos revistió de sus gracias y dones.

        Dios, en el bautismo, nos marca como sus hijos para siempre, a pesar de las manchas del pecado que podamos tener después Él, no nos margina o nos quita la gracia de ser sus hijos.

        Para nosotros, ser bautizados es ser invitados para participar de la vida eterna, de la vida divina.

        Hoy vemos a Jesús que se bautiza en el Jordán por Juan el Bautista. Este bautismo de Jesús en el Jordán es signo profético de la manifestación de la paternidad de Dios en la persona de su Hijo y revelación del Espíritu Santo quien unge al Mesías para la misión. En su bautismo, Jesucristo toma posesión de su misión salvadora y comienza su peregrinaje de realización. Toda su vida y su actuar serán transparencia de amor de Dios, nos mostrará con sus hechos y dichos lo que Dios quiere de nosotros. El bautismo del Señor marcará así la irrupción de la actividad de Jesús a favor del reinado de Dios, anticipo de su muerte y resurrección que nos abre el camino para acceder a Dios. En la ribera del Jordán, el cielo se abre a la tierra, el reino se hace cercano y Jesús se hace la voz del Padre que transforma todo el universo.

        Jesús, antes de comenzar su ministerio, su vida pública, como cualquier otro israelita se sumergió en las aguas bautismales del Jordán y supo aquel día que Él era el perdón, el Amado, y lo siguió aprendiendo sirviendo a los pobres y a los encadenados por el mal y entregado a la implantación del nuevo orden, el Reino de Dios.

        El bautismo de los cristianos es un gran acontecimiento en nuestra vida como lo fue en la vida de Jesús. No oímos la voz del Padre, pero nos dice también: “Tú eres mi hijo, yo te quiero”. No vemos bajar al Espíritu, pero llena nuestro corazón.

        El bautismo nos señala la dirección del camino hacia Dios, primer paso hacia la meta, una relación cada día más estrecha con nuestro nuevo Padre, sacramento renovado diariamente y cada vez que hacemos la señal de la cruz.

        Bautizar, en estos tiempos de increencia y de alejamiento de la Iglesia, es un ministerio más inquietante que alegre. Problema que la Iglesia no se atreve a enfrentar. Gracia a Dios algunos padres nos solucionan el problema al no bautizar ya a sus hijos, les basta con darles de alta en el registro civil.

        Muchos padres que nunca pisan la iglesia siguen pidiendo para sus hijos la tarjeta de socios del club de Jesús al que nunca invocarán, piden un seguro que les libre del infierno, un lavado inicial o un rito cultural sin contenido religioso.

        El movimiento carismático con su seminario de la Vida en el Espíritu y sus círculos de oración ha despertado en la Iglesia la necesidad de olvidarse del bautismo de agua para vivir el bautismo en el Espíritu. El Espíritu es el que convoca a los hijos para alabar a Dios y darle culto en espíritu y verdad, el que nos capacita para, perdido el miedo a la libertad, ser servidores y animadores de los viajeros del mundo.

        Jesús, lleno del Espíritu, quiere que sus hijos vivan su adopción de hijos llenos y guiados por su mismo Espíritu.

        Al Espíritu todos le tenemos miedo porque no lo podemos controlar y preferimos el orden al bullicio gozoso del Espíritu.

        El bautismo de Jesús que hoy celebramos más que una mirada al pasado es una invitación a renovar diariamente el bautismo en el Espíritu, alegría y libertad, y a la Iglesia la invita a plantearse y revisar la tarea pastoral de bautizar. Ojalá todos podamos renovar este gran acontecimiento de nuestra vida, y nos preguntemos: como bautizado ¿Cómo doy testimonio de vida cristiana a los demás? ¿Soy consciente de la importancia de la presencia divina en mi vida?

        En el mundo el que vivimos hay más frío que el amor, no es a veces un lugar apacible, grato, saludable. Hay demasiada violencia, egoísmo, se impone la mentira, las injusticias, los fraudes, frente a esto el bautizado debe dar testimonio de coherencia, de rectitud de vida.

         Señor haz que nosotros bautizados en Cristo, seamos como Él, nos comportemos como  Él haciendo el bien y curando a tantos hombres y mujeres haciéndolos nuestros hermanos.

 

ORACIÓN

RENACIDOS DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU.

“Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”. (Lc 3,22)

Señor Jesús:

la vida es un «combate contra las fuerzas del mal».

Solos no podemos nada, pero con tu ayuda todo.

Sin embargo, no podemos limitamos a esperarlo de Ti todo,

sino que debemos colaborar nosotros y poner medios

para construir contigo.

Estos medios, especialmente en Cuaresma, son:

— «Espíritu de conversión», esto es,

humildad para reconocer nuestros pecados y

 fuerza de voluntad para evitarlos,

siguiendo cada día tu camino, y

— «Austeridad en la vida», es decir,

renuncia de lo superfino y exigencia

por sacrificarnos y mortificamos

para imitarte y vivir según tu estilo. Señor Jesús:

Ayúdanos a «no echar en saco roto la gracia»,

que nos ofreces de nuevo en esta Cuaresma, que

comenzamos.

Queremos vivir estos medios para conseguir la reconciliación:

— contigo, mediante la oración;

— con los demás, mediante la limosna y

— con nosotros mismos, mediante el ayuno.

Con estas actitudes, queremos iniciar este «tiempo de gracia»

AMEN.                Lc 3,15-16.21,22

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura  1 Sam 3,3-10.19  Habla Señor que tu siervo escucha.

Salmo Responsorial 39  “Aquì estoy Señor para hacer tu voluntad”.

Segunda lectura  I Cor 6,13-15.17-20. Vuestros cuerpos son miembros de Cristo”

Evangelio  Jn 1,35-42. “Vieron donde vivía y se quedaron con Él”

 

SEGUIR A JESÙS

 

        Hermanos comenzamos este nuevo tiempo litúrgico, que nos ayudará a profundizar más nuestra fe cristiana.

        Qué importante para nosotros conocer al hombre con el que nos relacionamos.

        "¿Qué hay en un nombre?" pregunta Shakespeare. "Mucho", podríamos contestar. Los nombres y títulos no sólo identifican a personas sino las describen también. Ciertamente es el caso del doctor Martin Luther King. Por el nombre que le pusieron, se sabe que sus padres deseaban que su hijo se hiciera predicador. Además, el título "doctor" indica que era persona culta. Y al mencionar que era "laureado Nobel", se le distingue como hombre reconocido a través del mundo. Se aprovechará examinar los nombres y títulos usados para el guía de Martin Luther King lo cual encontramos en evangelio hoy. Estamos tan acostumbrados a oír el nombre "Jesús" que olvidemos su significado. En hebreo "Jesús" quiere decir "Dios salva". "¿Nos salva de qué?" querremos preguntar. "Del pecado y sus consecuencias" es la respuesta exacta. Pecamos por dejar nuestras pasiones sofocar el juicio mayor.

        Sólo es justo la preguntar: "¿Cómo nos salva Jesús?" El evangelio nos indica la dinámica por los varios títulos dados a él. En primer lugar, es "rabí", eso es el que enseña. En este Evangelio según san Juan, Jesús nos instruye a amar a los demás como él nos ha amado. Un sabio distingue este modo de amar del amor para el prójimo como amamos a nosotros mismos. Muchas veces amamos a nosotros mismos en modos atroces. A lo mejor el joven borracho trataba de amar a sí mismo por saturarse con alcohol. Asimismo la mujer que aborta a su hijo porque habría sido inconveniente criar un niño también no ama a sí misma adecuadamente. Amamos al otro como Jesús nos ha amado cuando vamos más allá que la justicia exija para asegurar lo mejor para el otro. La mujer que telefonea a dos amigas para reconciliarlas a una y otra después de que se discutieron está imitando el amor de Jesús.

        Estamos capaces de amar como Jesús no sólo porque él nos enseña sino también porque nos libera del egoísmo. Juan el Bautista lo llama "Cordero de Dios" porque se dará a sí mismo como rehén en cambio de nuestra libertad. Para apreciar este título tenemos que recordar la historia de los hebreos en Egipto. Cuando Faraón no les permitió irse al desierto, Dios mandó la décima plaga, la muerte de todos los primogénitos. Pero los hijos hebreos fueron escatimados de esta pena por la sangre del cordero rociada en las puertas de sus casas. La sangre de Jesús derramada en la cruz tiene aún más poder para aquellos que se arrepienten de sus pecados por las dos naturalezas que él tiene. Como hombre, Jesús representa a nosotros delante de Dios Padre. Como Dios, su sacrificio no tenga ninguna huella de egoísmo de modo que valga para derrotar las fuerzas pecaminosas que nos han tenido cautivos. 

        En el evangelio Jesús no sólo es llamado por diferentes nombres sino le llama a Simón por otro nombre. De ahora en adelante será "Kefás” o “Pedro" porque como una piedra dará apoyo a los demás discípulos. De igual manera nosotros somos llamados por otro nombre. No somos distinguidos sólo por el nombre de la familia o del país de origen sino por lo que se ha hecho el segundo nombre para Jesús: eso es, “cristianos”. Este nombre nos identifica como ungidos para cumplir la misión de nuestro Salvador. Somos para detener los deseos excesivos para el placer y el poder. Somos para alcanzar más allá que la justicia. Somos para amar como Jesús nos ha amado.

        Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras, sino hechos, no teorías, sino vivencias, no hablar de la buena noticia, sino mostrar cómo la vive uno mismo. O sea: la evangelización puede incluir una lección teórica, pero sobre todo tiene que ser un testimonio; el evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal. El impacto del testimonio de vida del maestro, conmueve, transforma, convence a los discípulos, que se convierten en testigos mensajeros.

        Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –incluidas las teologías-, por sí solas, no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás- sólo se conmueve ante las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal. Ojalá sigamos a Jesús con todo nuestro corazón al igual que María santísima.

ORACIÓN

 Te damos gracias, Dios Padre,

porque, como a los apóstoles,

Cristo nos ha llamado

por nuestro nombre a su fiel seguimiento.

Por el bautismo

tú nos has hecho miembros del cuerpo de Cristo

Y templo vivo del Espíritu Santo

para alabanza de tu gloria.

Es vocación hermosa

nuestra vocación cristiana.

¡Gracias, Señor!

Pero es también vocación

totalizante: en cuerpo y alma.

Guíanos, Señor,

mediante el Espíritu de tu verdad,

Para que entendamos

qué  es ser discípulo auténtico de Jesús.

Y haznos fuertes

para testimoniar los valores del espíritu

En el mundo que nos rodea,

ahíto de cuerpo y ayuno de alma.

Así demostraremos que te pertenecemos para siempre.

 

Amén.

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

ü       Primera lectura  Jon 3, 1-5.10  “ Los ninivitas se convirtieron de su mala vida”.

ü       Salmo Responsorial  24  “Señor, enséñame tus caminos”.

ü       Segunda lectura  1 Cor 7, 29-31  “La representación de este mundo se termina”

ü       Evangelio  Mc 1, 14-20  “Convertíos y creed en el Evangelio”.

 

SEGUIRLE AL SEÑOR CON NUESTRA VIDA

 

         Estamos en este tiempo ordinario, donde el Señor nos invita a una vida nueva, a una profunda transformación interna que nos ayudará a mejorar nuestras actitudes. Para ello hace falta darnos cuenta que no somos perfectos, ni santos, que muchas veces hemos sido ingratos. En la primera lectura  el profeta Jonás anuncia una desgracia inminente si  èstos no se convierten de sus acciones. El hombre es capaz de corregirse, es capaz de mejorar sus actitudes. Pero debe ser una conversión que no debe demorar, porque como decía san Pablo en la 2ª lectura: el momento es apremiante.... la representación de este mundo se termina. El momento actual, en lo económico, en lo social, en lo humano... es apremiante, resulta insostenible, hace falta que hagamos “ajustes y recortes” en nuestra vida para que Dios ocupe el lugar que le corresponde. La representación de este mundo se termina porque el modo en que hemos estado viviendo desde hace años ha resultado destructor para el propio ser humano y también para el resto de la Creación. Y ese modo de vida debe terminar aunque sea a costa de “ajustes y recortes”, porque sólo siguiendo con fidelidad al Señor podremos restituir al ser humano y a la Creación entera en su dignidad.       

            Hoy todos parecen apurados, vive apurado y a veces enloquecido más por las cosas materiales, temporales, las cosas espirituales pueden esperar y a veces se deja para cuando haya tiempo. Las lecturas de hoy nos invitan a no dejar pasar lo que es más importante en la vida, saber distinguir y valorar el aspecto espiritual, tener ese tacto para sentir la presencia de Dios que se hace presente en lo cotidiano, en el necesitado, el pobre.

            Se cuenta que había una vez una mujer muy devota y llena de amor a Dios. Solía ir a la iglesia todas las mañanas, y por el camino solían acosarla los niños y los mendigos, pero ella iba tan absorta en sus devociones que ni siquiera los veía.

            Un buen día, tras haber recorrido el camino acostumbrado, llegó a la iglesia en el preciso momento en que iba a empezar el culto. Empujó la puerta pero ésta no se abrió. Volvió a empujar, esta vez con más fuerza, y comprobó que la puerta estaba cerrada con llave.

            Afligida por no poder haber asistido al culto por primera vez en muchos años, y no sabiendo qué hacer, miró hacia arriba... y justamente allí, frente a sus ojos, vio una nota clavada en la puerta con una chincheta.

            La nota decía:"Estoy ahí afuera". Por eso hace falta. El Señor nos recuerda la necesidad de una conversión interior muy sincera.

            A veces pensamos que suerte han tenido los apóstoles al seguirle a Jesús y decimos, yo no he tenido esa oportunidad, si hubiera tenido hubiera sido otra persona. No!! hoy mismo el Señor sigue llamando a nuestras puertas, hoy mismo el Señor sigue pasando por nuestro delante, hoy mismo el Señor sigue invitándonos a una vida diferente, una vida más profunda y santa. Pero con tanta bulla, ¿Le hacemos caso? ¿Le prestamos atención?...

            En la vida cristiana, muchas veces, tenemos esa misma sensación. Y pensamos en la suerte que tuvieron Andrés, Simón, Juan y Santiago. Sí les tocó el millón pero el millón que otros no quisieron.

            Muchos son los llamados, pocos los que responden. Así fue en el tiempo de Jesús, el evangelio nos cuenta la historia del joven rico que le dio la espalda. Y así es en nuestro tiempo.

Muchos escuchan el mensaje.

Muchos admiran a Jesús.

Muchos leen los evangelios.

Muchos van a las iglesias.

Pocos responden a Jesús. Pocos se ponen al servicio de Jesús. Muy pocos darían la vida por Jesús.

Y no olvides que la respuesta nace en un corazón limpio y libre y se da con gozo.

Y no olvides que la respuesta se da cada día, en el trabajo, en la familia...

Y no olvides que la respuesta es servicio humilde a los hermanos.

            ¿Me siento llamado personalmente por el Señor a seguirle? ¿Le respondo con prontitud, o demoro mi respuesta? ¿Estoy dispuesto de verdad a convertirme, a hacer “ajustes y recortes” en mi vida? La representación de este mundo se termina, y debe terminar porque estamos destruyendo el mundo y sobre todo al ser humano. Pero gracias a Cristo podemos y debemos hacer posible otro mundo. Como decía el Papa, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno. Convirtámonos y creamos en el Evangelio y no tengamos miedo a hacer “ajustes y recortes”, y el Señor nos irá mostrando sus caminos, y con nuestro seguimiento, día a día, estaremos haciendo crecer el Reino de Dios y haciendo visible, “palpable” la Buena Noticia del Evangelio.                      

            "Venid conmigo". Esta es la invitación que hay que atender. No hay que intentar convertirse sino procurar estar cada día un rato con Jesús. Ver lo que Jesús hace. Escuchar lo que Jesús dice y entablar con él una relación personal de amistad. Dejarse cautivar por Jesús. Poco a poco nos iremos dando cuenta -en la medida en que nos vamos contagiando de él- de que con Jesús es posible una nueva forma de ser y de vivir.       

 

ORACIÓN

 

QUIERO SEGUIRTE SEÑOR

 

Quiero seguirte, Señor, en medio de este mundo;

quiero seguirte en medio de tantas dificultades,

en medio de una sociedad que pasa cada vez más de ti;

en medio de tanta gente que, sin saberlo,

está hambrienta y necesitada

de algo que la llene de verdad.

Quiero seguirte, Señor,

porque sé que me necesitas para crear un mundo

en donde reine cada vez más la justicia, el amor y la paz;

un mundo donde todos

se puedan llamar algún día hermanos de verdad;

un mundo donde todos te reconozcan y se acerquen de nuevo a ti;

un mundo donde la única ley sea amarnos como tú nos amaste.

 

Hoy, Señor, quiero renovar mi opción por ti.

Quiero decirte que sigues siendo importante en mi vida,

que te necesito.

Quiero decirte que sin ti estaría perdido y desorientado

porque tú eres luz para mis ojos y calor para mi alma.

 

Sé, Señor, que tenerte en el centro de mi vida no es fácil,

que las dificultades afloraran sin yo buscarlas.

Algunas veces serán los que me rodean

que me invitarán a dejarte;

otras será mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi «yo».

 

A pesar de todo, quiero lanzarme en el vacío,

quiero apostar por ti.

Porque sé que sólo quien apuesta en esta vida

es capaz de ganar algo;

porque sé que seguirte es hacer un ejercicio de confianza total

y yo estoy dispuesto a realizarlo,

porque tú no me vas a defraudar. Amén

 

 

 

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS.

 

ü       Primera lectura ● Dt 18, 15-20 ● “Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca ”.

ü        Salmo Responsorial ● 94 ● “ Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»”.

ü       Segunda lectura ● 1 Cor 7, 32-35 ● “Os digo todo esto para vuestro bien ”.

ü       Evangelio ● Mc 1, 21-28 ● “Enseñaba con autoridad”.

 

¡CÁLLATE Y SAL DE ESTE HOMBRE!

 

        En la primera lectura vemos la preocupación de Dios de enviar profetas para su pueblo: para guiar, para amonestar, para ser luz en medio del pueblo.

Ser profeta, portavoz de Dios, no es tarea fácil. Vemos así a Tomás Moro un ejemplo de fidelidad, un ejemplo de valentía y entrega a Dios. Frente a las amenazas del Rey Enrique VIII de Inglaterra, de disolver su matrimonio, Tomás fue fiel a los preceptos de Dios, no le importó, perder el puesto, el trabajo, con tal de no congeniar con el enemigo, el mal. Fue encarcelado en la torre y luego martirizado.

Hermanos, el mal, existe, el mal tiene fuerza, el mal poco a poco se apodera de los corazones. Vivimos amenazados por el miedo. El crimen y los robos que hacen que nos atrincheremos detrás de puertas blindadas; el mundo de la droga que encadena a la gente; los embarazos adolescentes; la violencia doméstica, el terrorismo, el racismo... A pesar de los adelantos técnicos, la calidad de vida es deteriorada por los miedos.

No podemos cerrar los ojos ni escapar de esta realidad. El mal existe bajo mil ropajes y disfraces. Y la realidad es que no conseguimos derrotar el mal o los llamados demonios.

        Pero el tema del evangelio de hoy pone el acento en la autoridad de Jesús cuando enseña y vence el mal. Queremos vivir libres, queremos tener un amor puro a los demás, queremos ser justos, honrados es hora de acercarnos a Dios, es hora de dejarnos mirar por Cristo. Él vence el mal, Él tiene poder para rescatarnos.

El evangelio nos pone a un hombre en la sinagoga y a Jesús en la sinagoga enseñando con autoridad y actuando con poder.

Había mucha gente en la iglesia aquella mañana. Nadie sabía que uno de ellos albergaba un espíritu malo. Pero Jesús que los conocía a todos, sabía que uno de ellos necesitaba sanación. Reprendió al espíritu malo y le dijo: "Cállate. Sal de él".

Todos se quedaron boquiabiertos y se preguntaban: ¿Qué es esto? La gente reunida en la iglesia no entendían ni palabra y seguían preguntándose: "Qué es esto?

Cuando Jesús es dueño de nuestra vida su presencia será cada vez más fuerte, Él  trabaja con poder.

 

        El mal que domina en la vida de tantas personas ey en las estructuras injustas y corruptas de tantas sociedades. El mal, empuja a los  hombres a matar, a robar, a ultrajar a cometer toda clase de maldades. El mal, que hace triunfar al injusto y sufrir al justo; que hace egoístas y duros de corazón a los que ya tienen demasiado, y lleva a la desesperación a los que no logran salir de la miseria… este mal que a todos nos maltrata no está detrás de los pueblos o ciudades, la raíz está en cada corazón, es terriblemente real y actual, cualquiera sea el disfraz psicológico o sociológico que le queramos poner. Con  esta realidad se enfrenta Jesús y cuando dice Satanás: “¿Qué quieres de nosotros? ¿Has venido a perdernos? Jesús ordena sin miramientos: “Cállate y sal de este hombre”.

        Significa por tanto que hay un poder superior capaz de liberar al hombre, capaz de purificar al hombre capaz de cambiar el mismo corazón y las actitudes, capaz de traer nuevamente la paz a las familias y a los corazones. Jesús el poderoso no está lejos, está ahora con nosotros, vive con nosotros y a veces no le conocemos. Desde la Eucaristía fortalece a los vacilantes, llena de valor a los cobardes, consuela a los tristes por eso para el cristiano el mal es una realidad, pero no es un fatalismo irremediable porque es vencido por el poder de Jesús. Ojalá reflexionemos y pidamos a Jesús que nos libere de tantas ataduras que nos dejan mudos a las cosas de Dios y al servicio de los hermanos.

Jesús no solo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos ratifican y confirman la llegada del Reino. Sus milagros demuestran que Él es el Salvador.

        A modo de Jesús podamos nosotros también hacer frente al mal sabiendo que vivimos fortalecidos con su poder y su presencia.

¿Me doy cuenta que vivo en una sociedad maltratada por el mal?

¿Qué hago para mejorar esta situación?

¿Verdaderamente soy valiente a la hora de dar testimonio de la verdad?

¿Ofrezco a Jesús los “espíritus malos” de mi corazón para que el los “calle” y los

“saque” con su poder?

· ¿En qué medida me animo a actuar con autoridad en mi vida cotidiana?

· ¿Realizo el bien y la verdad que creo y que anuncio?

· ¿Tiendo a quedarme solamente en palabras y buenas intenciones?

Ojalá tenga esa disposición de acercarme al Sacramento de la Reconciliación para que Jesús me saque “los espíritus malos” del pecado que puede anidar en mi corazón.

 

 

ORACIÓN

Señor Jesús me asombra tu entrega generosa.

Señor Jesús me asombra tu autoridad coherente.

Señor Jesús me asombra tu misericordia.

En ocasiones somos ofendidos, perseguidos,

 humillados, maltratados;

pero yo no quiero pagar mal por mal

ni tomar ninguna clase de venganza en mis manos,

por eso te pido Jesús,  que, en el momento del conflicto

pueda poner mis causas en tus manos

confiando y esperando.

Ayúdame a recordar

que Tú tienes el poder para vencer el mal,

tienes poder para defender y fortalecer a tus hijos,

por eso Jesús te pido que pueda yo también

 confiar mucho en ti, creer más en ti, esperar más en ti

y poder dar testimonio de la verdad, del amor verdadero.

Pon en mi corazón tal compasión

que pueda alimentar y saciar la sed de mis enemigos

 si fuera necesario. 

Enséñame a siempre bendecir

a los que me persiguen y

 a vencer con el bien el mal y la amenaza. Amén.

 

 

 

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura ● Job 7, 1-4.6-7 ● “Mis días se consumen sin esperanza”.

Salmo Responsorial ● 146 ● “Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados”.

Segunda lectura ● 1 Cor 9, 16-19.22-23 ● “¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio! ”.

Evangelio ● Mc 1, 29-39  “Curó a muchos enfermos de diversos males”.

 

ENCOTRAR Y SEGUIR A JESÚS

 

Estamos en el quinto domingo del tiempo ordinario. El afán de buscar soluciones a los males que aquejan a nuestra sociedad hace que unos y otros se adhieran a grupos políticos u otras asociaciones que plantean alternativas de solución. Hoy las lecturas nos hablan del deseo de encontrar la solución para todos los males que afectan al hombre. Nos dice el evangelio (Mc 1, 29-39 ) que todo el mundo buscaba a Jesùs porque curaba de todos los males.

Jesús recorre caminos y calles y casas de oración predicando el Reino de Dios. Y sana a los enfermos, echa los malos espíritus y les manda callar.

Predicación y servicio: sanar, perdonar, liberar , hacer personas nuevas y libres.

Simón y Andrés interrumpen su oración y le dicen: ¿qué haces aquí solo?, ¿con quién hablas?, ¿por qué pierdes el tiempo?

"Todos te buscamos".

Qué hermosa afirmación si fuera verdad! ¿Quién busca a Jesús? ¿Para qué le buscan?

 -Unos le buscan para ponerle a prueba

-otros le buscan para pedirle un milagro.

-otros le buscan para saciar sus curiosidades

-otros para traicionarle.

-otros para matarle...

Todos te buscamos Eso lo podemos decir todos los que estamos aquí. Más difícil nos resulta decir por qué o para qué le buscamos.

Le buscamos porque estamos enfermos, le buscamos porque tenemos problemas, le buscamos porque tenemos miedo a morir, porque es bueno y lo puede todo...pero parece que cuando anda bien todo, buscar a  Dios, no hace tanta falta.

Es frecuente acudir a Dios cuando algo nos duele o cuando la enfermedad nos postra en cama, pero ¿qué sucede cuando luego nos sanamos? ¿Seguimos acudiendo a Dios o, simplemente, esperamos a una nueva enfermedad para acordarnos de Él?

Jesús nos invita no sólo a buscarle sino a imitarle. Quiere que un día cualquiera de nuestra vida sea como uno cualquiera de su vida: el celular de la oración, la predicación de la palabra y de la vida, y el servicio. La suegra de Pedro, una vez sanada se puso el delantal y les sirvió. La esencia del seguidor es el servicio. Siempre el hombre buscarà a Dios, porque se siente limitado en muchas cosas, se expande el “vacio existencial” el “no encontrar el sentido de nuestra vida” como dice el psiquiatra Vìctor Frankl. Esto simboliza la multitud de sufrientes. Hay personas que no concilian el sueño, porque se sienten dominados por muchas preocupaciones y angustias. Es necesario llamar a Jesús. Cuentan del beato Juan XXIII que no podía dormir, pasaba noches en vela, daba vueltas y vueltas en la cama, pero una noche pareció encontrar la solución. Prendió la luz de la lamparita de sus mesita y oró de esta manera.

-Dime Espíritu Santo, ¿Quién gobierna la Iglesia tú o yo?

Permaneció largo rato en meditación y al final exclamó:

-Obviamente, es muy cierto que la gobiernas tú.

No faltó más reflexiones, sacó su anillo, papal lo puso en la mesita de la noche apagó la luz y dulcemente dormía el papa Roncalli.

Dios es paz, es calma, es aceptación, ojalá todos tengamos presente esta verdad y podamos vivir mejor. Job en la primera lectura (Job 7, 1-4.6-7 ) nos muestra la imagen de un hombre moderno, ¡Cuántas personas podrían hacer suyos sus pensamientos! “Mi vida es un soplo”. Esta definición se refiere a algo que una vez emitido desaparece sin dejar rastros. Para coronar este cuadro, Job concluye: “Mis ojos no verán más la felicidad”. ¿Pesimismo? ¿Depresión? ¿Descripción realista de la condición humana?

Hay en la vida tantas situaciones que hacen sufrir al hombre, en efecto, en el evangelio vemos que hay hombres que sufren de la fiebre, hay enfermos de toda clase de dolencias y otros hasta poseídos por los demonios. Tal vez, no sufrimos físicamente, pero internamente hay mucho sufrimiento, ojalá podamos dirigir nuestra mirada al Salvador, ojalá podamos poner toda nuestra confianza en Él. Que cada cual pueda decir el “Señor sostiene a los humildes” que bonita antífona, Él sana los corazones afligidos e heridos. Es una cercanía del Señor a sus criaturas.

Queridos hermanos, no solo es buscar a Jesús como el que da solución a nuestros problemas lo más interesante es imitarle, es seguirle no de lejos, es identificarnos con El. Nos dice que la suegra de Simón, al ser sanada inmediatamente se puso a servir a sus hermanos.

¿Siente la grandeza de Dios en tu vida?

¿Sientes que Dios te ha curado de muchos males? Y entonces ¿te pones a servir a tus hermanos?

Las preocupaciones nos deprimen y nos enferman, por eso es necesario confiar en El con total entrega. ¿Confías verdaderamente en Él?

¿En qué medida me puedo identificar hoy con la suegra de Pedro que está enferma y

con fiebre? ¿Cuáles son mis “enfermedades” y mis “fiebres” hoy

¿Llevo a otros “enfermos” a la puerta de la “casa” de Jesús para que Él los sane.

 

ORACIÓN:

 

¡Jesús, Jesús!

Te doy gracias por la vida,

gracias por la salud y el bienestar,

gracias porque te acercas como a la suegra de Pedro

a poner tus manos sobre mí y sanas mis males.

Ayúdame Señor,

a no olvidarte, ayúdame a seguirte

no solo buscarte cuando te necesito.

Dame tu gracia para estar a tu lado siempre.

Ayúdame a descubrir los males y las fiebres que me aquejan.

Sáname Señor

e infúndeme tu gracia para ponerme a servirte a ti

y a mis hermanos más necesitados.

Haz que pueda darme cuenta

que hoy sigues sufriendo en los enfermos,

los pobres y los desahuciados.

Haz que sea un instrumento

para acercar a mis hermanos hacia ti.

Jesús, creo en ti. Jesús, espero en ti. Jesús, voy a ti. Amén.

 

 

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURAS.

LEV 13,12.44-46 El leproso tendrá su morada fuera del campamento

Salm 31. Tú eres mi refugio me rodeas de cantos de liberación

1 Cor 10,31-11.1. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo

Mar. 1,40-45. La lepra se le quitó y quedó limpio.

 

SI QUIERES PUEDES SANARME

         A lo largo de la historia el hombre ha sido presa de muchas enfermedades y dolencias. Cuando todavía no encontraban la vacuna o la cura, muchos morían de aquellas enfermedades que hoy en día son curados fácilmente. Pero también, es verdad que la enfermedad sigue siendo la cruz de los hombres. Hoy en día cuando vemos a uno que tiene cáncer o padece del Sida, nos llenamos de mucho pesar y sufrimos muchos. Curarse no se reduce a tomarse unas cuantas pastillas.

        Tener lepra como dice en el A.T. en la primera lectura,  significaba un aislamiento total, eran personas muy marginadas por la misma sociedad. La enfermedad en Israel implicaba una segregación radical para evitar el contagio y porque marcaba una impureza legal.  Enfermedad horrible donde las haya, que ha sido una plaga que ahora está prácticamente erradicado y en su momento ha dado origen a grandes heroísmos de personas santas que han dejado todo por atender a esos enfermos. La figura del P. Damian de Molokai es evidente, no solo era el párroco era también su igual, era un leproso más. Nunca volvió a su tierra y murió de lepra. Como leproso que era tenía prohibido salir de la isla maldita.

        Los hombres ponemos en cuarentena a los enfermos contagiosos, aislamos y marginamos a los que tienen sida a los que tienen la piel de otro color. En tiempos de Cristo y también hoy esto significa una doble dosis de sufrimiento: el sufrimiento de la enfermedad y el sufrimiento de la soledad. En tiempos de Jesús como hoy la pureza de la sangre, la pureza moral y aún la religiosa se medía por lo exterior: manchas, color, idioma…¡Que barbaridad! La piel sigue siendo una barrera, una frontera que separa a muchos hermanos.

        Nosotros sabemos que Dios no tiene acepción de personas. Nosotros sabemos que Dios mira el corazón, no la piel. Nosotros sabemos que Dios envió a Jesús para derribar todas las barreras que nos separan de Él y de los hermanos. Nosotros sabemos que para Dios nadie es intocable, nadie es impuro. Nosotros sabemos que la persona por diferente de color que tenga, sigue siendo hijo de Dios, por más que haya afeado su ser sigue siendo imagen de Dios.

        Nos cuesta mucho trasladar la imagen corporal de la lepra a lo que supone la enfermedad del alma, esto es, al pecado. Como la lepra destruye la imagen digna del hombre y la afea hasta lo horrendo, así el pecado borra del alama la imagen de Dios que en ella está impresa.

        El impuro, el intocable rompe ahora las leyes del levítico y corre, se arrodilla y suplica a Jesús: “Si quieres puedes limpiarme”. No le pide sanación, le pide limpieza, Jesús así como se compadece ante cualquier sufrimiento no solo cura de su enfermedad, también le devuelve la plena integración a su pueblo y familia. Jesús no solo sana lo corporal, sana el alma, la soledad, el pecado, y todo aquello que afea nuestra alma. Hermanos necesitamos la presencia divina en nuestras vidas, necesitamos a semejanza del leproso acudir a nuestro maestro.  Jesús desde la eucaristía nos brindará la salud del alma y cuerpo. Con sus sacramentos nos devolverá la salud y la belleza de nuestras almas.

        La enfermedad no es un castigo de Dios, a veces los provocamos nosotros mismos. Cuando se bebe en exceso, cuando se abusa del tabaco, cuando uno conduce el coche sin precauciones. Si Jesús sintió lástima ante el dolor ajeno y tendió su mano a los que sufrían, también nosotros hemos de sentir lástima y tender una mano ante el sufrimiento de los demás. Ante los enfermos del sida y los drogadictos, tengamos la actitud salvadora de Jesús. Para Jesús lo que mancha al hombre no es lo que viene de afuera, sino las maldades que brotan del corazón. Lo que mancha al hombre es el pecado, que es falta de amor a Dios y al prójimo.

        No importa que todos padezcamos alguna clase de “lepra” en nuestra vida, tenemos alguien que nos puede limpiar y purificar, ojalá nos acerquemos con confianza a la misericordia divina con todo nuestro arrepentimiento. Escucharemos a Jesús que nos dice: “quiero queda limpio” Jesús quiere que seamos limpios. Todos somos hijos de Dios, todos amados  por Dios todos purificados de cualquier lepra por la sangre de Jesús.

        ¿Hay alguien leproso para ti?

        ¿Alguien a quien marginas por su color, raza, nacionalidad, religión?

        Pablo nos invita a tener actitudes de Cristo con nuestros hermanos, a actuar con ojos de Dios ante las situaciones de la vida. Ojalá podamos reflexionar y tomar conciencia que hoy en día sigue habiendo marginaciones de todo tipo y como cristianos adoptemos la actitud de Cristo Jesús.

 

 Oración

Señor Jesús

Tú curando a los leprosos

 nos has mostrado tu compasión frente a nuestros sufrimientos,

 tu compasión a nuestros dolores.

En nuestro mundo sigue habiendo sufrimiento y dolor,

muchas veces físicamente y otras veces espiritualmente.

Tú que conoces nuestros corazones

ayúdanos a acercarnos sin miedos a tu presencia

 para recuperar la salud y la pureza.

Ayúdanos Jesús

Para que ya no haya marginaciones, discriminaciones,

 desprecios de los pobres y enfermos

que todos a modo de Jesús

podamos dar la mano al necesitado,

brindar nuestro apoyo al enfermo.

Concédenos superar todas las crisis

y dificultades de la fe en nuestro camino

 hacia la indispensable madurez cristiana. Amén.

 

 

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS.

Primera lectura  Is 43, 18-19.21-22.24b-25 ● “Por mi cuenta borraba tus crímenes”

Salmo Responsorial ● 40 ● “Sáname, Señor, porque he pecado contra ti”.

Segunda lectura ● 2 Cor 1, 18-22 ● “Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «si»”.

Evangelio ● Mc 2, 1-12 ● “El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”.  

HIJO TUS PECADOS QUEDAN PERDONADOS

         Vemos en la vida diaria, qué fácil resulta realizar trabajos, encargos, cuando hay ayuda y cooperación de los hermanos. Cuando no hay esto, uno sufre, no alcanza lo previsto satisfactoriamente. Trabajar en el campo, en la chacra, en los sembríos  resulta llevadero cuando realizan muchos trabajadores.  Los amigos, los que se ponen a ayudar son muy importantes. Cuentan de un muchachito que estaba intentando levantar una piedra muy grande y no podía ni siquiera moverla. Su padre le estaba observando y al cabo de un rato le preguntó: ¿estás usando todas tus fuerzas? Y el niño, un poco molesto, le contestó: claro que sí.

        No, no estás le dijo el padre porque no me has pedido ayuda.

        Pedir ayuda. El niño intentaba levantar la piedra él solito y no podía. Pero ahí estaba su padre que sí le podía ayudar.

        Pedir ayuda. Nosotros intentamos levantar muchas piedras solos y no podemos. Muchas veces nos resignamos y decimos que siga la piedra ahí,  la piedra de la droga, del botellón, de los emigrantes, de los fracasados... No pedimos ayuda.

        Somos como el paralítico del evangelio de hoy, a veces los pecados, las amarguras de la vida, la dejadez, nos han convertido como en paralíticos, y no somos capaces de reaccionar por nosotros mismos, nos vemos limitados, queremos a alguien nos pueda dirigir hacia la luz, hacia el amor verdadero, hacia la felicidad

        Necesitamos pedir ayuda. ¿A quién?

        "Le trajeron un paralítico; cuatro hombres lo llevaban en su camilla. Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, abrieron el techo y por ahí bajaron al enfermo en su camilla".

        Nosotros, no sólo en las cosas humanas, también en las cosas de Dios necesitamos la ayuda de los hermanos.

        ¿Quién nos llevará hasta Jesús?

        La iglesia, la comunidad de los creyentes.

        Cuando yo soy débil tengo que apoyarme en la fortaleza de mis hermanos.

        Cuando yo no tengo ganas de orar tengo que refugiarme en la oración de mis hermanos.

        Cuando yo estoy en pecado, tengo que refugiarme en la gracia y la fidelidad de mis hermanos.

        Cuando yo tengo hambre de Dios, tengo que pedir la comida de la palabra y la eucaristía a mis hermanos, a mi iglesia.

        Cuando yo no encuentro mi camino hacia Jesús, tengo hermanos a quien preguntar.

        Dios sana a los paralíticos con la ayuda de los hermanos.

        A veces nosotros queremos llegar hasta Jesús sin intermediarios. Pero ese no es el camino normal. Todos necesitamos a los hermanos y a su iglesia para encontrarnos con Jesús cara a cara.

        Al mismo tiempo queremos que cada uno de nosotros sentir ese perdón esa misericordia de Dios en nuestros corazones. Jesús conoce nuestros males, al joven del evangelio le ha curado no solo la enfermedad del cuerpo sino especialmente el corazón, le dio la libertad de sentirse lleno de gozo, paz, tranquilidad.

        Albert Camus en una de sus novelas cuenta cómo el joven incrédulo Clamance para por el puente de París a la una de la madrugada, ve  a la joven vestida de negra que mira desde el puente al río. No dijo nada siguió su camino pero apenas había recorrido 50 metros cuando oyó el ruido de un cuerpo que caía al agua, era la  mujer que se había lanzado desde el puente al río. Le impactó tanto este hecho que ni siquiera conciliaba el sueño. Se despertaba unas veces y gritaba: “muchacha vuelva a lanzarte otra vez al agua para que pueda salvarte y no tenga este pecado que amarga mi vida”.

        Este hombre estaba arrepentido, pero como no creía en el perdón de los pecados, no tenía paz, y pedía algo imposible como era el que aquella mujer volviese a lanzarse al agua para poder salvarla. Hermanos, Cristo es el médico total que cura el fondo del corazón humano. ¡Qué  importante es sentirse perdonados! Superar la carga del pasado. Con frecuencia nuestros errores y nuestros pecados pesan en nuestra memoria. Hay personas que no pueden desprenderse de ellos. Jesús  que significa: “Dios salva” es presentado en público Juan como el “Cordero de Dios que quita el pecado del  mundo” es el mismo que muere  con el perdón en los labios: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Confiemos  plenamente en su amor misericordioso y recordemos lo que Dios nos dice: “No se acuerden de cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; Yo estoy para hacer algo nuevo: Ya está germinando ¿No se dan cuenta?”

        Las lecturas de este domingo nos invitan a comenzar de nuevo, a dejar lo pasado y animado por la misericordia de Dios a comenzar. El Señor nos quiere libres, ese es nuestra vocación, de sentirnos hijos de Dios y vivir en esa libertad verdadera.

        ¿Alguna vez he pensado en “empezar de nuevo”? ¿Lo veo posible? ¿Qué me frena? ¿Me siento “paralítico espiritual”? ¿Por qué? ¿Creo que verdad que algo nuevo ya está brotando gracias a Cristo Jesús? ¿Lo noto? ¿Siento que Cristo es el «sí» para todas mis esperanzas? ¿Siento necesidad de recibir el perdón de Dios? ¿Lo recibo como el «sí» que Dios me da, gracias a Cristo?

        ¡Levántate! Esa frase de Cristo, está dirigida hoy a cada uno de nosotros. Nos falta sólo el convencimiento de que, como el paralítico del evangelio, podemos ponernos en pie, arrojar la camilla y empezar a caminar como adultos empeñados en hacer llegar al mundo la realidad salvífica y creadora de Dios.

ORACIÓN.

Señor Jesús:

En esta mañana quiero agradecerte

 porque puedo contar con la ayuda de mis hermanos,

 con la ayuda de tu presencia

y tu consuelo en tus sacramentos,

 especialmente en la reconciliación.

No permitas Señor,

 que el pecado, la angustia  y nuestras viejas rutinas nos encadenen,

 ven a liberarnos con tu poder,

De la angustia, la tristeza y las obsesiones, líbranos Señor

Del odio, la fornicación y la envidia, líbranos Señor
De los pensamientos de celos, de rabia y de muerte
líbranos Señor.

De todo pensamiento de suicidio y de aborto, Líbranos, oh Señor.
De toda forma de desorden en la sexualidad líbranos Señor;

así como liberaste y  perdonaste al paralítico líbranos y cúranos Señor.

Mira  Jesús

a nuestros corazones e infúndenos tu consuelo

y tu amor que tanto necesitamos.

Atrae hacia Ti Señor

nuestros corazones para que creamos

 con estabilidad  y podamos seguirte fielmente día a día,

 hasta alcanzar la vida que nos prometes para siempre. Amén.

 

 

I DOMINGO DE CUARESMA

LECTURAS

 

Primera lectura: Gn 9,8-15. El pacto de dios con Noé salvado del diluvio

Salmo 24. Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.

Segunda lectura. 1 Pe 3,18-22. Actualmente les salva el bautismo

Evangelio. Mc 1,12-15. Se dejaba tentar por Satanás y los ángeles le servían

 

NECESIDAD DE CAMBIO

 

        Estamos acostumbrados a escuchar  logros y triunfos, y esto es motivo de mucha alegría y festejos, pero  cuando averiguamos cómo alcanzó la gloria nos damos cuenta del esfuerzo y dedicación al tema. Conlleva días, meses y hasta años de entrenamiento y al fin se logra lo deseado.

        Algo parecido hemos comenzado este Miércoles de Ceniza, la Cuaresma, un tiempo de entrenamiento personal, un ejercicio práctico de vida cristiana, de escucha de la palabra de Dios, de oración, de renovación bautismal, de conversión al Señor y de amor a los hermanos. La figura de Jesús en el desierto superando las tentaciones de Satanás y la consigna de su mensaje inicial: “Conviértanse y crean en el evangelio”, nos marcan el objetivo de este gran retiro del pueblo cristiano que es la cuaresma. Nuestro objetivo es morir con  Cristo al pecado y resucitar gozosos  con él a la vida eterna.

        Hoy nos presenta el acontecimiento en la vida de Jesús, tentado en el desierto, nos enseñó que es posible amar a Dios, que es posible alejarse del mal, que es posible rehacer la vida ayudado con la gracia divina. Las tres tentaciones que sufrió Jesús se repiten también en nuestra sociedad actual: 1. El materialismo, el afán de tener, la ambición por los bienes.

        2. La magia religiosa que  manipula la religión para provecho propio. Y

        3. La idolatría que adora el dinero y el sexo, el poder político y el dominio, la explotación y la gloria.

        El hombre moderno es tentado con mucha más fuerza.  Resurge muchas veces aquella frase de Lenin: “El miedo ha creado a los dioses” pero a esto habría que añadir; “y el vacío de espíritu conjura el resurgir de los ídolos”. Analizando la historia, la presencia de Dios siempre ha sido valiosa y cuando se prescinde de él aparecen otros ídolos queriendo dar sentido y felicidad a los hombres, pero una felicidad aparente, ingenua, sin sentido, pasajero o muchas veces dañina.

        En este tiempo de Cuaresma todos somos invitados a subir al ring y a enfrentarnos a los "animales salvajes".

        La tentación de Satanás, del enemigo, de los amigos, del dinero, de la carne, del ambiente, la tentación que nos viene de afuera.

        Y la tentación que nace en nuestro corazón. Mi mayor enemigo no está ahí afuera, está dentro de mí. En esta lucha no estoy yo solo. "Los ángeles me sirven como a Jesús. El Espíritu es también mi guía, mi fuerza y mi vínculo de unión con Dios Padre. No estoy yo solo. Dios está conmigo, su hijo amado.

        La Cuaresma es como una vacuna. El niño tiene miedo a la aguja pero no sabe que ese pinchazo le va a evitar muchas enfermedades. La vacuna contra el enemigo es 40 días de oración, ayuno y limosna.

        Con frecuencia tratamos de aparentar que somos tan maravillosos que nosotros no tenemos tentaciones y pienso que la peor tentación es negar y no reconocer que somos tentados. Esto por algo muy simple. La tentación es fruto de nuestra libertad que siempre está en la posibilidad de hacer elecciones. Siempre podemos elegir distintos caminos.

        Cuando alguien se acusa de que “he tenido tentaciones”, mi respuesta es siempre la misma: “Yo también las tengo y doy gracias a Dios de reconocerlas.” El problema está en reconocer las tentaciones que tenemos y saberlas identificar porque solo así podremos afrontarlas y vencerlas. Ser tentado no es pecado alguno, pecado será “consentirlas”. El tener tentaciones me parece algo normal. Los santos las tuvieron, Jesús también. ¿Seré yo una rara excepción?

        Sería bueno comenzar la Cuaresma poniendo nombre y apellido a nuestras tentaciones tanto personales como comunitarias, como sociales, como también eclesiales. ¿Acaso la Iglesia no tiene también tentaciones hoy y siempre? Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo Él, es lo primero para seguirle con fidelidad.

        Una  Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión, se engañará a sí misma.

        Nosotros como Iglesia tenemos que reflexionar si a manera de Jesús luchamos contra las tentaciones. Ojalá estos días oremos con mucha confianza “No nos dejes caer en la tentación”….

        ¿Me dejo conducir por el Espíritu de Dios?

        · ¿A dónde me lleva hoy el Espíritu de Dios?

        · ¿Qué implica para mí el desierto?

        · ¿Cuáles son mis tentaciones hoy? ¿Cuáles son las trampas de Satanás para apartarme del camino?

        · ¿Confundo tentación y pecado? ¿Dónde reside la distinción?

        · ¿Confundo tentación de Satanás y prueba de Dios? ¿Cuál es la

        Pidamos a nuestra Madre del cielo que nos ayude a luchar contra toda tentación y podamos este tiempo buscar con más urgencia nuestra santificación.

 

ORACIÓN.

Señor Jesús

Gracias por darnos este tiempo

 para poder reflexionar y acercarnos más hacia ti.

Gracias porque nos enseñas

 a luchar contra las tentaciones y el pecado.

Ayúdanos Señor

a convertir nuestros corazones

 del materialismo consumista,

 de los falsos ídolos que quieren dominarnos.

Ayúdanos a reconocerte en nuestras caídas y tentaciones.

 Por eso Señor  en el desierto de mis miedos

 quiero con tu gracia vencer la tentación.

 En el desierto del desaliento

 quiero con tu gracia vencer la tentación…

En el desierto de la falta de esperanza

 quiero con tu gracia vencer la

tentación…

Amén.

 

 

II DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas

ü       Primera Lectura: Génesis 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

ü       Salmo responsorial: 115: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

ü       Segunda Lectura: Romanos 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo

ü       Evangelio: Marcos 9,2-10: Éste es mi Hijo amado

 LA FE HASTA EL EXTREMO

         Queridos hermanos, este tiempo de Cuaresma, nos invita a un encuentro profundo y directo con nuestro Dios; para ello necesitamos reconocerle a Él, distinguir su presencia, asombrarnos por las maravillas de felicidad a la que nos invita como nos propone el evangelio. Cuentan de un niño que  vivía en un campo. En la escuela vio un gran póster del circo que iba a actuar en la ciudad. Cuando llegó a casa le dijo a su padre: Papá, ¿puedo ir al circo el sábado? Si haces todas tus tareas a tiempo, podrás ir, le contestó su padre. Llegó el sábado, las tareas hechas y vestido de domingo, el padre sacó unas monedas del bolsillo y después de darle mil consejos le dejó ir a la ciudad. Las calles estaban llenas de gente para recibir a todos los artistas del circo. El niño se colocó en primera fila. Nunca había visto un espectáculo tan maravilloso. Un payaso cerraba la caravana. Cuando el payaso pasó junto al niño, éste sacó del bolsillo sus monedas de entrada  se los dio y se fue a casa. El niño pensaba que eso era el circo. Sólo había visto el desfile, pero no vio la maravillosa actuación que tendría lugar bajo la carpa. A veces nos pasa esto en las cosas de Dios, nos contentamos con grandes eventos, grandes encuentros, y nos  retiramos. Es necesario gustar la misma grandeza de Jesús, es necesario llenarnos de su presencia. Hoy el evangelio nos presenta a los apóstoles maravillarse de la gran muestra de divinidad que se encuentran envueltos en el monte Tabor, quieren quedarse ahí, pero Jesús le explica que es necesario pasar por la cruz del sufrimiento, las incomprensiones de la gente. Cuantas veces también queremos también nosotros  quedarnos en el Tabor, no queremos ver las necesidades, los dolores de nuestros hermanos, debemos saber que seguir a Jesús es pasar por las diversas manifestaciones de la cruz.

        Se levantaron los apóstoles y no vieron a nadie más que a Jesús, un día nosotros también nos veremos solos con Él, solos para responder de nuestra vida, pero será de amor y confianza si a semejanza de Abraham hemos podido pasar por este mundo.

        Hoy, La seriedad y la solidez de nuestra fe es representada a través del ejemplo impactante de Abraham, a quien Dios  puso a prueba llamándola “Abraham, Abraham”, Abraham respondió: “Aquí estoy” Dios le pide: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac y ofrécelo en holocausto, sobre la montaña que yo te indicaré”. Se le manda sacrificar a su hijo tanto tiempo deseado y al fin conseguido como una sonrisa de Dios (Isaac=sonrisa) por quien se había de realizar las promesas mesiánicas. Y Abraham no dice ni una palabra. No intercede por su hijo; él que intercedió por la corrompida Sodoma. Su respuesta es la acción. Es el hombre de la fe en acción: se levanta temprano y se dirige hacia el lugar indicado. De nuevo está en camino el nómada de la fe. Con el corazón destrozado camina tres largos días al lado de su hijo hacia el monte del sacrificio. Al final Dios interviene conmovido por la muestra de su fe y le jura por su propio nombre, el premio: “multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y la arena de la playa. La orden de Dios era tan sólo una prueba de la fe y obediencia de Abraham, una prueba-límite fuera de lo común que “nos sacude con fuerza, para que quede claro el mensaje”. Creyó que aún cuando su hijo quedase reducido a cenizas, Dios tenía poder aún para resucitar a los muertos (Hb 11,19).

        Jesús había hablado del sufrimiento y el dolor que iba a padecer, esta situación que cuenta y anuncia Jesús, obviamente, ha desmoralizado a los discípulos que no pueden entender cómo su Maestro, Dios y Señor “va a sufrir mucho y va a morir…”. Es así que Jesús, ante esta “crisis” interior que padecen, les regala la posibilidad de contemplar su gloria y su poder, gloria de Hijo de Dios, gloria y poder de Dios… Todo esto se da en la experiencia de la transfiguración. Si bien ya saben, como el mismo Jesús les dijo, que va a sufrir y a morir, también saben (antes de la resurrección) que Él es el glorioso Hijo de Dios que contemplaron cuando se transfiguró, se transformó de manera deslumbrante en el monte.

        El evangelio de la transfiguración nos quiere mostrar el destino de felicidad y de gloria que esperan todos los que tiene fe y confianza en Dios , aún en medio de las más serias contrariedades de la vida.

        Hermanos, nuestra fe tiene un nombre; “Jesucristo” y Dios que nos lo dio como hermano, nos dice: “¡Escúchenlo! Repitámoslo: A Jesús lo escuchamos frecuentando el Evangelio, la oración, y los sacramentos, a Jesús le escuchamos al recibir alguna corrección del hermano, a Jesús le escuchamos cuando aceptamos la invitación del hermano para acercarnos a Iglesia. Superemos la rutina, la pereza, el conformismo, la mediocridad: ¡Escuchemos a Jesús! Cuando nos entreguemos, nos sacrifiquemos, entonces nuestro espíritu quedará transformado y alcanzará una paz, una gloria y una alegría que el mundo no nos puede dar, eso es contemplar al Señor y alcanzar la felicidad.

        ¿Escucho y obedezco al Hijo amado y predilecto del Padre?

        ¿He experimentado en mi vida que Jesús se transfigura, es decir que me da a conocer su poder y gloria como Dios y Señor? ¿En qué situaciones?

        ¿Tengo “buena memoria” de la experiencia de la transfiguración o pongo más el acento en las experiencias de desolación?

 

ORACIÓN

 

FASCINADOS

 

«Estaban asustados...» (Mc 9, 6)

Señor Jesús: 

«En aquella transfiguración se trataba, sobre todo,

de alejar de los corazones de los discípulos

el escándalo de la cruz,

y evitar así que la humillación de la pasión voluntaria

conturbara la fe de aquellos a quienes se había revelado

la excelencia de la dignidad escondida»,

comenta san León Magno de este acontecimiento.

También en nuestro camino cuaresmal,

te transfiguras delante de nosotros,

pero no buscas dejarnos FASCINADOS,

y que digamos como Pedro:

«¡Qué hermoso es estar aquí!»

sino que escuchemos la voz:

«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto»,

y que afiancemos nuestra fe y confianza en Ti.

Por eso, también nos repites a nosotros:

«Levántense, no teman».

Y nos recuerdas de nuevo que:

— la CRUZ no es la meta sino el camino,

     y vamos hacia la RESURRECCIÓN;

— el CANSANCIO no nos debe desanimar,

     y podemos tener constancia en tu seguimiento;

— la CONFUSIÓN no es lo normal,

     y encontramos CLARIDAD en tu ejemplo;

— la INCOMPRENSIÓN no nos debe asustar,

     y tenemos el AMOR del Padre Ayúdanos,

Señor Jesús, a tener «mirada limpia».

AMEN.

 

 

III DOMINGO DE CUARESMA

LECTURAS

 

·         Primera lectura ● Ex 20, 1-17 ● “La Ley se dio por medio de Moisés”.

·         Salmo Responsorial ● 18 ● “Señor, tú tienes palabra de vida eterna”.

·         Segunda lectura ● 1 Cor 1, 22-25 ● “Predicamos a Cristo crucificado”.

·         Evangelio ● Jn 2, 13-25 ● “¿Qué signos nos muestras para obrar así?”.

 

PURIFICAR EL TEMPLO

 

        Todas las religiones han tenido y tienen un lugar destinado al culto, que puede ser un templo, santuario, sinagoga o mezquita. Este espacio sacro cumple diversas funciones bajo común denominador de religión. Es ubicación de la presencia de la divinidad, lugar del culto a la misma y de convocación del pueblo, presidido por sacerdotes, ministros que hacen de puente entre la deidad y los fieles congregados en la fe común.

        En las películas sobre la vida de Jesús a los directores les gusta rodar la escena de Jesús con los vendedores del templo. Encuentran la ocasión para mostrar cómo Jesús, imagen de la mansedumbre, se transforma en un profeta del antiguo Testamento que con voz que truena y con un látigo de cuerdas, expulsa a los vendedores del templo. La situación debía ser muy tensa. No podemos imaginarnos que los vendedores se hubiesen ido con sus puestos, si alguien les hubiese pedido pacíficamente que se alejaran; para que eso sucediese era quizá necesario que tuviesen miedo.

        Sabemos que hay lugares específicos para una reunión, una cena, un mercado, pero el cristiano sabe por definición que el templo, es y siempre será un lugar destinado específicamente a la oración. Ahí nos encontramos de modo especial con Dios en el santísimo, ahí generalmente recibimos los sacramentos.  Nos dejamos muchas veces llevar por la distracción, y no ponemos la importancia necesario a lo que estamos haciendo.

        La vivencia y la expresión de nuestra fe no se reduce a lo meramente interior, sin proyección comunitaria y exterior. Aunque la adoración en espíritu y verdad no requiere de por sí acotar lugares y tiempos sacros, fórmulas ni ritos sin embargo no alcanza su plenitud si no es en un contexto también social o de manifestación en comunidad. Esto es algo connatural a nuestra común vocación en Cristo para formar un pueblo que confiese a Dios en verdad y le sirva santamente.

        Jesús acababa de asistir a unas bodas en Caná donde multiplicó el vino, la fiesta y la alegría y acto seguido vemos a un Jesús indignado y cabreado porque la casa de oración, el Templo, ha sido convertido en un gran casino donde todo vale, todo se comercia, se abusa de todos los peregrinos y la grasa de los toros es más preciosa que la presencia de Dios.

        Jesús no es el primero de los profetas que profetiza contra el Templo, talismán de salvación. En el capítulo 7 del profeta Jeremías podemos leer el siguiente aviso: “Ponte en la puerta del Templo de Yahvé y predica esta palabra. No confiéis en palabras engañosas, diciendo: Templo de Yahvé, éste es el Templo de Yahvé”.

        Y el profeta Zacarías termina su profecía con estas palabras: “Y aquel día no habrá comerciantes en el Templo de Yahvé Seabaot”.

        Jesús sufre la primera indignación de su ministerio y  su primera indignación no es contra los adúlteros ni contra los fariseos y su rígido legalismo, eso vendrá después, se indigna contra los hombres religiosos que han convertido el culto y la religión en ritos sin alma, en un supermercado espiritual donde se compra todo, se sacrifican animales, se encienden velas y no se ofrece nada.

        Jesús no se indigna porque a él no le salen las cosas bien sino porque las cosas de su Padre han sido olvidadas, porque la injusticia y el mal abundan en el mundo y en el ámbito sagrado del Templo.

        La ira santa no se opone al amor, es el grito que pide más amor frente a la injusticia, que exige poner a Dios en su sitio y relativiza todos los medios humanos para llegar a Dios.

        Después de poner todo patas arriba, las autoridades religiosas del Templo le piden a Jesús sus credenciales.

        Jesús les dice el Templo soy Yo. “El hablaba del Templo de su cuerpo”.

        El templo que nos purifica, el templo que nos dará la felicidad es el mismo Jesús que nos invita a ser parte de su pueblo.

    Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Jesús dice esto en respuesta a los judíos que le preguntan: ¿qué signos nos muestras para actuar así? ¿Cómo debemos entender ahora nosotros la respuesta de Jesús? Todos sabemos que, cuándo se escribe este texto evangélico, el templo de Jerusalén ya había sido destruido. Para aquellos primeros cristianos el único templo vivo al que ellos debían acudir para obtener de Dios el perdón y la gracia es Jesucristo. Jesucristo es el único y verdadero templo vivo. Por el bautismo también nosotros somos templos vivos de Dios San Pablo explicará esto sabiamente en sus cartas, sobre todo en su primera carta a los corintios. “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el espíritu de Dios habita en vosotros?... El templo de Dios es santo. Ese templo somos nostros… Glorificad a Dios con vuestro cuerpo”. Sí, cada uno de nosotros somos cuerpo de Cristo, templo de Dios. Esta certeza de que todos nosotros debemos vivir como templos vivos nos debe llenar de alegría y de responsabilidad. Con el mismo respeto y amor con el que comulgamos con Dios, debemos comulgar con nuestros hermanos

        • ¿Me descubro como “templo de Dios” en Cristo?

        • ¿Descubro constantemente que mi comunidad es “templo de Dios” en Cristo Jesús?

        • ¿Qué implicancias para mí puede tener hoy recordar que Cristo viene a purificar el templo, a purificar el culto?

ORACIÓN

 

TEMPLOS DE DIOS

«Hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 21)

 

Señor Jesús:

«Muchos creyeron en tu nombre, viendo los signos que hacías;

pero no confiabas en ellos porque lo conocías a todos...

y sabías lo que hay dentro de cada hombre»,

nos ha dicho el evangelio de san Juan.

También hoy nos recuerdas

que quieres inaugurar un tiempo nuevo

en el campo de las relaciones del hombre con Dios.

Tú eres el nuevo templo, el lugar del encuentro con Dios.

Quieres que cada hombre esté purificado

y sea también presencia tuya en el mundo.

Sin embargo, no somos coherentes

y lo estropeamos por muchas razones:

*decimos lo que pensamos,

  sin tener en cuenta la caridad de los otros;

*no decimos lo que pensamos,

  cayendo en lo teatral y en la apariencia;

*nunca pensamos lo que decimos,

  porque nos dejamos llevar por lo inmediato;

*decimos lo que otros piensan,

  siendo esclavos de los tópicos y de las modas;

*sólo hablamos, hablamos y hablamos,

  menos exigimos y comprometernos;

*no pensamos, resulta más fácil y cómodo...

Purifícanos y haznos transparentes,  Señor Jesús,

para ser «templos»  y lugar de encuentro contigo

de quienes nos contemplen.

AMÉN.   

Jn 2, 13-25

 

IV DOMINGO DE CUARESMA

LECTURAS:

Ø        Primera lectura ● 2 Cro 36, 14.19-23  “La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo”.

Ø  Salmo Responsorial ● 136  “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de Ti”.

Ø  Segunda lectura ● Ef 2, 4-10  “Estamos muertos por los pecados, nos has hecho vivir con Cristo”.

Ø  Evangelio ● Jn 3, 14-21  “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desiertos así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre”.

 

AMADOS POR EL SEÑOR

        Hermanos, este cuarto domingo de cuaresma nos invita sobre la razón de nuestra fe, las tres lecturas nos recuerdan que hay algo esencial que nos caracteriza como creyentes, ese señal ya el mismo Cristo nos ha dejado es el amor. Un amor de entrega, un amor sin límites un amor que nos invita a superar y sobreponernos a cualquier otro tipo de amor que pueda surgir. Nos cuentan sobre la historia del prócer francés y pionero de la aviación mundial, Henri Guillaumet, que sufrió un accidente  en las cercanías de la Laguna del Diamante, estaba ya destinado a morir, era invierno y estaba a 20 grados bajo cero. “abandonarlo todo y dejarme morir era la idea que me venía a menudo” – decía-  pero “en seguida pensaba que mi mujer y mis hijos me querían vivo,  y yo sería un cerdo si no caminaba”. Así fue caminando hasta que fue encontrado por un joven y rescatado, a fuerza de  alimentos recobró la vida totalmente y la felicidad volvió a su rostro. Hemos visto el motivo de este hombre de seguir luchando por la vida a pesar de las contrariedades de la naturaleza, el amor a su familia, fue el que  movió profundamente su ser.

         El evangelio de hoy nos dice que Dios nos ama y a la verdad, de Él hemos recibido lo que somos y tenemos y todo gratuitamente. Pero es que, además, Dios nos envió a su propio Hijo, Cristo Jesús, quien para enseñarnos el camino de la verdadera vida, no dio marcha atrás, ni ante la muerte de cruz, dándonos así la prueba más grande de amor que puede darse. Mirad, ya es mucho que uno muera por un amigo, pero es que Jesús, Dios hecho hombre,  hizo mucho  más: Jesús murió también por sus enemigos.

        Dios nos ama, lo hemos oído muchas veces, pero la verdad es que parece que no estamos muy convencidos de ello. A Dios le tenemos miedo, pensamos que es como nosotros; lo imaginamos de mal humor, vengativo,. Como no pensamos mucho en Él, suponemos que tampoco Él se ocupa mucho de nosotros. Y como le amamos tan poco, nos creemos que Él tampoco nos ama gran cosa.

         La segunda lectura, es un renacer a la nueva vida por efecto de la gracia de Jesucristo. Se muere al pecado para resucitar a una vida más limpia, más entregada, más luminosa. El bautismo es nuestra entrada en la gracia de Jesucristo, pero el seguimiento del Maestro produce de manera sensible y consciente los beneficios que San Pablo nos cuenta. Las palabras del apóstol de los gentiles dan idea de una nueva creación, de una nueva naturaleza del género humano gracias al sacrificio de Cristo. Y si recapacitamos un poco en ello veremos que hay pruebas objetivas en nosotros mismos de esa renacer a una nueva vida. Quien ha descubierto el camino se seguimiento de Jesús se siente transformado, renacido. Los viejos tiempos ya no cuentan y una nueva vida se abre ante los ojos de los creyentes.

        Juan 3,16 nos dice lo único que se puede decir de Dios, que Dios es amor. La palabra amor se convierte en estéril y banal en abstracto. Necesita hacerse concreta y tangible en algo, en alguien. Tan grande es su amor que amó no a los buenos, no a los malos, no a la iglesia, no a mí, sino al mundo, a su creación, a todo lo que creó, el mundo de los santos y el de los pecadores, el mundo cada día más enemigo suyo, pero cada día más amado. La palabra amor se hizo visible y concreta en el hijo, en la cruz de Cristo.

        A este mundo de los hombres le dio todo lo que tenía en la persona de su hijo. Dar significa sufrimiento del hijo y sufrimiento del padre.

         Nicodemo, desciende desde la cima de su posición social --formaba parte del Sanedrín--, pregunta y escucha las palabras de aquel aldeano, el hijo de José el carpintero. Esta es la primera enseñanza que tendríamos que aprender de este pasaje evangélico: Descender del pedestal en que a veces nos encaramamos, para escuchar con sencillez y humildad la palabra que nos viene de Dios a través, quizá, de otro hombre de menos categoría intelectual o social que nosotros. A veces nos hemos situado en una posición de donde no queremos descender ni aceptar invitación o corrección de nuestros hermanos.

         Juan 3,15 es el versículo gemelo e inseparable de Juan 3,16: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el hijo del hombre tiene que ser levantado para que todo el que crea en él tenga vida eterna”.

        La serpiente del libro de los Números, levantada en el desierto, no era un castigo sino una sanación para los mordidos por las mil y una picaduras de las pasiones humanas. Pero había que levantar los ojos y mirarla con fe.

         Jesús levantado en la cruz, extramuros de la ciudad, es también sanación, perdón, amor que nada pide y todo da, para los que levantan los ojos con fe. Sólo la fe salva, sana y abre la puerta del amor de Dios. Juan no sabe nada de listas interminables de pecados como Pablo.

         Creer significa confiar y después vivir como si confiáramos. Vivir la vida en la confianza de que Dios es bueno, Dios se preocupa de nosotros, nos rodea con su amor y nos convoca a servir a los demás, única forma de amar de verdad.

        Para amar de todo corazón al Señor debemos hacer una lectura creyente de nuestra vida, para darnos cuenta de cómo Dios se ha hecho y se hace presente en ella, y desde la fe en el misterio pascual de Cristo, profundizar en el sentido de los acontecimientos y experiencias que la conforman.

        ¿Soy consciente de ese amor de Dios en mi vida?

        ¿Verdaderamente yo amo a Dios?

        ¿Soy capaz de conocer más a Dios en este tiempo de cuaresma?

 

 ORACIÓN

 

Señor Jesús:

Hoy nuestro corazón salta de gozo y alegría,

 porque sabemos que nos amas infinitamente,

 sabemos que has entregado tu vida por salvarnos

y darnos el regalo de la felicidad,

 tú eres nuestro hermano y amigo,

has venido a salvarnos y  no a condenarnos,

haz Señor que resuene ese amor en nuestros oídos

y en nuestra vida, ayúdanos como a Nicodemo

a bajar de nuestras posiciones y poder escucharte

 y distinguirte en los pobres y necesitados,

 en los enfermos y tristes.

Gracias Jesús porque tú no eres un Dios frío y lejano,

 controlador, sino un amigo muy cercano al hombre

que vives con nosotros y nos das tu amor infinito.

Ayúdanos a entender esto, y vivir amándote

con todo nuestro ser y a nuestros hermanos como tú nos enseñas.  Amén.

 

 

V DOMINGO DE CUARESMA

LECTURAS

 

Primera lectura ● Jr 31, 31-34 ● “Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados”.

Salmo Responsorial ● 50 ● “Oh Dios, crea en mí un corazón puro”.

Segunda lectura ● Hb 5, 7-9 ● “Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna”.

Evangelio ● Jn 12 , 20-33● “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto”.

 

LLEGA LA HORA DE JESÚS

 

        Hermanos, estamos ya muy próximos a lo que es Semana Santa, hemos meditado la Palabra de Dios en estos domingos de cuaresma.

       Hoy el Señor nos habla del grano de trigo que muere, muere, pero no desaparece, no se pierde, germina y dará muchos frutos. Esto invita a todos a mirar a Cristo, a sentir su grandeza, su presencia y su compañía, en ese entonces era solo el pueblo de palestina, hoy es el mundo entero que conoce a Jesús. Esa semilla que murió sigue dando frutos abundantes. Hoy en día sigue también sembrando en los corazones de los hombres esa semillas del reino, de justicia, verdad, paz, amor, y nos llegan por medio de los hermanos que nos anuncian y por los sacramentos, ¿Cómo recibimos? Cuentan de aquel hombre que participó en un retiro, al principio no quería ir, pero con algunos engaños, lograron llevarlo. Allí, sintió algo extraordinario, se dio cuenta que no era lo mismo tener una vida que limpia y estar en pecados, el testimonio de los hermanos, hizo que se pueda dar cuenta de todo, finalmente contaba en su casa, el retiro había hecho crecer algo bueno en su corazón, hizo morir el mal, el pecado.

        Cuenta una fábula que un grano de trigo había quedado sobre el campo y fue descubierto por Una hormiga, que se dispuso a llevado a su nido. El grano de trigo pregunta: -¿Por qué no me dejas aquí? -Si te dejo, no voy a tener comida alguna para el invierno. Hay muchas hormigas y cada una de nosotras debe llevar lo que encuentre al depósito de víveres del hormiguero -contestó la hormiga. -Pero yo no he sido creado para ser comido -respondió el grano de trigo-o Yo soy una semilla llena de fuerza vital para convertirme en una planta. i Querida hormiga, hagamos un trato! Si me dejas en mi campo te serán dados, en la próxima cosecha, cien granos como yo. La hormiga pensó: «Cien granos a cambio de uno ... Esto es un milagro». Y preguntó:
-¿y cómo vas a conseguido? -Es un secreto -contestó el grano-o El secreto de la vida. iEn el momento oportuno, haz una pequeña cueva, entiérrame en ella y vuelve pasados unos meses!

        Pasados los meses regresó nuevamente la hormiga y comprobó que el grano de trigo había cumplido su promesa. Esto es una fábula, algo que nunca pudo haber ocurrido, pero no es fábula que un grano de trigo se transforme en una espiga. Tampoco es fábula el que un gusano de seda, después de encerrarse. en un capullo, se transforme en una hermosa mariposa.

        No es fábula el que después de la noche venga el día, que después del invierno venga la primavera y que los árboles de los que han caído en otoño las hojas secas, se llenen en primavera de flores y de hojas verdes.

        “Si el grano de trigo que muere”, nos dice Jesús en el Evangelio. Faltan sólo siete días para la semana santa; y a medida que se aproxima el final de la cuaresma, va adquiriendo relieve más nítido la meta de la misma: la pascua, es decir, la celebración de la muerte y resurrección de
Cristo, que se anuncia hoy con la parábola del grano de trigo que, al morir en el surco, produce una espléndida cosecha.

        Sucedió que unos prosélitos griegos, presentes en Jerusalén por la pascua, buscaban a Jesús para conocerlo. Este dato parece dar la señal de partida, pues, al comunicárselo los apóstoles Andrés y Felipe, comenta Jesús: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En el evangelio de Juan la glorificación de Cristo significa su pasión, muerte y resurrección, que él mismo explica a continuación con tres referencias en mutua conexión: el grano de trigo, el seguimiento de sus discípulos y la obediencia al Padre. La breve parábola del grano de trigo se centra en la fecundidad del mismo: Si cae en tierra y muere da mucho fruto, si no queda infecundo. Tanto en la oración de Getsemaní como en el pasaje evangélico de hoy queda patente la natural repugnancia de Jesús ante la muerte, debido a su auténtica humanidad y condición mortal
como hombre que era. "Mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si para esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre".

        Esa estremecedora muestra de la flaqueza humana se evoca también en la segunda lectura, cuyo contexto son dos características de Cristo como sacerdote: comprensivo por su condición humana y elegido por Dios para tal misión. Jesús no es un maso- quista que goce con el dolor. Muy al contrario, como hombre normal que era, al saberse "condenado a muerte" siente miedo y, deshecho en lágrimas, grita, llora y suplica a Dios Padre. Lo mismo en Getsemaní que en el Gólgota: "Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía librarlo de la muerte".

         Alianza, religión y corazón nuevos. Desde lo alto de la cruz -aparentemente un rotundo fracaso- dejó Cristo de ser un hombre cualquiera, por muy excelente que fuera su doctrina,
para convertirse en el centro de la historia, señor del cosmos, salvador de la humanidad entera. ¿A qué se debe tan descomunal cosecha que brotó de un solo grano caído en el surco? Es que la muerte y resurrección de Cristo son la victoria definitiva del amor
sobre el egoísmo, del bien sobre el mal, de la gracia sobre el pecado. ¡Feliz culpa que nos mereció tal Redentor! Porque desde entonces es posible amar y vencer la fuerza del desamor en nuestra vida personal y en el mundo que nos rodea.

        Llegada a plenitud la historia de la salvación, se realizó en la persona de Cristo la nueva alianza de Dios con su pueblo y con toda la humanidad, como profetizó Jeremías, al anunciar una ley,
una religión y una alianza interiores, personales, vivas, escritas no en tablas de piedra sino en el corazón del hombre (la lect.).

        En este domingo de cuaresma hemos de preguntamos lealmente cómo es nuestra alianza con Dios, es decir, la actitud religiosa y la consecuente conducta moral de cada uno ¿Son auténticamente evangélicas porque se basan en el amor, son liberadoras y gratificantes porque generan alegría y apertura a los demás? O bien, ¿vivimos una religión triste y egoísta, una moral externa y basada en el temor, disconforme por tanto con la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús y acorde más bien con una "ética de esclavos" que se mueven por el látigo y no por el amor y la amistad generosa? Si estuviéramos en la segunda alternativa,
necesitaríamos urgentemente un trasplante de corazón, un corazón nuevo para una alianza nueva sellada con el don del Espíritu.

        Pidamos hoy al Señor, el espíritu de una vida limpia de cualquier mal, un vida llena de su presencia.

        Según la enseñanza de Jesús el amor verdadero no existe, si no se entrega la vida. Él establece una ecuación entre el amor y la entrega de la propia vida cuando dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Y el mismo apóstol Juan asegura: “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Èl dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Jn 3,16). En los días de la Semana Santa que ya se acercan vamos a contemplar el amor que nos ha tenido Jesús. Él dio su vida para que nosotros vivamos, para que nosotros tengamos vida eterna.

 ¿Queremos ver a Jesús en el rostro de los más pobres…

¿Queremos ver a Jesús en medio del arduo trabajo de cada día?

 

 ORACIÓN

Señor Jesús

Ya está por llegar la hora en que como grano de

darás la vida por nosotros,

desde la cruz podrás derrotar al enemigo,

 y sigue viva en nuestros corazones: “Si el grano de trigo

muere da mucho fruto” ayúdanos Señor,

a dar también nosotros frutos abundantes de misericordia,

paciencia, comprensión, solidaridad con nuestros hermanos

 más necesitados, pero para eso Señor necesitamos primero

morir a nosotros mismos, morir a nuestros vicios y pecados,

solo así podremos dar los frutos que nos pides,

Te pido Jesús,

Que nos tu gracia necesaria para hacer realidad tu santa palabra. Amén.

 

DOMINGO DE RAMOS

 

Lecturas:

 Primera lectura  Is 50, 4-7  “No oculté el rostro a insultos y sé que no quedaré avergonzado”.
 Salmo Responsorial  21  “Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
 Segunda lectura  Flp 2, 6-11  “Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo”.
 Evangelio  Mc 11, 1-10  “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.

 

CRISTO SE ENTREGÓ POR NOSOTROS.

 

        Hermanos, después de recorrer cinco semanas de cuaresma llegamos a esta semana santa llena de profunda significación y contenido.

Vemos a Jesús entrar hoy a Jerusalén, entró como un hombre sencillo, sin grandes glorias. Va a sufrir, va a entregar su vida todo por amor, va en definitiva al encuentro de cada uno de nosotros. Vemos a Jesús que a pesar de los grandes sufrimientos decide cumplir la voluntad divina.  Domingo de Ramos nos suena a humillación, es un siervo sufriente,  un rey humilde y pacífico entra ahora a Jerusalén en actitud de servicio y no con ambición de poder terrenal. Él es el siervo paciente del Señor como nos dice la primera lectura (Is 50,4-7), Él es el que camina hacia su pasión mediante la auto humillación que expresa el himno de la cristiandad tal como nos lo transmite  san Pablo en la segunda lectura (Flp 2,6-11). Aun siendo Dios, Cristo se rebajó hasta someterse a una muerte de cruz, por eso el Padre lo levantó sobre todo. Su abajamiento le mereció la gloria de la resurrección, un nombre sublime y la adoración del universo entero  como Señor de la creación.

 

        En tiempos de Jesús, para la pena de muerte, no había silla eléctrica ni cámara de gas, ni inyección letal, con la que a alguno se le inyecta un líquido y muere. En tiempos de  Jesús la pena de morir consistía en la cruz. ¿Por qué lo condenaron a muerte de cruz? Porque Jesús no se pone al lado de los poderosos, de los opresores, de los jefes religiosos de aquel tiempo, de los jefes de una religión que tenía muchos preceptos y muchos ritos, pero era una religión sin amor. Como todos estos señores vivían bien, los demás tenían que estar quietecitos. Jesús se pone al lado de los oprimidos, de los pobres, de los últimos, de los que no cuentan. Es el camino que quiere elegir para salvar a la humanidad. Jesús dice que todos tenemos que ser hermanos, amándonos unos a otros, incluso a los enemigas.

También hoy hay la tentación de buscar lo que a uno le conviene ponerse del lado del más fuerte para no complicarse la vida, el de acomodarnos a las circunstancias, de ese modo olvidamos la actitud de Cristo Jesús como Hijo de Dios, no es que buscaba pelearse con la población, simplemente le anunciaba la luz y los hombres no quisieron abrir sus ojos, reconocerlo y comprenderlo. Es una gran enseñanza la de unos peces que se llaman “Salmones” cuando toca la hora de reproducirse no dudan de nada contra corriente todo lo que pueden, se exponen a muchos peligros, pues los animales de este momento aprovechan la situación, pero nos dice que siempre aunque no todos, llegan al objetivo y se lleva a cabo la reproducción.

En la vida cristiana hermanos, cuantas veces debemos nadar contracorriente, ante la situación de la pobreza, la marginación, la violencia, la maldad, cuantas veces en esta actitud hasta uno pierde la vida. Esto es lo que significa ser cristianos. En la vida, podemos tener una recepción a lo grande de los hombres, podemos ser alabados llenados de muchos regalos, pero también sabemos que no todo es eso, esa misma gente suele levantarse para condenar al igual que con hicieron con Jesús. Me recuerdo aquello que decía la madre de un nuevo sacerdote a su hijo al ver que tantos se alegraban y le llenaban de regalos: “Hijo, no te lo creas todo, hoy te alaban, mañana ellos mismo te condenarán”

 

        Hoy nuestra iglesia es el escenario y nosotros tenemos que ser algo más que espectadores.

Vamos a extender la alfombra roja para aclamar a Jesús.

Vamos a aclamarlo con ramas de romero, la sencillez del campo, con ramas de olivo, la fidelidad y la paz, o con las palmas, agua mansa en el desierto.

Y entre gritos y silencios, Jesús el hombre más libre del mundo, entra en Jerusalén.

El amor no es un sentimiento, es una decisión, una elección.

La gente suele decir hay cosas que simplemente suceden: una traición, un ataque de corazón, un embarazo juvenil, la muerte… Todo esto no sucede porque sí, es consecuencia de las decisiones que la gente toma.

Jesús tomó decisiones auténticas y también sus discípulos, Judas incluido.

Decimos que Jesús tenía que morir, que su muerte fue un acto del destino. No. Jesús decidió predicar y vivir de una manera peligrosa, eligió el amor a nosotros, decidió amarnos a todos y esta decisión le llevó a la muerte.

Saber  que el amor lleva el sufrimiento, lleva muchas veces las incomprensión, el dolor. Tenemos hermanos la esperanza de morir con Cristo y resucitar con él a una vida de gloria, a una vida de paz.

Los que confesamos nuestra fe en Jesús como Dios y Salvador nuestro no tenemos otro medio para mostrado que el testimonio individual y comunitario. Cristo vive en la comunidad de sus
discípulos, está vivo en su palabra y en los sacramentos, particularmente en la eucaristía, anima la comunión fraterna de cuantos le seguimos, está presente en nuestros hermanos,
especialmente en los más necesitados, y se encarna en todos los que aman al prójimo, viven los problemas de los demás y son solidarios con el pobre y el marginado. Ahí es donde puede verse
hoy un reflejo de Cristo y de su evangelio. Jesús concluyó el episodio evangélico de hoy presentándose una vez más como luz del mundo: Caminad mientras tenéis luz, es decir: creed en mí antes de que sea tarde. Hoyes la última oportunidad de la cuaresma para convertimos en hijos de la luz, en hijos amados de Dios y en luz de Cristo para los demás. Así,
cuando los no creyentes quieran conocer a Cristo, podrán verlo  reflejado en nosotros sus discípulos, los cristianos.

 

 ORACIÓN

Bendito seas, Padre,

porque llegada la hora tu hijo Jesús como grano de trigo,

 entra a Jerusalén no va para recibir alguna corona humana,

 tan solo la corona de espinas,

 se acerca Señor, momentos muy dolorosos en tu pasión,

 lo cual nos recuerda que en nuestra vida también

experimentamos dolores sufrimientos, incomprensiones,

rechazos, pero como nos dices todo es vencido por la fuerza del amor.

Haz Jesús que hagamos todo por amor,

que sobrellevemos todo incomodidad con amor.

 Solo así podremos asemejarnos y sufrir con tu

pasión para luego resucitar contigo a la vida eterna. Amén.

 

 

JUEVES SANTO

 

Lecturas:

 Primera lectura  Ex 12,1-8.11-14. Prescripciones sobre la cena pascual”.
 Salmo Responsorial 115. El cáliz de la bendición es la comunión con la sangre de Cristo
 Segunda lectura 1 Cor 11,23-26. la Cena del Señor”.
 Evangelio  Jn 13,1-15: los amó hasta el extremo.

 

SE QUEDÓ CON NOSOTROS

 

        Llegamos al Triduo Pascual, momento clave en la vida del Señor para la salvación de la humanidad. Jesús está cenando por última vez con sus discípulos. Comparte el pan y el vino, pero antes de instituir la Eucaristía, se pone de pie y comienza a lavarles los pies a sus apóstoles, quiere demostrarles que la Eucaristía va unida al servicio hacia los hermanos, Eucaristía y servicio van juntos,  pues todo refleja el amor de infinito de Dios.

En este día Jesús celebra la primera Misa de la historia, él mismo ofrece su carne y su sangre. No ha sido totalmente extraño para los apóstoles, habían escuchado muchas veces ya a Jesús que les había hablado del Pan de vida eterna, cuando en la multiplicación de los panes la gente buscaba para hacerle rey él dijo: “Busquen el pan que no perece”, más adelante decía: “Yo soy el  pan de vida, el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”… ahora en la última cena sin embargo el Señor hace realidad todo lo anunciado, “Este es mi Cuerpo, y este cáliz es mi Sangre”…

Jesús se quedó en la Eucaristía por amor, por querer compartir con nosotros su mismo ser, su vida.

En la  última cena, en aquel primer Jueves Santo, Jesús dijo: Me voy, pero quiero quedarme. Y se fue. Y también se quedó. le dejo, pero quiero permanecer con ustedes.  Y nos dejó. Y se quedó con nosotros.

En su ausencia, nos dejó su presencia real. La Eucaristía no es un regalo de una sola cara. Exige una respuesta. El amor llama al amor. La Eucaristía es un intercambio. Y nuestra respuesta tiene que ser la de un intercambio de amor. Jueves Santo. ¿Cómo dijo Jesús, "te quiero"? ¿Cómo nos demostró su amor? El amor se pone el delantal y lava los pies. Lo que Jesús hace humildemente aquella noche es símbolo de lo que hará al día siguiente en el Calvario por todos los que ama.

"¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?" Cuando me llamasteis, yo no me hice el sordo.

Cuando seguisteis vuestro propio camino, yo os  esperé. Cuando dudasteis de mí, yo no os rechacé.

"¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?" En un tiempo en el que el poder cuenta, yo vine a vosotros como niño. En un mundo de fuerza y violencia, yo me hice el menor entre vosotros. En un mundo en el que el dinero habla, yo os hablé como un pobre. En un mundo en el que todos pisotean a los demás para trepar, yo os lavé los pies. "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?" Vosotros buscáis expertos para la liberación, yo traigo una sabiduría diferente. Vosotros ponéis vuestra confianza en un gobierno fuerte, yo vine como servidor.

Vosotros creéis en almacenar y guardar, yo me desprendí de todo. Vosotros trabajáis mucho para comer y beber, yo os alimenté sin cobrar nada. Vosotros derramáis la sangre del hermano para salvaros, yo derramé mi sangre para salvar a mi pueblo. "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Señor y Maestro… Os he dado ejemplo. Haced lo mismo. Jueves Santo. Amor en delantal, amor en acción, amor para siempre.

 

        Cuando el mundo busca los primeros puestos, cuando los hombre buscan los primeros lugares, Jesús se pone en la actitud del que sirve, en la actitud del esclavo para decirnos que lo  más importante a los ojos de Dios no es aquel que ocupa el primer lugar en la fila, sino aquel que sirve, aquel que da su vida al servicio de los hermanos, aquel que dedica su tiempo, sus palabras, sus preocupaciones por el bien de los demás.

En el fondo, institución de la eucaristía y el lavatorio de los pies son signos paralelos del amor sin fronteras de Cristo. Para ambos gestos aplica Jesús el mismo mandato de repetirlos. “Haced esto en memoria mía”, dice para la eucaristía. Y respecto del lavatorio de los pies: “Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”. Por ser memorial del Señor, la eucaristía no es sólo recuerdo, sino también presencia viva. En ella celebramos, es decir, actualizamos por la fe la cena del Señor en recuerdo de Jesús que en una tarde como la de este jueves santo, la víspera de su pasión y muerte, instituyó la eucaristía.

Es momento de agradecer a Dios por tantos bienes que nos da, es momento de reconocer su amor infinito en la eucaristía y al mismo tiempo preguntarnos si lavamos los pies a nuestros hermanos, si en verdad hemos superado la actitud de Pedro: “Señor a mí no me lavaras los pies”. Hay una tendencia de creer que como somos creyentes, como participamos en las misas, las procesiones, pensamos que ya no necesitamos que el Señor nos lave los pies, pensamos que eso es para gente que anda alejado de Dios, o gente que no está familiarizado con las cosas de Dios. Es el momento reconocer humildemente que muchas veces nos hemos ensuciado los pies en los barros de los pecados y necesitados ser purificados, lavados por el Señor.

¿Reconozco que necesito purificarme?

¿Me dejo lavar los pies con Jesús?

 

 

AMOR ENTREGADO.

“Éste es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”  (Lc 22,19)

Señor Jesús:

Nos impresiona esta reflexión del padre Segundo Llorente

sobre su vivencia sacerdotal, en la que nos dice:

“Yo soy sacerdote: mi estirpe es divina:

yo soy pregonero de Cristo, mi Dios.

Yo llevo la antorcha, que el mundo ilumina

y llevo en mis labios la miel del perdón.

Mi arcano poder no es humano, es divino:

convierto yo en Cristo un pedazo de pan,

 convierto en su Sangre una copa de vino,

y este pan y vino en su Ser substancial.

Yo soy sacerdote y llevo en mi mano

la Hostia divina, que es Cristo y es Dios;

y en rico banquete de apariencia humano,

les doy a las almas riquísimo don.

Yo bebo en el cáliz el néctar divino,

que se ha convertido en divino licor,

y encuentro, al beberlo, la luz, el camino,

la fuerza divina que vence al dolor.

Bendigo los campos, las mieses, las flores,

bendigo el rebaño, el taller y el hogar;

mis manos bendicen también los amores,

que castos se acercan al pie del altar.

Yo soy el que tiene del cielo la llave,

yo soy sacerdote, ministro de Dios”.

¡Qué bien se expresa el ser y el actuar del sacerdote!

AMÉN .  ALELUYA.                   Lc 22,14-2

 

 

VIERNES SANTO

 

Lecturas:

 Primera lectura  Is 52,13-53.12  El fue traspasado por  nuestras rebeliones.

 ● Salmo Responsorial 30: Padre a tus manos encomiendo mi espíritu
 Segunda lectura Heb 4,14-16;5,7-9. Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación.
 Evangelio  Jn 18,1-19,42. Pasión de N.S. Jesucristo según san Juan.

 

HA SIDO LEVANTADO EN LO ALTO

 

        Muchos  todavía nos acordamos, cuando la película: ”Pasión de Cristo” entró en estreno, removió a muchos corazones, al ver la película nos comentaban que algunos no contenían la emoción y hasta derramaban lágrimas, se identificaban con aquel que estaba muriendo en la cruz. Es que el dolor, la muerte no es fácil de asimilar, no es fácil de sobrellevar, y es más en Jesús que ha muerte de una manera cruel, un justo que no tenía culpa, ni pecado, ha sido condenado por la turba, aquella muchedumbre que hasta hace poco, le aclamaba como su rey tiene ahora una postura totalmente adversa, solo puede pronunciar: “crucifícale” “crucifícale”. No hay compasión, no hay remordimiento, todos aprueban que debe morir. Parece que todo llega a su término, parece que finalmente los fariseos y los letrados han ganado a su adversario. Presiden la sentencia juntamente con las autoridades romanas; aquellos que han recibido tantos milagros, aquellos que se saciaron de la multiplicación de los panes, aquellos que aclamaron en la entrada a Jerusalén, parece que hayan desaparecido.

Llega a su cumplimiento aquellas profecías de Isaías, Jesús es ahora un hombre desfigurado, varón de dolores. Es traspasado por nuestras culpas. A eso de la hora nona, Jesús clamó con fuerte voz, “Dios mio, Dios mio, por qué me has abandonado”. Finalmente inclinando la cabeza murió. Entregó su espíritu al Padre Dios.

        Miren al que levantaron en la cruz. Miren a Jesús, al hombre que pasó su vida haciendo el bien. Miren al Hijo de Dios, sucio y con túnicas rotas, crucificado por nosotros. Mírenlo, sí, pero con los ojos del corazón, con los ojos del amor, con los ojos de su madre. Es Viernes Santo, día de luto para la gran familia cristiana, Día de derramar una lágrima sincera por Jesús, Día de congregarse en familia para despedir al hermano y contar juntos sus bondades.

        Finalmente Jesús cumplió la voluntad divina, finalmente el Hijo del Hombre dio su vida en la cruz, llevado por el inmenso amor hacia los hombres. Había dicho seré levantado en lo alto y atraeré a todos.  Es esto lo que hace el Señor. Cuando murió la creación misma tembló por su rey, el hombre reconoció en aquella hora quien era verdaderamente aquel hombre.

        Dice una hermosa leyenda que Dios bajaba todos los días por una escalera para caminar y conversar con Adán y Eva por el jardín del Edén. Y el día en que desobedecieron y pecaron Dios retiró la escalera y nunca más la usó. Comenzó la vida errante y peregrina y Adán y Eva se convirtieron en los primeros emigrantes, los primeros buscadores de un sueño terrenal y americano que nunca encontraron. Sin la escalera por la que Dios bajaba a ellos, todos los sueños son estériles. La Biblia nos cuenta la historia de otra escalera, la de Jacob. Este huía de la ira de su hermano y una noche cansado del camino se quedó dormido y, en sueños, vio una escalera que llegaba hasta el cielo y por ella bajaban y subían los ángeles. Al final de la escalera estaba Dios. Dios bendijo a Jacob y a todos sus descendientes. Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, cuando Dios quiso que su amor por nosotros se hiciera palpable y visible, cuando Dios quiso bajar de nuevo para estar con nosotros, nos envió una escalera que une cielo y tierra, ésta se llama Jesús. Jesús, el justo, ajusticiado. Jesús, el hombre para todos, crucificado por nosotros. Jesús, el hombre que bajó por la escalera del amor para conversar con nosotros, para plantar la cruz de la salvación en el Gólgota, una cruz que llega hasta el cielo, que abre el cielo y que Dios bendice.

        Cristo, dice la carta a los Filipenses, "apareciendo en su porte como un hombre cualquiera, se humilló y obedeció hasta la muerte y una muerte de cruz. Por ello Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre." Este Cristo, humillado y obediente, escándalo para unos y locura para muchos, este Cristo y su cruz son, hoy, la escalera por la que nosotros estamos llamados a subir para heredar la gloria.

        Este Cristo del que nosotros hacemos memoria en este Viernes Santo no es una reliquia del pasado. Es eterno presente, diaria presencia en medio de su pueblo. Hermanos y hermanas, miren a su Señor. No son los clavos los que hacen que Cristo esté en la cruz clavado. Es el amor por Usted, el amor por todos nosotros, y sólo el amor el que hace que Cristo no baje de la cruz. Hermanos y hermanas, miren a su amante crucificado como si fuera la primera vez y decidan, hoy, subir por la escalera  de la cruz hasta los brazos del Padre. El es el final del viaje. Jesús y su cruz son escalera y puente para cruzar hasta la orilla de la vida sin fin. Hermanos y hermanas, miren al que traspasaron, es Jesús. Jesús no tiene doble. Es El. No hay otro. No hay otra cruz, otra escalera, otro amor que pueda salvar. Y en este Viernes Santo nosotros miramos y miramos pero sobre todo le pedimos que nos mire él, que nos ame él, que nos ayude con su gracia a poner nuestros pies en el primer escalón que sube hasta su corazón. Por esta escalera José de Arimatea, Nicodemo y otros amigos bajarán a Jesús de su cruz y lo pondrán en brazos de María ,su madre. María fue la primera escalera por la que Jesús bajó a visitarnos, la primera escalera para hacerse hombre como nosotros, la primera escalera por la que el ángel bajó el día de la Anunciación, y el primer peldaño fue su sí.

 AMOR ENTREGADO.

CONTEMPLAR, COMPROMETER Y ESPERAR EN LA CRUZ-

"Se lo entregó para que lo crucificaran" (Jn 19, 16)

 

Señor Jesús:

En este día queremos seguirte en tu VIA CRUCIS,

para imitarte en nuestras vidas.

TE CONTEMPLAMOS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS,

y deseamos hacer siempre la voluntad del Padre.

TE VEMOS TRAICIONADO POR JUDAS Y DETENIDO,

y deseamos mantenernos en fidelidad a Ti.

TE DESCUBRIMOS NEGADO POR PEDRO,

y deseamos esforzarnos en no renunciar a tu amistad.

TE CONTEMPLAMOS AZOTADO Y CORONADO DE ESPINAS,

y nos comprometemos en no hacer sufrir por nuestro pecado.

TE VEMOS CARGADO CON LA CRUZ,

y nos comprometemos en afrontar la nuestra.

TE OBSERVAMOS AYUDADO POR EL CIRINEO,

y nos comprometemos en ayuda a los hermanos.

TE ACOMPAÑAMOS EN TU CRUCIFIXIÓN,

y nos comprometemos a compartir tu pasión.

TE CONTEMPLAMOS AL PROMETER TU REINO AL BUEN LADRÓN,

y esperamos también participar de tu perdón y misericordia.

TE VEMOS EN LA CRUZ, ACOMPAÑADO DE MARÍA Y DE JUAN,

y esperamos la ayuda y la fuerza de la Madre en nosostros.

TE OBSERVAMOS MUERTO EN LA CRUZ,

y esperamos aprender tu lección de sacrificio y de entrega.

TE DESCUBRIMOS DEPOSITADO EN EL SEPULCRO,

y esperamos no sepultar el Evangelio en nuestras vidas.

TE ACOMPAÑAMOS EN TU RESURRECCIÓN,

y esperamos participar también de la vida sin fin.

AMÉN. Jn 18, 1-19

 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 

Lecturas:

 Primera lectura  Hech 10,34.37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
 Salmo Responsorial 117. Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo

 Segunda lectura Col 3,1-4. Buscad los bienes  de allá arriba, donde está Cristo.
 Evangelio  Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos. Llegado su hora.

 

VENCIÓ A LA MUERTE RESUCITANDO

 

        Cristo muerto el Viernes Santo, no se ha quedado en el sepulcro, “miren el lugar donde lo han puesto, no está, ha resucitado” dice el ángel. Las mujeres corrieron presurosas a dar la noticia a los apóstoles, pensaban que habían robado el cuerpo de Cristo.

Un niño espiaba todos los movimientos de aquel gusano de seda que le habían regalado, pues había escuchado que estos animalitos sabían fabricar la tela y hacer sus vestiditos. Una mañana la niña quedó extasiada porque efectivamente la gusano había hecho sus hilos brillantes de un capullo y luego se encerró; “la niña pensó, así está mejor, más seguro”. Pero una mañana al despertar, la niña encontró agujereada el capullo con un poco de polvo, unos restos en su interior. –Mamá, mamá- gritó la niña, han abierto el capullo y me han robado el gusano. Su mamá le tranquilizó diciendo que el capullo se ha convertido en una hermosa mariposa. Si le quieres bien, alégrate, porque ahora es más hermoso y feliz.

Esto nos hace entender el sentido de la resurrección, resucitar es tener una vida nueva, una vida llena de júbilo de triunfo, una vida de alegría. Eso es lo que el Señor nos alcanzó para nosotros, eso es lo que surgió después de la muerte del Viernes Santo, porque no se dejó vencer por el mal. Es necesario por eso,  que sintamos la presencia triunfadora de Cristo, no debemos quedarnos en el Cristo del Viernes santo, un Cristo sufriente, lleno de dolores un Cristo que muere en la cruz. Es necesario saber que Cristo vive, Cristo venció la muerte, Cristo es nuestra vida, él es el que da sentido a nuestra fe cristiana.

La Resurrección acontecimiento no fue captada por ningún ojo humano. Fue experimentada no por los corazones de piedra sino por los corazones de carne.

¿Adivinan quiénes fueron los primeros en vivir esta experiencia?

No, no fueron los apóstoles. No habían movido la piedra de sus tumbas, eran cobardes, miedosos, unos cenizos. “Nosotros esperábamos que Jesús fuera el liberador de Israel”. Unos se largaron en busca de otros líderes y otros se escondieron.

Los hombres siempre pendientes de los negocios, del poder, de las tareas cotidianas viven cerrados a la trascendencia.

Las mujeres fueron las primeras en experimentar la Resurrección, las primeras en enterarse de que Jesús estaba vivo. “Muy de mañana, cuando aún era oscuro fueron al sepulcro”.

Sólo el amor de las mujeres experimentó su presencia y se movieron y fueron en su búsqueda. Por eso y por otras muchas razones las mujeres, las primeras, las que aman a Jesús, deberían tener mayor protagonismo en La Iglesia de Jesús.

Hoy, domingo de Pascua de Resurrección, proclamamos la única verdad digna de ser proclamada: Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado.

Millones de personas creen en Dios, creen en otra vida, viven la regla de oro –no hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan a vosotros- pero sólo los cristianos creemos en Jesús Resucitado.

San Pablo dice: “Si Cristo no ha resucitado nuestra predicación  carece de fundamento, y nuestra fe lo mismo… si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo ha resucitado de entre los muertos: el primero de todos (1Cor15,14s). La resurrección de Jesús es, pues el misterio central de nuestra fe y dato cierto y real, aunque no verificable por los métodos de las ciencias. Resulta fácil comprobar por los documentos de la historia que Jesús de Nazareth vivó en Palestina  en un determinado tiempo y que murió crucificado en Jerusalén. ¿Pero en qué nos basamos para afirmar y creer que también resucitó de entre los muertos? Por la ciencia no sabremos, pues nadie ha comprobado, creemos por el testimonio de las mujeres y los apóstoles del Señor. El sepulcro vacío, junto con el mensaje celeste a las mujeres revelándoles la resurrección del Señor, las apariciones de Cristo resucitado, que confirman lo anterior y el don del Espíritu Santo que junto con la misión evangelizadora, reciben los apóstoles del mismo Jesús.

Fue la experiencia personal de Cristo resucitado en sus apariciones al grupo de los discípulos lo que suscitó en ellos la seguridad absoluta de que Jesús a quien habían visto morir, estaba vivo y presente entre ellos. Así las apariciones del resucitado vienen a confirmar el mensaje de los ángeles y les aclaran por qué el sepulcro de Cristo está vacío. Hermanos, cuál es nuestra experiencia personal con Jesús, verdaderamente ha resucitado y lo podemos ver, lo podemos sentir? ¿No nos hemos quedado con Cristo del Viernes Santo? Queremos sentir la piedra quitada, queremos ver la piedra de nuestra incredulidad quitada y palpar a un Cristo amigo, a un Cristo triunfante que viene a nosotros y nos invita a una vida de resucitados, a buscar y vivir una vida nueva. Pues así como hemos  muerto con   Cristo, como nos dice el apóstol- también con él resucitaremos  a una vida feliz.

Quiero ver los signos de la resurrección y creer.

 Ante el miedo y la inseguridad: quiero ver los signos de la resurrección y creer.

 Ante la falta de trabajos y de posibilidades: quiero ver los signos de la resurrección y creer.

 Ante la droga que destruye y margina: quiero ver los signos de la resurrección y creer.

 Ante el dolor la violencia, quiero ver los signos de la resurrección y creer.

Ante las mentiras, los fraudes y desengaños de la vida, quiero ver los signos de la resurrección y creer.

Ojalá seamos capaces de sacar fuerzas y esperanzas desde Cristo resucitado ante la situación de la vida que nos ha tocado vivir.

 

                       

ORACIÓN

 

¡RESUCITAREMOS!

«No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,6)

Señor Jesús:

Todos los hombres buscamos la eternidad.

Necesitamos abrirnos a un futuro esperanzador.

Tú mismo nos lo enseñas y afirmas:

«Yo soy la resurrección y la vida:

el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre».

Ahí radica la certeza de vida sin fin,

porque «no estás en el sepulcro»,

ya que nada te puede retener en la muerte,

sino que estás lleno de «vida» y «vida abundante».

Vida que nos ofreces a nosotros,

ya que, como decimos en uno de los Prefacios:

«Porque aceptaste la muerte, uno por todos,

para libramos del morir eterno;                                           

es más, quisiste entregar tu vida

para que todos tuviéramos vida eterna».

Éste es el sentido de la Conmemoración de hoy,

que nos invita también a ser solidarios,

y elevar nuestras oraciones

por todos los que nos han precedido

y han partido ya de este mundo.

Concédenos, Señor Jesús,

afianzar nuestra esperanza en la Resurrección,

de la que también participaremos nosotros,

y acepta nuestras plegarias

por nuestros hermanos difuntos.

AMÉN.  Lc 23.44- 49; 24,1-6

 

 

II  DOMINGO DE PASCUA

 

Lecturas:

● Primera lectura ● Hch 4, 32-35 ● “Todos pensaban y sentían lo mismo”.
● Salmo Responsorial ● 117 ● “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.
● Segunda lectura ● 1 Jn 5, 1-6 ● “Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo”.
● Evangelio ● Jn 20, 19-31 ● “A los ocho días, llegó Jesús”.

                                                                                                          

SEÑOR MIO Y DIOS MIO.

 

        Hoy las lecturas nos presentan la vida de la primera comunidad cristiana. Se trata de un texto que no puede ayudar a pensar acerca de nuestra vivencia como Iglesia. Cuando leemos: “Todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie consideraba propio nada de lo que tenía”, puede surgir una pregunta: ¿Es posible esto? ¿Se puede vivir esta unidad?

        Viene a la memoria la película “Misión” de R. Joffé, 1986. Donde se ve el intento de crear una comunidad civilizada, buscando la unidad entre los miembros, fomentando la evangelización, la ayuda, la educación, una familiaridad muy profunda; se ha logrado cultivar la amistad, la unidad, la ayuda. Fueron los jesuitas que a imagen de la primera comunidad cristiana quisieron fomentar la vida cristiana y humana de los guaraníes. Es ciertamente posible esa vivencia cristiana cuando cada uno se deja transformar por el Espíritu del Resucitado y se vive en la caridad y pobreza evangélica, cuando una real y auténtica conversión transforma el modo de pensar y educa el modo de sentir. Entonces, cada uno puede poner lo que posee como privado al servicio del bien común. El pensar, el sentir y el actuar se renuevan a partir de la fe en el Resucitado. Quien realmente cree en la vida nueva que dona el resucitado cambia su modo de pensar, su modo de sentir y finalmente su modo de actuar. El principal testimonio que la comunidad apostólica daba del resucitado y que suscitaba la estima de los demás hacia ella era el testimonio del amor fraterno.

        El evangelio de este segundo domingo, nos invita a contemplar la actitud de Tomás, aquel personaje que quiere pruebas, que quiere demostraciones, que quiere ver para creer, representa así la actitud de muchos hombres de hoy, queremos ver para convencernos, queremos tocar para creer.

        Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

        Y en efecto: para muchos hombres y muchas mujeres, Cristo es como si estuviera muerto, no cuenta en sus vidas; viven como si esta vida fuera todo cuanto hay. Pero nuestra fe en Cristo resucitado nos impulsa a decirles de mil formas diferentes que Cristo vive, que nos unimos a Él por la fe y lo tratamos cada día, que orienta y da sentido a nuestra vida. Así contribuimos personalmente a edificar la Iglesia, como los primeros cristianos. 

        Ocho días después, Jesús se aparece de nuevo a los Apóstoles. Tomás estaba con ellos. El Señor le dice: “Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel” (Juan 20, 26-27). La respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración y de entrega sin límites: ¡Señor mío y Dios mío! Su fe brota, no tanto de la evidencia de Jesús, sino de un dolor inmenso. El Amor lo lleva a la adoración y de vuelta al apostolado. 

        Santo Tomás encuentran hoy muchos imitadores no sólo en la primera parte de su historia- que le lleva expresar- “¡Señor mio y Dios mio!”. Tomás es también imitable por otro hecho. No cierra la puerta,  no se queda en su postura, dando por resuelto, de una vez por todas, el problema. De hecho, ciertamente le encontramos ocho días después con los demás apóstoles en el cenáculo. Si no hubiera deseado creer o “cambiar de opinión” no habría estado allí. Quiere ver, tocar: por lo tanto está en la búsqueda. Y al final después que ha visto y tocado con su mano, reconoce la grandeza del Mesías, un Dios vencedor, un Dios que verdaderamente había resucitado.

        ¿Cuál es la actitud de nosotros frente a la resurrección de Jesús?

        Verdaderamente se cumple en nosotros “: Dichosos los que creen sin haber visto”

        ¿Pongo algún obstáculo para creer en Cristo resucitado?

Pidamos al Jesús, el Señor de la Misericordia como lo recordamos en este domingo. Que pueda llenarnos de su misericordia, que podamos alcanzar su misericordia en nuestra vida, recibiendo aquellos sacramentos que nos llevaran a disfrutar del perdón y amor de Dios.

 

 

ORACIÓN

 

Señor Jesús.

Hoy queremos contemplarte,

 queremos acogerte

aunque la mediocridad de nuestra fe

 a veces nos impidan, aunque la incredulidad nos vence.

Queremos sentir tu cercanía en nuestra vida,

Tú has dicho “dichosos los que crean sin haber visto”,

aunque no te vea con los ojos de la cara quiero encontrarte

y sentirte en los sacramentos,

quiero sentir tu misericordia en la reconciliación,

 quiero saborear la paz que das en la eucaristía.

Por eso Señor,

te doy gracias por tu presencia resucitada,

que nos llena de esperanza y felicidad. Amén.

 

 

III  DOMINGO DE PASCUA

 

Lecturas:

● Primera lectura ● Hch 3, 13-15.17-19 ● “Matásteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos”.
● Salmo Responsorial ● 4 ● “Haz brillas sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor”.
● Segunda lectura ● 1 Jn 2, 1-5 ● “Él es víctima de propiciación por nuestros pecados y también por los del mundo entero”.
● Evangelio ● Lc 24, 35-48 ● “Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día”.

 

CREER HOY.

 

        El evangelio de hoy tiene relación con el regreso de los discípulos de Emaús, había visto a Cristo mismo al partir el pan; llenos de gozo comparten con los otros apóstoles y en ese momento aparece el mismo Jesús. No saben qué hacer, tienen miedo y se resiste a creer lo que están viendo sus ojos, creen ver un fantasma, se les oscurece la mente, no estaban preparados para este gran momento, les faltaba en definitiva comprender la fe. Cristo Jesús sabedor de la debilidad de los apóstoles les comienza a explicarle acerca de él todo lo que había dicho las escrituras, los salmos, y todavía más les pide algo de comer, y come con ellos, quiere así dejar claro que  la resurrección no es una emoción colectiva de los apóstoles, es presencia viva de Cristo.

        Aunque la fe no necesite demostraciones, aunque la fe más se caracteriza por una confianza, una entrega, sin embargo exige que sea racional, que no sea simplemente un sentimiento ante la situación presente. El corazón tiene sus razones que la mente no entiende dice Pascal.

        Cuentan que una persona había hecho un viaje hacia Amazonas y contaba con todo detalle a los demás las maravillas que ha visto, la frondosidad de los árboles, la grandeza de los ríos. Todos quedaban maravillavados pero quedaba simplemente en una imaginación, por eso les dijo: “vayan ustedes mismo y puedan conocer y convencerse de todo lo dicho”. Eso es la resurrección hermanos, no solo es escuchar, el gran acontecimiento, es sentir, es tener la presencia del mismo Jesús en nosotros mismos, es ser testigos de este gran acontecimiento, es convencernos que él ha resucitado verdaderamente.

        Pascua es tiempo de dar testimonio de Cristo Resucitado. "Vosotros sois testigos de todo esto".

¿Testigos de qué? De la vida resucitada.

¿Testigos de quién? Sólo de Jesucristo.

¿Testigos para quién? Para los hermanos perdidos en el camino de la vida.

        Un catequista preguntó un día a un grupo de jóvenes que se preparaban para la confirmación: ¿cuál es la parte más importante de la misa?

        Uno contestó: la parte más importante es el rito de despedida.

        El catequista sorprendido le preguntó: ¿por qué dices eso? Y éste le respondió: la misa sirve para alimentarnos con la palabra, el cuerpo y la sangre del Señor. La Misa comienza cuando termina. Salimos a la calle para hacer y decir lo que dijeron los discípulos de EMAUS. Hemos reconocido al Señor al partir el pan y está vivo y vive para siempre y para nosotros.

                       

  

                        ORACIÓN

 

Te bendecimos, Padre

porque Cristo resucitado viene a romper

 los cerrojos de nuestras puertas

 y corazones cerrados poe el miedo

 y al duda, la apatía y nel desánimo.

Nos cuesta creer de verdad que Cristo

está vivio hoy como ayer,

 y que comparte con nosotros

la mesa y el pan de la esperanza.                                                      

Y sin embargo, es cierto: Jesús es el Señor resucitado,

 el hace brillar en la noche la aurora de su resurrección

 para los que creen a pesar de la oscuridad y del miedo.

No permitas, Señor, que nos resistamos a creer en ti.

Danos tu Espíritu que nos haga ante nuestros hermanos,

testigos valientes de tu salvación y de tu amor de Padre. Amén.

 

 

IV  DOMINGO DE PASCUA

 

Lecturas:

●  Primera lectura ● Hch 4, 8-12 ● “Ningún otro puede salvar”.

● Salmo Responsorial ● 117 ● “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.

● Segunda lectura ● 1 Jn 3, 1-2 ● “Veremos a Dios tal cual es”.

● Evangelio ● Jn 10, 11-18 ● “El Buen Pastor da la vida por las ovejas”.

 

SER BUEN PASTOR.

 

        Hoy cuarto domingo de Pascua, un domingo especial, el domingo donde todos debiéramos elevar nuestra oración para que el Señor aumente operarios a su mies, y haga santos a los que ya son. Es el domingo del Buen pastor. Suena todavía vigente aquella historia que todos hemos escuchado, del pastorcito mentiroso, que solo utiliza la voz para engañar y poner en alerta a la gente sin nada de consecuencias, pero que al final pagó caro aquella mentira. Vino el lobo y hizo estragos con todos sus rebaños. Indica hermanos, que ser pastor, es algo original, es guiar al rebaño, es acompañar, vendar al herido, es llevar en los hombros a los que no caminar, es corregir y ayudar que vuelva al buen camino aquel que está por otras sendas, es aquel que va en busca de la que se ha perdido.

“yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11), nos dice Jesús en el Evangelio de hoy. Él es el pastor verdadero, auténtico y único por dos razones:

 

    1.      Porque está dispuesto a dar la vida por sus ovejas en el momento del peligro.

Porque conoce a sus ovejas y es conocido por ellas.  Es un conocimiento que crea comunión de vida, relación personal, activa, amorosa y recíproca.

El asalariado huye ante el lobo y abandona a las ovejas que no son suyas.

Si yo soy dueño de una casa la cuido y la defiendo y la mantengo limpia. Si yo tengo un negocio le dedico tiempo porque es mi vida y la de mi familia. Si yo tengo un hijo es mi preocupación 24 horas al día.

Pero el empleado no lo hará igual, cobran su sueldo y si la casa está sucia, si el negocio se hunde o el niño se muere, allá el dueño, allá el negocio, allá el niño.

Jesús es el buen Pastor 24 horas, 365 días. Y nosotros, los bautizados, somos sus ovejas. Y lo somos siempre. Cuando somos buenos y cuando somos unos haraganes.

El buen Pastor dio la vida y la da cada día por nosotros..

 

        Dice un escritor que cuando Jesús moría en la cruz se le acercó la serpiente y le susurró al oído: Jesús mira a la gente, míralos. No merece la pena que sufras tanto por esas ovejas desagradecidas. Mándalas a todas al infierno. Y Jesús contestó a la serpiente: "Prefiero morir a dejar de amarlas." El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Dios le encomendó una misión y prefirió morir a dejar de amar, amarnos, amarte, a ti oveja negra de su rebaño.

Somos suyos, somos hechos a imagen de Dios, y Jesús no quiere que nadie se pierda. Por eso nunca dejará de amarte.

No dudes nunca, nunca, de su amor. No te preguntes, quién soy yo para que Jesús me ame. Yo, un don nadie. Sí, a ti, oveja de su rebaño, a ti te ama y dio su vida por ti. Y la dio libremente.

Con su muerte Jesús establece la diferencia entre el buen pastor y los pastores asalariados.

El buen Pastor ama y da su vida.

Mis ovejas conocen mi voz. La voz del amor, de la sangre derramada, la voz del Espíritu.

Pastor y rebaño llamados a vivir una nueva intimidad, llamados a amar pero ahora con poder, con un poder que sana y resucita.

Que cada pastor sepa ver, la imagen de Cristo Jesús es buen Pastor y sepa vivir como vivió Él. Y los cristianos maduros entienden que su fe, su seguimiento de Cristo y su opción por el reino de Dios no depende de que los sacerdotes sean mejores o peores, más o menos dotados, sino del Señor que también a él le a su familia porque nuestro común Pastor con mayúscula, es Jesucristo. Ya lo avisaba el apóstol Pablo: “El que planta no significa nada, ni el que riega tampoco, cuante el que hace crecer o sea, Dios. Nosotros somos colaboradores de Dios” (1Cor 3,7). El seguimiento de Cristo es común para todos mediante la escucha de su voz y el conocimiento de su persona, pues sólo mediante este contacto personal tendremos su vida en nosotros. En comunión con Cristo y con nuestros pastores, colaboremos en la vida y tareas evangelizadoras de nuestra comunidad eclesial.

 

Oración

 

Señor: Tú quisiste llamarte “Buen Pastor” 
y quisiste regalarnos también buenos pastores.
Tú sabes que también ellos son humanos:

ayúdales a ser cada día más semejantes a Ti.

Que también ellos tienen sus problemas: ilumínalos en sus oscuridades.
Que también ellos tienen sus debilidades: hazlos fuertes en sus luchas.
Que también ellos tienen sus cansancios: aliéntalos para que no desfallezcan.
Que también ellos tienen sus soledades: hazles sentir tú compañía y la nuestra.
Que también ellos tienen sus corazones: regálales con tu amor a través del nuestro.
Que también ellos tienen sus flaquezas: que cuenten siempre con nuestro aliento.
Que también ellos tienen sus tristezas: que podamos llevarles un poco de alegría.

Señor: queremos pastores santos.
Señor: queremos pastores que nos acompañen en nuestro camino de santidad.
Señor: queremos pastores que no nos dejen caminar solos sino siempre caminen a nuestro lado.
Señor: queremos que en medio de nosotros suscites vocaciones generosas que pongan sus vidas a nuestro servicio.

 

 

V  DOMINGO DE PASCUA

 

Lecturas:

·           Primera lectura ● Hch 9, 26-31 ● “Le contó como había visto al Señor en el camino”.

·           Salmo Responsorial ● 21 ● “El Señor es mi alabanza en la gran asamblea”.

·           Segunda lectura ● 1 Jn 3, 18-24 ● “Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos”.

·           Evangelio ● Jn 15, 1-8 ● “El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante”.

 

LA SAVIA DE LA VID.

 

        La palabra de este domingo mediante el simbolismo de la vida, habla de la comunión de vida con Cristo y con los hermanos mediante la fe y el amor. Cristo es la vid y nosotros los sarmientos. Unidos a él por el Espíritu que nos dio, produciremos fruto abundante si guardamos el mandamiento de Dios: creer en Jesús y amarnos unos a otros (2da. Lectura)

        Cuando las pilas están recargadas podremos tomar fotos sin problemas, pero cuántas veces sucede que en los momentos más interesantes no contamos con la bateria recargada. Que importante tener siempre las baterías recargadas. Igual sucede con Cristo, se puede hacer acciones sobrenaturales, siempre en cuando estemos unidos a Cristo y así, dar frutos abundantes.

Y así como una batería recargada da luz y pone en movimiento un coche, así también una cristiana recargada con el amor de Dios tiene que producir el vino nuevo del evangelio, los frutos del amor, de la fe y de la esperanza.

        Ser discípulo de Jesús es dar los frutos de Jesús.

        El joven rico del evangelio guardaba la ley…pero no dio frutos.

        El sacerdote y el levita guardaron la ley…pero no dieron frutos.

La higuera hermosa del camino fue maldecida por Jesús porque no tenía frutos.

No se dejaron podar por Dios. Nunca fueron parte de la viña de Jesús ¿Quiere ser discípulo de Jesús? Permanezca conectado con Él. ¿Quiere dar frutos de vida y amor? Déjese podar poco a poco, día tras día, por Dios, su viñador.

"La gloria del Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos".

 

        En Filipinas, una religiosa estaba curando a un leproso, el soldado se acercó y le dijo: “hermana, yo no haría lo que usted está haciendo ni por un millón de dólares”.

-Yo tampoco- respondió la religiosa, si trato a este extraño como a un hermano es para que Cristo, en el juicio final me diga: estuve enfermos y me curaste. Como esta misionera estemos muy unidos a Cristo para producir frutos de vida eterna. El amor de Dios, hará que sigas realizando con más eficacia aquello que a veces te cuesta cumplir. Unidos a Cristo podremos dar testimonio como los mártires.

        El Evangelio de hoy responde muy bien a todo esto. La fe es un proceso de crecimiento. El que se ha bautizado (cada uno de nosotros) y ha realizado un cierto camino de profundización cristiana, no por eso ha llegado ya hasta el final. En la fe no es posible “licenciarse”, considerar que “ya nos lo sabemos”. Porque la fe es, ante todo, una relación viva con Dios por medio de Jesucristo, o, por usar la imagen que hoy nos propone Jesús, un injerto, esto es, una inserción, gracias a la cual la savia que da vida a la vid pasa también a nosotros, los sarmientos, y nos vivifica. No es sólo un saber y una aceptación teórica (aunque también), sino una forma de que deriva de esa inserción en Cristo.

        La Eucaristía es el Sacramento en el que Jesús Resucitado se nos entrega para que podamos permanecer en Él, unidos a Él íntimamente como los sarmientos a la vid. Vivamos la Eucaristía y vivamos de la Eucaristía, para que su misma Vida circule por todo nuestro ser como “savia nueva” y así demos los frutos que Él espera por nuestro bien y el de todo el mundo, siendo así “hijos de la Pascua”.

        ¿Cómo es mi relación con Jesús en la Eucaristía?

        ¿Verdaderamente van dando frutos mi vida alimentado con la Eucaristía?

        ¿Vivo realmente unido a un tronco, a unas raíces? ¿Cuál es el tronco en el que estoy establecido? ¿Cuáles son las raíces últimas que alimentan mi vida? 
        ¿Estoy en verdad unido a Dios? ¿Soy realmente teocéntrico o me pierdo en ramas y sarmientos laterales, en mediaciones religiosas que me apartan del verdadero y absoluto centro?

 

ORACIÓN

 

COMUNIÓN

«Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5)

Señor Resucitado:

Nos has dicho en el Evangelio:

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador...

como el sarmiento no puede dar fruto por sí,

si no permanece en la vid,

así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí».

Esta relación vital y existencial contigo

nos lleva a permanecer en tu Palabra, como verdaderos «discípulos».

Los sarmientos, que somos nosotros,

recibimos la fuerza vivificadora, gracias a la unión con la vid.

Se crea un organismo «espiritual»

que nos compenetra personalmente contigo,

como creyentes con el Revelador,

como redimidos con el Redentor.

Queremos, Señor Resucitado, permanecer en Ti,

«guardando tus mandamientos» y «dando fruto».

¿Qué frutos esperas de nosotros?

Tú mismo nos los recuerdas en el evangelio de Juan:

— sentirnos Iglesia, que es tu viña;

— actuar como amigos y elegidos tuyos;

— mantener la comunión en la persecución;

  — perseverar en la oración;                     

— aceptar la cruz, como prueba de fe;

— abrirnos a la verdad total del Espíritu;

— salir de las tinieblas del mundo;

— transmitir la alegría por la vida nueva...

¡Permítenos mantener la COMUNIÓN contigo en el Espíritu!

AMÉN. ALELUYA.           Jn 15,1-8

 

 

VI  DOMINGO DE PASCUA

PRIMERA LECTURA  Hch 10, 25-26.34-35.44-48  El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles”.

SALMO RESPONSORIAL  97  El Señor revela a las naciones su salvación”.

SEGUNDA LECTURA  1 Jn 4, 7-10  “Dios es amor”.

EVANGELIO  Jn 15, 9-17  Amaos unos a otros como yo os he amado”

DIOS ES AMOR

 

        Hoy el Señor nos invita a reflexionar sobre el sentido del amor, la entrega, el sacrificio. Amar a Jesús es guardar sus mandamientos: “ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando”.

        En la vida vemos gente que no está muy contenta, parejas de esposos que pelean, familias que se desintegran y nos preguntamos, pero ¿No se querían?, ¿Dónde ha quedado el amor que se decían? Parece que solo fue un amor a medias. Hoy Jesús nos habla de lo que significa amarnos, Jesús mismo nos invita a vivir felices, a estar alegres. No con esa alegría forzada sino con esa alegría que brota de dentro. Estoy seguro que muchos dirán que, con los problemas que tenemos, la alegría es imposible. Sin embargo, Jesús conocía de sobra los problemas que tendríamos, las dificultades y obstáculos que encontraríamos en el camino y se atreve a decirnos: "Les he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a su plenitud."

        Nos imaginamos a un Jesús siempre alegre, y la alegría es fruto del amor, por tanto Jesús siempre amaba. El encuentro con Él debe suscitar por tanto alegría, amor, nuestra oración, nuestras celebraciones deben estar llenas de alegría. No nos imaginamos a Jesús renegando cada rato.  Hermanos, sabemos que si hacemos las cosas bien, nos brotará la alegría, sabemos que el amor, más que romanticismos, se fundamenta en el afán de servicio, en la dedicación al hermano, en la entrega al ser querido, en tener paciencia con aquel no que nos molesta, en servir al que más necesita, en interesarnos por el pobre que clama.

        Cuentan de un zapatero ya muy anciano y muy cansado. Deseaba morir para ir con el Señor y deseaba también que el Señor lo visitara en su tienda.

Un día mientras rezaba oyó una voz que le dijo: Mañana iré a tu tienda. Se puso a trabajar más feliz que nunca pero no pasó nada especial.

Al rato entró una señora quejándose de unos niños que la insultaban y le robaban parte de la compra. El zapatero habló con ellos y prometieron no hacerlo más.

Más tarde entró un forastero preguntando por una dirección y lo acompañó hasta el lugar indicado.

Luego entró una niña que tenía el padre enfermo y juntos se fueron en busca de un médico para que lo visitara.

Poco antes de cerrar la tienda llegó un mendigo que quería comer y lo llevó a la Carreta y le pagó la cena.

Cerró su tienda y se dijo, el Señor no ha venido a verme. Ya en casa y antes de acostarse oró diciendo: Señor, he estado muy ocupado, hoy, espero no hayas venido a visitarme mientras estaba fuera.

Y una voz dijo: "Vine a visitarte en cada persona que ayudaste. Sé que disfrutaste con mi presencia. Estoy muy contento del buen trato que me diste".

La palabra de Dios no sólo nos dice quién es el Señor sino quiénes somos nosotros y cuál es nuestra relación con él y con los hermanos.

        Este mandamiento de Jesús no hay que entender como una ley impuesta desde fuera, sino como una respuesta y necesidad que brota de dentro, del amor que hemos recibido de Dios, de nuestra condición de amados y nacidos de Dios por el Espíritu de Jesús. El mandamiento del amor que nos da el Señor Jesús, más que exigencia y ley contiene un evangelio, una alegre noticia, porque significa la respuesta natural  y agradecida, propia de bien nacidos, al amor de Dios que nos precedió.

        El amor en que permanece el discípulo si cumple la palabra de Cristo es su mandato síntesis, básico y definitivo. Pues bien ese amor tiene una medida previa: el cariño de Jesús a los suyos “Ámense como yo les he amado”. Y tiene también un modelo original del mismo: “Como el Padre me ha amado, así les he amado yo”. El amor en su máxima expresión es morir por el ser querido, eso es lo que hizo Jesús. Morir por amor a todos nosotros. Amor con sacrificio y con total olvido de sí mismo para darse al hermano necesitado, triste, deprimido, solo, marginado, anciano, enfermo, encarcelado… es siempre amor verdadero. Como el de Jesús. Conmueve mucho la vida de personas que han entendido ese gran amor a sus hermanos. La figura de Maximiliano Kolbe, una persona que reemplaza a un padre de familia para morir en vez del sentenciado.

        La consigna del cristianismo es amar. Optemos por el amor. Descubramos el profundo mensaje del papa Benedicto XVI, leyendo en su encíclica: “Dios es amor” y dejémonos guiar por sus exhortaciones: “Quien gobierna el mundo  es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: “Nos apremia el amor de Cristo” (2Cor5,14)

        ¿Dejo que Jesús sea mi amigo?

        ¿Quiero realmente aceptar su invitación? ¿Quiero ser su amigo?

        ¿Dejo que Jesús me cuento todo lo que le enseñó su Padre para caminar en la alegría y la Felicidad?

        ¿Acepto que Jesús hoy me elija como discípulo suyo? ¿me alegra su invitación?

 

ORACIÓN:

Gracias Jesús:

Porque gratuitamente nos admites

 como tus amigos, y nos invitas a conocerte

y guardar tus mandatos con mucho amor y alegría.

Tú nos elegiste y nos destinaste

 para que podamos dar fruto duradero y

 para que tu alegría esté en nosotros

y llegue a su plenitud.

El camino para este gozo completo

es amar como tú nos amas, porque sólo devolviendo

 a los demás el amor con Dios nos quiere,

 es decir dando vida y alegría, éstas se poseen y se aumentan.

Ayúdanos a saber, que Amar es reconocer la importancia del otro.

Que Amar es preocuparse de la felicidad del otro.

que, Amar es buscar la alegría del otro.

que, Amar es hacer que el otro se sienta mejor.

que, Amar es hacer que el otro sea importante para mí.

Que Amar es abrir nuestro corazón al otro.

Amar es despertar la confianza en el corazón de los otros.

Que, Amar es parecernos a Dios.

Amar es revelar el amor que Dios tiene a los demás. Amén

 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LECTURAS

 

Primera lectura  Hch 1, 1-11  “Lo vieron levantarse”.

Salmo Responsorial  46  “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”.

Segunda lectura  Ef 1, 17-23  “Lo sentó a su derecha, en el cielo”.

Evangelio  Mt 28, 16-20  “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra”.

 

VAYAN POR TODO EL MUNDO

 

        Llegamos al gran acontecimiento de la ascensión de Jesús, llegado el tiempo Jesús sube hacia la derecha del Padre y encarga a los apóstoles prolongar sus enseñanzas, a través del mundo entero; lo cual se llevará a cabo animado, guiado por la fuerza del Espíritu Santo; entonces con valentía los apóstoles anunciarán el cumplimiento de la promesas sobre Jesús y la vida nueva que él ha venido a inaugurar.

         Las despedidas son siempre nostálgicas, emotivas, tristes, me acuerdo aquel día cuando mi amigo tenía que regresar a su tierra aquel amigo que tanto nos había apoyado en la parroquia, nos habíamos acostumbrado a su compañía, a su amistad a su presencia, llegado el momento la emoción nos embargaba, entre sollozos nos abrazamos y nos despedíamos; pero para él era necesario volver a su casa, ahí estaba esperando su esposa e hijos.  Algo parecido haya sucedido con Jesús y  los apóstoles, pues, aunque tenían algunos reparos sobre Jesús resucitado, sin embargo seguían bajo su compañía, amaban y querían que él esté siempre con ellos, sabían que ellos no podían dar la cara por Jesús por sí solos, pero Jesús tiene que irse, tiene que dejar a que sus seguidores comiencen a actuar. Cuando no se va, difícilmente actuarán.

         Jesús quiere dejar todo listo para continuar la misión, les da sus consejos, les anima que no estarán solos, anuncia que será el consolador, el Espíritu de la verdad, quien le guiará y les abrirá sus conocimientos para comenzar la gran tarea de la evangelización en el mundo entero.

        Hoy domingo de la Ascensión recordamos que Cristo entró en el cielo después de que durante cuarenta días hemos recordado su resurrección de entre los muertos. Por eso hemos repetido una y otra vez, a lo largo de estos días, la palabra aleluya, palabra con que la Iglesia nos invita a prolongar con alegría la misión encomendada por Jesús.

        Misión llevado por sus seguidores, dos son las formas de la misión que Jesús nos confía:

        El anuncio directo, es decir, dedicar nuestras fuerzas, nuestras palabras, nuestra vida en hacer conocer al Mesías, el Salvador que en persona de Jesús vino al mundo, muriendo en la cruz y con su resurrección nos salvó.

        El testimonio personal y comunitario mediante los signos de liberación. Nos cuenta de aquel asesor del campesino para lograr productos sanos y abundantes, pasado un tiempo tenía dar cuentas de todo el avance al ministro, éste le dijo: -No creeré nada de lo que Ud. Me dice si no veo sus botas llenas de barro! Pero él ni siquiera tenía  botas, por tanto el ministro concluyó puede salir de mi oficina, ¿Cómo voy a creerte si no veo el barro en las botas y las mismas desgastadas por todos los recorridos que has hecho por todo el campo. Algo parecido es lo que el Señor nos encomienda, no podemos quedarnos mirando al cielo, no podemos vivir de recuerdos o fracasos pasados, no podemos quedarnos en el Tabor, es necesario bajar  a la realidad, es necesario ensuciar nuestras botas, es necesario haber compartido con los hermanos, en definitiva es necesario, vivir aquello que hablamos, es necesario, gastar nuestra vida, entre gozos y sufrimientos de nuestros hermanos, ahí encontraremos a Jesús, ahí lograremos llenarnos de más fuerza y gracia para construir el reino de Dios. Esto es la vida testimonial tan importante como cristianos y seguidores de Jesús.

        Ahora que Jesús  ya no está físicamente entre los hombres, es el grupo creyente quien ha de hacerlo visible al mundo por el anuncio y el testimonio. Hacer presente a Jesús y acelerar la venida del reino de Dios es posibilitar la soberanía amorosa de Dios, como expresa la gran oración; “Venga a nosotros tu reino”

        Un anuncio directo del evangelio en todos nuestros grupos y programas, con todos los medios a nuestro alcance, un anuncio fiel y valiente de Jesucristo, Señor de todo lo que constituye la vida humana; pero anuncio animado por el amor y bajo el aliento del Espíritu Santo, anuncio respetuoso de la persona humana, libre sin amenazas

        El testimonio y los signos de liberación que acompañan la palabra como prometió el Señor, con el compromiso de los cristianos por la promoción del hombre desde su dignidad. Esto ayudará a brindar al hombre una auténtica liberación y seguimiento del Señor.

        Los Apóstoles, escogidos por el Señor para ser fundamento de su Iglesia, cumplieron el mandato de presentar a judíos y gentiles, por medio de la predicación, el testimonio de lo que habían visto y oído: el cumplimiento en Jesucristo de las promesas del Antiguo Testamento, la remisión de los pecados, la filiación adoptiva y la herencia del Cielo ofrecida a todos los hombres. Por esto, la predicación apostólica puede llamarse Evangelio, la buena nueva que Dios comunica a los hombres por medio de su Hijo. Y esta tarea la debemos hacer todos los cristianos.

        Evangelizar tarea de todo cristiano. Familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… quizá no escucharán a nadie más que a nosotros hablar de Dios, de Cristo, de la Iglesia. Todos podemos ser evangelizadores:

 

Con nuestra oración.

Con el testimonio de vida

Con la palabra oportuna

Regalando algún folleto, revista, libro, que hable de Dios

Participando de asociaciones y movimientos

Apoyando económicamente las obras evangelizadoras y misioneras.

Preguntémonos, ¿Cómo es mi vida cristiana? ¿Anuncio y vivo las enseñanzas de Jesús?

 

ORACIÓN

 

Señor Jesús:

Así orabas al Padre:

«Como tú me enviaste al mundo,

así los envío yo también al mundo».

Nos eliges y nos envías a EVANGELIZAR,

para que todos puedan conocerte

y, su vez, creer y seguirte.

Has venido «para salvar al mundo»

y cuentas con nosotros para colaborar contigo,

en esta misión y tarea importante,

para ser entre los hombres:

— SAL, que da sentido a la vida,

— LUZ, que alumbra con las buenas obras,

— FERMENTO, que transforma desde dentro,

— TESORO, que llena de alegría,

— VIDA, que está llena de amor,

— TRIGO, que crece a pesar de la «cizaña»,

— SOLIDARIDAD, que lo comparte todo,

— ALEGRÍA, que hace estar felices,

— COMUNIÓN, que crea comunidad,

— RED, que acoge por el ejemplo...

Haznos, Señor Jesús, misioneros y ENVIADOS,

que te den a conocer como Salvador

y «derrame tu Espíritu»,

para que siembre la semilla de la verdad

en el corazón de los hombres

y resucite en ellos la fe.

AMÉN.                     Jn 17,13-19

 

  DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 

Lecturas:

Primera lectura  Hch 2, 1-11  “Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar”.

Salmo Responsorial  103  “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”.

Segunda lectura  Co 12, 3b-7.12-13  “Hemos sido bautizados en un mismo espíritu, para formar un solo cuerpo”.

Evangelio  Jn 20, 19-23  “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”.

 

 

BAJO LA GUÍA DEL ESPÍRITU.

 

       Llegamos al momento en que las promesas de Cristo se cumplen, “no les dejaré huerfanos”, “les enviaré un consolador” les había dicho Jesús. Los apóstoles animados por la Madre del Salvador esperaban ese gran momento en pentecostés como nos dice la primera lectura.

Animados por la fuerza del Espíritu Santo, comienzan con la primera gran evangelización donde los apóstoles son verdaderamente unos testigos del gran acontecimiento. El encuentro con Jesús hizo que pudieran llevar en mensaje de Dios hasta las últimas consecuencias, distinguían claramente cuáles eran las obras que quería Dios, las obras del Espíritu y las obras de la carne como no dice la segunda lectura.

Cuando uno recibe al Espíritu, producirá muchos frutos, será renovado en toda su vida. Podrá entregarse enteramente a las obras de Dios.

 

        Fuerza del Espíritu Santo. Un hombre sentado a la orilla del río saca una  piedra hermosa, dura, redonda y la rompe. Su interior estaba completamente seco. Esta piedra llevaba años dentro del agua, pero el agua no había penetrado en ella.

Lo mismo ocurre con nosotros los cristianos, podemos estar inmersos en el Espíritu pero, tal vez, por dentro continuamos secos. El Espíritu es el protagonista silencioso pero eficaz de toda la historia de la salvación. Desde la primera página de la Biblia hasta la última el Espíritu Santo lo llena todo, lo penetra todo, lo invade todo. El Espíritu es el maestro interior, el maestro del corazón.

 

        Ausencia del Espíritu Santo, notamos en nuestra sociedad, cuando el vacío existencial viene a ser el denominador común. El exceso de materia en sus diversas formas, la corporalidad  y sexo, productividad y consummismo. Es claro que la moderna programación del hombre para la producción y el consumo crea una situación de tiranía asfixiante para el espíritu y para la realización de la persona. A pesar de los grandes avances se siente vacíos, íntimamente insatisfechos de vivir una vida sin sentido e incapza de llenar sus corazones. Carecen del Espíritu y de razones para vivir, trabajar y amar a los demás, les falta proyección trascendental.

 

        Consecuencias de ese vacío, da paso al miedo, llenos de temor los apóstoles se encerraban.  Hoy también el miedo ronda nuestra Iglesia, tenemos miedo y no somos testigos, porque no creemos en la fuerza del Espíritu, tenemos miedo y caminos sin esperanza, tenemos miedo y por eso nos detenemos, somos conformistas y crece el autoritarismo legalista, se acentúa el dogmatismo, falta de dinamismo creador. Crece la fuerza del mal y las obras de la carne se hacen más patentes.

 

        Actuar con el Espíritu Santo, Pentecostés, fuego que quema lo viejo y nos hace nacer a lo nuevo.

Pentecostés, viento huracanado que se lleva lo viejo y nos visita con lo nuevo, la vida y la gracia de Dios.

El Pentecostés de los apóstoles lo hemos escuchado muchas veces. Ellos lo vivieron en plenitud y gracias a ellos nosotros lo vivimos también hoy.

Hoy, es nuestro Pentecostés.

Reunidos para que el Espíritu Santo abra nuestras puertas cerradas, abra las prisiones que nosotros hemos hecho. Tú eres una prisión y el carcelero que guarda las ofensas que no puedes perdonar, los miedos que no puedes vencer, los ídolos y supersticiones que nos quieres botar, la carne, prisión secreta en la que vives a gusto. Tú, el carcelero de tus propias debilidades.

Hoy, recibimos el Espíritu de Jesús para abrir la puerta y llenarnos del viento fresco y del fuego que quema todo lo que guardamos en nuestra cárcel.

Recibir el Espíritu Santo es tener poder para perdonar. La presencia del Espíritu en nosotros es poder de perdonar. Él quema mis pecados y en esta limpieza puedo hacer lo mismo.

Recibir el Espíritu Santo es tener poder para cantar las hazañas de Dios. El nos da la valentía y nos enseña el mensaje. No tenemos que inventar nada.

Recibir el Espíritu Santo es vivir la unidad. Nos necesitamos los unos a los otros porque nadie tiene todos los dones del Espíritu.

Recibir el Espíritu Santo es dejarse conducir por Él.

Recibir el Espíritu Santo es ser instrumentos suyos.

 

        1. ¿Con qué te ha sorprendido Dios? Disfrútalo, saboréalo.

        2. ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida te pide el Señor?

 

ORACIÓN

EL ESPÍRITU VIVIFICA

Señor Jesús:

Celebramos  la Pascua de Pentecostés,

que nos hace descubrir la presencia vivificadora del Espíritu,

que «renueva la faz de la tierra» ya que:

— nos saca de Babel y nos lleva a la unidad de Jerusalén;

— nos explica el sentido de la Alianza con el amor;

— transforma nuestros «huesos secos» en vida abundante;

— derrama su gracia sobre los fieles;

— nos hace vivir como «hijos de Dios»...

Necesitamos la acción del Espíritu,

porque como declaraba la «Unión de las Iglesias» en Upsala:

«Sin el Espíritu Santo, Dios queda lejos;

Cristo pertenece al pasado;

el Evangelio es letra muerta;

la Iglesia, una organización más;

la autoridad, un dominio;

la misión, una propaganda;

el culto, una evocación;

el obrar cristiano, una moral de esclavos.

Pero con Él, el cosmos se eleva y gime en la infancia del Reino;

Cristo ha resucitado;

el Evangelio es potencia de vida;

la Iglesia, comunión Trinitaria;

la autoridad, servicio libertador;

la misión, Pentecostés;

el culto, memorial y anticipación;

el obrar humano, realidad divina».

Así queremos vivir, Señor Jesús, la acción del Espíritu.

AMEN. ALELUYA.              Jn 7,37-39

 

SANTÍSIMA TRINIDAD

LECTURAS

 

Primera lectura  Dt 4, 32-34.39-40  “El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro”.

Salmo Responsorial  32  “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad”.

Segunda lectura  Rm 8, 14-17  “Habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre)”.

Evangelio  Mt 28, 16-20  “Bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

SOMOS MORADA DE LA TRINIDAD

 

            Hermanos, celebramos hoy el misterio de la Santísima Trinidad y nos surgen preguntas como ésta:  ¿Quién es Dios? ¿Cómo es Dios? ¿Cuál es la imagen que tenemos de Dios? Va a ser difícil responder y querer explicarlo, si no escuchamos a Jesús, Él vino a revelarnos las entrañas de un Dios, nos dio a conocer la grandeza de amor de Dios, nos habló también del Espíritu Santo, en tal sentido aquello que era tan misterio pasa a clarificarse aunque no en su totalidad. En sus labios las tres personas de la Trinidad aparecen realizando el plan de salvación humana. El Padre nos expresa su amor dándonos a su Hijo, Cristo Jesús que muere y resucita por la redención del hombre pecador; y el Hijo envía desde el Padre al Espíritu de ambos para santificación, adopción filial y guía de los creyentes hasta la plena verdad y posesión de Dios.

 

        El sacerdote se paseaba por las calles de su parroquia, veía las ventanas cerradas y las luces prendidas, pensaba en las familias que vivían detrás de las ventanas y las puertas y se preguntaba: ¿cómo es la vida privada de esa familia? ¿Hay amor entre los esposos y los hijos? ¿Hay comunicación? ¿Hay alegría? Y se decía: Esa es su vida secreta adonde no me es dado entrar. Nadie sabe lo que pasa ahí adentro, a no ser que los gritos sean muy fuertes. La vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tiene sus secreto, su privacidad. Nosotros preguntamos, ¿qué es Dios? Y decimos bien cuando lo definimos como Amor. Si fuera uno, ¿cómo podría amar? Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es comunidad de amor y comunión de personas en su privacidad. ¿Entienden? Lo que pasa de puertas hacia dentro es su vida, su misterio. Y aún no somos Dios para penetrar en la intimidad de las personas y menos en la intimidad de Dios.

        Nosotros nos conocemos en el trato, en la acción, en el encuentro. A esa familia que tal vez no he entrado a su casa, para conocerlos o  comprobar si se aman o no, lo sabré en el trato diario, a través de las obras, podré ver si verdaderamente hay  amor, comunicación y ayuda en esa familia.

        Lo mismo pasa con Dios. A Dios lo conocemos gracias a sus manifestaciones, a sus salidas, a sus encuentros con sus hijos, los hombres. Lo encontramos la lluvia oportuno para los campos, en los rayos de sol que llegan a buenos y malos, en la fragancia de las plantas y en toda la creación, ahí conoceremos a Dios, ahí lo sabremos cómo es Dios.

        La vida cristiana es presencia de la Trinidad. Ya en el bautismo somos consagrados a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús decía vayan por el mundo entero, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dándonos a conocer que el bautismo abre para nosotros el comienzo de continuar la misión de Jesús. Desde el bautismo mora en nosotros, en nuestros corazones la Trinidad.

        Nos invita esta fiesta a preguntarnos, ¿Conocemos a la Trinidad? ¿Nos damos cuenta que mora en nuestros corazones desde el momento de nuestro bautismo? ¿Servimos a Dios verdadero? Pues es posible que podamos desfigurar el rostro verdadero de Dios, en un mundo donde el poder, el  dinero, el culto al cuerpo, el placer ocupan muchas veces el lugar de Dios.

         En el texto de la Carta a los Romanos que hemos escuchado, san Pablo nos invita a tomar conciencia de la enorme trascendencia de lo que ha sucedido; gracias a Jesucristo, hemos conocido que Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo, y esta revelación transforma radicalmente nuestro ser, nuestro actuar y nuestro destino. Dejemos que las palabras de san Pablo resuenen en nuestro interior:

        “No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios”, con todas las implicaciones de cercanía, ternura, intimidad que supone la relación entre un padre y su hijo.

        Valientes en la misión, valientes en el testimonio de vida cristiana sabiendo que Jesús estará con nosotros todos los días hasta el fin de mundo.

 

ORACIÓN

ENVIADOS

Señor Jesús:

Llamaste «a los Doce» para «enviarles de dos en dos»

a «predicar la conversión».

También hoy nos sigues enviando al mundo

para anunciar la Buena Noticia a nuestra sociedad concreta:

— CAPITALISTA, preocupada sólo por lo económico;

— CONSUMISTA, preocupada sólo por usar y tener cosas;

— COMPETITIVA, preocupada sólo por destacar y triunfar;

— INSOLIDARIA, despreocupada de los demás y egoísta;

— PERMISIVA, despreocupada de los valores morales y éticos;

— HEDONISTA, esclavizada por el afán de placer...
Tú nos aseguras: “Yo estaré con ustedes todos

 los días hasta el fin de los tiempos”

Ayúdanos para que podamos vivir

coherentemente y  descubramos en el evangelio el camino para:

— Valorar lo ESPIRITUAL y lo trascendente

— poner el acento en el SER, más que en el tener

— defender el BIEN COMÚN por encima de los intereses
particulares

— saber COMPARTIR nuestro tiempo, cualidades...

— actitud definida en la CONDUCTA moral personal

— buscar el AMOR cristiano...

Permítenos, Señor Jesús, conocerte y conocer

al Padre y al Espíritu Santo, para podamos

ser santificados por ti. AMÉN.

 

 

CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR

LECTURAS

Primera lectura  Ex 24, 3-8  “Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros”

Salmo Responsorial  115  “Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor”.

Segunda lectura  Hb 9, 11-15  “La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia”.

Evangelio  Mc 14, 12-16.22-26  “Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre.”.

 ALIMENTADOS POR JESÚS

 

        Hermanos y hermanas, celebramos hoy la presencia de Cristo Jesús vivo y real en la Sagrada Eucaristía: Corpus Christi, Cristo que nos acompaña con su presencia alimentando nuestra vida espiritual. Así como necesitamos el pan diario para realizar nuestros trabajos, igual necesita nuestra vida espiritual ser alimentados y fortalecidos con el pan eucarístico.

        Cuentan que un barco velero cruzaba el mar en medio de una gran tempestad. Los navegantes habían arrojado  todos los víveres a las aguas y, pasados algunos días, varios tripulantes, faltos de alimentos, se habían muerto de hambre. Fue entonces cuando una madre, viendo que su hijo también se iba a morir, lo abraza y le dice: «Yo no quiero que tú pierdas la vida, niño mío». Y cortando una vena de sus brazos lo alimentaba con su propia sangre. El barco llegó a puerto, pero aquella madre, pálida por el hambre y por la sangre derramada, jamás pudo llegar con vida a tierra. El niño recordaba  más tarde con gratitud que a su madre le debía la salvación. Esta historia nos conmueve profundamente. Pues bien; esta es la historia de Cristo con nosotros. Lo que pasa es que tantas veces hemos oído que Cristo dio su sangre por nosotros, tantas veces hemos oído que se quedó en el sagrario para alimentar nuestras almas, que estas palabras nos resbalan y no despiertan en nosotros los debidos sentimientos de amor y gratitud hacia el Señor.

        Todos somos navegantes en el mar de la vida y nos encontramos con tempestades, que son las dificultades que ponen en peligro nuestra salvación.

        Para que nuestra alma no muera de hambre y tenga fuerzas para vencer todas estas dificultades y llegar a la patria celestial.  Durante muchos años el Señor alimentó con el maná a su pueblo peregrinante por el desierto a nosotros igual nos ofrece su mismo Cuerpo y Sangre para alimentarnos hasta llegar a su presencia.

        “Si no coméis la Carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,53-54). Ésta es la peregrinación humana a través de la vida temporal marcada por la necesidad de morir, para alcanzar hasta los últimos destinos del hombre en Dios, el mundo invisible, más real que el visible.

        Precisamente por esto, la fiesta anual de la Eucaristía que la Iglesia celebra hoy contiene en su liturgia tantas referencias a la peregrinación del pueblo de la Antigua Alianza en el desierto.

        Moisés dice a su pueblo: “No sea que te olvides del Señor tu Dios que te sacó del Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto... que sacó agua para ti de una roca de pedernal, que te alimentó en el desierto con un maná” (Dt 8,14-16).

        No olvides. El mundo no es para ninguno de nosotros “una morada eterna”. No se puede vivir en él como si fuese para nosotros “todo”, como si Dios no existiese; como si Él mismo no fuese nuestro fin, como si su reino no fuese el último destino y la vocación definitiva del hombre. No se puede existir sobre esta tierra como si ella no fuese para nosotros sólo un tiempo y un lugar de peregrinación.

--- Cristo, pan vivo, alimento para la peregrinación terrena

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y en él” (Jn 6,56).

No se puede vivir en este mundo sin poner nuestra morada en Cristo.

No se puede vivir sin Eucaristía.

No se puede vivir fuera de la “dimensión” de la Eucaristía. Ésta es la “dimensión” de la vida de Dios injertada en el terreno de nuestra humanidad.

        Que podamos cada cual revisar nuestra eucaristía, nuestra participación y cómo lo hacemos, qué supone para nosotros comulgar y cómo influye en nuestras familias y en nuestra comunidad. San pablo nos dice que la vida cristiana es una prolongación de la eucaristía; por eso hermanos, no hemos de venir a la misa por mera obligación, sino porque la celebración eucarística es una necesidad de vida y comunión con Dios y los hermanos, es una cita de amistad con ellos, es nuestra fuerza y gozo cristianos, es un compromiso de fe y amor que da sentido a toda nuestra existencia. No somos cristianos para ir a la misa, sino que vamos a celebrar la eucaristía y a participar en el sacrificio de la pascua y alianza nueva para ser de verdad discípulos de Jesús.

        Eucaristía y evangelización Al descubrir que el domingo es un día de alegría y de gozo para el cristiano, también podemos experimentar que la Eucaristía es un llamado a trasmitir y anunciar el mensaje del Evangelio. La Eucaristía es la fuente y la culminación de la misión.

         Por esto produce en nosotros una profunda transformación; nos invita  a salir, a visitar las casas, a misionar, y a anunciar a Cristo vivo, esperanza de la gloria. Atraigamos hacia Jesús a otros hermanos nuestros. A la luz de la Eucaristía, aprendamos a vivir en la unidad y a valorar toda chispa del Evangelio que brilla entre nosotros. No esperemos tanto que sea una llama perfecta, sino que se pueda avivar e impulsar,  renovando y encauzando lo que tenemos, y sobre todo sirviendo; para unir y vivir  personalmente y en nuestras comunidades los carismas y los dones que vienen del Señor.

 ORACIÓN

 «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6, 48)

Señor Jesús:

El pueblo elegido caminó cuarenta años por el desierto, alimentado por ti

También tú nos dices: «Yo soy el pan de la vida».
Sin embargo, nosotros seguimos «sentados»,
porque vivimos en una sociedad:

— con falta de ideales profundos,

— con afán de evasión,

— sin reflexión,             

— sin responsabilidades,

— tecnificada,

— con angustia existencial,

— masificada,

— materialista,

— sin solidaridad,

—angustiada...

Por eso, queremos «comer tu pan»,
para levantamos y seguir adelante,
y te decimos con Ignacio de Loyola:

«Toma, Señor, y recibe toda mi libertad,

mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo mi haber y poseer. Tú me lo diste,

a Ti, Señor, lo torno;

todo es tuyo: dispón a toda tu voluntad.
Dame tu amor y gracia, que esto me basta».
AMÉN.                       Jn 6, 41-52

 

 

XI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura  Ez 17, 22-24  “Ensalzo los árboles humildes”.

Salmo Responsorial  91  “Es bueno darte gracias, Señor”.

Segunda lectura  2 Cor 5, 6-10  “En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor”.

Evangelio  Mc 4, 26-34  “Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas.”

 

LA GRANDEZA DE LA FE

        Continuamos con las semanas del tiempo ordinario, hoy el Señor nos habla de la gran importancia que tiene el asumir el reino de Dios, cuidar, y hacer crecer en nuestra vida de cada día. No son hechos extraordinarios que esperamos, sino, esa presencia amorosa de un Dios que nos acompaña.

        Cuentan de una mujer que había soñado que entraba a una tienda en el mercado y para su sorpresa encontraba a Dios atendiéndole. ¿Qué vende aquí? –preguntó. ¡Todo lo que desea su corazón! contestó Dios. Apenas creyendo lo que escuchaba, la señora decidió pedir lo mejor que podía desear un ser humano. Quiero una mente tranquila, amor, felicidad, sabiduría y ser libre del temor, dijo. Y luego agregó, no sólo para mí sino para todas las personas del mundo.
        Dios sonrió, diciendo: Creo que no me has entendido, mujer, aquí no vendemos los frutos, aquí sólo vendemos las semillas.
A Ud. corresponde pagar el precio de su pedido, deberá sembrarlas en tierra  fértil, cuidarlas, podarlas y vigilar cuidadosamente su crecimiento, y si usted tiene la paciencia, el  cariño y la pasión que requieren estas semillas, darán el fruto que usted desea para toda la  humanidad. A usted corresponde vivir todos sus días, con la entrega y el amor que se requieren para construir un mundo mejor, para que la vida no sea un fugaz chispazo en la historia de la humanidad, sino una antorcha que brille con esplendor en la hora actual, y sea entregada a las nuevas generaciones heredándoles un mundo superior con amor y sabiduría.

        El profeta Ezequiel en la primera lectura nos habla del Mesías que invita a una vida nueva, que comienza desde una semilla diminuta pero que luego humilla hasta los gigantes, no por soberbia sino por la grandeza de su amor, poder.

        El reinado de Dios es una realidad oculta e imperceptible en sus desarrollo, tan lento que, como en las plantes nuestro ojo no puede verlo  ni nuestro oído percibirlo en el instante en que se está produciendo. Solamente con comprobaciones distanciadas en el tiempo podemos verificar su crecimiento como nos pasa con los niños, con las macetas o con los árboles. La manifestación plena del reino se pondrán en evidencia con toda su fuerza en la etapa final del mismo. Pero desde ahora está actuando de manera profunda en su crecimiento lento, aunque visible ya en su realidad y en sus efectos desde que lo inauguró Jesús en la línea de salida. Su callada eficacia está asegurada, pero no su espectacularidad triunfalista, que ha de descartarse.

        Estamos acostumbrados a respuestas inmediatas, resultados rápidos, esto, sucede hasta con nuestros grupos parroquiales, nuestras actividades, y cuando no vemos resultados así, nos vienen desalientos, desconfianza y vamos cediendo poco a poco a la desesperanza, creyendo que estamos perdiendo el tiempo y el esfuerzo. He aquí un desafío constante a la esperanza cristiana. Sin embargo la semilla de Dios tiene un dinamismo silencioso pero imparable y fructificará con toda seguridad. No le apliquemos criterios de eficacia inmediata, casi violenta, porque ésos no son las medidas del crecimiento del Reino de Dios.

        Dios da el crecimiento.  Con las dos parábolas de la semilla, el evangelio de hoy, viene a decir que Dios rechaza los medios deslumbrantes y avasalladores. Al fin y al cabo se verifica lo que decía san Pablo: “El que planta no significa nada, ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios” (1 Cor 3,7). Él es el único que salva, no por la fuerza sino mediante la paradoja de la debilidad con que poco a poco va creciendo el reino de Dios dentro y fuera de nosotros.

        Sin ánimo evasivo, hermanos, sigamos con la oración constante, y la contemplación, en la admiración y el gozo del Espíritu, que podamos captar el sentido de las parábolas que nos dice Jesús en este domingo, podamos valorar lo sencillo, lo cotidiano, la suave sonrisa, los gestos sencillos, ahí está la grandeza de nuestro fe y la presencia de nuestro Dios.

        También en la Eucaristía podemos encontrar reflejo de este mensaje. Tanto la Palabra de Dios, semilla fecunda y vigorosa, como el Cuerpo y Sangre de Cristo, el alimento que Cristo nos da como garantía y semilla de vida eterna en nosotros, tienen mucho de oculto, son elementos sencillos, pero con una eficacia salvadora. Con ese doble alimento que Cristo Resucitado nos comunica tenemos la mejor fuerza para que la vida sea en verdad fecunda para los demás. Que podamos alimentarnos del Señor y continuar con nuestro esfuerzo y valentía por el Reino de Dios. Repitamos todos: venga a nosotros tu Reino Señor.

 ORACIÓN

Dios Padre Bueno y Misericordioso:
te damos Gracias porque hoy nos invitas
a confiar en Ti y en la Fuerza de tu Reino.
Haznos Tú, ser portadores de tu Esperanza
en medio de nuestro mundo y nuestra sociedad 
que tan necesitados y hambrientos están de ella.
¡Ayúdanos a ser constructores activos 
de tu Reino de Salvación, animados en la certeza
que Él ya está actuando cada día entre nosotros,
aunque a veces no logremos verlo ni percibirlo!
Te damos Gracias, Dios Padre nuestro, porque
la Fuerza y el Poder de tu Palabra de Vida 
nos genera confianza, alegría, ilusión y ánimo.
Gracias porque Tú mantienes firme tu Alianza
y nos invitas hoy a no desanimarnos nunca.
Vivimos en una sociedad donde la crisis diaria
y muchas malas noticias intentan ahogar nuestra fe,
llenándonos de pesimismo, tristeza y desesperanza…
Pero Tú, Dios Padre Bueno, eres Fiel con nosotros
y nunca nos olvidas ni jamás nos abandonas.
Ayúdanos Tú, Dios Padre Misericordioso,
a vencer nuestros miedos, temores y pesimismo.
Perdónanos nuestras tristezas y desilusiones,
y danos Tú, Dios nuestro, una mirada nueva como la tuya
para saber contemplar y reconocer que tu Reino de Amor
ya está actuando a través de todas las buenas personas
que trabajan en el mundo para transformarlo y mejorarlo,
con actos sencillos y pequeños, pero llenos de tu Amor. Amén

 

XII Domingo Tiempo Ordinario

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

 

Primera lectura  Is 49, 1-6  “Te hago luz de las naciones”.

Salmo Responsorial  138  “Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente”.

Segunda lectura  Hch 13, 22-26  “Antes de que llegara Cristo, Juan predicó”.

Evangelio  Lc 1, 57-66.80  “Juan es su nombre".

LA GRANDEZA DEL SERVICIO

 

        Celebramos hoy, la fiesta de san Juan Bautista, aquel  a quien Jesús consideró el mayor de los nacidos de mujer, el precursor del Señor. Nosotros tenemos estadísticas para todo y para medir a todos: el hombre más alto y el más bajo, el más rico y el más pobre, el mejor y el peor vestido, el mejor y el peor predicador… pero ¿cómo medir a los servidores de Dios? Cuando nació Juan Bautista la gente se preguntaba: "¿Qué llegará a ser este niño?" El nacimiento de Juan era fruto de "la compasión manifestada por el Señor" y fue motivo de felicitaciones y de alegría para todos. Dios siempre tiene algo que ver en el nacimiento de sus servidores y de todos nosotros. Y en ese niño recién nacido había puestas muchas esperanzas. Por eso todos se preguntaban: "¿Qué llegará a ser este niño?"

        Hay alegría por el nacimiento de un niño, felicitaciones a la madre, socialización en torno al recién nacid o y deseo de participar en la imposición del nombre del niño. Estos rasgos evangélicos nos pueden llevar a meditar hoy en la grandeza del nacimiento de todo hombre. La vida que nace, el recién nacido ha de ser siempre motivo de gozo, de comunión, de alegría no sólo para los padres sino para todos cuantos están cercanos a ellos. ¡Qué hermoso es llegar a la vida siendo deseado!¡Qué bella la alegría por el nacimiento de alguien! Este valor de la vida naciente es preciso que los cristianos lo afirmemos con decisión y coraje.

        Pero además de la alegría, hay en el nacimiento del Bautista una expectativa. Leemos en  el evangelio que la gente se decía: «"¿Qué va ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él». Todo hombre tiene una misión en el mundo. Es esa la certeza cristiana. No venimos al mundo por azar. Dios nos quiere y Él tiene un plan para cada uno, plan que nos toca descubrir y realizar si se quiere caminar por senderos de felicidad y paz verdadera. La fiesta de san Juan, Precursor del Señor, en tiempos de nueva evangelización, nos puede ayudar a todos los cristianos a considerar que amén del proyecto que Dios tenga para cada uno, todos somos partícipes de una misma misión desde el bautismo: acercar a otros hermanos a Cristo, ser personas que preparamos el camino a Cristo para que él puede llegar y salvar a muchos.

Llama la atención también hoy la actitud de  Zacarías confirmando el nombre que Isabel había  dado al niño, nombre que venía del Señor. Esa  pareja de ancianos aparece fidelísimamente obediente a los designios de Dios. Y es que ése es el  camino de la vida auténtica: fidelidad a la voluntad divina. Que esta fiesta de san Juan Bautista nos ayude a valorar nuestra vida, nuestra misión,  y nos lleve a respetar los designios de Dios.

 

        A nosotros el Señor también nos llama, como a Juan Bautista. Aunque a veces nos cueste creerlo, también a nosotros nos dice, como a Jeremías: Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta… Dios cuenta con nosotros personalmente desde toda la eternidad; el día de nuestro bautismo fuimos ungidos con el Santo Crisma para constituirnos como profetas. Por eso, ante nuestra incredulidad, ante nuestros miedos y excusas (¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar), también nos dice: No les tengas miedo, que yo estoy contigo… Mira: yo pongo mis palabras en tu boca. Y espera nuestra respuesta. Dios quiere que vivamos nuestra vida como vocación, que no nos contentemos con una fe mediocre, Dios nos llama a vivir en plenitud, y nos dice como a Isaías: Es poco que seas mi siervo… te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Es poco quedarnos en una fe “heredada”, es insuficiente que nos conformemos con un “cumplimiento”, cuando Dios nos llama, como a San Juan, a ser precursores, corresponsables en la nueva evangelización, ya seamos sacerdotes, religiosos o laicos, solteros o casados, y en cualquier profesión y ámbito social.

        Pidamos al Señor esa gracia, esa valentía de ser sus profetas, sus mensajeros en medio de una sociedad cada vez más secular. Que podamos conocer y alimentarnos constantemente del Señor. Y entonces podremos como San Juan Bautista, a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo, podremos evangelizar,  podremos ser sal y luz en medio de la sociedad, podremos entonces gritar sien miedo ante las injusticias e hipocresías que se presentan en el mundo. Podremos escuchar su palabra y vivir conforme a ella.

¿Conozco suficientemente al Señor? ¿Me alimento de su palabra y de su Cuerpo y Sangre?

 

 

ORACIÓN

Señor Jesús:

Queremos aprender del «mensajero que te preparó el camino»,

que es Juan Bautista,

que ha sido el profeta enviado para «allanar los senderos» de nuestras vidas»

*escuchar tu mensaje, que es la Buena Noticia;

*reconocer los pecados, que es la base de la conversión;

*renunciar a los superfluo, que es practicar la austeridad;

*ser humildes, que es necesario para colaborar contigo;

*abrirnos al Espíritu Santo, que es nuestra fuerza...

Te pedimos que nos

«Muestres, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación»,

pero también ser nosotros el «camino» adecuado,

que facilita tu presencia entre los hombres.

junto con el ejemplo de Juan Bautista,

queremos ser valientes mensajes de ti,

ante los demás, valientes para vivir primero tu Palabra

y luego anunciar sin miedo a los demás. Hasta llegar a la salvación y la  paz», AMEN.                                                             

 

XIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 

ü     Primera lectura  Sb 1, 13-15;2, 23-24  “La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo”.

ü     Salmo Responsorial  29  “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”.

ü     Segunda lectura  2 Cor 8, 7.9.13-15  “Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres”.

ü     Evangelio  Mc 5, 21-43  “Contigo hablo, niña, levántate".

 

 DIOS AMIGO DE LA VIDA

 

        Dios es amigo de la vida, por eso no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes como dice la primera lectura de hoy. En el evangelio Jesús resucita a la hija de Jairo y cura a la hemorroísa.

        En ambos casos la fe humilde que suplica por boca del padre de la niña y por el gesto de tocar la mujer el manto de Jesús es el detonante o principio del hecho sobrenatural; es también modelo de disposición para acercarse a Cristo, quien a su vez, insiste en la fe. A la mujer, asustada al ser puesta en evidencia por la pregunta y la mirada de Jesús, él le dice: “Tu fe te ha curado, vete en paz y con salud”. Y a Jairo, cuando ya camino de casa le comunican la triste noticia de la muerte de su hija, en ese momento difícil de prueba Jesús le anima diciendo: “No temas, basta que tengas fe”. La resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro o del hijo de la viuda de Naím tiene un signo pues pone de manifiesto el poder de Cristo sobre la muerte y sobre todo, preanuncia la resurrección de Cristo.

        Escuchar algunas situaciones hace que el ánimo se te quede por los suelos, porque todo lo referente a la enfermedad, el dolor y la muerte es algo que nos afecta a todos, y buscamos por todos los medios soluciones, respuestas…

        Hay mucho miedo frente a la enfermedad y la muerte.

    ¡La enfermedad y la muerte! Dos situaciones que amenazan cruelmente nuestra existencia física y nuestra paz espiritual. En nuestro mundo contemporáneo la' vida humana vale cada día menos. El aborto legalizado; la eutanasia; las víctimas de la  violencia, el aumento de los suicidios, y de muertes por accidentes de tránsito, certifican la poca cotización que tiene, hoy por hoy la vida humana. Frente a esta realidad la liturgia nos presenta al Dios, amigo de la vida, dominando la enfermedad y la muerte. Dios quiere la vida y todo el que se esfuerza en promover la vida se asemeja a Dios.

         Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan ... Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza. Nuestro Dios es un Dios amigo de la vida (Sab 11,26). Por eso bendice especialmente a quienes tratan de acrecentar la vida en el mundo. A los que la transmiten con generosidad, a los que velan por su crecimiento, a los que se empeñan en hacer más plena y-digna la vida del prójimo, a los que se dedican a la ciencia y la técnica para mejorar las condiciones de vida.

         Nuestro Dios, amigo de la vida. El pasaje evangélico de hoyes una marcha triunfal hacia la vida. Los milagros de Jesús son sacramentos en acción; su grandeza no reside en lo que se ve, sino en lo que significan y prometen. La curación de la mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo son detonantes de estos hechos milagrosos en la fe humilde y firme del padre de la  niña y de la mujer que toca el manto. Dios, en Jesucristo, ha retomado en sus manos la suerte del hombre. La muerte no es la estación terminal de la existencia. Un día la muerte no existirá jamás, ni las lágrimas, ni el luto, ni la angustia. El Dios amigo de la vida nos hizo a imagen de su propia naturaleza y creó al hombre para que fuera incorruptible. Después de hoy, cada vez  que la muerte toque a alguno de los que nos rodean, seguiremos l/orando por él y por nosotros mismos, pero será un l/anta esperanzado porque Jesús  nos ha liberado del miedo de la muerte como última realidad definitiva: ¡No temas, basta que creas!

        Ojalá tengas suficiente confianza en Jesús y podremos experimentar su presencia en los diversos momentos de la vida.

 

ORACIÓN

Padre  bueno, que eres la fuente del  amor, 

te agradezco el don que  me has hecho:

Jesús, palabra viva y  alimento de mi vida espiritual.

Haz que lleve a la práctica la Palabra

que he leído y  acogido en mi interior,          

de  suerte que sepa contrastarla con mi vida.    

Concédeme transformarla en lo cotidiano

para que  pueda hallar mi felicidad en practicarla  y ser,    

entre los  que vivo,  un signo vivo    

y testimonio  auténtico de tu Evangelio de salvación.

Te lo pido por Cristo, tu Hijo,  nuestro Señor. Amén.

 

 

XIV Domingo Tiempo Ordinario

 

Primera lectura  Ez 2, 2-5  “Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”.

Salmo Responsorial  112  “Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia”.

Segunda lectura  2 Cor 12, 7b-10  “Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo”.

Evangelio  Mc 6, 1-6  “No desprecian a un profeta más que en su tierra".

                                                                                   NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

         Hoy el Señor nos invita a reflexionar, sobre la trascendencia, el impacto de nuestras palabras en los demás. Muchas veces podemos parecernos grandes anunciadores y  buenos oradores y ser conocidos así. Otras veces puede ser una persona que da sabias enseñanzas y no ser atendido por los oyentes, ser tomado como embustero, engañador. Pablo había hablado de las cosas celestiales en el areópago de Atenas, pero apenas unos cuantos habían asentido a su enseñanza, la mayoría tomaba por ilusión sus enseñanzas.

            Vemos ahora a Jesús en su tierra, con deseos de enseñar, de curar, de dar luz, pero se ha encontrado con personas de corazón muy duro, que no aceptan cambios. La vida de Jesús no estuvo entretejida sólo de éxitos y victorias. La vida del Señor conoció también lo que entre los hombres llamamos fracaso. Si bien la enseñanza de Jesús y sus acciones milagrosas eran asombrosas la gente se detuvo demasiado en los aspectos exteriores de la vida del Señor. Se asombraban de la enseñanza y de los milagros pero al mismo tiempo  los relativizan porque saben quién es Jesús, quiénes son sus parientes cuál es la profesión de su padre adoptivo. ¡Que absurdo! Privarse de un gran regalo porque la envoltura no parece aparente.

            El mal comienzo de Jesús manifiesta las dificultades dela misión del profeta. Así lo pone de relieve también la primeara y la segunda lectura de hoy, en que quedan patente la difícil condición del profeta del Señor (Ezequiel) y del apóstol de Cristo (san Pablo). “muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá  en mí la fuerza de Cristo. Cuando soy débil, entonces soy fuerte” dice Pablo.

            Los cristianos de hoy estamos invitados a participar de la misión de Cristo. Por eso el anuncio del evangelio y el testimonio de Cristo son misión del esfuerzo, llegando incluso a ser muy duro en determinadas circunstancias, debido a dos causas: la resistencia o malquerer  de los otros y la propia debilidad del testigo y del profeta. Hoy se repite la escena del evangelio: Cristo y sus mensajeros no son aceptados fácilmente. Re rechaza a Jesús cuando  no se acata su doctrina expuesta en el evangelio y por la Iglesia, o cuando se intenta arrumbar a ambos al desván de los recuerdos históricos.

            Algunos se desilusionan con la iglesia porque no puede satisfacer todas sus necesidades corporales y temporales. Buscan satisfacer su interés y sus necesidades.

            ¿Mis necesidades? A la iglesia venimos a hacer amistad con Jesús, conocer su voluntad y pedirle la fortaleza para vivirla día a día.

            Si sólo piensas en tus necesidades, nunca encontrará a Jesús. Podrás admirarlo pero no lo acogerás en tu corazón.

            La iglesia de Jesús no es sólo un lugar para satisfacer mi necesidad de compañía, amistad, intimidad, oración…

            La iglesia de Jesús lucha por ordenar esas necesidades, poner cada una en su lugar: la primera necesidad es estar abierto a la comunión con Dios, necesidad de Dios, necesidad de experimentar su amor y su perdón. La segunda necesidad es estar abierto a la comunión con los hermanos, necesidad de generosidad y servicio.

            Los paisanos de Jesús le rechazaron porque conocían muy bien a sus parientes…

            Nosotros rechazamos a la iglesia de Jesús porque conocemos muy bien sus pecados…

            No admires, cree.

            No critiques, edifica.

            No busques, ama.

            Hoy más que nunca hacen falta hombres y mujeres creyentes que a ejemplo de Jesús sean profetas y manifestación de Dios para los demás. Al Señor le gusta revelarse en el desierto de la vida y en la llanura monótona de cada día a través de los acontecimientos más diversos y sobre todo por medio de personas “signo” que saben sonreír y compartir, recibir a los demás y tenderles la mano, escuchar a los otros y aceptarlos como son, mostrando en todo el amor, la esperanza, el compromiso con los pobres, la pasión y el seguimiento incondicional de la justicia. El Señor no siempre actúa cómo y donde nosotros lo esperamos sino cómo, dónde y cuándo él quiere. Por eso pidamos un corazón abierto y dócil en todo momento.

ORACIÓN

Señor Jesús.

Hoy nos invitas a recocerte en todo acontecimiento de la vida,

a descubrirte a ti en nuestro mundo,

en nuestro trabajo, en nuestras tareas cotidianas.

pero vemos Señor

que no es fácil, reconocerte, estamos muy cegados

por nuestros requerimientos, nuestros deseos, nuestro confort.

 Por eso no te creemos, no te aceptamos fácilmente,

no te dejamos actuar en nosotros,

por eso te pedimos Señor,

ayúdanos a ser tus profetas verdaderos,

ayúdanos a ser cristianos de verdad,

para seguirte a ti sin desanimarnos.

Ayúdanos Señor a no echarnos atrás

ante las dificultades de la vida.

Queremos ser tus testigos por siempre. Amén.

 

XV DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

 Primera lectura  Am 7, 12-15  “Ve y profetiza a mi pueblo”.

Salmo Responsorial  84  “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.

Segunda lectura  Ef 1, 3-14  “Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo”.

Evangelio  Mc 6, 7-13  “Los fue enviando".

 

MENSAJEROS DE DIOS

 

        Estamos en este tiempo ordinario, la semana pasada nos decía Jesús que “un profeta no es bien recibido en su patria”. Hoy vemos a Jesús enviando a sus discípulos de dos en dos con la seguridad que Él mismo actuará en ellos. Es grande ver como los discípulos cumplían lo que Jesús decía y realizaban grandes prodigios. Es que el Señor no engaña, el Señor acompaña siempre en la misión. Les ha enseñado a los apóstoles y ahora quiere que sean ellos con la fuerza del Espíritu los protagonistas de la misión.

El Maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿ Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

 El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada

        Jesús también había enseñado a sus discípulos, ahora tocaba a ellos actuar, eran ellos los que tenían que demostrar todo lo que han aprendido de su maestro, él mismo quiso que su mensaje se perpetúe a lo largo de los siglos.

        Jesús lo fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. El envío en parejas da sentido comunitario a la misión y apoya el testimonio de cada apóstol y testigo en el del otro.

Jesús es el que envía.

No iniciativa personal. No por méritos propios.

Los discípulos han aprendido de Jesús. Han tenido intimidad con Él.

Para ser enviado, lo primero es ser de Jesús, no saber cosas de un libro. Ser de, identificarse con, vivir como.

"De dos en dos".

La predicación y el testimonio es comunitario. Nadie tiene todo el mensaje. El testimonio individual necesita el apoyo y la corrección de la comunidad para ser fructífero.

La llamada a evangelizar es para todos.

        Amós no es un profesional de la profecía ni está vinculado a un santuario. Es un individuo normal, pastor y campesino, pero llamado por Dios para dar a conocer a los suyos la voluntad de Dios.

Todo cristiano tiene que ser un embajador de Cristo.

        Por  el momento la evangelización esencial que realizan los apóstoles se centra en anunciar la conversión y la inminencia del reino de Dios, así como en los signos de las sanaciones que avalan su predicación. “Ellos salieron con aceite a muchos enfermos y los curaban”.

        Tanto en la misión apostólica de los doce, como en la vocación profética de Amós en la primera lectura se da una coincidencia en ambos casos hay un envío a  la evangelización.

        El día de nuestro Bautismo fuimos ungidos con el Crisma mientras el sacerdote pedía que Dios os consagre con el crisma de la salvación para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Por el Bautismo somos hechos hijos de Dios, miembros de Cristo, y de su cuerpo que es la Iglesia; somos consagrados como templos del Espíritu Santo y participamos de la misma misión de Cristo y de su triple función sacerdotal, profética y real. 

        Ojalá todos nos sintamos como enviados de Dios para una nueva evangelización que nos insiste la Iglesia una nueva evangelización según nuestros tiempos:

        Con nuevo  ardor,  porque todos son testigos del calor que ponemos en nuestras palabras. Sobre todo, porque confirmamos nuestra palabra con el testimonio de nuestra propia vida. 

        Con nuevos métodos,  porque sabemos emplear todos los medios posibles, ya que han cambiado mucho las circunstancias del mundo, y sabemos meter el Evangelio en las nuevas formas de vida.

        Y con nueva  expresión,  porque al hombre moderno le hablamos con lenguaje moderno. Porque nos metemos en su propia cultura. Porque hacemos nuestros sus propios problemas. Porque nos identificamos con sus aspiraciones, sus problemas y sus logros.

        Debemos proclamar el contenido de la Nueva Evangelización que se cifra en el mensaje central del Evangelio: la soberanía de Dios; las promesas finales de la salvación; el perdón de los pecados; el don del Espíritu Santo; el reconocimiento de una nueva humanidad en Cristo Jesús.

        ¿Me siento enviado de Dios?

        ¿Anuncio el mensaje de Dios con perseverancia?

        ¿Vivo lo que anuncio a los demás?

 

ORACIÓN: ENVIADOS

«Los fue enviando de dos en dos...» (Mc 6, 7)

Señor Jesús:

Llamaste «a los Doce» para «enviarles de dos en dos»

a «predicar la conversión».

También hoy nos sigues enviando al mundo

para anunciar la Buena Noticia a nuestra sociedad concreta:

— CAPITALISTA, preocupada sólo por lo económico;

— CONSUMISTA, preocupada sólo por usar y tener cosas;

— COMPETITIVA, preocupada sólo por destacar y triunfar;

— INSOLIDARIA, despreocupada de los demás y egoísta;

— PERMISIVA, despreocupada de los valores morales y éticos;

— HEDONISTA, esclavizada por el afán de placer...
Como el profeta Amos nos dices:

«Ve y profetiza a mi pueblo...»
Pero, ¿cómo hacerlo en coherencia?,
y descubrimos en el Evangelio el camino:

— Valorar lo ESPIRITUAL y lo trascendente

— poner el acento en el SER, más que en el tener

— defender el BIEN COMÚN por encima de los intereses
particulares

— saber COMPARTIR nuestro tiempo, cualidades...

— actitud definida en la CONDUCTA moral personal

— buscar el AMOR cristiano...

Permítenos, Señor Jesús, convertimos

«para echar muchos demonios»,

esto es, para luchar contra el mal,

mediante el ejemplo y el compromiso apostólico.

AMÉN.  Mc 6,7-13

 

 

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

 23,1-6: Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Salmo responsorial 22:  El Señor es mi pastor, nada me falta

Ef 2,13-18: Él es nuestra paz y ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Mc 6,30-34: Andaban como ovejas sin pastor

 

ANDABAN COMO OVEJAS SIN PASTOR

 

        El domingo pasado escuchábamos cómo Jesús enviaba a sus apóstoles de dos en dos, nos decía que regresaron contentos, porque hasta los demonios se les sometían. Ahora Jesús quiere estar con ellos a solas, quiere escucharles a cada uno, su experiencia personal, quiere ver la confianza que habían tenido, les dice, para retirarse a un lugar para descansar, querían irse a orillas del lago de Tiberíades, donde descansar un poco. En verdad, después de un trabajo arduo, después de mucho esfuerzo, es necesario descansar, es necesario, respirar, es necesario en definitiva tomar nuevas fuerzas.

        Pero vemos a Jesús, que se da cuenta de mucha gente que había adelantado por tierra. Entonces Jesús al ver la multitud, “sintió lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. Andar como ovejas sin pastor, es perder el rumbo de la vida, es desconocer el horizonte de las aspiraciones, es exponerse a toda clase de peligros. Jesús, supo que era necesario, considerar saliendo a su encuentro de tanta gente. Pues para él uno, tiene un valor infinito.

        Enseñar a pesar del cansancio, dará sus  frutos tarde o temprano, enseñar la verdad, no es perder tiempo, impartir nuestros conocimientos es abrir caminos del bien para los demás. Cuentan de Aldo Naouri, el más célebre de los psicopediatras franceses, que aconsejaba: "Creer que una relación horizontal con los hijos puede ser útil o satisfactoria es una locura. En vez de educar demócratas, los padres terminan produciendo dictadores". Cuenta que su madre a pesar de tantos trabajos del día en la que lavaba, planchaba y limpiaba la ropa de los soldados estadounidense en Argelia; sin embargo, daba su vida, su tiempo sin condiciones por sus diez hijos. Por eso dice Aldo: "Cada noche, a pesar del cansancio, mi madre se sentaba en el piso del precario alojamiento donde vivíamos, con todos nosotros a su alrededor, para contarnos cuentos en el único idioma que conocía, un dialecto judeoárabe y nos instruía en el camino del bien". Que podamos imitar a Jesús que dio su tiempo y su vida por cada uno de nosotros.

        El Señor, ofrece, como buen Pastor, a llevarnos bajo su cuidado por los pastizales y librarnos de todas las asechanzas del malo. Por encima de todas las vicisitudes y contrariedades, la promesa divina nos asegura que no quedaremos a merced de los especuladores.

        La experiencia de intimidad con Jesús nos da la certeza de que estamos siendo cuidados por su amor, su ternura y delicadeza. Quizá nos hace falta apartarnos del ruido y del bullicio para descubrir dentro de nosotros mismos el silbido amoroso que nos guía y nos atrae hacia el bien.

        Puede que algunas mediaciones humanas nos produzcan confusión, y hasta escándalo, pero la promesa del Señor no quedará frustrada. Dios cuida a su pueblo y lo libra de todos sus enemigos.  El Evangelio de San marco nos dice que Jesús les enseñaba largamente. Esta enseñanza debía impartir también a sus fieles seguidores, a sus discípulos, que con toda seguridad no acababan de comprender este nuevo alcance la Ley. Y que Jesús mismo decía que no había venido a destruirla sino a completarla. La labor de enseñanza de sus discípulos no terminaría no con su partida hacia el Padre. Sería el Espíritu santo, la gran Promesa del Hijo y del Padre, quien desde Pentecostés se encargaría de refrescar las mentes y las almas de aquellos seres torpes, salidos de la mar y del campo, y que serían los grandes embajadores y portadores del legado que Jesús nos había traído de su Padre.

         Los Padres son los primeros maestros de la vida de los hijos, y no solamente en su preocupación para que sus hijos aprendan mucho y aprendan bien, y lleguen a ser grandes profesionales en la vida y contribuir a construir una sociedad mejor, sino sobre todo saber enseñarles los caminos de la fe y de Dios. Es aquí donde los Padres deben hacer todo el esfuerzo necesario para que la Palabra de Dios llegue a buen término en el corazón y en el alma de los hijos. Y Jesús les enseñaba largamente, leemos en el Evangelio de hoy. Los Padres pueden hacer la mayor inversión de sus vidas en la verdadera educación, sana y cristiana de sus hijos, que dará grandes frutos no solo en esta vida, sino para la vida eterna que es la gran responsabilidad de los padres, el guiar a sus hijos hacia Dios, para que le puedan amar y alabarle eternamente.

         Hoy en día tenemos que preguntarnos: ¿Son los cristianos, los verdaderos misioneros para los demás? ¿Anuncian y viven el evangelio en sus vidas y ocupaciones diarias? ¿Somos promotores de la paz, la justicia, el amor y la verdad? Este es un compromiso muy serio que atañe a todos los cristianos. Hay situaciones en que no podemos ocultar la lámpara bajo el mueble, porque requieren la luz y la sal, la valentía audaz del creyente y un testimonio público de la fe, amor y solidaridad humana. Y no sólo aisladamente como individuo, sino también comunitariamente. Hemos de pasar, pues, de ser masa, multitud, muchedumbre a ser pueblo de Dios, miembros vivos de Cristo y con el servicio al reino de Dios, comprometido con la misión de Jesús. Porque esto segundo es la Iglesia que Cristo fundó sobre la roca de Pedro y los apóstoles.   Esta Eucaristía a la que asistimos es la promesa de Dios en Jesucristo de que no estamos solos. Dios no nos deja solos en la tarea de la vida y de la enseñanza.

ORACIÓN

PASTORES

«Andaban como ovejas sin pastor» (Mc 6, 34)

Señor Jesús:

Invitaste a los apóstoles a acompañarte:

«Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».
Eran tantas sus actividades de ustedes
que no encontraban ustedes tiempo ni para comer.
Nuestra vida no puede ser activista,
necesita también de momentos de serenidad
en el ambiente de «un sitio tranquilo y apartado»,
para poder orar, revisar, programar, familiarizamos contigo...
Pero te duele ver la «multitud» y «sientes lástima»,
al comprobar «que andan como ovejas sin pastor...
Nos recuerdas que hay que «enseñar con calma»,
para realizar «una evangelización renovada».
Ante el mundo actual, nos dice el cardenal Willebrands:

«algunos adoptan una actitud fundamentalmente negativa
y de rechazo respecto a los tiempos modernos,
acusados de indiferentismo, increencia, materialismo.
Para ellos, «nueva evangelización»
significa un reinicio después de un fracaso».
Señor Jesús, ayúdanos a descubrir que no es éste el camino,
sino con el realismo de criticar lo negativo,
pero también valorando lo positivo,
uniendo oración y compromiso, contemplación y acción,
convertimos cada uno de nosotros en «pastores,
que nada temen», porque tú nos acompañas,
y nos fortaleces para ser evangelizados y evangelizar.
AMÉN.                                 Mc 6, 30-34

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

 Primera lectura  2 Re 4, 42-44  “Comerán y sobrará”.

Salmo Responsorial  144  “Abres tú la mano, Señor, y nos sacias”.

Segunda lectura  Ef 4, 1-6  “Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo”.

Evangelio  Jn 6, 1-15  “Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron".

 

SE SACIARON TODOS

 

        La escena que hoy nos presenta el evangelio se puede entender desde una de las frases del salmo responsorial: «Abres tú la mano y sacias de favores a todo viviente». La vida es el primer don que los hombres recibimos de Dios. Pero en el transcurso de nuestra existencia podemos experimentar, de muchos modos, la Providencia divina que nos asiste y muestra la preocupación del Señor por nosotros. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, es signo y mediación de la inmensa generosidad divina que siempre sacia de dones a
los hombres. Así aparece hoy, tomando la iniciativa de dar de comer a la multitud que le escuchaba
y realizando la multiplicación de los panes a partir de cinco panes y dos peces que un muchacho
pone a su disposición.

        El relato ofrece diversas consideraciones importantes. Ante todo la generosidad de Dios mostrada en Jesucristo que ya se ha señalado., Pero esta generosidad divina cuenta con la cooperación humana. Jesús podría haber realizado el milagro sin necesidad de los panes y peces del muchacho, sin embargo, quiso contar con ellos para realizar el prodigio, indicando así que todo acto generoso del ser humano puede ser el inicio y presupuesto de un gran acto de generosidad divina.

        Nos cuentan de aquel mendigo que iba mendigando de puerta en puerta, a lo largo de la calle de la aldea. En un lugar le daban una manzana, en otro un trozo de pan, en otro un poco de arroz. De pronto, allá a lo lejos, apareció un carruaje de oro, parecido a un sueño maravilloso. Se preguntó: ¿ será este el Rey ? Crecieron sus esperanzas, y pensó que los días tristes de su vida como mendigo podían estar a punto de terminar. Esperó que el Rey le diera una limosna sin tener que pedirla. Efectivamente el carruaje del Rey se detuvo a su lado; Vió que la mirada del Monarca cayó sobre él , y se admiró con su sonrisa. Presintió que sus días de mendigo habían llegado a su fin y se quedó esperando un tesoro inmenso. Había llegado el momento de suerte suprema en su vida: el encuentro personal con el Rey. El Rey bajó lentamente del carruaje se quedó quieto ante el mendigo. Con sorpresa vió que el Monarca le extendió la mano derecha pidiéndole: "¿Qué puedes darme?" ¡¡¡La mano del Rey se extiende para pedir limosna a un pobre!!! Eso no lo esperaba. -Tenía un zurrón lleno de arroz que había ido juntando de lo que la gente le daba Titubeante y confuso, el mendigo extrajo lentamente de su zurrón un grano de arroz y se lo dio. El Rey lo tomó. Agradeció, y con gesto sencillo y una sonrisa subió al carruaje y continuó su camino.  ¡Pero cuál no sería la sorpresa del mendigo cuando, al final del día, extendió sobre la vieja mesa el contenido de su mochila y encontró entre el arroz recolectado, un granito de oro. Lloró amargamente por no haber tenido generosidad suficiente para haber  entregado al Rey todo aquello que poseía.

        Dio es tan providente que nunca se deja ganar en generosidad, siempre da el mil por uno. Dios puede hacer tantas cosas pero necesita de nuestra cooperación, necesita de nuestro aporte.

        En este mundo, no necesitamos milagros, necesitamos signos de amor y de compasión.

        Jesús es el signo principal, el único, pero todos nosotros somos llamados a ser signos de una nueva y necesaria reconciliación entre nosotros.

        Jesús todavía necesita nuestros cinco panes para alimentar a los hambrientos.

        Jesús todavía necesita nuestra inteligencia para enseñar a los que no saben.

        Jesús todavía necesita nuestro tiempo para visitar a los abandonados.

        Jesús todavía necesita nuestras palabras para consolar a los que sufren.

        Jesús todavía necesita nuestro esfuerzo para hacer un mundo más en paz, más fraterno y más justo.

        Jesús además de darnos el pan, nos dice que Él es el pan de vida.

         Hoy recibimos una invitación a confiar en la bondad providente del Señor y a la generosidad en nuestro comportamiento ordinario.

         Pero el milagro de hoy es un signo de un don por excelencia que Jesucristo ofrece: la eucaristía. La eucaristía es milagro cotidiano, expresión de la providencia divina que nos sostiene durante el camino de nuestra vida con el pan de vida que es el mismo Jesucristo. El discurso que sigue al milagro deja claro que el don por excelencia de Dios es el mismo Señor Jesucristo que, mediante la Eucaristía, nos da vida eterna. Celebremos hoy la bonda d del Señor y consideremos la grandeza de la Eucaristía acercándonos a ella con la firme convicción que es el inestimable don de Jesucristo por  medio del cual nos unimos íntimamente a él Tener fe en que Dios proveerá o convertirnos en portadores de los dones que alguien más necesita son las dos invitaciones que hoy se nos hacen. Al participar en esta Eucaristía, el don más grande que la Divina Providencia nos regala, agradezcámosle a Dios por todas aquellas ocasiones en que ha respondido a nuestras necesidades… y pensemos en cómo podemos convertirnos en las manos, pies y corazón de su Divina Providencia para que así continuemos, como la señora o el doctor de mis historias, con tan hermosa tarea.

ORACIÓN

Señor Jesús, nos hablas hoy que es necesario poner lo poco que tenemos para que realices obras grandes para el bien de los demás, pero a veces somos egoístas, pensamos solo en nosotros, ayúdanos Señor a verte a reconocerte a ti y buscarte, saber que tú nos esperas en la Eucaristía.

«Señor, danos siempre de ese pan»,

ese «pan» que sacia y es el único «verdadero».

Por eso, te invocamos desde la fe:

«Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, purifícame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.

Dentro de tus llagas escóndeme.

No permitas que me separe de Ti.

Del maligno enemigo defiéndeme.

En la hora de la muerte llámame y mándame ir a Ti,

para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos».

AMEN.

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas

 

 Primera lectura Ex 16,2-4. 12-15  “Yo haré llover pan del cielo”.

Salmo Responsorial 77 “El Señor les dio un  trigo del cielo”.

Segunda lectura Ef 4,17.20-24 ”Abandonen al hombre viejo y revístanse del hombre nuevo”.

Evangelio Jn 6,24-35  “Yo soy el Pan de  Vida Eterna ".

 

EL QUE VIENE A MI TIENE VIDA ETERNA

 

        Hermanos, las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar cómo el hombre se encuentra en constante búsqueda. Quiere sentirse feliz en plenitud, quiere sentirse saciado, pleno;  pero la experiencia demuestra que ese imposible; solo saboreamos migajas de gozo, alegría y felicidad. Al mismo tiempo, es una pena que exista la desigualdad acompañado del hambre en muchos lugares de nuestro continente. La desnutrición, la falta de alimentos  y la presencia de las enfermedades son alarmantes; esto disminuiría y hasta podría solucionarse con un buen entendimiento y distribución más equitativa de los bienes.

        Nuestra experiencia nos demuestra a diario que nos movemos en búsqueda de objetivos concretos los cuales cuando son logrados dan tranquilidad y sosiego de alguna manera; el labriego se siente satisfecho cuando sus productos han rendido oportunamente, también el profesional siente alegría cuando logra sus objetivos; pero hoy el Señor nos habla en su palabra que  la humanidad no solo busca lo temporal y caduco, el hombre sigue teniendo hambre y sed, quiere sentirse feliz, quiere tener la alegría por siempre, esto en definitiva es la búsqueda de Dios, de lo absoluto, de lo infinito;  pues sólo Él puede llenar el corazón del hombre.  Nuestra historia personal está llena de búsqueda de emociones y bienes para satisfacer nuestros deseos de felicidad.

        Este tema que acosa todo corazón humano, aparece en el movido diálogo del evangelio de hoy. Jesús ofrece la solución: trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”. Hambre, sed, pan, agua, son palabras frecuentes en la biblia. Ellas señalan realidades básicas de la vida. El pan simboliza el alimento necesario para conservar la vida. Pero hay alimentos y alimentos. “Trabajen, no por el alimento perecedero” nos dice Jesús. Nos advierte que no malgastemos nuestra existencia detrás del “pan para hoy, hambre para mañana” sino que busquemos el alimento duradero eficaz que permanece hasta la vida eterna.

        En la primera lectura de la Misa nos narra el prodigio del maná. Un alimento delicado que por la misericordia de Dios alimentó a los israelitas durante su largo peregrinar en el desierto.

        Era un anticipo de lo que vendría. El Pan del cielo, el pan de los ángeles que Cristo mismo nos otorga en la Sagrada Eucaristía. Un Pan maravilloso  para todo el que lo pueda recibir, que no se desgasta, que no se interrumpe y que durará mientras haya  hombres sobre la tierra.

        Qué bien nos conocía Jesús, necesitados de este alimento, su mismo Cuerpo y Sangre, para fortalecer al débil, para confortar el enfermo. Aquel que no se alimenta en la vida ordinaria, termina debilitándose y enfermándose, quien no se alimenta de Jesucristo terminará también en las redes del  mal,  simplemente contará con sus fuerzas humanas. 

        Nos dice que la multitud buscaba a Jesùs; tenìan hambre de Dios, hoy en dìa tambièn buscamos a >Jesùs, sabemos que Èl puede llenar el vacío de nuestros corazones. Jesús se preocupa de nosotros, de cada uno, sabe de nuestra corporeidad, sabe que necesitamos, en la oración por excelencia nos enseña a pedir «el pan de cada día». Nos hace falta mucho más. Jesús se nos ofrece como alimento que saciará nuestra hambre de vida. Nuestras ansias de felicidad.  Pero eso supone no solo escuchar, creer, sino especialmente vivir como testimonios vivos de haber conocido a Cristo Jesùs, demostrar con nuestra vida, nuestras palabras y acciones la imagen viva del mismo Salvador.

        Ojalá todos podamos acercarnos a Jesús para recibirlo, teniendo una adecuada preparación, pues de nada nos serviría recibir a Jesús de cualquier manera. Entonces podremos como dice San Pablo revestirnos del hombre nuevo, despojándonos de todo aquello que nos aparta del amor de Dios. Podremos superar las frivolidades de este mundo, renunciar a lo que nos aleja del evangelio, despojarnos de nuestros defectos, renovar nuestro entusiasmo y entrega.

        ¿Verdaderamente valoro la presencia de Jesús en la Eucaristía?

        ¿Recibo con mucha devoción y preparación a Jesús en la Eucaristía?

 

ORACIÓN A JESÚS EUCARISTÍA

Señor Jesús:

Gracias por quedarte con nosotros

como nuestro alimento en la Eucaristía.

Nos dice la lectura que la gente te buscaba,

porque estaba asombrado y satisfecho;

por el pan que habías multiplicado;

 hoy en día también Señor,

 muchos te buscan solo para que encontrar

 soluciones inmediatas a sus necesidades.

 Ayúdanos Señor, que te busquemos siempre

 porque sólo en ti podremos encontrar:

Respuesta para nuestros interrogantes,

Alegría en nuestras tristezas

Consuelo en nuestros dolores

Fortaleza en nuestras debilidades

Valor en nuestras caídas,

Felicidad en nuestras vidas,

Ayúdanos Señor,

a poder recibirte en la Comunión

 con toda nuestra devoción, a sentirte a ti,

 en nuestros corazones, pues solo así, podremos mejorar,

 solo así podremos ser testigos fieles a tu palabra.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

el pan que nos sirve para alimentarnos

y el pan de tu Eucaristía

que nos sirve para llegar hasta ti

y ser feliz por toda la eternidad. Amén.

 

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  1 Re 19, 4-8  “Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios”.

 Salmo Responsorial  33  “Gustad y ved que bueno es el Señor”.

 Segunda lectura  Ef 4, 30-5, 2  “Vivid en el amor como Cristo”.

 Evangelio  Jn 6, 41-51  “Yo soy el pan vivo bajado del Cielo".

 

YO SOY EL PAN DE VIDA

         ¡Basta ya, Señor, quítame la vida!,  es el grito desgarrador del profeta Elías, expresa dramáticamente su crisis personal. No sólo siente el desaliento y el fracaso, cree que ya no vale la pena vivir.

        Qué importante alimentarse para vivir, qué importante es proveer lo necesario, y más aún cuando salimos del hogar o del pueblo, cuando sabemos que tenemos que recorrer un largo camino, vemos ahora a Elías que parece que ha descuidado todo eso, vemos que ahora se lamenta.

        Cuentan de un hombre que había adquirido un burro y quien se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tendría que procurarle diariamente. Pero el nuevo dueño del burro pensó que esa cantidad era excesiva y empezó a darle cada día menos, con la idea de que acabaría por acostumbrarlo. Tanto disminuyó la ración el hombre a su burro, que un día éste amaneció muerto. El hombre entonces se lamentó: -¡Fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de morir, habría logrado que se habituase a no comer nada en absoluto.  Como ese hombre proceden muchos que se dicen buscadores espirituales con respecto al trabajo interior y a la meditación. Quieren acostumbrarse a no realizar ningún ejercitamiento espiritual y aun así conquistar la suprema sabiduría.

        El profeta Elías sufre y se desespera,  ¿Cuántos hombres y mujeres de nuestro tiempo sienten este vacío existencial? ¿No hemos pasado también todos por situaciones similares?

        El alcoholismo, la droga, el sexo desenfrenado, el placer a cualquier precio… ¿No ocultan esa desolación profunda de una vida sin sentido atrapada en la desesperanza? Frente a esta realidad Jesús nos dice: “Yo soy el pan de vida eterna. Yo soy el pan vivo. El que coma de este pan vivirá para siempre”.

         Debemos saber que necesitamos el alimento material, pero más todavía el alimento de nuestras almas. Dios le proporcionó lo necesario al Profeta, Jesús en el evangelio nos invita a trascender, a ver a Él no solo como un personaje con poderes, ver que Él es Dios, Él es que nos puede darnos el alimento de la vida eterna, el alimento para el camino al cielo, y eso lo necesitamos, si nosotros nos privamos tendemos a debilitarnos.

        Pan, es una palabra cortita pero de extraordinario simbolismo. Satisface el hambre, da fortaleza  y es el símbolo de la vida misma. Jesús la aplica a sí mismo: Yo soy el pan, Yo soy el alimento, Yo soy la vida. Yo soy el que doy la fuerza. Yo y ningún otro puede llenar tu vida de vitalidad, nos dice Jesús. Y como si fuera poco, sin inmutarse, como diciendo la cosa  más natural del mundo Jesús afirma: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Hace falta fe para aceptar que Jesús resucitado alimenta, sostiene y transforma nuestra vida presente y asegura nuestra eternidad.

        Es la Eucaristía;  el Pan de vida, la presencia real de  Cristo en la Eucaristía es un alimento “especial” porque nos da Vida Eterna. Ojalá nos acerquemos, y nos alimentemos siempre hasta llegar a la patria celestial.  Ese alimento divino que restauró las fuerzas de Elías para realizar esa travesía por el desierto hasta llegar al monte de Dios, recuerda el alimento eucarístico que nos da a nosotros fuerza para realizar el viaje hacia la eternidad, viaje que -por cierto- ya hemos comenzado todos los que vivimos en esta tierra. Recordemos, pues, que la fuente de donde recibimos las gracias para poder actuar como Cristo, en entrega de amor a Dios y a los demás, está en la Eucaristía, que es –como hemos dicho- el alimento para nuestro viaje a la eternidad.

        Pero somos testigos de cómo -lamentablemente- en nuestros días sucede como en tiempos de Jesús. 

        ¿Quiénes creen realmente que es Dios mismo presente en esa oblea de harina de trigo?  ¿Cuántos son los que creen en este “Sacramento de nuestra Fe”?  O … ¿cuántos son los que en verdad lo aprovechan debidamente, los que lo reciben dignamente?

        El pan de la Palabra de Dios nos lleva a Dios y nos ayuda a vivir no según nuestros caprichos sino bajo el signo de su voluntad.

 

 ORACIÓN. VIDA

 «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6, 48)

Señor Jesús:

«El ángel le dijo a Elías: Levántate, come...
Se levantó Elías, comió y bebió,
y con la fuerza de aquel alimento caminó...»,
nos narra el primer libro de los Reyes.
También tú nos dices: «Yo soy el pan de la vida».
Sin embargo, nosotros seguimos «sentados»,
porque vivimos en una sociedad:

— con falta de ideales profundos,

— con afán de evasión,

— sin reflexión,

— sin responsabilidades,

— tecnificada,

— con angustia existencial,

— masificada,

— materialista,

— sin solidaridad,

—angustiada...

Por eso, queremos «comer tu pan»,
para levantamos y seguir adelante,
y te decimos con Ignacio de Loyola:

«Toma, Señor, y recibe toda mi libertad,

mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo mi haber y poseer. Tú me lo diste,

a Ti, Señor, lo torno;

todo es tuyo: dispón a toda tu voluntad.
Dame tu amor y gracia, que esto me basta».
AMÉN.                       Jn 6, 41-52

 

 

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

  Primera lectura  Prv 9, 1-6  “Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado”.

 Salmo Responsorial  33  “Gustad y ved que bueno es el Señor”.

 Segunda lectura  Ef 5, 15-20  “Daos cuenta de lo que el Señor quiere”.

 Evangelio  Jn 6, 51-58  Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida".

 

EL QUE COME VIVIRÁ POR MÍ

 

        En el evangelio de hoy, en nueve pequeños versículos, aparece ocho veces la palabra comer  o  comida y siete veces la palabra vida. Es obvio que estas palabras están asociadas y nos resulta familiar: todos sabemos que necesitamos comer para vivir, para tener salud, vitalidad, cuantas personas han dejado de trabajar al enfermarse porque no están bien alimentados y por ello vemos los fines de semana, las familias hacen sus compras, quieren alimentarse de una manera balanceada, hermanos, así como nuestro cuerpo necesita alimentos, nuestro vida espiritual también necesita fortalecerse, alimentarse, de lo contrario se torna anémica, raquítica, muere. Jesús no se anda con vueltas. Después de repetir hasta el cansancio, coman , coman, coman… cree necesario decirlo, una vez más, en tono de advertencia: “les aseguro que si comen la carne del Hijo del hombre, y beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”.

 

        Siempre golpeó esta frase de Jesús. Resuena en ella la urgencia del amor, del amor que acumula razones y más razones para hacer el bien. Jesús nos quiere llenos de vida, rebosantes de vitalidad, de alegría de vivir. Lo dirá expresamente en otra ocasión: “vine para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Para hacerlo realidad, Jesús nos da un alimento excepcional, único. La oración es alimento>; la Palabra de Dios es alimento, pero el alimento excepcional, único, insustituible es el Cuerpo y la Sangre de Jesús. “Yo soy el pan vivo… el que come vivirá por mí … el que coma de este pan vivirá eternamente, insiste Jesús.

 

        “Imaginemos a una persona que, invitada a una banquete, se lava las manos, ocupa su sitio y se prepara para el festín; pero luego se niega rotundamente a comer. ¿No sería un grosero que ofende de ese modo al que lo ha invitado?” (S. Jn Crisóstomo).  El cristiano debe llevar una vida tan consecuente con su fe que debiera comulgar siempre que toma parte en la celebración eucarística, porque ésta es la mejor manera de participar. Da pena ver cristianos que , aun asistiendo regularmente a la misa dominical, se contentan con comulgar de vez en cuando, en ocasiones más solemnes o especiales. Es verdad, que para ello debiéramos observar aquellos requisitos que nos ayudaran a acercarnos con toda humildad a saborear el alimento divino.

        ¿Para qué comulgar?,  Jesús sabía todo lo que somos, quiere él transformar nuestras vidas, quiere que seamos como él, por eso el efecto inmediato de la comunión eucarística es la comunión de vida con Cristo. Es tan estrecha esta comunión que el propio Cristo acuñó su fórmula para expresarla: “el que come mi Cuerpo y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”. Hermanos la comunión tiene que ayudarnos a buscar la unidad si estamos dispersos a buscar la reconciliación si estamos distanciados, el buen trato, la búsqueda de una paz, de amor entre todos nosotros, tiene que llevarnos a un trato íntimo, personal caritativo con nuestros hermanos, a semejanza de la primera comunidad cristiana, sería una pena, que a esto conduzca otras reuniones como las olimpiadas, amistades deportivas, peñas campestres… y no nuestra reuniones eucarísticas. Pidamos al Señor que verdaderamente seamos comunidad, seamos luz, sal guía para nuestros hermanos alimentados por la eucaristía. Solo así podremos repetir con san Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,19).

 

 

ORACIÓN

 

Señor Jesús,

En el evangelio nos  dices

“El que come la carne del  Hijo del hombre

 tiene vida eterna”

Quisiéramos entender bien tu palabra Señor,

Porque a veces preferimos no este alimento sino otras migajas.

A veces andamos desilusionados,

 angustiados en la vida, anémicos

y sin fuerzas para vencer las tentaciones,

 por eso Señor te pido que dirijas nuestras

miradas comprensivos hacia nosotros

Danos  Señor Jesús

hambre del pan de vida que eres tú,

 y sáciala abundantemente con tu Cuerpo y Sangre

inmolados que nos dan la eterna  comunión contigo

 y con los hermanos.

Porque el pan que compartimos

 es el germen de un mundo nuevo

en que los hombres son hermanos,

y el cáliz de nuestra eucaristía es tu sangre,

Señor, derramada para la salvación del mundo. Amén.

 

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas

Primera lectura  Jos 24, 1-2a.15-17.18b  “Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!”.

 Salmo Responsorial  33  “Gustad y ved que bueno es el Señor”.

 Segunda lectura  Ef 5, 21-32  “Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia”.

 Evangelio  Jn 6, 60-69  “A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna".

¿A QUIÉN IREMOS?

 

        El Evangelio de este domingo concluye el capítulo sexto de san juan, que hemos leídos estos domingos.  las reacciones no se hicieron esperar: vemos dos reacciones frente  a la postura de Jesús, frente al discurso de Jesús sobre el pan de  vida eterna. Muchos se fueron pensando en la esterilidad de las palabras de Cristo. Pedro dice: “Señor a quién iremos tú tienes palabra de vida eterna.

        En la vida también hay muchas dificultades, que exigen una respuesta de nuestra parte. Como cristianos sabemos que no es fácil el seguimiento de Cristo Jesús. Nos cuentan, que  el dueño del castillo se levantó muy temprano,  colocó una gran piedra en el camino de la aldea, y se   escondió cerca de allí para ver lo que ocurría al pasar  la gente.  Poco después pasó por allí un hombre con una vaca. Gruñó al ver la piedra, pero no la tocó. Prefirió dar  un rodeo, y siguió después su camino. Pasó otro   hombre tras el primero, e hizo lo mismo. Después   siguieron otros y otros. Todos mostraban disgusto  al ver el obstáculo, y algunos tropezaban con él;  pero ninguno lo removió.  Por fin, cerca ya del anochecer, pasó por allí un  muchacho, hijo del molinero. Era trabajador, y estaba  cansado a causa de las faenas de todo el día.  Al ver la piedra dijo para sí:  –La noche va a ser obscura, y algún vecino se va   a lastimar contra esa piedra. Es bueno quitarla de   ahí. Y en seguida empezó a trabajar para quitarla.  Pesaba mucho, pero el muchacho empujó, tiró y se esforzó para hacerla rodar hasta quitarla de en medio.  Entonces vió con sorpresa que debajo de la gran  piedra había un saco lleno de monedas de oro. El  saco tenía un letrero que decía: «Este oro es para el   que quite la piedra.»  El muchacho se fué contentísimo con su tesoro, y el  hombre rico volvió también a su castillo, gozoso de  haber encontrado a un hombre de provecho, que no  huía de los trabajos difíciles.

        En la vida de todo creyente, hay momentos en que se plantea una situación y pregunta semejantes a las del evangelio de hoy: ¿Qué Dios seguimos, o qué ídolo adoramos? ¿Continuamos con Jesús o lo abandonamos? Cuando nos cansamos de seguir el bien, la verdad, el amor y la justicia, cuando nos hartamos de ir a la misa o nos resulta insoportable ésta o aquella persona, cuando nos pesa la fidelidad conyugar y la familia, cuando el mal nos circunda y asedia, cuando la duda y la increencia nos abruman, cuando, en una palabra, nos resulta dura la doctrina evangélica, entonces nos pregunta Jesús: ¿También tú quieres marcharte y dejarme.

        Josué, cuando ya, anciano, convocó a todas las tribus de Israel para una asamblea general en Siquén, y les propuso como única  opción válida la que él y su familia habían tomado: servir al Señor Dios de Israel. Así nación el pacto de Siquén una alianza religiosa que en el futuro mantuvo unidas a las doce tribus (1ra. Lectura).

        Y al recibir ese “Pan” e ir dejándonos santificar por ese “Pan de Vida” Cristo nos llevará a donde El se fue cuando ascendió al Cielo, a donde los Apóstoles que permanecieron fieles, lo vieron subir:  a donde estaba antes.  Justamente, Cristo bajó del Cielo, para rescatarnos a nosotros y llevarnos con El.  Y eso será posible si no nos escandalizamos, si creemos en su Palabra, si seguimos su Camino, si  -como El-  cumplimos la Voluntad del Padre.

        Y seguirlo a El significa optar por El en cada circunstancia de nuestra vida.  No basta elegirlo una sola vez y después irnos desviando poco a poco:  nuestra elección tiene que ser renovada, constante y permanente.  Por otro lado, separase de El puede también ser en forma progresiva.  Este pasaje del Evangelio da a entender que Judas pudo haber comenzado apartarse del Maestro al escandalizarse también con este discurso.  Dice el Evangelio:  “En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían en El y quién lo habría de traicionar”.  

        El afán irrestricto de gozar y consumir,  la codicia, el placer, el dinero, son los ídolos modernos. No sólo los que no tienen fe, también muchos cristianos hacen de ellos su máxima preocupación, por no  decir, su única esperanza. Pareciera que el sentido de la vida, hoy, es gozar consumiendo; lo demás no importa. Frente a esta realidad, ¡Qué actual resulta la Palabra de Dios! Todos sentimos  la tentación de  abandonar a nuestro Dios, de adorar  a los pequeños ídolos que rodean nuestra vida.

        Nuestra trayectoria de fe  tiene etapas de oscuridad, de desolación de lucha. En esos momentos, lo mejor es zambullirse en la misericordia de Dios, y hacer nuestra la fe de Pedro: “Señor: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida Eterna”. Y permanecer junto a Cristo con nuestras imperfecciones y debilidades. Dios no necesita a los perfectos, necesita a los decididos, a los que día a día hacen el arduo esfuerzo de vivir conforme el evangelio, a nosotros que hemos creído y sabemos que Jesús es el Santo de Dios.

ORACIÓN.

 AMAR

 

«Amarlo con todo el corazón...»
(Mc 12,33)

 

Señor Jesús:

Tú eres el rostro del Padre y la concreción de su amor,
que nos ratificas el AMOR «como única ley a cumplir
y como única asignatura a aprender»
Éste es el camino para vivir el Reino.
Un Reino que supone AMARTE:

— «con todo el corazón», es decir,

con nuestra capacidad de amar y ser amados,

— «con toda el alma», esto es,

con nuestra capacidad espiritual y trascendente,

— «con toda la mente», o sea,

con nuestra capacidad intelectual y de comprensión,

— «con todo el ser», es decir,

con nuestra personalidad íntegra...
A primera vista parece difícil y exigente,
porque lo pides todo,
pero esto quedaría en algo abstracto,
si no se completa con la otra cara del mandamiento:

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Los demás son el medio para hacerlo realidad,
ya que quieres unas relaciones que expresen:

— sentimientos fraternos hacia todos,

— compartir los valores espirituales,

— entrega y servicio incondicional de hermanos...

Permítenos, Señor Jesús,

esforzamos en conseguirlo,

porque «te amamos y eres nuestra fortaleza».

AMÉN.              Mc 12, 28-34

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas

Primera lectura Dt 4,1-2.6-8: “Estos mandatos son vuestra sabiduría”.

 Salmo Responsorial 14.  Señor ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?.

 Segunda lectura Sant 1,17-18.21b-22.27: llevad la palabra de Dios a la práctica”.

 Evangelio  Mc ,1-8ª.14-15.21-23: Dajáis a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las tradiciones humanas..

 

NO AL CULTO VACÍO

 

        Hoy el Evangelio nos presenta dos hechos muy notorios; el primero se trata de las tradiciones judías. Al ver que los discípulos de Jesús comían con las manos sucias le preguntan: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores? Jesús ante esto contesta de modo radical tomando la palabra del profeta: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi”.

        En segundo lugar, Jesús manifiesta lo que verdaderamente hace impuro al hombre,. Después de denunciar esta manifiesta manipulación de la palabra de Dios, en la segunda sección del evangelio habla Jesús a toda la gente sobre lo puro e impuro, no en sentido ritual, sino moral y personal, es decir, en  relación a la conciencia del hombre ante Dios: “Nada que entre de afuera puede  hacer impuro al hombre; lo que sale de dentro es lo que hace impuro. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios adulterio, codicias, frivolidad…. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

        Debemos examinarnos el fondo de nuestras conciencias para saber cual es el origen de aquellas acciones malas que realizamos. Veamos si verdaderamente está nuestros corazones y nuestras intenciones si verdaderamente sirven y glorifican a Dios. No basta con el cumplimiento de los ritos.

        Podemos reducir nuestras prácticas a cumplimiento de normas y el Señor igual nos puede decir que solo de labios le alabamos. Jesús afirma claramente que la pureza ritual de las purificaciones judías era incapaz de  dar limpieza de corazón ante Dios; por ser algo externo no podía hacer puro al  hombre, como tampoco nada externo lo hace impuro. Sería triste sustituir hoy día las purificaciones de los fariseos, por una serie de tradiciones más o menos antiguas más o menos piadosas. pero Hemos de reconocer que no muere fácilmente la actitud farisaica  y ritualista de la religión. Ése es el culto vacío que honra a Dios con los labios mientras el corazón está lejos,  culto vacío que se aferra a la seguridad de  lo que siempre se ha hecho y desoye la voz de los tiempos por miedo a los nuevos aires, culto vacío que prefiere el tradicionalismo.

         Todo es limpio cuando sale de un corazón limpio pero puede malograrse cuando se contagia de mercantilismo y contabilidad religiosa ante Dios, de ritualismo sacralizante y de automatismo de la salvación, colocando esas prácticas tradicionales por encima de la ley misma de amar a Dios y al prójimo. Religiosidad que no se dispensa de este amor. Hemos de cumplir la palabra, hemos de ser creyentes no solo de palabra sino con obras y en verdad como nos dice Santiago.

        Gracias a San Pablo se libraron, nos libramos al menos, de la circuncisión de la carne.

        Ser cristiano es estar apegado a Jesús. A Jesús no le interesa el exterior, Su preocupación no son los ritos que hacemos cada día. A Jesús le interesa el corazón, para que circuncidado y reconciliado sirva a Dios y a los hermanos.

        Lo que sale del corazón es lo que envenena la religión, la convivencia social y familiar.

        Lo que sale del corazón tiene que agradar a Dios y transformar las relaciones humanas.

        “Los santos son santos porque no se esconden tras los anchos hombros de la ley. Saben, o siente, o actúan como si sintieran que ninguna ley, por generosa o humana que sea, puede agotar el deber moral, trazar las consecuencias de “ser para” hasta su extremo más radical, hasta la elección última de vida o muerte”.

        Para evitar un culto vacío hemos de acentuar de amor y fidelidad lo que realizamos por amor a Dios. La verdad es que solemos tener miedo a comprometernos del todo con Dios; nos amedrentan sus posibles exigencias a veces bastante radicales. Y queremos  nadar y aguardar la ropa servir al Señor conservando la parcela mayor posible de nuestra vida  para nuestro uso privado, pagar su factura con la mayor rebaja a nuestro alance para poder seguir al menos en parte, la corriente de momento presente, lo que se lleva en nuestro entorno.

        Pidamos a Dios que nos llene de su gracia para que nuestro amor y entrega sea de veraz sin fingimientos ni disimulos.

 ORACIÓN

CONCIENCIA MORAL

«La doctrina que enseñan son preceptos humanos»
(Mc 7, 7)

Señor Jesús:

Necesitamos valorar y seguir nuestra «conciencia moral»,
para ser fieles a tu voluntad y coherentes en la conducta.
Así nos hablan nuestros obispos en «La verdad os hará libres»:

«El carácter inexorablemente moral del hombre
exige establecer su auténtica relación con la verdad y la libertad
y aun la misma relación entre ambas.
Esta relación tiene lugar en el campo de la conciencia moral,
es decir, en la facultad, arraigada en el ser del hombre,
que le dicta a éste lo que es bueno y malo,
le incita a hacer el bien y a evitar el mal
y juzga la rectitud o malicia de sus acciones u omisiones,
después de que las ha llevado a cabo».
Aquí descubrimos el sentido de tus palabras
en el evangelio de este domingo:

«Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan
son preceptos humanos».
Señor Jesús, danos un corazón limpio,
que, iluminado por la recta conciencia moral,
nos permita «tener intenciones leales»,
que eviten la hipocresía de las apariencias,
para hacer siempre tu voluntad,
siendo «un pueblo sabio e inteligente».
AMÉN.                 Mc 7, l-8a. 14-15.21-23

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

 Primera lectura  Is 35, 4-7a  “Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará”.

 Salmo Responsorial  145  “Alaba, alma mía, al Señor”.

 Segunda lectura  St 2, 1-5  “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?”.

 Evangelio  Mc 7, 31-37  “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".

 

APERTURA Y ESCUCHA

 

        En las tres lecturas de hoy hay una referencia especial a los pobres y a los que sufren, haciéndonos ver que Jesús tenía una clara predilección por los pobres, porque se encontraban marginados, solos, enfermos y olvidados por las clases sociales. Es muy doloroso cuando en nuestra sociedad actual también vemos situaciones parecidas, conmueve aquello que contaba el misionero en las tierras de África, cuando una joven acudió a la ayuda del sacerdote misionero, porque una serpiente le había mordido y necesitaba un inyectable con urgencia. Dice que subió a su camioneta para llevarlo al hospital y al llegar pidió que lo atendieran y el médico no lo hizo porque era negra, le recomendó llevarlo al hospital para negros. Mientras la joven iba perdiendo el conocimiento y las fuerzas. Tuvo que recorrer otros 30 km. Para llegar con toda velocidad al hospital, ahí finalmente en la emergencia atendió y salvó la vida de la joven. Decía luego, “Aquella noche sentí una gran indignación  por la discriminación existente incluso en momentos de mayor gravedad, pero, al mismo tiempo, una gran alegría en el alma por haber ayudado a salvar una vida”.

        Los necesitados, los pobres y enfermos son los predilectos de Cristo. Cristo está presente siempre en el prójimo para que podamos verlo y servirlo, pero nuestras mejores atenciones para Cristo serán las que tengamos con los pobres, sobre todo con aquellos que no pueden pagar favores con favores. Cristo nos pagará haciendo que sintamos una gran alegría en el alma y dándonos la vida eterna. Prefirió a los pobres, no porque sean los mejores que los demás sino porque él es bueno, compasivo y defensor de los oprimidos y desheredados. Cristo mismo quiso nacer pobre en el establo, quiso pasar su vida de modo pobre, hasta el sepulcro para su cuerpo fue prestado.

        Pero la fuerza liberado de Dios no son las armas,  no fue su revolución a imagen de los zelotas, es más, cuando  Pedro desenvainó la espada en Gersemaní Jesús, ordenó que guardara. La fuerza liberadora del maestro se centra en la fuerza del amor, la revolución del amor, porque según él es el amor la auténtica y única fuerza que puede transformar las relaciones humanas.  La mayor transformación viene del amor, de la manera de vivir las bienaventuranzas.

        Es verdad que aunque curó a muchos, Jesús, como Dios mismo, no suprimió la enfermedad de una vez por todas. Tampoco eliminó el hambre aunque alimentó a miles; ni la incultura y el analfabetismo, aunque dedicó años a instruir al pueblo. Incluso a Judas dijo que siempre habrá pobres o que la cizaña seguirá creciendo junto con el trigo hasta el fin de los tiempos.

        La Iglesia por eso opta por los pobres y necesitados, si nuestra fe y práctica religiosa fueran únicamente espiritualidad evasiva delatarían un cristianismo y una religiosidad alienantes. No fue ése el modelo de misión de Jesús. Él practicó en grado sumo la oración y la espiritualidad del desierto, pero bajó a la arena de la vida. La defensa por los pobres y desheredados, hizo que los poderosos de este mundo entreguen a la muerte, así también sucede con sus seguidores cuando valientemente demuestran su opción por los pobres.

        Es fantástico oír los testimonios de las personas a las que Dios ha transformado su vida, les ha devuelto la palabra y ha cambiado su corazón pero se queda pequeño si no transforma también a los que les rodean.

        Cada domingo el Señor a los que aquí venimos nos devuelve la voz para cantar, orar, profesar nuestra fe, nos transforma y nos entusiasma y decimos también: todo lo ha hecho bien, me ha devuelto el oído y la palabra. Me ha dicho: "Ábrete".

        Ábrete al amor grande de Dios tu Padre. Ábrete a su perdón y publícalo. Ábrete a los hermanos… No seas espectador. Jesús no lo fue. Fue agente de transformación.

        Ábrete. No sólo el domingo sino toda la semana.

        Ábrete. No sólo aquí dentro sino también ahí afuera.

        Este milagro nos invita a vivir en apertura y en escucha, el sordo y el mudo no escuchaba ni podía abrirse hacia los demás por sus limitaciones. Podemos también nosotros ser como este joven, encerrarnos en nuestras ideas o llevadas por algunos prejuicios y sentirnos en la soledad, el cristianismo no es soledad, no es tampoco fanatismo, es una vida coherente con la vida de Cristo <Jesús, nuestro maestro. Que Dios y María nos ayude a cada uno de nosotros.

 ORACIÓN

APERTURA

“Él está cerca, a la puerta”(Mc 13,24-32

 

Señor Jesús:

«Sabemos que estás cerca, a la puerta».

Quieres «entrar» en nosotros y transformamos.

Las «puertas» para darte acceso son:

-el OÍDO, para escuchar tu mensaje;

-la BOCA, para proclamarlo a los demás;

-la VISTA, para descubrirte presente en la vida;

-la VOLUNTAD, para seguir tu Evangelio;

-la INTELIGENCIA, para conocerte mejor;

-el CORAZÓN, para amarte y amar a los hermanos;

-las MANOS, para construir tu Reino;

-los PIES, para caminar como Iglesia...

Esta actitud de apertura y confianza en Ti

nos hace partícipes de la esperanza definitiva,

que nos has conseguido con la Resurrección,

y que ya nos había anunciado Daniel:

«Muchos de los que duermen en el polvo despertaran:

unos para  una vida perpetua,

otros para ignominia perpetua».

En el presente estamos sembrando el futuro,

y, por eso, te pedimos. Señor Jesús,

que seamos «como estrellas para toda la eternidad»,

que, inundados de tu Vida,

luchemos por «servirte con amor,

sabiendo que «la primavera está cerca».

AMÉN.           Mc 13,24-32

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura Is 50, 5-9a  “Ofrecí la espalda a los que me apaleaban”.

 Salmo Responsorial  114  “Caminaré en la presencia del Señor en el país de la vida”.

 Segunda lectura  St 2, 14-18  “La fe, si no tiene obras, está muerta”.

 Evangelio  Mc 8, 27-35  “Tú eres el Mesías… El Hijo del hombre tiene que padecer mucho"

 

PRÁCTICA LIBERADORA

 

            Hermanos continuando con el tiempo ordinario, hoy el evangelio nos invita contemplar la figura de nuestro Salvador como siervo sufriente, que dio su vida por cada uno de nosotros, y que nos invita al mismo tiempo a identificarnos con él. No esperamos ser cristianos solo de palabra, cristianos que aparentan, cristianos que solo aparecen cuando no hay dificultades. Llamando a sus discípulos y a la gente dijo Jesús: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Por eso para seguir a Jesús debemos  entrar a la fila y cargar con nuestra propia cruz, aquellas dificultades físicas, psíquicas o morales, poniendo nuestro amor en el dolor como hizo Cristo por nosotros.

            Participando de los sentimientos de solidaridad, servicio, disponibilidad y entrega absoluta de Cristo, seremos también partícipes de su glorificación. Amor a Dios  y a los hermanos constituyen los brazos de la cruz redentora, el vertical y el horizontal, pues Cristo hace causa común con nuestros hermanos los hombres y con nosotros a quienes ha incorporado a su muerte y resurrección mediante el bautismo.

            La primera lectura dice: “El Señor me abrió el oído y no me eché atrás…” “La fe si no tiene obras por si sola está muerta…” (2da. Lectura). “El que pierda su vida por mi y por el Evangelio la salvará”…. Son testimonios de personas y comunidades “proféticas” de distintas épocas que no dieron su espalda a los problemas de su entorno sino que desde una “no-violencia-activa” se propusieron hacer su aportación para que su pueblo y todo el mundo tuviera acceso a los derechos humanos: pan, salud, vivienda, educación, trabajo… Son testimonios que, amplificados por el de nuestro Maestro –Jesús--, dan sentido a nuestra vida y a la de nuestras comunidades. Entregar nuestra vida a Jesús es entregarla a su proyecto de fraternidad y salvarla dándole un sentido liberador.

            Cuentan de aquella imagen de Cristo que después de la II guerra mundial encontraron y quisieron restaurarlo, pero le faltaba una mano, muchos dijeron que pusieran otra mano, pero la mayoría optó por dejarlo así como memoria, solo que añadieron en la parte inferior: “Ustedes son mis manos”. Que sencillo, pero con grande significado. Somos y debemos ser manos de Cristo para nuestros  hermanos, debemos ser otros cristos para los demás. Santiago nos amonesta, de nada nos sirve nuestra fe, devoción si no va acompañado de buenas obras. De obras que nos conduzcan hacia la vida eterna.

            No es suficiente “saber” los contenidos de fe, o dar la “respuesta correcta” en el momento adecuado (Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías). Las afirmaciones de fe hay que corroborarlas con el testimonio (EN 41): para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”. Porque si no, el Señor podrá reprocharnos, como a Pedro: ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

            Si tu fe es genuina, entonces espontáneamente serás sensible hacia las necesidades de los demás... Buscaras acciones concretas para hacer algo a favor de ellas, aun costa de grandes sacrificios y renuncias... ¿Como reaccionas ante las necesidades de las personas que te rodean e incluso aquellas que no conoces, y que se te presenta la oportunidad de ayudarles? ¿Eres indiferente? ¿No te importan? ¿Egoísta? ¿Piensas primero en tu conveniencia? ¿Te duele invertir tiempo y recursos a favor de ellas?
Si es así, entonces tu fe, no sirve para nada...

            Que podamos ser cristianos auténticos que caminemos con Jesús y con los hermanos.

 

ORACIÓN

COMPROMETERSE

«El que quiera venirse conmigo,
que se niegue a sí mismo» (Mc 8. 34)

Señor Jesús:

Un obispo español nos dice:

«El mundo de la increencia exige hoy militantes creyentes
con más fuerza que en otros tiempos.
En otras etapas la evangelización la hacían,
prácticamente en exclusiva, los predicadores presbíteros.
Hoy el pulpito más amplio está en el taller o en la mina,
en la oficina o en la escuela, en el mar,
en el mundo de los jóvenes y de los niños,
en el barrio de la asociación de vecinos
o en las organizaciones sociales.

Como está también en apoyar el sentido misionero de la parroquia
y en formar en ella militantes cristianos
cada día más responsables».
Buena enseñanza, que es todo un programa,
para el nuevo curso, que estamos empezando.
Hacen falta creyentes convencidos,
que proclamen con sus palabras y con sus obras;

«Tú eres el Mesías»,

dispuestos a «perder la vida por el Evangelio».
No resulta fácil «negarse a sí mismo»
y «cargar con la cruz»,

pero tú mismo eres nuestro «abogado» y «nos ayudas».
Permítenos, Señor Jesús,

reconocerte como único Salvador y comprometemos contigo,
para anunciarte a todos los hombres,
«caminando siempre en tu presencia ».
AMÉN.                       Mc 8,27-35

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

 Primera lectura  Sb 2,12.17-20  “Lo condenaremos a muerte ignominiosa”.

Salmo Responsorial  53  “El Señor sostiene mi vida”.

Segunda lectura  St 2, 14-18  “Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia”.

Evangelio  Mc 9, 30-37  “El Hijo del hombre va a ser entregado". 

 

EL QUE QUIERA SER EL PRIMERO…

 

            Estos domingos vemos a Jesús enseñando con mucha paciencia y dedicación a sus discípulos, les decía que iba a morir en la cruz, les invitaba a ser valientes. Ahora Jesús sigue camino a Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que "no le entendieron y les daba miedo preguntarle". En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

            Ahora los apóstoles discuten: “Sobre la importancia de ser los primeros”, la importancia de estar al mando de los demás. Jesús quiere enseñarles, en qué consiste ser los primeros”. ¿Qué indica ser jefes, guías, autoridades para los demás? Indicará que los que pretender ser los primeros  deben imitarle a él que muchas veces demostró con  su servicio, y su abajamiento al nivel de los hombres para la salvación de todos.

            Parece que todos queremos ser los primeros: el prestigio en ser reconocidos ronda en las mentes, quizá también en ser servidos.

            En nuestra sociedad también vemos a menudo frases: “Estamos a tu servicio” “servirle es nuestro placer”, “La institución que sirve” “brindamos nuestro servicio”.  Son lemas de  las firmas comerciales y gente profesional ¿Será que todos han entendido en qué consiste servir? Pero este servicio es más con afán lucrativo, comercial. Los políticos también has puesto como su lema: “Servir al pueblo es nuestro distintivo” así el verbo servir es rentable, pues por esos servicios, la cliente se le pasa luego factura, en dinero o en poder. No es ésta la  servicialidad  que propone Jesús a sus apóstoles, futuros jefes guías de su nuevo pueblo, la Iglesia; es servidora pero sin facturas, no busca el lucro. Espera ser recompensada en el reino de los cielos. Por eso sirve desinteresadamente con una entrega incondicional. Hermanos, una vez más, Jesús nos enseña –como a los apóstoles- que la verdadera felicidad, la temporal y la eterna, pasa por la humildad del servicio y el sacrificio; los sintetizo diciendo: “El que quiera ser el primero, debe hacerse el último de todos y servidor de todos”.

            El Señor nos llama en su seguimiento, para transformar el mundo desde los puestos de servicio. En la debilidad, en el servicio escondido, allí está la fuerza del cristiano. Allí no se dan la codicia y la ambición que tantas veces corrompen a muchos de los que se mueven en el poder (II° lect. de la Carta de Santiago). En cambio, con una conducta que no se deja manchar puede el cristiano, como el justo del Libro de la Sabiduría (I° lect.), reprender y reprochar aún sin palabras. No importa la aparente debilidad, que será maltratada y amenazada hasta la muerte. La Verdad sigue testificando más allá de la muerte, desde aquellos que creyeron en el poder de la Cruz.

            Jesús es el servidor por antonomasia,  este servicio está lleno de amor, se levanta toma la toalla y comienza a lavarles los pies a los apóstoles; un signo de profunda humildad, muere en la cruz en medio de los ladrones, o su nacimiento en el pobre establo, indican todo esto este gran desprendimiento y el afán de servicio de este Dios, humano.

            Por tanto no impone al hombre que domine sino que sirva, y servir es danos a los demás, servir es ayudar sin buscar lucro personal, recompensa o el afán de llenar nuestros bolsillos. No hay que confundir el servir a los demás con el servirse de los demás. Servir a alguien es amor. Servirse de alguien como de un objeto que solo vale para satisfacer mis apetitos o para llenar mis bolsillos y que dejo después de exprimirlo, se llama egoísmo.

            Un sabio francés decía: “los auténticos guías de la humanidad no son  los que dominan por la fuerza, sino los que sirven con todas sus fuerzas”. Debemos aprender a servir, debemos comenzar a dar nuestras palabras, nuestro tiempo, para ayudar a los demás. Es esto a lo que nos llama Jesús.

            Hermanos, en medio de esta cultura materialista y hedonista, el cristiano está llamado a servir a Dios y servir a los hermanos, sin ninguna distinción, debemos descubrir día por día el gozo de  renunciar al egoísmo. Cristo, el servidor humilde y sacrificado nos propone seguir sus huellas. Cristo afirma que sus seguidores deben cambiar el afán de figurar y ambición de poder, por la humildad y la actitud de servicio. Jesús no descarta la necesidad de líderes y dirigentes, pero establece la norma evangélica: la autoridad de quienes accede a cualquier cargo tiene por objeto servir a los demás, al grupo, a la comunidad.

ORACIÓN

HUMILDAD

«Quien quiere ser el primero, que sea el último de todo

 y el servidor de todos» (Mc 9, 35)

Señor Jesús:

Tú nos hablas un lenguaje extraño al decirnos:

«Quien quiera ser el primero,
que sea el último de todos y el servidor de todos».
Nosotros no te entendemos o preferimos no escucharte,
porque nos preocupa «quién es el más importante»
y continuamos pensando que lo mejor es:

* tener seguridad económica,

* destacar en la vida social,

* triunfar en todos los aspectos,

* buscar lo práctico y lo inmediato,

* imponer nuestra forma de pensar...

Por eso, nos desconcierta tu actitud

de proponernos el camino de la humildad y del servicio.

Nos interpela tu gesto profético al enseñarnos:

«El que acoge a un niño como éste en mi nombre,

me acoge a mí».

Nos sigue «dando miedo preguntarte»,

porque nos cuesta aceptar tu respuesta

y el compromiso y exigencia que supone.

Pero, a pesar de todo, te decimos:

Ayúdanos, Señor Jesús, a imitarte:

— poniendo nuestro corazón en tu amor y no en lo material,

— trabajando con generosidad por el bien común,

— actuando siempre con espíritu de servicio,

— acogiendo los valores espirituales,

— respetando siempre y en todo a los demás.
AMÉN.                         Mc 9, 29-36

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  Nm 11, 25-29  “¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!”.

Salmo Responsorial  18  “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón”.

Segunda lectura  St 5, 1-6  “Vuestra riqueza está corrom-pida”.

Evangelio  Mc 9, 38-43.45.47.48  “El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela".

 

APERTURA Y TOLERANCIA

 

         Seguimos con las enseñanzas de Jesús y nos invitan a tomar una postura la del seguimiento, lo cual no está en una vida según el mundo, o cumpliendo lo que hace el mundo. Este domingo nos invita a fijarnos que las gracias de Dios no se monopolizan en una persona o en un grupo, “el Espíritu sopla donde quiere”. En la primera lectura, vemos que presentan a Moisés quejas porque unas personas que son del grupo de los setenta ancianos también están profetizando, Moisés no los prohíbe al contrario afirma: “ojalá todo el pueblo sea profeta”; algo parecido sucede en el Evangelio, Jesús echa demonios y los apóstoles están celosos, y se quejan porque otros también echaban demonios, Jesús dice: “El que no está contra nosotros, está con nosotros”.

        Hermanos, cuantas veces en la vida, también vemos estas reacciones, cuantas veces nos dejamos llevar por los celos, y excluimos al que no piensa como nosotros, al que no comparte con nosotros; estas actitudes nuestras pueden llevar a escandalizar también a los hermanos.

        Cristianos que siguen a Cristo, siguen también senderos opuestos. Es cierto lo que dice Ghandi: "Yo sería cristiano, sino fuera por los mismos "cristianos"; porque veía que algunos que seguían a Cristo, no lo hacían como debe ser, aquellos que seguían a Cristo, seguían con una vida desordenada.

        Vivimos en una sociedad donde pasea el hombre moderno; un personaje liberado de la antigua moral, pero a la vez esclavo del lucro, sin límites, del placer a toda costa, del individualismo más radical. Esta sociedad este hombre, no quiere oír la palabra escándalo. Una sociedad que ha suprimido el límite entre el bien y el mal; no puede entender la palabra escándalo. Asusta vivir en una sociedad donde la injusticia social y la corrupción institucional; la impunidad y la violencia, nos envuelven como la humedad ambiental.

        Hay varias formas de escándalo; por ejemplo el escándalo de la incoherencia cuando escandalizamos a los demás obstaculizando su vida de fe, alejándolos de la Iglesia, con nuestras palabras, actitudes y acciones opuestas a la fe católica que profesamos. Existe, también el escándalo de la división. Lo denuncia la primera parte del evangelio de hoy y la segunda lectura. Envidia, celos rivalidades, intolerancia, entre aquellos que dicen trabajar por la gloria de Dios y seguir a Jesucristo. Estas mezquindades, no invitan a los de afuera a entrar a la comunidad. ¡Para qué mezclarse con cristianos que, en lugar de amarse comprenderse y ayudarse, se critican, se pelean, se ignoran! Y por último el escándalo de la injusticia, esa brecha escandalosa entre ricos y pobres, cada vez más amplia.

        Dios no quiere que tus pies caminen hacia lugares de pecado sino que caminen con Jesús hacia la vida y caminen con los hermanos a la comunidad del Espíritu.

        Dios no quiere que tus ojos vivan la lujuria del deseo, la pasión de la venganza, la sed de mal. Tus ojos son para ver la belleza de Dios, del mundo y de los hermanos.

        Manos para adorar. Manos para hacer el bien.

        Pies para seguir a Jesús. Pies para hacer camino con todos.

        Ojos para ver a Jesús. Ojos para ver a los pequeños, a los necesitados, el rostros de Dios en todo y en todos.

        No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro".

        En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Los hemos de apoyar en vez de descalificar.

        Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. El no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.

ORACIÓN

HACER EL BIEN  «El que os dé de beber un vaso de agua...» (Mc 7, 41)

Señor Jesús:

«El que no está contra nosotros está a favor nuestro»,
nos dices cuando nos molesta que otros hagan el bien.
Valorar y respetar a los demás

nos lleva a descubrir que:

«Donde hay Espíritu,

las cosas pueden ser difíciles,

pero no imposibles.

Donde hay Espíritu,

el camino puede ser lento,

pero se hará siempre el camino.

Donde hay Espíritu,

allí habrá novedad y futuro...

a pesar de todo».

Desde esta perspectiva,

nos invitas a evitar el escándalo,

como obstáculo puesto a la fe

por los mismos creyentes.

Escandalizamos cuando:

nuestras manos no construyen el Reino,

nuestros pies no siguen el Evangelio,

nuestros ojos no perciben tu presencia...

Ayúdanos, Señor Jesús,

a hacer el bien en lo pequeño y cotidiano,

aunque sea sólo con «un vaso de agua».

Permítenos ser coherentes y sembrar en los «pequeñuelos»

la novedad de tu mensaje esperanzador.

Concede santos y abundantes sacerdotes

a tu Iglesia, en este año sacerdotal

que hagan el bien en nombre de Jesús,

a todos los hombres de hoy.

Suscita vocaciones entre los jóvenes.

AMÉN.              Mc 9, 37-42.44.46-47

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  Gn 2, 18-24  “Y serán los dos una sola carne”.

Salmo Responsorial  127  “Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida”.

Segunda lectura  Hb 2, 9-11  “El santificador y los santificados proceden todos del mismo”.

Evangelio  Mc 10, 2-16  “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre".

 

UN AMOR DE POR VIDA

        En sus enseñanzas Jesús, tampoco había olvidado lo que significa el compromiso de dos personas en la vida matrimonial, lo tenía muy claro. Este domingo hace referencia a la vida matrimonial, al sentido y significado de la fidelidad. Desde la primera lectura del libro del Génesis, invita que hombre y mujer aunque distintos, sin embargo se complementan profundamente.

        En el evangelio unos fariseos introducen el tema haciendo a Jesús una pregunta sobre la licitud o ilicitud del divorcio y él les responde afirmando rotundamente la indisolubilidad del matrimonio. Para ello se remite al proyecto original de Dios sobre la unión del hombre y la mujer. Ese plan no coincide con la posterior tolerancia de la ley de Moisés  que permitía al varón el divorcio entregando a la mujer un acta de libertad “porque descubre en ella algo que le desagrada” (Dt 24,1). Cristo declara abolida tal ley al hacer patente la intención primera de Dios respecto de los sexos, del matrimonio y de la familia; proyecto divino que no se aviene con la ruptura del vínculo matrimonial por el divorcio, como claramente explica el Señor a sus discípulos en casa.

        Nos cuentan que un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.  El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio personal:  Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había fallecido.  Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. De pronto pidió que lo llevasen al cementerio. "Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora!" Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: - "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: - "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa, se limpió la cara y continuó: - "Ella y yo estuvimos juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban. Siempre estuvimos juntos. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera". Por fin entendieron que el amor verdadero supera todo romanticismo, el amor verdadero es una entrega total, es una visión de persona a persona, es mirar los dos en una sola dirección, no tiene que ver con el erotismo más bien es una comunión de personas. Es capaz de negarse y sufrir  cualquier cosa por el otro.

        Lo que Dios ha unido, fórmula del matrimonio que remarca la indisolubilidad del compromiso, según Jesús no surge de una ley exterior al mismo, sino de su misma naturaleza. Hombre y mujer están hechos el uno para el otro en absoluta igualdad, y al unirse en matrimonio constituyen “una sola carne” por disposición divina por eso concluye: “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Se debe por tanto consolidar el proyecto matrimonial cada día, creciendo más y más en el amor y en la madurez personal día a día, con tenacidad, reflexión y generosidad.

        Qué importante es que nuestros jóvenes puedan cimentar sus vidas en una formación sólida en el amor, el afecto limpio, el valor del compromiso, el saber compartir, respetar y valorar a la persona en sí. Una educación en el amor es esencial desde pequeños. El matrimonio cristiano es una vocación, la vocación a la santidad, además el matrimonio cristiano es un sacramento que concede gracias necesarias a los esposos, para hacer frente a cualquier problema que pueda surgir. Todo amor verdadero viene de Dios, que es amor, y a él debe conducir, sin que se confinen en planos distintos el amor humano y el cristiano. Es necesario por tanto que los casados puedan renovar su amor cada vez, teniendo la presencia de Dios en sus vidas, evitando todo aquello que pueda afectar su vida matrimonial.

        Para bailar merengue se necesitan dos, tú y yo. Para hacer un matrimonio cristiano se necesitan tres, tú y yo y Dios.

        Dios y su fidelidad, Dios y su amor, Dios y su perdón son el ingrediente que da sabor y hace posible la, a veces imposible, relación humana.

        El matrimonio no es sólo la llamada de la carne, del sexo, de lo incompleto es también la llamada de Dios a transmitir la vida y a vivir en un estado nuevo el amor de Dios y de los hermanos.

        Es una vocación tan seria como la vocación al sacerdocio.

        En el matrimonio eres don de Dios para tu pareja.

        "El sacramento del matrimonio no celebra el flechazo, ni un modo de instalarse cómodamente en la sociedad, se celebra el amor, el encuentro con el otro, el afecto sereno, la confianza y la confidencia sin reserva, la comunicación, la aceptación y el conocimiento real. Se celebra la instalación en el amor con futuro, capaz de romper cualquier fisura. Se celebra el amor con deseo de totalidad, de entrega sin límites. Quien más capacidad de amor posee, más capacidad de servicio desarrollará. La dimensión humana y cristiana del amor no se agota en la relación afectiva, sino que implica el servicio a los demás".

ORACIÓN

 MATRIMONIO CRISTIANO

«Lo que Dios fui unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10. 9)

Señor Jesús:

Nuestros obispos nos recordaban
en el Documento sobre la Moralidad Pública:

«En el plano de la familia tampoco faltan,
desgraciadamente, signos preocupantes.
Junto a comportamientos nada ejemplares
de no muchos individuos, pero bien orquestados
y hasta admitidos socialmente
como el cambiar de pareja,
la infidelidad conyugal,
la falta de ejemplaridad
en personajes representativos
o el número cada vez mayor de divorcios...»
Ante esta constatación y realidad,
nos enseñas en el Evangelio:

«Serán los dos una sola carne...
Lo que Dios ha unido
que no lo separe el hombre».
Por eso nos recuerdas, Señor Jesús,
lo importante y trascendental del matrimonio
en el que los cristianos debemos introducir
«la Buena Nueva de tu mensaje,
para que, con su influjo, transformar desde dentro,
renovar a la misma humanidad»
Ayúdanos a realizarlo según tu plan,
para que tu amor «nos bendiga
todos los días de nuestra vida»
AMÉN.                       Mc 10, 2-16

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURAS.

 Primera lectura  Sb 7, 7-11  “En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza”.

Salmo Responsorial  127  “Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría”.

Segunda lectura  Hb 4, 12-13  “La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón”.

Evangelio  Mc 10, 17-30  “Vende lo que tienes y sígueme".

 

POBREZA LIBERADORA PARA SEGUIR A CRISTO

 

        Hermanos estamos en este tiempo ordinario. El domingo pasado el evangelio se centraba en la fidelidad del matrimonio. Hoy Jesús nos habla de la postura que debe tener sus seguidores, en ese diálogo con el joven rico nos invita a valorar y practicara la pobreza, porque eso significa seguir a Jesús. El que pone su corazón en las riquezas hermanos, nunca dirá que ya basta es suficiente, cual fuego que se expande cuanto más se echa gasolina, así es la ambición por la riqueza.

        Cuantas injusticias, peligros, hasta muerte son ocasionados por el afán del dinero, la ambición que pone el hombre en su vida.

        Es verdad que para la mentalidad semita viejo testamentaria  la riqueza era señal del favor divino y constituía un bien, sino absoluto, al menos relativo en la vida del hombre. Pero también era encarecida y estimada la limosna al pobre porque “así se tenía un tesoro en el cielo”. Más tarde Jesús relativiza la riqueza, previniendo incluso de sus graves riesgos, como leemos en el evangelio de hoy.

        Hermanos, en verdad, la riqueza no da felicidad, nos dice de aquel rey que tenía todo para vivir y disfrutar no se sentía feliz, al contrario cayó en una profunda depresión y estuvo muy enfermo y desolado, no había felicidad en su vida. Después de averiguar encontraron al hombre que podía salvarle al rey, este era un pobre leñador.

        El Príncipe alzó la cabeza y se volvió hacia él. Un repentino interés brillaba en sus pupilas. ¿Acaso no era esa la sonrisa de un hombre feliz¡ luego, examinó al leñador. Era fuerte y de mediana edad; su piel parecía curtida por la brisa; a la legua se veía que era pobre, pues tan sólo un jubón y unos calzones de pana, sujetos por una cuerda a la cintura, cubrían su cuerpo. Miraba con inocencia, claros los ojos, limpio el corazón. Y mantenía su sonrisa, reflejo de una conciencia en paz.  - ¿Eres feliz, leñador? -le preguntó el Príncipe. - ¿Cómo decís, señor? - ¡Que si eres feliz! - ¡Naturalmente! ¿Por qué no habría de serio? Tengo cuanto necesito para vivir contento: una mujer deliciosa, un trabajo que nunca escasea, una choza resistente, pan y vino en la mesa, frutos de los árboles este río tan hermoso... ¡Sí, soy un hombre feliz! 
- Te conformas con muy poco, leñador -contestó el Príncipe, despectivo-. ¿Sabes? Hay grandes maravillas lejos de este bosque, cosas que te asombrarían. - ¿Dan más felicidad que esto?  - Pues... no - confesó el joven, desconcertado. -Entonces, ¿para qué las quiero? Cuentan que vuelto a su palacio el rey comenzó a servir a los pobres, dar sus bienes a los necesitados, visitar y consolar a los enfermos y encontrar la clave de la felicidad.

        Hoy en día el mundo también nos ofrece una serie de propuestas, aparentemente al alcance de la mano, podemos tener casi todo. Pero en medio de tantas ofertas el mundo sigue sufriendo, está infeliz y triste, será porque nos falta optar verdaderamente por Dios? Así como el joven del evangelio, corrió al encuentro de Jesús para recibir una respuesta, así también los jóvenes de todos los tiempos corren y se arrodillan ante otros ídolos, buscan el dinero para independizarse, buscan el sexo sin compromiso, quieren triunfar sin esfuerzo, libres sin responsabilidades, no hay muchos en la iglesia, miren a su alrededor…

        Este joven del evangelio nos sorprende porque, aparentemente, tiene sentimientos y preocupaciones más nobles, exteriormente es un personaje que cumple, que ama al único Dios y ahora quiere saber cómo heredar la vida eterna. Jesús conoce más que nadie, mira el exterior y lo interior de las personas, sabe que este joven no es libre en su totalidad, está atado, es esclavo de sus bienes. Cuando Jesús le indica que el verdadero amor y preferencia absoluta por Dios supondrían que venda sus bienes y entregue el producto de tal venta a los pobres, el  joven se marcha. Y es que sus bienes competían en su corazón con Dios. Más aún sus riquezas tenían mejor posición que Dios en el corazón de ese hombre. Exteriormente amante de Dios, pero en verdad, amante de sí mismo y sus riquezas. Nosotros hacemos cosas para matar el tiempo, para divertirnos, para ganarnos el pan, hacemos unas cosas por obligación y otras por gusto…

        Sin embargo Jesús no siempre nos dará una respuesta como esperamos nosotros, al joven del evangelio le planteó una nueva manera de vivir, de ser feliz, de sentirse realizado en su vida, de  liberarse de toda atadura. Le invita a vender todo lo que tiene, darle a los pobres y seguirle en el camino de Dios.

        Ser de otra manera es ser libre. Sólo una persona libre puede seguir a Jesús.

        El joven no era libre, le ataban sus riquezas, era un esclavo,

        No podemos seguir y aceptar a Jesús si alguien o algo nos controla.

        No sabemos el nombre del joven. Pero sabemos nuestro nombre y hoy recibimos la misma invitación: "Ven y sígueme".

        Ven, no a hacer, sino a ser como yo, solidario, justo, fiel y servidor como Jesús. Yo seré tu libertad, tu tesoro, tu vida eterna.

        El joven rico quiere añadir a lo que ya tiene una posesión más, la vida eterna. Y busca a un Maestro Bueno para que le dé la receta mágica.

        Los bienes materiales se heredan, se compran, se roban, se arriendan… pero la vida eterna, don de Dios, está en otra dimensión, no es un bien acumulable, es un camino que hay que recorrer bajo la guía del Espíritu y de la Palabra de Dios.

        A lo largo del camino hay que estar atentos a "las diez palabras", los diez mandamientos, a la obediencia a Dios porque sólo Él es bueno. No se trata de amontonar nada, ni siquiera buenas obras. Si nos dejamos guiar por Dios nuestro obrar será bueno y agradable a los ojos de Dios y de los hermanos.

        Muchos argumentan: por supuesto que hay que renunciar al mal bajo todas sus máscaras pero ¿por qué hay que renunciar a la riqueza y a las cosas buenas de la vida?

        Renunciar no es hacer ascos de nuestra prosperidad.

        Renunciar no es despreciar las bendiciones materiales que vienen de Dios. Pero es saber vivir desprendidos no dependientes o esclavos de aquellos bienes que en vez de abrir nuestros corazones nos lo cierran.

 

 ORACION

RENUNCIA

«Vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres...»
(Mc 10, 21)

Señor Jesús:

Para ser tus discípulos

nos exiges una renuncia a las «riquezas»,
que pueden convertirse en un «ídolo»,
que esclaviza a los hombres:

— haciéndonos creer autosuficientes;

— prescindiendo de los demás y

— olvidándonos de Dios...

Sin embargo, seguimos poniendo «la confianza en el dinero

y «fruncimos el ceño» y vamos a la nuestra,

como «el joven rico» del Evangelio,

que contrasta con la de los discípulos

que han renunciado a todo.

Como nos están recordando nuestros obispos,

para emprender la «nueva evangelización»

debemos ser «testigos del Dios vivo»,

que es «anunciar a Jesucristo en nuestro mundo

con obras y palabras».

También nos recuerdas, Señor Jesús,

que realizar y vivir estas actitudes

«es imposible parar los hombres, no para Dios.

Dios lo puede todo».

Danos «la prudencia... y el espíritu de sabiduría»,

que sea nuestra «luz»,

y nos ayude a seguir en fidelidad.

AMÉN.           Mc 10, 17-30

 

 XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 Lecturas

Primera lectura  Is 53, 10-11  “Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos”.

Salmo Responsorial  32  “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”.

Segunda lectura  Hb 4, 14-16  “Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia”.

Evangelio  Mc 10, 35-45  “El Hijo del hombre ha venido para servir y no ser servido".

 

SER GRANDES CON JESÚS.

 

        Hoy domingo el Señor nos vemos a Jesús caminando hacia Jerusalén, sigue anunciando la pasión y los sufrimientos que tiene que padecer el Mesías. Hay una solicitud de poder por parte de Santiago y Juan. Una respuesta de Jesús a los dos hermanos; en las  imágnes del cáliz y del bautismo hay una referencia a la pasión del Señor y la instrucción del Señor sobre la autoridad que se centra en el servicio.

         Antes que nada, les expone lo que sucede en los pueblos del imperio romano. Todos conocen los abusos de Antipas y las familias herodianas en Galilea. Jesús lo resume así: Los que son reconocidos como jefes utilizan su poder para “tiranizar” a los pueblos, y los grandes no hacen sino “oprimir” a sus súbditos. Esto no solo era en el imperio Romano, basta mirar la historia donde vemos autoridades más que servidores ejercieron su poder con tiranía.  Jesús no puede ser más tajante: “Vosotros, nada de eso”.

        No quiere ver entre los suyos nada parecido: “El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, que sea esclavo de todos”. En su comunidad no habrá lugar para el poder que oprime, solo para el servicio que ayuda. Jesús no quiere jefes sentados a su derecha e izquierda, sino servidores como él, que dan su vida por los demás.

        Jesús deja las cosas claras. Su Iglesia no se construye desde la imposición de los de arriba, sino desde el servicio de los que se colocan abajo. No cabe en ella jerarquía alguna en clave de honor o dominación. Tampoco métodos y estrategias de poder. Es el servicio el que construye la comunidad cristiana.

        Cristo  contrapone dos estilos de autoridad diametralmente opuestos: mandar dominando o bien servir sin pasar factura. El primero era la idea original de los apóstoles y es el modelo habitual de la sociedad civil, por muy democrática que parezca; el segundo es el modelo de autoridad que Jesús quiere apara su Iglesia y el que él practicó. “el Hijo del hombre vino a servir” lo demostró Jesús con su ejemplo atendiendo a los enfermos, compadeciéndose de los pobres, los que sufren, de los pecadores, en la última cena se pone a lavar los pies de los apóstoles.

        Nosotros somos los carteros del rey. Nosotros somos enviados todos los domingos a llevar la carta del rey, la palabra de Dios, a Jesucristo, a los muchos hermanos que esperan una buena noticia. No podemos quedarnos con algo que no es sólo nuestro, Jesucristo pertenece a todos los hombres. Y Jesús nos dijo; "vayan por todo el mundo y entreguen la carta de mi amor a toda criatura."

        Entre nosotros hay hermanos que se llaman cursillistas, servidores, catequistas, lectores…

        El domingo mundial de oración por los misioneros nos da otro título hermoso.

        Todos somos los "carteros del rey". ¿No le gustaría llevar una carta a ese niño enfermo que espera en su ventana una buena noticia?

        Todos deberíamos salir con nuestro saco lleno de cartas para repartir a los amigos.

        En el evangelio de hoy vemos como los dos hermanos, Santiago y Juan, no querían ser carteros, les parecía poca cosa, querían sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús.

        Jesús no quiere gente sentada sino gente en camino.

        Jesús no quiere gente que sea número uno a la que hay que servir y admirar sino gente que sea el último número y se ponga a servir.

        Jesús quiere gente que beba el cáliz del sufrimiento y reciba el bautismo de la muerte.

        La gloria y la salvación es don de Dios y se regala a los que siguen el camino de Jesús y viajan con Él hasta el final, hasta la cruz.

        "Entre ustedes no ha de ser así". Evitemos la manía del ranking, del héroe de la semana, del número uno de la promoción…

        Jesús nos ofende y escandaliza, nos ofrece el número último, hacernos niños e hijos a los que el más grande de todos cuida, acaricia y ama sin medida.

        El testimonio insoslayable de la comunidad cristiana de hoy debe ser también el servicio y no el poder. La lección de Cristo enseña hoy a la Iglesia toda, pueblo y jerarquía está al servicio de los demás a causa del reino de Dios y no para buscar la gloria. El mejor testimonio de la comunidad creyente en medio de nuestro mundo y la auténtica novedad del cristianismo hoy día será volver a las fuentes del evangelio; es decir, a la persona y doctrina de Jesús, rey mesiánico y servidor paciente que rompe la malla asfixiante de la ambición y de dominio, para optar con él por el servicio la fraternidad y la solidaridad con los más humildes y marginados de la sociedad en que vivimos.

        Cristo es “nuestro seguro servidor”. Él se nos entrega totalmente en cada Eucaristía, Él espera que nos acerquemos para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. No nos limitemos a “hacer servicios”, seamos de verdad “los seguros servidores”, los Misioneros de la Fe, porque esa entrega nuestra será el testimonio más creíble en la nueva evangelización, porque aunque suponga esfuerzo, sacrificio y renuncias, estaremos compartiendo la misión de Cristo y nos sentiremos unidos a Él, porque es el medio para que el Reinado de Dios se vaya extendiendo y todos puedan llevar una vida digna como verdaderos hijos de Dios.

 ORACIÓN

Te damos gracias, Señor Dios, padre nuestro

Por llamarnos al seguimiento de Cristo,

que inauguró un mundo nuevo en el que los primeros

 y los más grandes son los que sirven a los demás.

Haz, Señor, que asimilemos la enseñanza         

y ejemplo de Jesús y optemos

por unas relaciones fraternas de amor y mutuo servicio,

 desechando como fardo inútil nuestra supuesta importancia,

aceptando con alegre sonrisa a los demás tal como son

y compartiendo las penas, los gozos y la esperanza de todos.

Cúranos, Señor, de nuestro egoísmo,

soberbia e intolerancia, pues queremos vivir al estilo de Jesús:

amar sin pasar factura y servir en tu nombre a todos los hermanos sin distinción. Amén.

 

 

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas

Primera lectura Jr 31, 7-9  “Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos”.

 Salmo Responsorial  125  “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”.

 Segunda lectura  Hb 5, 1-6  “Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec”.

 Evangelio  Mc 10, 2-16  “Maestro, haz que pueda ver".

 

CREER PARA VER

 

        Hoy domingo, vemos a un  ciego, que pide a gritos ver la luz. Ver la luz significa distinguir las cosas, ver la luz indica, conocer las cosas por su nombre. Nos imaginamos al ciego Bartimeo, tener tantas preguntas sin resolver, tantas dudas e intentos de saber. La oscuridad le envolvía toda su vida. Nos dice que el ciego pedía a gritos ver a Jesús, pedía a gritos en definitiva ver.

        Al enterarse de que se acercaba Jesús, comenzó a gritar a voz en cuello para superar el rumor de la gente: “Jesús hijo de David, ten compasión de mi”. Era Jesús su única esperanza y su fe le invitaba a buscarla y obtener así la curación de su mal.

        En la vida, hay también tantos ruidos, tantos gritos y reclamos parece que el mundo anda de mal en peor; sin embargo, en el mundo  hay mucho más bien que mal. Lo que sucede es que el mal hace mucho ruido. Hace más ruido un árbol que se cae que un bosque que crece.

        Bartimeo, el limosnero ciego y sentado a la orilla del camino es cada uno de nosotros.

       

        Estar a la orilla del camino es

            vivir marginado,

            vivir sin esperanza,

            vivir de espaldas a la sociedad, sin relaciones,

            vivir sin amor.

        Y estar ciego es no ver,

            no ver a Dios,

            no ver a los hermanos,

            no verme a mi mismo.

    La ceguera es también ver pero no con los ojos de Dios, sino ver con los ojos del odio, la avaricia, los ojos de la lujuria, de la envidia…

    Bartimeo, limosnero ciego y sentado a la orilla del camino, es la historia de nuestra comunidad, la historia de nuestro barrio, de nuestra ciudad.

    Cuántos Bartimeos, hombres y mujeres, en la orilla de nuestras calles, ciegos a las bendiciones de nuestro Dios y ávidos de hacer un mal negocio.

        Cuántos Bartimeos, hombres y mujeres, niños y jóvenes, que ya no esperan nada, que no sienten la necesidad de salvación, que no quieren encontrarse con el Jesús que pasa cada día a nuestro lado.

        Ojalá como Bartimeo busquemos verdaderamente a Jesús que nos puede salvarnos y purificarnos. Bartimeo no se cansa de gritar,  y reconocer su limitación, no se detiene cuando le mandan callar la turba. Nos dice que cuando escuchó que llamaba Jesús saltó de improviso y con una decisión firme soltó el manto y se acercó ávidamente a Jesús. Y una vez curado le sigue con mucha decisión. Nosotros también necesitamos creer para ver las maravillas de Dios. Cuantos santos, hombres de Dios confiaron totalmente en Dios y no quedaron defraudados así san Pablo, san Agustín y tantos otros. Como en el caso del ciego, la fe equivale a estrenar ojos nuevos para ver la vida, el mundo y los hombres desde Dios para iluminar y dar sentido a la existencia individual y comunitaria de cada día, para entender la realidad personal, familiar y social.

        Necesitamos fe para captar la presencia de Dios en la historia y no de los del hombre terreno.

        Necesitamos la fe para captar la presencia de Dios e la historia humana, en el camino personal de cada uno y sobre todo en la persona de Jesús, el gran signo del Padre y el sacramento del encuentro del hombre con Dios. De lo contrario los acontecimientos de cada día no pasarán de ser menos sucesos fortuitos, y tal vez absurdos.

        Creer para ver y amar para creer. He aquí los dos tiempos de un mismo ritmo. Claro es que para conseguir esto habremos de repetir con frecuencia la oración de fe del ciego del camino: Señor que yo pueda ver, que te ve presente en el curso de la vida, en los hombres y en los hechos diarios para descubrir los signos de tu presencia salvadora y de tu llamada amorosa.

        Hermanos viajamos por el mundo, inundados por tantas imágenes que se nos presenta, pero nos hemos preguntado. ¿Verdaderamente veo con ojos de Dios? ¿Aquello que veo me conduce a la presencia divina? O tal vez estoy en la oscuridad, en la noche de la vida sin distinguir y valorar lo que hay a mi alrededor. En este Año de la Fe, todos llamados a creer en Jesucristo, Tú solo Señor, Tú solo santo, Tú solo compasivo, Tu solo Salvador.

               

ORACIÓN:

 

SEGUIR A JESÚS:

«Y lo seguía por el camino» (Mc 10, 52)

 

Señor Jesús:

Desde el «borde del camino»

en que muchas veces nos sentimos,

queremos abrimos a la esperanza

de encontramos contigo, como el ciego Bartimeo.

Reconocemos las causa de las «cegueras» que nos esclavizan:

— miedo a fracasar como creyentes,

— falta de unidad entre los miembros de la Iglesia,

— dificultades de seguirte en coherencia,

— comodidad e individualismo que nos paraliza,

— insensibilidad para «verte» en nuestras vidas,

— inseguridades...

Sin embargo, nos alientas y nos dices constantemente:

«Ánimo, levántate...»
Necesitamos superar las «cegueras»
y convencernos de una «fe» grande que «cura»
y nos hace «recobrar la vista».
Ayúdanos, Jesús,

a «seguirte por el camino» cada día
y a descubrir vitalmente
lo que decimos en una de las Plegarias Eucarísticas:

«Quisiste venir al mundo,

porque los hombres nos habíamos separado de Ti
y no lográbamos entendernos.
Tú nos abriste los ojos,

para que veamos que todos somos hermanos
y que el Padre lo es de todos».
AMÉN.                 Mc 10,46-52

 

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  Deut  6,2-6 Escucha Israel: amarás al Señor con todo el croazón”.

 Salmo Responsorial  17. , “Yo te amo Señor, tú eres mi fortaleza”.

 Segunda lectura Hebreos 723-28. “ Como permanece para siempre tiene el sacerdocio que no pasa”

 Evangelio  Mc 12,28b-34. “No estás lejos del reino de Dios”.

 

AMAR SIEMPRE

 

        Un escritor escribía lo siguiente: esta mañana he recibido esta terrible noticia. “Barnard ha muerto”. Barnard era amigo mío y se ha suicidado. Barnard, mi querido amigo ¿Por qué lo has hecho? ¡Quien lo sabe! ¿Tal vez por que te faltó una verdadera amistad, l a que hace que el peso que se lleva a cuestas resulta menos pesado porque otros lo llevan contigo?

        Barnard hoy he hecho casi doscientos kilómetros para pasar la tarde cuando estabas muerto, pero cuanto estabas vivo yo nunca hice unos cuantos kilómetros para pasar la tarde contigo ¿Por qué la amistad se expresa solo ante un cadáver y no ante un rostro de carne y huevo que vive, mira y espera? Hermanos, hoy el Señor nos habla sobre el sentido del amor. No hay mandamiento más grande que el “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.

        El amor a Dios y al prójimo es esencial en la religión. Porque Dios que es amor, hizo a todos los hombres a su imagen y semejanza, libres e iguales en dignidad y destino. Y el hombres, reflejo de Dios, está hecho para amar todo lo que Dios ama. Pues bien, él que es padre de todos, ama al hombre que creó; y lo ama tanto que le entrega a su propio Hijo, hecho un hombre más. Jesucristo, palabra e imagen del Padre, se convierte así en la revelación personal del amor de Dios. Dios había dado sus mandamientos a su pueblo, y por el afán de perfección los judíos habían multiplicado y tenían como seiscientos trece preceptos,  entre mandatos y prohibiciones, estaban casi confundidos por tantos mandamientos. Jesús les deja en claro que los dos: amor a Dios y amor al prójimo van juntos, se complementan.

        La palabra clave de hoy es “amor”. Pero el amor no se explica; el amor se experimenta, se vive, se siente. Dios nos pide y manda que lo amemos. Este sólo hecho debiera emocionarnos. Dios no se presenta como el Creador soberano, el legislador radical absoluto. Dios parece aquí simplemente, como alguien que quiere ser amado, Dios prefiere el del amor. ¡Amarás! Es su consigna, todo los demás viene por añadidura. Nuestro Dios no es un tirano, no es un legislador de minucias conventuales, no es amante de la obediencia ciega. El amor hace sus elecciones y el creyente elige amar a Dios, amor que no es tan espontáneo y tan sensible como amar a las criaturas, pero que también tiene sus expresiones y manifestaciones sensibles, cultuales, y hasta sus éxtasis.

        El mandamiento de Jesús se dirige a la persona: su corazón, su alma y su mente, no al instinto. Los animales obedecen al instinto. Nosotros obedecemos al Dios que nos amó y nos ha hecho a su imagen.

        Dios es maravilloso. Nos ha creado a todos distintos: altos o bajos, blancos o negros, listos o un poco faltos… pero a todos a todos nos ha creado con la capacidad de amar y la necesidad de ser amados. Esa sed y ese hambre de amor la llevamos todos dentro. Otra cosa es cómo y dónde la saciamos.

        Amar a Dios no es sentir el corazón inflamado por la emoción,  ningún amor es una pura cuestión sentimental. El amor, es ciento, produce estados de ánimos especiales, pero su esencia no es el puro sentimiento, sino una actitud más firme y sólida: el amor es una elección, una decisión, una entrega de sí. Es salir de uno mismo, de sus ataduras, de su egoísmo. Esto mismo nos ha demostrado la madre Teresa de Calcuta, por amor se fue de Albania a la India, por amor, fue capaz de poner su vida, su corazón al servicio de pobres y enfermos, y superar las mil dificultades en el camino. Un gramo de amor crea más vida que toneladas de fría inteligencia. La experiencia revela que el amor es la secreta fuerza de muchas personas sencillas, que no llaman la atención por sus cualidades deslumbrantes, pero que irradian vida en torno suyo y están abiertos generosamente a los demás en actitud de fraternidad y simpatía. Por otra parte, es también un hecho innegable que por pereza, por egoísmo, por falta de ascesis y de atención interior, cada uno de nosotros tenemos sin explotar muchas posibilidades de amar a Dios a y los hermanos. Son los talentos que dejamos baldíos.

        El amor es lo que hemos de acentuar en las tensiones que inevitablemente surgen en la Iglesia y en toda comunidad cristiana, familiar y religiosa ante opciones dispares y posibles por el reino de Dios necesitamos sinceridad para auto examinarnos sobre el amor que es lo central; lo demás son diferencias y matices que resultan normales y que son sacrificables a la unidad o asimilables dentro de un legítimo y rico pluralismo.

ORACIÓN

AMAR

«Amarlo con todo el corazón...» (Mc 12,33)

 Señor Jesús:

Tú eres el rostro del Padre y la concreción de su amor,
que nos ratificas el AMOR «como única ley a cumplir
y como única asignatura a aprender»
Éste es el camino para vivir el Reino.
Un Reino que supone AMARTE:

— «con todo el corazón», es decir,

con nuestra capacidad de amar y ser amados,

— «con toda el alma», esto es,

con nuestra capacidad espiritual y trascendente,

— «con toda la mente», o sea,

con nuestra capacidad intelectual y de comprensión,

— «con todo el ser», es decir,

con nuestra personalidad íntegra...
A primera vista parece difícil y exigente,
porque lo pides todo,
pero esto quedaría en algo abstracto,
si no se completa con la otra cara del mandamiento:

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Los demás son el medio para hacerlo realidad,
ya que quieres unas relaciones que expresen:

— sentimientos fraternos hacia todos,

— compartir los valores espirituales,

— entrega y servicio incondicional de hermanos...

Permítenos, Señor Jesús,

esforzamos en conseguirlo,

porque «te amamos y eres nuestra fortaleza».

AMÉN.              Mc 12, 28-34

 

 

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  1 Re 17, 10-16  “La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías”.

Salmo Responsorial  145  “Alaba, alma mía, al Señor”.

 Segunda lectura  Hb 2, 9-11  “Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos”.

Evangelio  Mc 12, 38-44  “Esa pobre viuda ha echado más que nadie".

 

DARLO TODO POR AMOR

 

         Dos mujeres pobres y generosas. La palabra de este domingo nos presenta a dos mujeres creyentes y generosas, que  además tienen en común el pertenecer a esa clase de personas insignificantes que hoy día no serían entrevistadas por los periodistas ni perseguidas por las cámaras de las revistas del corazón  y del cotilleo, pues no son jóvenes ni bellas, no tienen sangre azul ni pertenecen a la alta sociedad, no son influyentes ni poseen abultadas cuentas bancarias, y no se casan ni se divorcian para los fotógrafos. Sin embargo, su talla moral es impresionante.

        Dicho en breve, son dos mujeres viudas y pobres; por tanto están dentro de un grupo social que encarnaba la desgracia y el colmo del infortunio en aquella sociedad de entonces, por  carecer de marido y de ingresos. Por todo ello solían ser blanco de la pobreza, de la injusticia y de la explotación; pero objeto preferencial de la atención del Señor que, como proclama el Salmo responsorial de este domingo, "hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, sustenta al huérfano y a la viuda, y trastorna el camino de los malvados" (Sal 145).

         Para experimentar esa espléndida generosidad de Dios, hemos de arriesgar nuestra mezquina seguridad, confiando plenamente en él. Así es como las dos mujeres de la palabra bíblica de hoy fueron correspondidas con el favor divino.

        La primera es una viuda de Sarepta, ciudad fenicia al sur de  Sidón (hoy Líbano). Ella fue una de las víctimas del hambre producida por una terrible sequía de tres años y medio en tiempos del profeta Elías (s.IX a.C), Tal como Elías anunció, ése fue el castigo de Dios a Israel por el culto idolátrico a Baal, dios de la fecundidad de la tierra, introducido por el rey Ajab y su esposa fenicia Jezabel. Aunque la pobre viuda no era judía sino pagana, se fió de la palabra del hombre de Dios y compartió su último panecillo con el profeta Elías. Su generosidad le mereció el favor divino: ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó hasta que pasaron la sequía y el hambre Las matemáticas de Dios. La segunda es una pobre viuda que deposita en la alcancía del templo de Jerusalén lo poco que posee. El relato evangélico es admirable: "Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero. Muchos ricos echaban en cantidad. Se acercó  también una viuda pobre y echó dos reales. Llamando Jesús a sus discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra; pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir".

        La valoración de Dios para gestos así no se mide por el criterio al uso: la cantidad, sino por su significado intencional, que es la plusvalía personal añadida. En su "apuesta" por Dios, aquella pobre mujer se jugó todo lo que poseía; por eso, aunque dio tan sólo dos reales, "echó en el cepillo más que nadie", dice Jesús. Así con las matemáticas de Dios. Esta pobre viuda ha entrado ya en el reino de Dios por la puerta grande de la bienaventuranza de los pobres que, vacíos de todo y de sí mismos, están disponibles por completo ante Dios.

        La mayor y la mejor riqueza de la Iglesia no son sus grandes templos ni sus tesoros artísticos sino su libertad y su servicio generoso a los pobres y su anuncio de Jesucristo, su Señor y su riqueza. Todo lo demás le sobra. La Iglesia no anuncia el evangelio de la prosperidad sino el evangelio de la comunión y de la encarnación entre los pobres.

        En los dos casos bíblicos de hoy, la calidad personal, la actitud de compartir lo que se tiene y la auto donación, incluidas en el gesto de ambas viudas, contaron ante Dios más que la cantidad material de su respectiva ofrenda, bien insignificante en ambos casos: un panecillo y unos céntimos.

         La mejor manera de expresar amor. El evangelio del domingo pasado nos enseñaba que el cristianismo es una religión basada en el amor. Y el de hoy, con la figura central de la viuda generosa que merece una mención especial de Jesús para un actor secundario, nos dice que el cristianismo es la religión del dar, más aún, del darse uno mismo. Porque ésta es la mejor manera de expresar amor. Para no incurrir en la hipocresía que condenó Jesús en escribas y fariseos -primera sección del  evangelio de hoy-, el don que se ofrece a Dios debe expresar la entrega personal y servicial del oferente, como en el caso de la viuda de los dos reales. Pues para que un regalo sea símbolo de nuestro amor a una persona debe incluir algo de autodonación. 

        La auténtica religión y adoración en espíritu y verdad, el culto verdadero y completo, es la religión de la vida entera, vivida con fidelidad plena a la voluntad de Dios y en solidaridad con el hombre, especialmente con nuestros hermanos más débiles y necesitados. Al salir del templo es cuando palpamos la verdad o mentira de nuestro culto y religión. Una vez más, Cristo Jesús es nuestro modelo. Él fue el gran adorador del Padre en espíritu y verdad. Él es el gran sacerdote y la víctima de la nueva alianza y del nuevo culto que culmina en la fórmula cristológica y trinitaria que cierra la plegaria eucarística: Por Cristo, Con él y en él...

        ¿Cuál es tu ofrenda para el Señor? ¿Qué te sobra? ¿Qué te falta?

        "Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevar contigo nada de lo que has recibido, solamente lo que has dado: un corazón enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor”. San Francisco de Asís

ORACIÓN

ESFUERZO

«Ha echado todo lo que tenía para vivir»(Lc 12, 65)

 Señor Jesús:

Eres muy duro con aquellas personas,
que buscan destacar y ser el centro de todo;

que utilizando todos los medios para dominar.

Sin embargo, alabas a la «pobre viuda» del evangelio

«que pasa necesidad, y ha echado todo lo que tenía que vivir».

No miras la cantidad, sino el esfuerzo y el amor

de lo que se comparte con los demás

y con lo que se contribuye al sostenimiento de la Iglesia.

Quieres personas que aprendan de la generosidad de la viuda

y den «más que nadie»:

— esposos fieles y padres dedicados totalmente a sus hijos,

— consagrados felices y disponibles para el servicio,

— trabajadores honrados y responsables en sus tareas,

— sacerdotes entregados y transparentes en su ministerio,

—jóvenes ilusionados y constantes en su crecimiento...

A cada uno nos pides «dos reales» según nuestras posibilidades,

pero que expresen el esfuerzo de compartir con los otros,

y de agradecerte tanto como Tú nos concedes.

Nos unimos a la oración de las Plegarias Eucarísticas:

«Que todos los miembros de la Iglesia
crezcamos en la fidelidad al Evangelio;

que nos preocupemos de compartir en la caridad
las angustias y las tristezas,
las alegrías y las esperanzas de los hombres,
y así les mostremos el camino de la salvación».
AMÉN.    Mc 12, 38-44

 

 

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas

Primera lectura  Dan 12, 1-3  “Por aquel tiempo se salvará tu pueblo”.

Salmo Responsorial  15  “Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti”.

 Segunda lectura  Hb 2, 9-11  “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio”.

Evangelio  Mc 13, 24-32  “Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos".

 

LOS JUSTOS BRILLARAN COMO LAS ESTRELLAS

 

        Antes de la ejecución de Tomás Moro, hombre ejemplar e incorrupto, llevaron a su esposa, Alicia Middleton. Llorando le suplicaba que tuviera consideración de ella y de los hijos. Tomás le preguntó:

        -¿Cuánto tiempo crees que podríamos vivir juntos?

       -Al menos, unos veinte años – contestó la esposa

        -Mira le explicó Tomás-, si me hubieras dicho que podríamos vivir juntos mil años más, quizás yo tomaría en consideración tus súplicas; pero ¿cómo esperas que, por sólo veinte años de vida terrestre, vaya yo a perder mi vida eterna? El 6 de julio de 1535, santo Tomás Moro moría decapitado, orando por el rey.

        Hermanos, hay vida eterna, donde es nuestro destino final. ¿Qué es esta vida en comparación con la aquella? Por eso estos últimos domingos la liturgia nos presenta que debemos estar preparados, vigilantes a esa hora. La hora de Cristo Jesús.

        El evangelio de hoy anuncia la venida gloriosa del Señor, la segunda y definitiva venida de Cristo, al final de la historia: "se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria.» Pero el mismo Jesucristo aclara: "En cuanto a ese día ya la hora nadie la conoce ... » El mensaje que quiere dejamos el evangelio y toda la liturgia de  hoy sencillamente es que nuestra vida tiene un fin al que llamamos muerte y debemos preparamos para ello, no con miedo, sí con responsabilidad para alcanzar la promesa del Señor: "Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del  firmamento, y los justos brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos» iQué maravilloso es el amor de Dios! Frente a la realidad inexorable de la muerte nos anuncia la gozosa esperanza de nuestro destino final.

        «Creo en la resurrección de la carne y la vida eterna», proclamamos en el Credo. La profecía de Daniel lo afirma con claridad: « ... los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna y otros para la ignominia, para el horror eterno» No se puede explicar la vida del hombre, menos aún el ideal cristiano, si se prescinde de la eternidad. En el corto espacio que hay entre la cuna y la tumba, debemos optar entre el bien y el mal. La misericordia de Dios conoce de sobra nuestra fragilidad. Pero no podemos ignorar nuestra responsabilidad. El sentido común nos dice que la justicia divina no puede dejar sin premio a los mártires y sin castigo a los verdugos. Por eso, la promesa de Dios en la primera lectura ha de estimular nuestra decisión para hacerla realidad.

        Escatología es una palabra de origen griego que significa "tratado de las realidades últimas". Pero la escatología cristiana no se reduce ni coincide totalmente con lo último cronológicamente,
pues tiene dos dimensiones: la presente y la futura. Es decir, el futuro ya ha comenzado porque se da un inicio de la última hora en el momento presente, desde que con su venida primera inauguró Jesús el reino de Dios; es la dimensión actual. Y sin embargo al final de los tiempos, con la segunda venida de Cristo tendrá lugar la consumación gloriosa de lo ya iniciado ahora, es la dimensión futura y última.

        Vivimos la salvación de Cristo ya experimentando en nuestro mundo actual de alguna manera, en medio de las adversidades. Podemos sentir la presencia divina, el consuelo, la fuerza divina ya en este mundo. Pero plenament e será en la vida eterna donde podremos gozar de la paz por siempre.

        A mi me gustaría, ante mi final, no deber nada a nadie. No deber ni grandes ni pequeñas cosas. Cuando Sócrates iba a morir le dijo a su amigo: "Le debo un gallo a Asclepeyo, págalo sin falta". Porque si somos fieles en las cosas pequeñas, seremos personas dignas de confianza. Vigilancia y oración desde ya. A mi me gustaría, ante mi final, creer con todas mis fuerzas en el Dios que me amó, me ama y me amará por siempre. Hermanos, nosotros vivimos ya la plenitud de los tiempos. Ya Alguien, Jesucristo, pagó mis deudas, sanó mis odios, me dio fuerza para creer.

        Este Señor me invita a:

        Orar que es celebrar su victoria y la mía. Aquí oramos y vemos venir al Hijo del hombre con poder y amor hacia cada uno de nosotros.

        Vigilar: no todo vale, incluso si nadie me pilla in fraganti, mi actuar repercute a mi alrededor.

        Vigilar, sí, para elegir el camino de la vida.

        Resistir: rodeado por el mal y los malos resisto a todo lo que me impide ver la venida de Cristo.

        “En todas tus acciones, acuérdate de tu fin y no pecarás jamás” nos dice el libro del eclesiástico (Eclesiástico 7, 36). El jesuita del siglo XVI San Francisco de Borja solía dedicar una parte de su tiempo de oración a imaginar su alma en el infierno, preparándose para las tentaciones que lo pudieran arrastrar a él.

        Que podamos, reflexionar y mirar a Cristo que nos salvó y nos sigue invitando hasta llegar a su presencia. Dicen que uno se sentirá en calma cuando al momento de partir de este mundo al otro, esté sin deudas que saldar, que haya logrado la reconciliación con los hermanos y pueda estar con Dios. Pedimos al Señor que cada uno siga esforzándose en este camino de Dios. Con mucho valor, perseverancia y fe.

 ORACIÓN

ESTAR VIGILANTES «¡Vigilar!» (Mc 13,37)

 Señor Jesús:

La esperanza de los creyentes

es el lema litúrgico del Adviento.

El pueblo de Israel es un gran maestro de esperanza:

«¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!»,

porque somos «la arcilla y tú el alfarero:

somos todos obra de tu mano...

mira que somos tu pueblo».

Esa «arcilla» debe dejarse moldear por la gracia.

Debemos estar dispuestos y preparados,

porque «sales al encuentro del que practica la justicia

y se acuerda de tus caminos».

Esos «caminos» de esperanza suponen:

— ESTAR VIGILANTES, mediante el servicio.

— TENER ESPERANZA, porque realizamos nuestra «tarea»...

Señor Jesús:

«Al comenzar el tiempo del Adviento,

aviva en tus fieles

el deseo de salir a tu encuentro,

acompañados por las buenas obras».

Tú eres ese dueño del Evangelio.

que confías a cada uno su tarea.

Queremos velar y comprometernos en serio,

para que Tú seas el «alfarero» de nuestras vidas

y, a través de ellas, «brille tu rostro y nos salve».

AMEN.

Mc 13,24-32

 

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

 

LECTURAS.

 Primera lectura  Primera lectura  Dan 7, 13-14  “Su dominio es eterno y no pasa”.

Salmo Responsorial  92  “El Señor reina, ves-tido de majestad”.

Segunda lectura  Ap 1, 5-8  “El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino”.

Evangelio  Jn 18, 33-37  “Tú lo dices: yo soy rey. Yo para eso nací y para eso he venido al mundo".

 

REINAR CON JESÚS SIRVIENDO

         La festividad de Jesucristo, rey del universo, cierra el año litúrgico con el acento escatológico y apocalíptico propio de los últimos domingos de cada ciclo. Es precisamente en el curso del proceso civil de la pasión del Señor donde la lectura evangélica de hoy sitúa el tema de la realeza de Cristo. Él es rey, y sin embargo su reino no es de este mundo, ni es poder triunfalista, sino servicio a la verdad.

        Las autoridades judías tratan de conseguir  de Pilato la pena  capital par a Jesús mediante una acusación que por fuerza había de preocupar al romano: Jesús se dice rey de los judíos por tanto enfrenta al César. Pilato habrá de condenar si no quiere perder el favor de su emperador Tiberio. ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús responde que efectivamente es rey, y no sólo de los judíos, sino de todo el que pertenece a la verdad cuyo primer servidor es él mismo. Pero dice. Mi reino no es de este mundo”. Por eso no tiene ejércitos ni soldado que lo defiendan por la fuerza.

        La afirmación de Jesús nos resulta difícil, porque estamos acostumbrados a ver a nuestras autoridades presentarse con toda sus pompas, con muchas multitudes. Los reyes todavía hacían una entrada de victoria a las ciudades luego al palacio. Se invitan a los embajadores, otros reyes. A los reyes que viven en los palacios se les respeta y se les teme porque tienen poder.

        El reino de Jesús no tiene nada que ver con los palacios. El reino de Jesús es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, del amor la justicia y la paz. Es el reino que tenemos que construir en este mundo, pero del que gozaremos plenamente en gloria. En la cruz nos presenta a un rey coronado de espinas y cuando los discípulos buscaban ser los primeros Jesús les dice: un momento. El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos.

        Es verdad no es de este mundo pero no por eso nada tiene que ver con nuestro mundo, Él está presente en nuestra historia, su reino ya germina hoy entre sus seguidores y se hace realidad en la vida de los pobres y necesitados. Por tanto trabajar  por el reinado de Jesús significa amar y propagar la verdad; combatir la mentira la falsedad la hipocresía, significa conocer y propagar la persona y el mensaje de Jesús, suprema expresión de vida que puede alcanzar el hombre. Se trata de un “Reino de santidad y de gracia” que represente el máximo nivel de realización humana. Ser hijos de dios y hermanos de todos; esforzándose por “ser perfecto como el Padre celestial” sigue siendo el máximo ideal de todo corazón noble. Cada vez que el cristiano se esfuerza por crecer en “santidad y gracia” está dilatando las fronteras del Reino de Jesús.

        Hermanos, el Papa en este año de fe, nos invita a conocer un poco más a Jesús, en el catecismo, nos invita  no solo a estudiar sino también a vivir lo que creemos, hacer realidad, con nuestra vida y testimonio. Por eso daremos el propio asentimiento de fe cuando esos conocimientos aprendidos también los hemos interiorizado, como también  dice el Papa: el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.

        Aceptar a Cristo como rey no significa buscar bienes terrenos que él pueda dar sino buscar el verdadero sentido del a vida humana desde el ser y actuar de Jesucristo. Confesar a Cristo Rey es ponerse tras él en el esfuerzo de vivir el amor verdadero. Y quien quiere salvar su vida no puede sino ir tras Jesús, camino verdad, vida y verdadero rey.

        ¿Verdaderamente Cristo reino en tu corazón?

        ¿Sientes cercana su presencia en tu vida, en tu familia, en tu trabajo de cada día?

        Recuerda, reinar con Jesús es amar, es buscar reconciliación, es mirar a los demás con ojos de Dios. Es testimoniar con nuestras obras palabras.

 

ORACIÓN

TESTIGOS DE LA VERDAD

«Para esto he venido al mundo...»(Jn 18, 37)

 Señor Jesús:

Así pedimos en una de las Oraciones sobre el pueblo:

«Afianza el corazón de tus fieles
y fortalécelo con tu gracia,
para que se entreguen con fervor a la plegaria
y se amen con sincero amor fraterno».
Necesitamos abrir nuestros corazones a tu gracia
para construir tu Reino desde la oración y la acción.
Una oración que se convierte en entrega y servicio.
Una acción que nazca de la oración y la plegaria.
Solamente así podremos «ser testigos de la verdad»,
esto es, si bebemos en la fuente de tu «voz».
Te pedimos: «Venga a nosotros tu Reino»,
y Tú nos enseñas a construirlo en:

— la VERDAD, que vence toda falsedad;

— la VIDA, que brota de tu ejemplo;

— la SANTIDAD, que supone esfuerzo y constancia;

— la GRACIA, que revitaliza nuestro camino;

— la JUSTICIA, que supere nuestras desigualdades;

— el AMOR, que da plenitud y dignifica;

— la PAZ, que nos hace participar de la reconciliación...

Señor Jesús,

te proclamamos «el Alfa y la Omega,

el que es, el que era y el que viene»,

permítenos vivir en coherencia

con esta tarea que nos encomiendas,

mediante un testimonio fiel.

AMÉN.     Jn 18,33-37

 

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