CICLO – A 

    Tiempo de Adviento   

 Introducción:

Comenzamos un nuevo año litúrgico con el primer domingo de Adviento. Adviento significa “venida” y una pregunta surge en nuestra vida: ¿Vendrá Dios para nosotros en este tiempo?. ¿Será un año más en el que tiempo pasa, sin que nosotros tomemos una actitud cristiana seria y responsable?.

En los tiempos litúrgicos se dan distintas gracias – encuentros con Dios – propios de los mismos como afirma el gran teólogo Odo Casel y la conmemoración de la venida de Cristo en Belén es, en cierta manera, una actualización real de aquel acontecimiento.

Los encuentros con Dios en el tiempo de la Iglesia se dan a través de la palabra, de los sacramentos y de los hermanos, especialmente los pobres. ¿Saldrás tú y yo, un momento, del río de la vida tumultuosa y turbulenta en el que nos deslizamos para contemplar desde la orilla el paso de nuestra existencia?. ¿Escucharemos la palabra de Dios que nos habla de sencillez, humildad y, sobre todo, de paz?. ¿Tendremos el coraje de enfrentarnos con nuestros fallos y egoísmos y acercarnos al sacramento de la reconciliación?. ¿Nacerá Dios en nuestras casas o sólo – como en Belén – en las chozas de los suburbios de nuestras ciudades y en los países de los que, en lenguaje burgués, llamamos tercer mundo?. ¿Seguirá la farsa?...

Preguntas y más preguntas... Hacen falta respuestas.

 

Domingo primero de Adviento

    “Y cuando menos lo esperaban..., en el silencio de la noche,   llegará el Mesías”

     1ª Lectura.       Estamos en el siglo VIII a. C. Isaías contempla la corrupción de su pueblo en medio de la prosperidad material. Ve, sin embargo, un futuro de esperanza en el que el la Casa del Señor será el centro de la vida. Todos los pueblos escucharán la palabra del Señor y se reunirán en una gran familia universal, en la que los pueblos han hecho de los instrumentos de la guerra, medios para la vivir en paz y armonía: el hombre con el hombre, los hombres con los feroces animales y toda la creación en un armonía perfecta...

Como Isaías vivimos en unos tiempos difíciles en los que los odios y rencores anidan en los corazones. La guerra, en una dimensión insospechada, es ya una realidad...

Señor, danos fe y esperanza para contemplar, a pesar de todo, en el horizonte la  maravillosa visión de Isaías.

2ª Lectura.   La muerte acecha siempre al hombre. Éste no sólo muere, sino es mortal y por eso muere. Desde el nacimiento la persona humana es lo suficientemente vieja para morir. En el más allá nos espera un Padre. Hacernos dignos de su mirada, prepararnos a su abrazo es la recomendación fraternal de Pablo. Seamos luz en esta vida y, desde ella, vivamos la misma existencia de Jesús. La sociedad del consumismo queda gráficamente reflejada por San Pablo.

Evangelio.        Ser cristiano no es fundamentalmente imitar a Cristo, ni siquiera seguirle, sino vivir su misma vida para morir su misma muerte. No se trata únicamente, aunque también a tenor del Evangelio, de temer la muerte, sino prepararnos en la vida cotidiana a la llamada del Padre. Ojalá los que esperamos la venida del Señor escuchemos las palabras del Apocalipsis: “Si llamo a tu puerta y me abres, cenaremos juntos”.

Epílogo: 

Todos como hermanos permanezcamos en espera..., el Señor viene.

“Trémulos de angustia y anhelo

Vemos los tiempos del pasado

Ocultarse en la noche oscura;

La sed ardiente no se aplaca

En esta vida temporal;

Para ver el tiempo divino

Regresemos a nuestro hogar.

(Novalis. 6º Himno de la noche)

 

 

inmaculada concepción

 

1ª Lectura:  La narración del Génesis nos remite a nuestra propia condición humana, en la que pecado y gracia están siempre presentes como posibilidades de nuestra existencia. Siempre la tentación nos acecha en el horizonte y la fuerza de Dios se nos hace presente.

“El linaje de la serpiente” designa, en este maravilloso y enigmático pasaje, a los que se dejan llevar por la seducción del maligno, haciéndose de esta forma hijos suyos y desgraciados seguidores.

“El linaje de la mujer” representa a los que venciendo la tentación se mantienen fieles a Dios. A su descendencia Dios les promete la victoria sobre los seguidores de la serpiente (Cristo y María son los las figuras emblemáticas del “linaje de la mujer”).

  2ª Lectura:  Todos estamos en la mente de Dios. Somos elegidos en la Persona de Cristo y como imagen señera de la elección, desde la eternidad, de Dios aparece nuestra “Madre Inmaculada”: María de Nazaret. Sólo la criatura sin pecado puede comprender a los que estamos inmersos en la estructura del mal desde nuestro mismo ser.

María Inmaculada madre, virgen, ruega por tus hijos pecadores.

 

    Evangelio: Escuchemos en medio de este mundo egoísta el anuncio de la maternidad de María: Llena de gracia, bendita entre las mujeres, cubierta por la sombra del Espíritu, en ella Dios se ha hecho realmente hombre y Cristo en su vientre es constituido “sacerdote” – mediador entre Dios y los hombres – .

Lágrimas, silencio, perdón, amor y, sobre todo, un “gracias” María Inmaculada, nos atrevemos a decirte los que tenemos la mente y el corazón sucios.

 

Epílogo:

Limpia, porque Dios lo quiso;

porque Dios lo quiso, Pura.

 

Por bruñir su blancura

se encandiló el Paraíso,

y su fulgor fue preciso

para azuzar su fulgor.

 

No es excesivo el favor,

ni la Gracia derramada,

que ha de ser Inmaculada

la Madre del Salvador.

( Antonio Álamo Alonso)

  

Domingo Segundo de Adviento

 

“ El que viene, os bautizará con el Espíritu Santo y el Fuego “

 

1ª lectura.  ¿Quién viene?. Cómo es el que viene?. ¿Qué mundo intenta fundar?.

Estas preguntas bíblicas están fuera del horizonte del hombre secularizado de nuestro entorno. Prácticamente nadie espera nada. Han caído las ideologías... Las utopías de principios del siglo xx se han ido derrumbando. El hombre ya no es un lobo para el hombre, como pensaba Hobbes, sino un hombre. Los 2/3 de la humanidad no tiene lo suficiente para vivir dignamente y un 1/3 se muere de hambre y de miseria, sí ¡morirse de hambre y miseria!. A millones de niños los nacen para morir, sin espera ni esperanza.

“Sólo los desesperados pueden tener esperanza (Gabriel Marcel)” y desde nuestra desesperación cristiana leamos atentamente estas palabras de Isaías. Un rayo de luz puede alumbrar nuestra vida y dar un sentido de finalidad a nuestra existencia.

2ª lectura.  En medio de las tinieblas del mundo antiguo resuena la palabra mágica de pablo: esperanza. Vivamos los creyentes en comunidad con esperanza y espíritu de acogida de cara a los agnósticos y ateos. Para los creyentes, sépanlo o no lo sepan los que rechazan nuestra fe, dios es padre de todos y todos “en esperanza hemos sido salvados”. Todos los hombres somos hermanos “viatores”.

Evangelio:   Aparece la figura de Juan. El profeta nos rompe todos nuestros esquemas. Sólo desde el desierto puede aparecer la luz. La verdadera palabra no intenta subyugar al “oyente”, sino colocarlo  ante su conciencia y ante Dios. Toda palabra es dura, sólo la “palabrería” es meliflua, blandengue y pamplinera.

Ayer como hoy hace falta hacer silencio en nuestra vida. Las palabras de Pascal, hombre eminentemente religioso, resuenan en nuestras mentes y corazones: “la tragedia del hombre moderno es el no poder estar en soledad durante una hora en su cubículo”.

Epílogo:

“La palabra de dios

resbala por las piedras y me llega

a través de los hombres,

acomodada por sus manos, fría,

Extrañamente turbia, inexplicable.”

 

(Manuel Alcántara) 

 

Domingo Tercero de Adviento

 

     1ª Lectura: El hombre de nuestro tiempo ha perdido la alegría. En su gran desconcierto, emborrachado por una sociedad de consumo para algunos, ya no espera a Godot. El deutero Isaías, en mundo similar al nuestro, contra corriente entona un maravillososo canto apocalíptico de alegría. Alegría porque en el horizonte se vislumbra la gloria de Dios, en la que los débiles se robustecen y su incierta espera se ha convertido en radical esperanza. Todo es desbordante gozo ante la llegada de “Aquél” que da sentido a los que sufren, a los que penan y a los que mueren.

Ojalá nosotros, en medio de las tristeza de nuestro mundo, seamos portadores de Alegría. “Ya está viniendo..., ya llega..., ya...” 

 

2ª Lectura: Santiago, en esta epístola de corte homilético, insiste machaconamente en ensalzar a los pobres y en advertir a los ricos del peligro de su perdición. Este tomar partido por los marginados, por los que no cuentan en el juego de la vida, por los indigentes, por los desheredados se enlaza con toda la tradición bíblica, cuyo culmen se manifiesta en las bienaventuranzas.

¡Que mala suerte han tenido los ricos!. Acumularon riquezas ¿para quién?. El salario defraudado clama a Dios. Pobres tened un poco de paciencia, pues el Señor, desde la otra orilla, está llegando... 

 

    EvangeliO:           Ayer como hoy el hombre y su libertad ¡es tan débil...! Juan, en una mazmorra del Castillo de Maqueronte, se pregunta – como tú y como yo – si su vida ha tenido sentido. ¿ Era el Nazareno el Mesías?.

En todo creyente hay una dimensión de ateismo, como en todo ateo existe la de creencia. Es el signo de la condición humana y la estructura cognitiva profunda de toda creencia.

La vida de la persona - religiosa o seglar, que vive entregada a  los demás, a los que ama, no “por” Dios, sino “con” el amor de Dios - siempre ha constituido un argumento razonable para creer que “hay Alguien que hace que haya” (Zubiri). Todo cristiano debiera ser profeta al modo de Juan.

 

Epílogo:

                                               “Nada te turbe

Nada te espante

Todo se pasa,

Dios no se muda,

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.”

(Teresa de Jesús)

 

Domingo Cuarto de Adviento

 

 

“María dará a luz a un hijo..., llamado Jesús que significa: Dios Salvador”

1ª LECTURA: Resuenan las trompetas de guerra en Judá. Acaz piensa únicamente en alianzas humanas, sin escuchar la voz del profeta Isaias que le susurra constantemente: ¡Confía sólo y absolutamente en Dios!. Dios le da miedo a Acaz al pedirle desnudez ante todo poder, por eso él no le pedirá ninguna señal. Dios le muestra – contra su voluntad – un entrañable signo...

La historia se repite en el tercer milenio: ha comenzado la guerra, las estrategias se diseñan y las alianzas –  hasta contra natura – se consuman. Todos invocan a Dios, todos. Dios permanece en Silencio. Su promesa, ayer como hoy,  se realiza cuando aceptamos que el hombre no es el señor de la historia; sólo Enmanuel – Dios con nosotros – es el principio y fin del devenir del individuo y de toda colectividad.

 

2ª Lectura: Pablo no era vocero de Dios únicamente por su palabra, sino, sobre todo, por su vida... Sus palabras tenían el sentido del verdadero profeta que  va a morir por ser fiel a sus palabras de vida

Todo cristiano, a ejemplo de Pablo, ha de ser, en su misma persona, una pregunta y una respuesta. ¿Cuándo las personas que nos rodean al contemplar nuestra vida se preguntan?: ¿Cómo es posible la vida de este hombre que –  con la mente clara, el corazón limpio y la mirada sencilla – se entrega a todos sus semejantes?. Y: ¿Cuándo se responden?: Esta persona vive desde unos paradigmas y coordenadas, que sobrepasan la ideología humana, es decir, desde Dios...

¿Somos, tú y yo, pregunta?. ¿Somos, al mismo tiempo, respuesta?. ¿Somos voceros silenciosos de un Dios, hecho carne?. Nadie, amigo, es neutro en la vida.

.           Evangelio: Siempre la “madre” en el centro. Las sublimes palabras de este evangelio no se pueden meramente escuchar, es necesario contemplar la escena... El verdadero conocimiento de las realidades profundas sólo se da en la contemplación. Contempla, con el aliento contenido, a María; acompaña, con la angustia en el pecho, al bueno de José. Tú y yo, a pesar de nuestros egoísmos, podremos escuchar- en el silencio de una noche - el aleteo y rumor del ángel.

 

Epílogo:

“Oh vosotras las dos mujeres de mi vida,

seguidme dando siempre vuestro amor,

seguidme sosteniendo,

para que no caiga,

para que no me hunda en la noche,

para que Dios me ame,

para que mi gran Dios me reciba en sus brazos,

para que duerma en su recuerdo.”

 

Dámaso Alonso (Las Alas)   

 

 

TIEMPO DE NAVIDAD:

 

NAVIDAD 25 DE DICIEMBRE

 

Lectura 1ª.    El hombre camina en tinieblas con destellos de luz que van indicando su ruta. “Caminante no hay camino” – decía Antonio Machado –, y en honor a la verdad ha de ponerse en tela de juicio el ocurrente pensamiento del poeta, “ se hace camino al andar”. Hay el camino de la sencillez, de la humildad, de la pobreza; virtudes que en esta maravillosa noche las encarna un “niño”, descendiente de David, que es: Padre, Consejero, Príncipe de la paz. En esta noche nace Dios... ¿Puede nacer Dios?. El amor todo lo puede. Silencio, paz, escucha y contemplación ante el Niño Dios.

 

 Lectura 2ª.     La Palabra nos ha salvado por su encarnación. Jesús, perfecto hombre, es el compañero de viaje en el caminar de nuestra vida con luces y sombras, con egoísmos y gracias. Todos los hombres somos hermanos por y en Jesús de Nazaret. Él es sendero cierto, clara verdad y desbordante vida. Sólo a través de Jesús llegamos al Padre.

 

Evangelio:    Todo es gracia. Belén siempre es una llamada para poder encontrarnos con Dios. Sólo los pobres de corazón tienen la capacidad de creer el mensaje del ángel y encontrar a Dios en un pesebre... Los ricos siempre buscan en espléndidas mansiones, en lujosos templos donde esperan encontrar a Dios. Ayer como hoy, se nos da una señal de la presencia del “Salvador del mundo”: “encontraréis un niño, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

En el año primero del tercer milenio nace también Dios. ¿Dónde?. Contempla, de nuevo, el nacimiento de Dios en pura pobreza.

Epílogo:            

Júbilos pastoriles llenan de sal la noche.

La dulce paz agreste llena de amor se da.

Una estrella que ha ido a prenderse en un árbol

iluminó el sendero enflorado de paz”

(Carlos Pellicer 1976) 

 

SAGRADA FAMILIA:

 

José: “coge al niño y a su madre y huye a Egipto”

 

Lectura 1ª    En estos tiempos, en que la institución familiar se ha puesto en entredicho, ha de recordarse que el amor recibido en la familia es necesario para el pleno desarrollo de la personalidad humana. Las relaciones paterno-filiales encauzan la afectividad del niño hacia una madurez necesaria de cara a su relación esencial con el “mundo”.

Para bien comprender las palabras del Eclesiástico recordemos las palabras de Laín Entralgo: “Los padre crean a los hijos y los hijos han de procrear a los padres”. Sólo después del necesario desgarro entre hijos y padres, ambos comprenden su verdadera misión. La de los padres no es la de crear hijos, sino la de formar futuros padres; la de los hijos, alimentar la vida psíquica de sus padres, cuando las experiencias vitales de éstos se reducen.

 

Lectura 2ª        La Iglesia es pueblo de Dios en marcha. Convocatoria de fe, esperanza y amor, en la que el convocante es Jesús de Nazaret a fin de formar una comunidad fraternal. Como Cristo hizo suyo el amor del Padre, nosotros hemos de hacer nuestro el amor de Cristo y, con esta amorosa fuerza, amar a todo y a todos. Los comportamientos concretos de los cristianos – expresados por Pablo – se derivan de la constitución ontológica del Cuerpo Místico de Cristo. Cristo cabeza, nosotros sus miembros.

 

Evangelio:      La Sagrada familia vivió la angustia del exilio. La historia se repite en todos los países... y, en estos críticos momentos, sobre todo en Oriente. Se huye de..., sin esperanza de encontrar una tierra de acogida. Todos contemplamos las injusticias estructurales, que hacen de millones de personas seres que vagan hacia una muerte siempre anunciada. Todos invocamos los derechos a las legítimas defensas y el nombre de Dios es invocado por todos...; y ¿los derechos de los que sufren?... y ¿nuestros deberes como hombres y como cristianos...?

En nuestra patria, los inmigrantes: ¿Cómo son acogidos?. ¿Cómo viven?. ¿Cómo penan?. ¿Cómo mueren?.

La familia de Nazaret se encuentra en cada esquina de nuestras calles y en las páginas de todos los medios de comunicación social. ¡No la busques, hoy, en Egipto!.

 

Epílogo:

 

  “Miles de labios,

miles de años, de hombres, miles

de madres y exilios

y temores y noches y la misma

extraña fuerza del mal y el estrellado

cielo”.  

(Pablo A. Cuadra. “La huida a Egipto)

 

1º de enero    -   santa maría madre de dios

Día de la oración por la paz

 

1ª Lectura:       En el desierto del Sinaí, en la Tienda del encuentro, habla Jahvé de la bendición sobre los israelitas y le da la fórmula. Por tres veces se escucha Jahvé te bendiga, te ilumine, te muestre su rostro. El favor divino invocado tres veces es signo de la Presencia de Dios.

En el mundo moderno hemos perdido el sentido de las bendiciones. Ya los padres no bendicen a sus hijos, en las familias no se bendicen los alimentos antes de la comidas y hemos retirado el nombre de Dios no sólo de nuestros labios, sino de nuestros corazones.

Madre de Dios, bendícenos.

 

2ª Lectura:      El Apóstol Pablo insiste en la Carta a los Gálatas – carta central junto a la de los Romanos sobre el pecado y la gracia – en el papel de María en la obra de nuestra salvación.

Madre hemos crecido demasiado... Sólo los niños piden el beso de la madre en todo momento. Sólo los humildes, los sencillos, los pobres lanzan siempre en los momentos difíciles de la vida un grito: Madre.

Como el poeta de la tierra extremeña nos preguntamos hoy: “Somos los hombres de hoy, aquellos niños de ayer”

 

Evangelio:        Entre Cristo y María existe una distancia infinita, Siempre Dios es, para toda criatura, radicalmente Misterio. María, nos va repitiendo el Evangelio, no comprendía las palabras y actitudes de Jesús, pero las meditaba en su corazón. María no sólo era la “oyente” de la Palabra, sino la contemplativa de la realidad profunda de su hijo. Su vida fue siempre la actualización del “hágase según tu palabra”.

En este día celebramos también la Circuncisión del Señor. María y José entran en el templo como uno de tantos matrimonios... Jesús es circuncidado, es decir, constituido miembro del Pueblo de Dios y recibe el nombre que significa “Jahvé salva”

Misterio de la Encarnación... ¡Circuncidado Dios!. Quiso hacerse en todo igual a nosotros, excepto en el pecado.

 

Epílogo:

“No quiero amar más que a mi madre María.

Todos los otros amores nos son impuestos. (...)

Y como yo era débil y pecador todavía,

las manos débiles, los ojos deslumbrados por los caminos,

ella me besó los ojos y me juntó las manos

y me enseño las palabras con las que se adora”

(P. Verlaine 1889)

 

 

EPIFANÍA DEL SEÑOR, (A)

 

1ªLECTURA:     ¿Hay motivos en estos tiempos de guerras, turbación y angustia para la “alegría”?. La humanidad ha llegado al absurdo de destrozarse mutuamente. No sólo se ha anunciado la muerte de Dios, sino la del hombre. Estamos al fin de una época en que todas las utopías que movían a esperanzas terrenas se han ido, una a una, derrumbando. Los sueños de la Ilustración: Libertad, igualdad y fraternidad se han convertido en huecas y formalísticas palabras...; la realidad dominante, a nivel mundial, es: esclavitud, opresión, odio. El futuro de la humanidad se nos presente como una alternativa: seguir por el camino del suicidio colectivo o ponerse seriamente en marcha, como nos canta Isaias, hacia una nueva comunidad de fe y amor en una esperanza liberadora.

 

2ªLectura:    Hace casi veinte siglos un judio integrista radical, Pablo de Tarso, vivió la experiencia del Resucitado. Su visión pequeña y alicorta sobre la religión se alumbró en aquel encuentro hacia un horizonte universalista de un Padre creador de todo y de todos, cuya manifestación de amor la encarna Jesús de Nazaret. La religión supone históricamente una búsqueda, un camino hacia... Al final, consciente o inconscientemente, se da el encuentro definitivo con el Padre, a través del Hijo, por la Fuerza del Espíritu.

 

EVANGELIO:   Siempre hay una estrella en la vida del hombre. Cuando menos esperas... en esos momentos difíciles de tu vida cansada y cansina, cuando la tentación del “no sentido” se va apoderando de ti..., amigo, contempla el cielo estrellado... El hombre Manuel Kant, no el genial racionalista del pensamiento, confiesa “ hay dos cosas en mi existencia que atraen mi admiración: el cielo estrellado que está sobre mi y la ley moral que estás en mi”.

¿Seremos capaces, como la magos, de mirar a las estrellas...?. ¿Nos dejaremos interrogar por su “guiños”?. Si dialogamos con ellas, Jesús y María están en el horizonte de tu vida y el encuentro es inminente.

 

Epílogo: Villancico

La estrella es tan clara que

no todo el mundo la ve.

 

En el cielo hay una estrella

nueva y lentísima, es

la estrella de Dios que guía

hacia el portal de Belén.

 

Los magos, como son magos,

vieron la estrella nacer;

los hombres, como son hombres,

la miran y no la ven.

(...)

 

Pasan años y los hombres

siguen padeciendo sed,

la estrella sigue en el cielo,

sólo muy pocos la ven.

(Luis Rosales)

 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR, (A)

 

   LECTURA 1ª:     Señor, cuántos han abandonado la Iglesia por el miedo. La deserción de la juventud de la práctica religiosa nos está indicando que los mayores no hemos sabido transmitirles una religión, que hace al hombre más consciente, libre y responsable. Hemos insistido tanto en el cumplimiento de los mandamientos y preceptos, sin indicar su sentido de canalizaciones del amor, que nuestra moral ha sido, a menudo, angustiada y angustiosa.

Hemos de predicar con las palabras y la vida Jesús, el hombre libre por excelencia, que siempre comprendía, sin desmayo esperaba, y su actitud era: perdónalos Padre.

Las sublimes palabras del libro de Isaias en su primer canto del Siervo de Jahvé son verdades actuales para todos, especialmente para esa juventud que mal arrastra su vida con la litrona, con el sexo y con de la droga.

 

LECTURA 2ª:      Treinta años han pasado de silencio de Jesús antes de ser bautizado y ungido por el Espíritu. El apostolado se convierte, a menudo, en un activismo desbordante y desbordado: Planes y más planes, métodos psicológicos, toda serie de medios de comunicación social son empleados para intentar llevar al mundo moderno la buena noticia de Cristo. Todas esas actividades pueden ser quizás necesarias, pero nunca suficientes.   Nos hace falta una vida interior no tanto para decir las palabras de Jesús, sino para vivirlas. De Jesús no se habla, sino radicalmente se vive y por eso se habla...   Sólo los limpios de corazón, los ungidos por el Espíritu pueden ser “testimonios del Nazareno”.

 

EVANGELIO:    Cuando todo calla, habla Dios. Nunca como en nuestros tiempos – aun en nuestra patria – se han publicado tantos volúmenes sobre Jesús de Nazaret. ¿Quién era Jesús?. ¿Los Evangelios nos remiten al verdadero Jesús histórico?. ¿Cristo era sólo una manifestación del Absoluto como Moisés, Mahoma, Buda...?. ¿Pablo es el gran mitificador de hombre real de la Galilea de principio del siglo primero?. ¿Era Hijo de Dios y en qué sentido, si puede tener sentido esta interrogación?.

Hay demasiada literatura ligera y afán de novedades...; falta una verdadera cultura religiosa seria y profunda sobre los temas apuntados y, desde la misma, la experiencia de un encuentro con la figura de Jesús.

Escuchemos, despacio y sin ruido, la afirmación clara, sencilla y convincente del Evangelio de Mateo proclamado en la liturgia de este domingo.

 

Epílogo:

“Jesús yo te confieso Dios y hombre;

Jesús, con fe viva por ti pelee;

Jesús, en tu santa ley, me recree;

Jesús sea mi gloria tu renombre.

 

Jesús de mis entrañas, yo te ame;

Jesús, viva yo en ti todo momento;

Jesús, óyeme tú cuando te llame.

(Licenciado Dueñas siglo XVI)

 

 

TIEMPO ORDINARIO

 

Ha pasado el Adviento. Hemos vivido esos días, llenos de recuerdos, de Navidad y antes de comenzar el llamado tiempo ordinario una pregunta-reflexión aparece  en nuestra conciencia. ¿Ha nacido Dios en nuestra vida?. ¿Nos hemos sentido más sencillos, alegres y pacíficos al contemplar al Niño?. ¿Hemos purificado nuestra mirada al vernos en los ojos sinceros y diáfanos de Jesús?.

El año litúrgico se divide en tiempos fuertes, Adviento – Navidad, Cuaresma – Pascua, y tiempo ordinario. La psicología humana es un claro – oscuro en el que la vida tiene momentos álgidos y momentos llanos para una reflexión seria y pausada. La Iglesia responde a los momentos  cotidianos con el denominado tiempo ordinario. Son 33 o 34 semanas en las que vamos meditando la vida pública de Jesús para hacerla carne y sangre de nuestra existencia. Este año vamos a proclamar los domingos el Evangelio de San Mateo.

La vida cristiana no es vida, si no gira alrededor de la actualización de la muerte y resurrección de Cristo. No se trata únicamente de cumplir con el precepto, sino de vivirlo en comunidad. A la pregunta de la juventud de por qué, precisamente, el domingo, la respuesta surge tan espontánea como la vida misma: ¿por qué la familia, dispersa en los días laborables, se reúne los días de fiesta en torno a una mesa?.

Vivamos nuestra Misa dominical, en comunión con los hermanos, en las tres partes esenciales de la misma: pedir juntos perdón,    ofrecer nuestras alegrías y penas, triunfos y fracasos, y unirnos todos en la “comunión”.

 

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO  (CICLO-A)

1ªLectura: ( Is 49,3.5-6)    Vivimos en un mundo dividido. Creemos unificar la diferencias por el común denominador de la “etiqueta” mundo: primer mundo, tercer mundo, cuarto mundo etc. El derecho natural está puesto en entredicho por el derecho histórico. La unidad del género humano no es sino la utopía de las “Naciones Unidas”..., tan unidas e iguales que las fuertes poseen el derecho de veto... Los nacionalismos están siendo en la actualidad fuerzas desintegradoras para la unificación esencial de la condición humana. Los credos religiosos avanzan demasiado lentamente hacia el ecumenismo.

    Hoy se habla demasiado de “solidaridad”, termino ambiguo, pues los integrismos de todo tipo son también solidarios contra... El vocablo “fraternidad”, el más significativo, a penas lo empleamos. Te pedimos Señor, con el poeta, “un poco de calor para las manos y un poco de luz para los ojos”. El segundo canto del siervo de Jahvé nos habla de Aquel que es luz de las naciones. ¿Quién lo escuchará?.

  2ª Lectura: (1 Cor 1,1-3)  La Biblia es el libro por excelencia. Sus tiradas son millonarias. En las casas más sencillas existe un ejemplar, por lo menos, del Nuevo Testamento. ¿Quién lee no ya el Antiguo, sino el Nuevo Testamento?. Y nos llamamos cristianos...; si para amar a una persona hace falta conocerla, saquemos las consecuencias con respecto a Cristo.

    La segunda lectura de los cinco domingos del tiempo ordinario está tomada de la 1ª carta de Pablo a los fieles de Corinto. Corinto, ciudad fundada por César el año 44 a. C., era la capital de la provincia romana de Acaya. Situada en la encrucijada de Oriente y Occidente tenía fama, bien ganada, de ofrecer una vida fácil y licenciosa. Pablo predica en Corintio el año 51 (segundo viaje) y escribe desde Éfeso el año 55 esta admirable carta. Su contenido podemos meditarlo en estos domingos. ¿Lo haremos?.

Evangelio: (Jn. 1,29-34)     ¡Qué difícil es permanecer en la sombra!. Shakespeare jugaba el papel de sombra en su incomparable “Hamlet”. Según la teoría de la “forma”(Gestalt) una realidad no puede ser, al mismo tiempo, fondo y forma.

    Juan Bautista fue el fondo necesario para que apareciera la figura de Cristo: “Conviene que él crezca y que yo disminuya”. Ojalá todos los cristianos comprometidos en el anuncio del mensaje de Jesús permanezcamos siempre en un segundo plano, que no nos prediquemos a nosotros, sino que seamos granos de trigo que tienen que morir para dar fruto. ¡Ser únicamente Iconos del Nazareno!.

EPILOGO:

Juan, virgen, sin edad, iba asolando

desde lejos los pueblos pedregosos:

acudían los hombres al desierto

a juntarse a la puerta del mañana,

a enderezar el mundo, a hacerlo digno

del pie del que vendría, a empezar todo

y abrir el gran vacío de la gloria.  

(Juan. José María Valverde)  

 

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO  (CICLO-A)

LECTURA 1ª: (Is 9,1-4)  Los países occidentales son tierra de misión a pesar del tanto por ciento tan elevado de los bautizados. En 1944 apareció un libro en Francia con este título: “Francia, país de misión”. El título fue motivo de escándalo, hoy el hecho se da como evidente.

Al comienzo del siglo pasado la clase obrera abandonó nuestras iglesias; en nuestros días la juventud no sólo no pisa nuestros templos, sino que la practica religiosa les parece reminiscencia de  viejos y caducos tiempos apta para viejecitas fuera del mundo real.

Lo más grave, desde el punto de vista teológico, consiste en que una creencia que no se vive no es verdadera creencia. Nos movemos, por otra parte, en un relativismo peligroso.

En medio de estas sombras y tinieblas las palabras de Isaías nos invitan a esperar – contra toda esperanza – la llegada de la Luz.

 

LECTURA 2ª: (1 Cor 1,10-13.17)   Hay un gran florecimiento – relativamente hablando – de movimientos en la Iglesia. Todos conocemos sus siglas..., desde los etiquetados con el genérico nombre de retrógrados hasta los de tinte cercano a un progresismo revolucionario.

Ante este hecho nos hemos preguntado a menudo, ¿se respetan entre ellos?, ¿se aman?, ¿son capaces de celebrar en comunión la Eucaristía?.

¿Existe excesiva veneración por sus fundadores?. Sólo podremos despejar estas preguntas si, después de la lectura de Pablo, pudiéramos afirmar que sus palabras no tienen vigencia en nuestras comunidades.

 

EVANGELIO: (Mt. 4,12-23 )  A lo largo de la historia no ha habido ningún autor – a excepción en parte de Nietzsche – que haya escrito en contra de la figura del predicador de Galilea. “Las bienaventuranzas, decía Gandhi, son las palabras más sublimes de la historia, que nunca se pusieron en práctica”.

Para los agnósticos y ateos serios, la figura de Cristo ha sido siempre una luz, que ha estado en el origen del desarrollo de los valores más positivos de la cultura de todos los tiempos.

Muchos hemos dulcificado, en la práctica, el evangelio y, ayer como hoy, Cristo nos pide un seguimiento incondicional. ¡Ojalá no nos avergoncemos de predicar – a pesar de nuestras incongruencias – las palabras de Jesús sin glosas!. Sólo la verdad nos puede hacer libres. La falta de vocaciones ¿a qué se debe?.

 

EPILOGO:  “No fueron mis palabras

de retumbar iluso, definiendo

qué es y qué no es, creando una penumbra

de pozo en que caer hacia el engaño

de la entraña del mundo;  no arrullé

el sueño del saber con las palabras

hechas para otra cosa; no encendí

bengalas de colores en lo oscuro

irremediable. Yo conté, bendije,

maldije, prometí, lance preguntas,

recé: hable como EL Hombre.”

(Por qué hablaba así Jesús. José María Valverde) 

 

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO-A)

 

  LECTURA 1ª:  (Sof 2,3;3,12-13)     Ante el problema del mal físico y moral nos preguntamos seriamente: ¿Cuál será la condición en el más allá de los explotadores, de los que siempre han gozado de todo y han manipulado a las personas?. La condición de los humildes, oprimidos, sufrientes miserables será la de vivir de Dios en plenitud de plenitudes...

La misericordia de Dios nos induce a pensar para todos en un futuro de perdón y de gracia, pero y la justicia... No nos parece conforme y adecuada la respuesta de los que piensan que todos gozaremos de Dios, pero de forma diferente, ni la de los que afirman que los injustos radicales no resucitarán...

    El puzzle, Señor, no nos cuadra... Somos limitados y los misterios de Dios son inescrutables.

Con ocasión de las dos líneas de Sofonías de la 1ª lectura sobre el futuro de los humildes y pobres de Jahvé, me atrevo a sugerirte que leas los 53 versículos de este profeta que vivió en el siglo VII antes de Cristo. Te maravillarás..

           

 LECTURA 2ª: (1 Cor 1,26-31)  Cuando en nuestros templos contemplamos funerales tan artificiosos, las bodas con toda clase de parafernalia, desde las alfombras hasta el altar tapado por las flores; cuando en las fiestas principales de nuestras parroquias se reservan los primeros bancos para autoridades y personas de gran relieve; cuando, después de estos hechos, podemos soportar las palabras de Pablo a los Corintios..., nos preguntamos: ¿No hemos convertidos muchas de nuestras Eucaristías – actualizaciones de la muerte y resurrección de Cristo – en actos sociales?.

La presencia de pobres y sencillas mujerucas de nuestras parroquias viviendo la Eucaristía de todos los días, oxigenan y santifican nuestros templos y corazones.

  

Evangelio: (Mt 5,1-12a)  Si a una persona, que no tuviera ninguna  noción de nuestra creencia cristiana y conviviera con nosotros un determinado tiempo, se le preguntara por el contenido de nuestras creencias religiosas, ¿cuál sería su respuesta?. No es difícil imaginarse su contestación sobre determinados deberes y obligaciones a cumplir, pero modestamente opino – ojalá me equivocara – que el sentido profundo de las bienaventuranzas no aparecería...

Meditar las bienaventuranzas, repetirlas pausadamente en nuestro propio interior para poder vivirlas radicalmente en nuestras propias circunstancias vitales, debiera ser nuestra tarea como discípulos que han escuchado el testamento del maestro... ¡Qué lejos estamos de esta actitud!. Hace falta subir a la montaña.

 

Epílogo:

Un mancebo mercader

quiso casarse en su tierra;

dos casamientos le traen

de dos hermosas doncellas.

La Humildad llaman la una,

la otra llaman Pobreza,

damas que Dios quiso tanto,

que nació y murió por ellas

(...)

¡A la boda, a la boda,

virtudes bellas;

que se casa Francisco,

y hay grandes fiestas!

(Romance al Seráfico Padre San Francisco.

Lope de Vega)

 

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO-A)

 

LECTURA 1ª: (Is 58,7-10)    Hay muchas personas piadosas que únicamente piensan en vivir según las enseñanzas doctrinales de la Iglesia. Son fervientes defensoras a ultranza de la “ortodoxia”, la cual constituye la esencia y ser de su existencia. Esas mismas personas, a menudo, no tienen tantos escrúpulos en intentar ser fieles a la conducta predicada por aquel Nazareno, que no tenía donde reclinar la cabeza. La “ortopraxis” (el recto obrar) no les parece tan fundamental para ser cristianas.

Hablando teológicamente muchos “católicos de pro” piensan que se puede tener una profunda fe, aunque su actitud vital de cara a sus hermanos deja bastante que desear; se faltaría, en este caso a la caridad.

Esta distinción entre fe y caridad, entre ortodoxia y ortopraxis, se opone a todo el mensaje bíblico. La lectura del libro de Isaias nos quita todas conscientes o inconscientes caretas.

 

2ª LECTURA: (1 Cor 2,1-5)    El hombre religioso es aquel que no va fundamentalmente a Dios, sino que viene de Dios y por eso va... Su esencia consiste en vivir la religación con el Ser, que hace que haya... No preguntes por el qué.

Apoyarse totalmente en Dios, fiarse de la fuerza de Cristo crucificado y resucitado  nos exige el anuncio de la buena noticia del cristianismo. Pablo tuvo el coraje de pregonar este aparente absurdo - para los cultos oídos griegos - en el mismo Templo de la Sabiduría: El Areópago. Los sabios helenos se rieron de él... Después de este fracaso escribe las palabras de la segunda lectura.

 

Evangelio:   (Mt 5,13-16)   “Hay cristianos que poca cara de redimidos tenéis”. Estas palabras de Federico Nietzsche nos deben hacer reflexionar profundamente. ¡Cuántas personas han abandonado las creencias cristianas por la falta de coherencia de nuestras vidas y cuántas se han interrogado sobre su postura agnóstica y aun atea, al contemplar las Teresas de Calcuta de nuestro tiempo en países de absoluta miseria y pobreza.

Con todas las reservas a su obra “Las Palabras”, recordemos lo en ella expresado por J. P. Sartre: No abandoné la fe por la dificultad de los dogmas, sino por la increencia de mis abuelos.

¿Somos sal?. ¿Somos luz?. ¿Qué somos?.

 

Epílogo: 

Para el amor he vivido

y viviré lo que resta,

que no tengo escapatoria

por hombre ni por poeta.

 

Yo canto el día y la noche,

la alegría y la tristeza,

acariciado por brisas,

combatido por tormentas.

 

Creo en la Misericordia,

no creo en mis propias fuerzas,

Y me parece que voy

hacia Dios por la belleza.

(José María Souviron) 

 

TIEMPO DE CUARESMA CICLO-A

 

INTRODUCCIÓN

 

            El tiempo de Cuaresma comprende desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo exclusive.       Era el tiempo de la preparación inmediata de los catecúmenos para madurar su fe a fin de recibir el  sacramento del bautismo: “actualización de la muerte y resurrección de Cristo”. Junto a los catecúmenos  los fieles, que habían recibido ya el bautismo, se replanteaban el devenir de su vida cristiana para poder re-actualizar su muerte y resurrección con Cristo Jesús.

        El simbolismo del número cuatro en sus distintas variaciones indica, en el mensaje bíblico, la situación del hombre caminante en esta vida terrenal, acechado siempre por las continuas tentaciones, abrumado por sus continúas caídas y confiado, sin embargo, en la misericordia de Dios. El diluvio duró cuarenta días, cuarenta años estuvieron los hijos de Jacob en Egipto, Moisés llega al encuentro con Dios tras una purificación de cuarenta días y Jesús vivió la condición humana en el desierto durante cuarenta días.

        En nuestras comunidades ya no existen propiamente catecúmenos, pero durante el año todos hemos manchando nuestro ser de cristianos. Nuestro pecado ha sido principalmente el de omisión y en estos cuarenta días debemos prepararnos para encontrarnos primariamente con nosotros mismos y desde nuestra mismidad renovar nuestras promesas bautismales. En el desierto del hombre ante su conciencia escucharemos la palabra de Dios, viviremos un ayuno serio y responsable y purificaremos nuestra mirada interior.

        Estos cuarenta días pueden ser un apostolado silencioso en un mundo secularizado en el que la vivencia de Dios va desapareciendo... Las palabras han perdido su poder significante y sólo el ejemplo de una entrega a nuestros hermanos más necesitados, física o psíquicamente, puede plantear interrogantes transcendentes en un mundo sin transcendencia.

        El lema de esta cuaresma podría ser:  "Amar a todos y no juzgar a nadie”. 

 

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA (CICLO-A)

1ª LECTURA  (Gn 2,7-9;3,1-7.)  La historia personal – el caminar cada día en esa ambivalencia de ideales sublimes tejidos con la realidad cruda del pecado – nos hace reflexionar, como al autor del libro del Génesis, por el origen de esa estructura de egoísmo – llamado pecado original – en la que todos nacemos.

La existencia del pecado original no es únicamente objeto de creencia sino de la vivencia personal de cada uno. El origen de las tendencias hacia el mal en el hombre se hace narración bíblica en un género literario de tradición-narración popular. Desde niño no sólo nos han hablado de Adán y Eva y del paraíso perdido, sino que hemos vivido interiormente de nuestra existencia adámica con sus sueños descalabrados..., pues con la conciencia también nosotros, como nuestros primeros padres, hemos salido del Paraíso de una infancia feliz, limpia y sincera.

 

2ª LECTURA  (Rom 5,12-19.)  “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. Desde bien jóvenes –  tan pequeño y tan pecador decía Agustín – hemos arruinado muchas veces esa paz con Dios, con nosotros mismos y con los hermanos. La tentación del Génesis se ha repetido en los caminos de nuestra vida... y cuando estábamos a punto de la desesperación ante las tinieblas del mal, hemos sentido una fuerza interior, en la misma entraña de nuestro ser, que nos ha hecho experimentar la redención del pecado... Con lágrimas, con temor y temblor, hemos repetido: “Todo es gracia”.

Cristo, nuevo Adán, ha salido a nuestro encuentro, nos ha rescatado de esa vida absurda de tinieblas y nos ha concedido la dignidad, nunca soñada, de poder participar de la misma vida de Dios.

Sentir el perdón de Cristo, el amor del Padre a través del Espíritu, es la vivencia que nos transmite Pablo.

 

Evangelio  (Mt 4,1-11.)  Las tentaciones con los años se hacen más sutiles, pero siempre tienen el común denominador de las  tres reseñadas en el Evangelio.

  1ª.-Tener... para poder dominar a los demás. El poseer es la borrachera del hombre contemporáneo.  A menudo se tiene dinero, fama, prestigio, poder político, poder social o económico no primariamente para respetar o devolver la dignidad del otro, sino para servirse de las personas como instrumentos para nuestros fines y egoísmos personales.

2ª.-“Si existe Dios, yo no me contentaría con no serlo” repetía Nietzsche. El ser como dioses es el mito repetido de Prometeo, pero para el hombre del comienzo de nuestro milenio ya no se trata de ser como..., sino de negar la misma existencia de Dios. El hombre ya no necesita robar el fuego divino, pues sólo él es el origen radical de toda creatividad.

3ª.-Han nacido los superhombres en la política, en las finanzas, en las ciencias y en las artes. La biología nos va a permitir la clonación de seres perfectos. El hombre no se subordinará a las leyes de la naturaleza, sino que él mismo las creará y modulará. “No te preguntes más por el principio y fin, mírate con orgullo a ti mismo” son las palabras del tentador del tercer milenio.

Oigamos, en este mundo desquiciado, las palabras eternas del Evangelio.

 

Epílogo:

 

Oh padre mío, seguro estoy que en la tiniebla fuerte

tú vives y me amas. Que un viento poderoso,

tu latir, aún revienta en la tierra.

Y que unas ondas de pronto, desde un fondo, sacuden

a la tierra y la ondulan, y a mis pies se estremece.

 

Pero yo soy de carne todavía. Y mi vida

es de carne, padre, padre mío. Y aquí estoy,

solo, sobre la tierra quieta, menudo como entonces, sin verte,

derribado sobre los inmensos brazos que horriblemente te imitan.

(Vicente Aleixandre, Sombra del Paraíso 1952)

 

DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA (CICLO-A)

 

 

1ªLECTURA  (Gn 12,1-4a.) En nuestra vida dominada por el ruido, la radio, la televisión y los acontecimientos deportivos que van marcando los hitos de nuestra historia, por absurdo que parezca, ¿puede escucharse todavía la voz de Dios?.

Sólo en el silencio interior Dios puede ser escuchado y atendido...

No pretendas hacer solo tus propios planes, quizás Dios tiene otros objetivos sobre tu persona... No te cierres a ningún camino y horizonte por absurdo que pudiera parecer, permanece con el corazón abierto para seguir los caminos del Señor siempre imprevisibles...

Los caminos de Abraham pueden ser tus caminos. ¡No lo olvides!.

 

2ªLECTURA (2 Tim 1,8b-10.)   En tu comunidad fíjate en la persona que la preside. Al caer de la tarde después de un trabajo agotador de reuniones catequéticas con niños y jóvenes, acciones litúrgicas y un confesonario siempre abierto al perdón, el sacerdote se retira solo a su casa. Allí le espera la preparación inmediata y remota de los próximos encuentros con los agentes de pastoral, el esbozo de la homilía del domingo y estar dispuesto a contestar a toda llamada de cualquier persona que le necesite.

Piensa en lo duro de su trabajo apostólico: tener que recibir las confidencias de todos, dar paz y alegría al que no la tiene – aunque su corazón esté roto – y no poder abrirse verdaderamente con nadie, excepto con Dios.

Sé comprensivo... Él es también un hombre.

 

Evangelio: (Mt 17,1-9.)   El hombre vive en una soledad radical. Nace solo, vive solo y muere solo. Puede compartir la soledad merced a otros tú(s), que, por su parte, comparten la misma soledad... Es la miseria y grandeza de la condición humana de ser verdaderamente personas finitas...

Cristo asumió esta soledad en su peregrinar por los caminos de Israel.  Si María y José no podían comprenderlo, menos sus discípulos que ensoñaban futuros reinos... Antes de la Pasión Jesús quiere compartir el consuelo del Padre con sus discípulos..., mientras éstos, sin embargo, se embelesan con la transfiguración de Jesús y desean permanecer en este estado. El Calvario está en el horizonte cercano y el Tabor es el signo cristiano de que todo triunfo supone muerte y toda muerte resurrección. La presencia del Padre en Jesús se hizo palabra al comienzo de su vida pública - Bautismo - y esta palabra se ratifica en el límite de su muerte -Tabor -. El recuerdo de estas palabras mantiene nuestra fe y esperanza en el Nazareno ante el silencio del Padre en la cruz - Calvario -.

 

Epílogo:  

 

Transfigúrame

Señor, transfigúrame.

Traspáseme tu rayo rosa y blanco.

Quiero ser tu vidriera,

tu alta vidriera azul, morada y amarilla

en tu más alta catedral.

Quiero ser mi figura, sí mi historia,

pero de Ti en tu gloria traspasado.

Quiero poder mirarte sin cegarme,

convertirme en tu luz, tu fuego altísimo

que arde de Ti y no quema ni consume.

¡Oh mi Jesús alzado sobre el trío

 - Pedro, Juan y Santiago -

que cerraban sus ojos incapaces

de sostener tu Luz, tu Luz.

( Gerardo Diego. Salmo de la Transfiguración)

 

 

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA (CICLO-A)

 

  1ª Lectura: (Ex 17,3-7.) América del Sur es víctima de terremotos que asolan esos países y los sumen en unas necesidades imposibles humanamente de superar. Africa es el continente que se muere no sólo de Sida sino de sed..., sus tierras están resecas, sus campos no  son de pan llevar y el hambre se extiende por todas esos estados creados con tiralíneas en los despechos de las potencias coloniales...

Señor: ¿Por qué siempre sufren los mismos?.

Como a Moisés te pedimos nosotros, ya que los habitantes de esas malditas tierras no tienen conciencia para hacerlo, que abras las nubes y encauces esos fenómenos naturales que tienen tan desastrosas consecuencias... Ya sabemos que la naturaleza sigue sus leyes alteradas, a menudo, por la manipulación del hombre y que Tú, Señor, no eres un “tapaagujeros” de las limitaciones inherentes a esta “madre” –  como la llamaban los antiguos – tan dura... Pero:

Señor, nuevo Moisés, danos bien agua o el corazón sensible para compartirla.

2ª Lectura: (Rom 5 ,1-2.5-8.)  “Yo no conozco, decía Chateaubriand, la conciencia que tendrá un hombre injusto, pero miro la mía – tenido como justo – y me aterro”. Cuando cada uno examina su conciencia y recorre los distintos vericuetos por los que ha pasado en su vida, difícilmente puede juzgar a nadie... Todos hemos sentido las tentaciones más horrendas y radicales y si no hemos caído en ellas, ha sido por esa fuerza de Dios, llamada gracia, que hemos experimentado en esos momentos críticos. Al final de nuestro examen de conciencia sólo podemos recordar esas palabras, que dice el sacerdote en la Misa antes del Padre Nuestro y que son de San Pablo en su carta a los Romanos:

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Con una fe que no defrauda las podemos repetir con sencillez de espíritu y a continuación añadir la oración del Señor. “Padre Nuestro..., santificado sea tu nombre, venga  a nosotros tu reino, hágase tu voluntad..., danos hoy nuestro pan..., perdonamos nuestras ofensas..., y no nos dejes caer en tentación”.

Evangelio:  (Jn 4,5-42. )  ¿Qué distintos son los juicios de los hombres de los juicios de Dios?. Todos nos comportamos como fariseos cuando contemplamos los escándalos del mundo que nos rodean. ¿A dónde vamos a llegar con esos programas de televisión tan escandalosos?. La navegación de Internet supone para muchos, decimos, el navegar por todas las obscenidades posibles. ¿A dónde va a parar la juventud?, añadimos, mientras los jóvenes repiten... “¡que no vamos a parar!”. ¡Qué provocaciones en nuestras mismas plazas y parques!.

Ciertamente hay mucha verdad en todo lo que decimos, pero, hoy, piensa que un hombre espera sentado en el brocal de un pozo a una mujer... de ésas de los escándalos... Escucha en tu corazón el Evangelio. Después, estoy seguro, que en la cotidianidad de tu vida intentarás: comprender siempre, perdonar siempre, no juzgar a nadie, decir una palabra de aliento al desesperado y al triste, devolver la dignidad a tanta persona que, como la samaritana, la ha perdido y una luz, aunque sea pequeña, alumbrará en este mundo tan perdido. Pasemos por esta vida haciendo el bien como el Nazareno.

El mundo al que debemos predicar la buena noticia es este, el mejor para nosotros, pues es único en el que podemos vivir.

Epílogo:

 

 

La tierra tiene sed: remos y lancha;

huyen las hojas secas al camino;

chilla la voz y se desgarra el trino;

sufre la luz desoladora y ancha.

 

El campo huele a cruz. Se desengancha

la noria, sin vendaje y sin destino,

y en la frente el sudor es como un buen vino

brindado por la muerte de la Mancha.

 

Raíces y terrones, tumba y cielo.

Sangre y agua, Señor, para la tierra

amortajada al sol de la llanura.

Agua y llanto, Señor, pájaro y vuelo.

Siémbranos, lluévenos, siega y destierra

esta sed que nos quema y nos moltura.

(Ruego al Señor desde la tierra. Eladio Cabañero) 

 

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA (CICLO-A)

 

1ªLECTURA: (1 Sm 16,1b.6-7.10-13a.)  Los caminos de Dios son tan distintos, a menudo, de los caminos de los hombres... Nosotros tenemos determinados proyectos sobre nuestro futuro y el de nuestra familia y ponemos nuestra esperanza en determinados valores que cuentan en nuestra sociedad: estudio, carrera brillante, oposiciones de primer orden, dedicación a la política... Y vemos que las circunstancias nos llevan por caminos muy diversos de los pensados con tanto mimo.

Tenemos una confianza y esperanza ilimitada en el triunfo de determinado hijo o nieto y cada día nos convencemos, con gran frustración, que jamás alcanzarán lo que habíamos cuidadosamente previsto y, por el contrario, en otro u otros que considerábamos como de segunda fila en la carrera de la vida, alcanzan metas insospechadas.

El hombre de fe ha de estar abierto a lo imprevisto y ver en la historia personal y familiar siempre la mano de Dios. Dios está en todo y en nada determinable, es siempre presencia por su ausencia. Maravillas del hacer y dejar hacer de Dios...

Aplica en tu vida lo que nos narra el primer libro de Samuel sobre la elección de David, personaje tan importante en todas sus facetas.

 

2ª LECTURA: (Ef 5,8-14.)   El símbolo de la “luz” y su contrario “tinieblas” es fundamental en todas las culturas. Lo aplicamos al mismo conocimiento y hablamos de verdades claras y luminosas, de raciocinios oscuros e ideas opacas. Tanto la vida personal como la social la consideramos compuesta de periodos de luz y de sombras y siempre tenemos la esperanza, en los momentos difíciles de la vida, que a una época sombría le siga otra luminosa, pura y regenerada. Expresiones como luz divina, luz espiritual nos indican que este simbolismo está unido a la transcendencia. Juan unifica los dos conceptos fundamentales del Cristo verbo y luz: “La palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”. Luz es amor surgido del fuego. No olvidemos, por otra parte, que en los primeros siglos al bautismo se le llamaba también “Iluminación”.

“Escuchemos con “la luz del espíritu” las palabras de Pablo.

 

Evangelio: (Jn 9,1-41.)   El Espíritu obra donde quiere y como quiere... En la vida cotidiana nos encontramos con maravillosas personas, con un gran calidad de virtudes, que dudan de la existencia de Dios. No tengamos prisa para intentar convencerlas de la existencia y bondad de Dios y de la divinidad de Jesús de Nazaret. No olvidemos que el “día de la vida” tiene muchas horas y el Padre Dios llama a distintas a sus hijos y que la persona humana  tiene un movimiento interior que todos debemos respetar. El conocimiento de Dios se da, a menudo, de un modo lento y progresivo. La historia de las conversiones, desde nuestro García Morente hasta la hoy tan leída y estimada Simone Weil, son una prueba palpable del caminar a tientas del hombre hacia la Verdad.

Medita este pasaje de San Juan... Aprenderemos a amar a todo hombre, cualquiera sea su ideología, y a no juzgar a nadie.

 

Epílogo:

“Yo soy la luz”. Miraba hacia la tarde.

Un polvo gris caía tenue, lento.

Era la vida un soplo, un dulce engaño;

sombra, suspiro, sueño.

 

Ya su figura por los olivares

se iba desvaneciendo

en soledad. Ni un pájaro existía.

... La tarde iba cediendo.

 

“Yo soy la luz”. Silencio. “Soy... Oídme”

Espacio. Olivo. Cielo.

 

“Yo soy la luz”. Su voz era un susurro.

El aire, ceniciento.

“Yo soy... yo soy...”. La sombra le envolvía.

Cayó la noche. Se escuchaba el viento.

(Carlos Bousoño. Noche del sentido)

 

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA (CICLO-A)

 

 

1ª Lectura (Ez 37,12-14.)    Nuestras calles están repletas de adolescentes y jóvenes en esos fines de semana en los que la noche se hace mañana y se bebe por beber, se fuman porros por fumar con una falsa euforia y las “otras drogas” les hacen capaces de escapar de la vida descalabrada que llevan y les permiten no mirarse al espejo al llegar como juguetes rotos a sus casas.

También familias enteras llenan nuestras carreteras los fines de semana y, sobre todo, en esos “puentes” en los que se toma el coche y se hacen kilómetros para huir del asfalto de nuestras ciudades, que huelen a petróleo con la consiguiente contaminación de un aire cada día más agobiante. Los cincuenta muertos entre retorcidos hierros se cuentan todos los fines de semana, nadie se angustia y no pasa nada...

Las personas, en estos “Tiempos modernos”, somos piezas de un engranaje que permite a la máquina de la vida moderna el que podamos representar la trágico- comedia como muñecos de feria.

Necesitamos que Dios abra nuestros helados corazones, que su Espíritu infunda la “ vida” en nuestros cuerpos-sepulcros, que no contienen sino vulgaridad, inconsciencia y egoísmo.

 

2ª Lectura ( Rom 8,8-11.):    Pasan los años y las fuerzas van desapareciendo. Las goteras aparecen en nuestro cuerpo y espíritu. Ya no pretendemos vivir una vida maravillosas como soñábamos en nuestros años jóvenes, sino únicamente vivir.

Después de tantos años desaprovechados en tantos órdenes somos ancianos y nos sentimos viejos. La muerte va llamando a seres de nuestra edad con los que hemos compartido tantas horas de  nuestra vida. ¿Volveremos a Dios?: ¿Será por miedo al más allá?. ¿Será cual hijos pródigos por amor al Padre a quien hemos abandonado durante tanto tiempo?.

Tampoco olvides joven que desde tu nacimiento eras ya viejo para morir.

La Cuaresma es tiempo propicio para limpiar nuestra suciedad moral en el sacramento de la reconciliación; después sentiremos la presencia del Dios de la paz, del perdón y del infinito amor. “Estoy a la puerta y llamo, si me abres cenaremos juntos.

 

Evangelio (Jn 11,1-45):     La muerte nunca llega en el tiempo debido. Siempre es imprevisible el momento en el que se acerca a los palacios y a las chabolas. Nuestra vida es verdaderamente el “corredor de la muerte”... y cada día que pasa supone un escalón que ella baja a nuestro encuentro. Es muy fácil hablar del hombre como creador de valores y de realidades, pero ante un cadáver se nos caen todos nuestro esquemas humanos.

El hombre religioso considera la muerte como un abrazo con el Padre, pero el miedo y el temor persisten siempre ante ese punto final. Las palabras del poeta: “Qué solos se quedan los muertos” han de traducirse por “qué solos nos quedamos los vivos”.

María la contemplativa del perfume estaba rota ante la muerte de su hermano Lázaro. Marta, la espontánea, reprocha a Jesús de su ausencia en aquel momento y ambas le diceny: “Si hubieras estado aquí...”. Cristo, tan humano humano, llora; en su existencia siente el vacío por la pérdida de su amigo. Lázaro no resucitó, volvió de nuevo a la vida. ¿Cuál sería su actitud al tener que asumir de nuevo esta existencia tan dura, después de haberse asomado a la otra orilla?.

 

Epílogo:

Tiempo soy entre dos eternidades.

Antes de mí la eternidad y luego

de mí la eternidad. El fuego;

sombra sola entre inmensas claridades.

 

Fuego del tiempo, ruidos tempestades;

si con todas mis fuerzas me congrego,

siento enormes los ojos, miro ciego

y oigo caer manzanas soledades.

 

Dios habita en mi cuerpo, Dios me vive.

Cristo, que fue en el tiempo Dios, derive

gajos perfectos de mi Ceiba innata.

 

Tiempo soy, tiempo último y primero,

el tiempo que no muere y que no mata,

templado de cenit y de lucero.

                            (Carlos Pellicer. Tiempo soy...1959)

 

 

SEMANA SANTA – (Ciclo-A) 

   

Sábado anterior al Domingo de Ramos. Soledad, soledad, soledad. Silencio, silencio, silencio. Sólo puede mostrarse Dios cuando todos los intereses egoístas se destruyan de nuestra vida. ¿ Qué difícil es quedarse vacío, de todo y de todos, para poder encontrarnos con el que configura la verdadera vida del hombre, aunque éste lo desconozca. Todos nos emborrachamos con ese activismo que ratifica una existencia febril de vacíos, que se quieren justificar con actuaciones más o menos alienantes - pero alienantes en último término - aunque éstas se configuren en torno a unas manifestaciones litúrgicas. Tantos preparativos exteriores en nuestras catedrales, templos y capillas y que poca disposición interior para encontrarse con el misterio…

 

    Mañana se cambia la hora…¿ Se cambiará la vida ?. El cristianismo no ilusiona, se dice, ¿ Acaso Jesús de Nazaret es un número más de la comedia representada por todos los entes llamados - expresivo término - racionales?.

 

   

  Las palabras del salmo treinta resuenan hoy más que nunca…¡ Quién las escuchará!

Soy la burla de todos mis enemigos,

la irrisión de mis vecinos,

el espanto de mis conocidos:

Me ven por la calle, y escapan de mi,

Me han olvidado como a un muerto,

me han desechado como a un cacharro inútil.

 

 

            Mañana comenzarán las procesiones por todas las calles de nuestra España, pero las verdaderas procesiones se están dando, sin anuncios en los rotativos, todos los días. Cristo es perseguido y cae con todos los que sufren en  las guerras, en las injusticias de toda clase  y huyen sin saber a dónde se dirigen…y vagan de aquí y allí sin que nadie contemple su tragedia…Son tantos…y tan…pobres. En nuestras procesiones se retiran los pasos para comenzar, de nuevo, la función…el año próximo. En las procesiones en donde va verdaderamente Cristo hay un término: la muerte y el abrazo del Padre. No hay costaleros que ayuden, ni tan siquiera Cirineos obligados…, van hacia el absurdo de un fin indigno, solos, como han vivido. Los Vía Crucis se celebran en muchas partes, en las que jamás oyeron hablar de un Crucificado…, pero viven con Él, y mueren con y como Él, con el grito silencioso del pobre. ¿ Por qué…el mal ?.

 

El problema del mal no tiene una respuesta seria y coherente; tampoco el Nazareno nos habló de ella. Cristo no explicó los absurdos de la vida, los vivió en su propia carne. Todos los gritos de Auschwitz, y existen tantos campos de concentración en nuestros días, se recopilan y se asumen en aquel grito de Cristo en la cruz que, contrariamente al de Job, no tuvo una respuesta. La Resurrección de Cristo, es decir, su exaltación, su glorificación son la Respuesta del Padre. Si todos los gritos de los que sufren absurdamente están asumidos en el grito de Jesús, la respuesta del Padre con respecto a Jesús es la respuesta a todos los hombres. Todos los que sufren son sacramento de Cristo, Iconos de Dios. El absurdo de todos los males, sin explicación humana, tiene el horizonte de la Exaltación y Glorificación del Crucificado.

 

AYER, COMO HOY, Y SIEMPRE CRISTO VIVE SU SEMANA SANTA EN TODOS LOS QUE SUFREN, EN TODOS LOS QUE MUEREN, MIENTRAS AYER, COMO HOY, EL MUNDO PASA INDIFERENTE POR LOS CAMINOS… 

 

DOMINGO DE RAMOS  CICLO-A

 

BENDICIÓN Y PROCESIÓN DE RAMOS  (Mt 21,1-11.)

    ¡Qué fácil, sencillo y gratificante es estar junto a los triunfadores!. ¡Qué dificultoso, delicado y arduo es permanecer fiel a estas mismas personas en  situaciones embarazosas y, sobre todo, en el momento de su fracaso final!.

Cuando contemples la procesión de Palmas en esta mañana piensa que esos vítores y gritos de “aleluia” son la antesala de otra escena, con otros gritos más fuertes y maliciosos,: crucifícale, crucifícale...

Nuestra vida también es, en gran o pequeña medida, una semana santa: No te dejes llevar en tu vida por los aplausos y enhorabuenas, ni te hundas por las críticas maledicentes. El Nazareno es siempre tu compañero de camino, siempre en segundo plano en los momentos de euforia por los éxitos y en primer plano, solo junto a ti solo, en los días de infortunio y desengaños.

 

1ªLectura (Mt 21,1-11.)

   

El cristiano ha de ser el hombre que, como el samaritano de la parábola, ha de tener la mirada clara y despierta para saber ver y escuchar a toda persona necesitada que encuentre en el camino de su vida. De la escucha nace la comprensión profunda y de ésta el amor sincero.

En tu travesía vital te encontrarás con personas que intentan manipular tu buena fe, otras que te devolverán mal por bien y muchas que se reirán de tus ingenuas(?) intenciones. ¡Sé siembra!. ¡No esperes impaciente el fruto!. Cree con el amor de Cristo, reflejado en el tercer canto del siervo de Jahvé de Isaías, en la bondad del hombre...

En el horizonte se vislumbra una cruz y una resurrección...

 

2ª Lectura (Flp 2,6-11.)

   

“El corazón de Pablo era, nos dice Agustín,  el corazón de Cristo”. Pablo no fue fundamentalmente un seguidor del Nazareno, ni un imitador de sus virtudes, sino que intentó siempre vivir la misma vida de Cristo. “Vivo yo, que no yo, es Cristo que vive en mi” pudo decir, con toda verdad, el Apóstol de los gentiles.

Pablo, ciudadano romano de Tarso, se entregó, con el amor de Jesús, a sus hermanos. La salvación del hombre fue siempre su pasión continua. Rechazado por todas las iglesias de Asía, traicionado por tantos falsos hermanos, vivió siempre de la fe, esperanza y amor del Dios encarnado.

Las palabras de su Carta a los fieles de Filipo son su grito de desahogo, de estopa en la garganta, al contemplar su propia vida a través de la de Cristo, humillado hasta una muerte de cruz y ensalzado como Señor por el Padre.

 

Pasión de san mateo (Mt 26,14-27,66.)

   

Hoy no debe haber homilía... La proclamación pausada y rítmica de la Pasión según San Mateo ha de escucharse en el silencio del corazón. Habla Dios.

Son los últimos momento de Cristo antes de morir, su testamento vital. En San Mateo encontramos las palabras más impresionantes sobre la muerte de Jesús, nacidas de su boca: Jesús empezó a entristecerse y angustiarse y dijo: “me muero de tristeza”. Todos los moribundos abandonados de todos y de todo pueden contemplar a Dios, tirado en tierra y muriendo, en su propia muerte, la de los más desgraciados del mundo. Ya nadie muere solo, tiene siempre la compañía de Jesús de Nazaret. Desde la Cruz de Cristo la muerte tiene un sentido y dignidad.

Al escuchar en estos días la Pasión de Cristo, pregúntate que personaje de esta Pasión encarnas en tu vida cotidiana: ¿Eres Pedro el pretencioso, que le negó con juramento por vergüenza?. ¿Eres un discípulo que huyes en la hora de la verdad y del compromiso?- ¿Eres el Pilato de turno, que limpias tus manos para condenar con buena conciencia la verdad?. ¿Eres el Cirineo, que acompaña al hermano que sufre?. ¿Eres santa mujer que estás, con María, junto a la cruz?.

Todos hemos sido muchos de esos personajes en distintos tiempos... ¡Ojalá, tú y yo, acojamos, como Pedro, la mirada de Perdón de Cristo en Galicanto!.

 

Epílogo:

Eran

tus ojos, como el cielo azul, azules,

las luces de tu cuerpo, que sencillos

y claros te lo hicieron luminoso,

y castos castigaron cuanto vieron;

y sus niñas, más negras que la noche

sin luna y sin estrellas, te brillaban

con el fulgor divino del abismo

de las tinieblas; y ahora el velo blanco

de los caídos párpados, las alas

de esas palomas que volaban siempre

hacia su nido celestial, con sello

de sangre sella tu mirar. Perdonas

sólo mirando. ¡A Pedro le miraste

del gallo al canto, y él lloró su culpa

al ver tus ojos hartos de perdón!.

(Miguel de Unamuno. El CRISTO DE VELÁZQUEZ (1920)

 

 

JUEVES SANTO   (CICLO-A)

 

1ªLECTURA  (Ex 12,1-8.11-14.)

       

 Esta tarde comienza el Triduo Pascual. En este Jueves Santo se agolpan en nuestra memoria los acontecimientos que hemos vivido desde niños: La Institución de la Eucaristía y del sacerdocio, y mandato de Jesús sobre el amor fraterno simbolizado en el lavatorio de los pies.

Lo Prescrito sobre la Cena Pascual en el Éxodo lo guardó escrupulosamente el judío Jesús de Nazaret, aquella cena fue también para el Él el verdadero paso, la verdadera Pascua en la que se despedía con un amor trágico de sus discípulos. Cristo cambió el sentido profundo y radical de las bendiciones sobre el pan y el vino refiriéndolas, en sentido real y verdadero, a su propio cuerpo y sangre.

 

2ªLECTURA  (1 Cor 11,23-26.)

 

Jesús está en aquella noche en estado sacrificial... Dentro de unas horas se va a cumplir lo que un día anunciara a sus discípulos: “Si el grano de trigo no muere no da fruto, pero si muere da mucho fruto”. Y ante el estremecimiento de aquellos pobres iletrados, pero creyentes va a constituirlos a ellos, pecadores y futuros cobardes, sacerdotes cuya misión fundamental será perpetuar “aquella sagrada cena”.

En este Jueves santo del año 2002, miles de sacerdotes conmemoran y actualizan aquella cena, repitiendo las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”. Los sacerdotes no conocemos nuestro futuro, pero sí nuestra responsabilidad y ésta, creedme, es de vértigo; vértigo, pues, teniendo unas manos sucias y una lengua impura, tenemos que pronunciar las palabras de Jesús y decir a los fieles unas palabras que sean palabras, es decir, trozos de verdad experimentados en nuestra vida y no sólo fonemas, palabras sin contenido, huecas como de funcionarios de lo religioso...

Señor, te pedimos, como Tú lo hacías hace dos mil años, por todos los sacerdotes, los santos y los pecadores... para que “sean santificados en la Verdad”.

 

EVANGELIO  (Jn 13,1-15.)

 

No se trata de lavar los pies a los pobres, no, sino de lavarnos los pies los unos a los otros. Es relativamente fácil ejercer la caridad con los indigentes, pero mientras los cristianos no estemos dispuestos a abrir nuestros corazones para que los pobres puedan ayudarnos con su pobreza, el cristianismo no tendrá la vitalidad evangélica. Hoy los llamados pobres nos tienen que ayudar a:

-         despojarnos de nuestras riquezas materiales, pues sólo los pobres nos pueden salvar de nuestros egoísmos.

-         descubrir el Evangelio, en el que los pobres - y no los escribas, fariseos y letrados – reciben la buena nueva de     

           Jesús.

-         vivir una nueva convivencia que transforme nuestra sociedad insolidaria y en la que todos los miembros 

           compartamos alegrías, penas, triunfos y fracasos, bienes materiales, la vida y la muerte.

 

Epílogo:

El pan que veis, soberano,

un solo es grano, 

en tierra virgen nacido,

que molido

sin fracción en el madero,

se da entero

adonde más dividido.

 

Cuando el altar hoy ofrece,

desde uno al otro polo,

pan divino, un grano es solo

lleguen tres o lleguen trece;

invisiblemente crece

su unidad, y de igual modo

se queda en el mismo todo

que se da a todo cristiano.

 

El pan que veis soberano,

un solo es grano,

en tierra virgen nacido,

que molido

sin fracción en el madero,

se da entero a donde más dividido.

(Luis de Góngora 1609)

 

VIERNES SANTO , CICLO-A

 

 

1ªLECTURA  (Is 52,13-53,12.)

 

¡Qué visión tan certera la del segundo Isaías seis siglos antes de Cristo!. Hoy cada uno de nosotros debe reflexionar, despacio y sin prisas, en la muerte de Cristo y en su propia muerte. “La verdad, decía Hegel, es la totalidad” y desde la Resurrección se debe contemplar el sentido profundo del Viernes Santo; sólo desde la Luz tiene sentido hablar de las tinieblas.

Desde aquel Viernes Santo siempre los justos morirán por los pecadores y Cristo, en aquella tarde, como varón de dolores está viviendo – descalabrado por el sufrimiento, herido y humillado por Dios – los fracasos de los pobres inocentes, las muertes absurdas e injustas de tantos niños a causa del hambre, la esclavitud de los seres más débiles y, al mismo tiempo, las culpabilidades de todos los “egoistas” que hacemos posible este mundo-caos de inhumanidad. El único pecado, no lo olvidemos, es el egoísmo respecto a Dios, a los hermanos y a nosotros mismos.

Cuando tú y yo manipulamos y objetivamos a una “persona”, estamos ofendiendo a Aquel que la creó libre y digna de respeto. Cuando rompemos el amor familiar, no pensemos sólo en el daño a nuestra familia sino la ofensa a Aquel que es esencialmente Amor. Todos, inocentes y culpables, estamos crucificados con Cristo... Esperamos los culpables que nuestra palabra y mirada a Cristo, en el día de hoy, le haga al crucificado repetir de nuevo, con rostro de acogida amorosa, las palabras: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso...”.

 

2ª LECTURA (Heb 4,14-16;5,7-9.)

 

    Humildad y obediencia son las virtudes más necesarias en este mundo donde el hombre se ha erigido como creador de todos los valores. Estas virtudes son lo más opuesto a la pasividad, pues suponen una tensión en el alma y una entrega total a Cristo. Lo más duro para el hombre moderno no es prescindir del dinero, sino del poder y, sobre todo, del propio “yo” para poder vivir la libertad con el Nazareno.

    El “yo” es nuestro ídolo que, consciente o inconscientemente, vamos declinando continuamente en la vida: “Yo”..., “ de mí...”, “a mí...”, “para mí...”. “me...”. A este ídolo damos honor y reverencia...

    De rodillas y sufrientes ante la Cruz pidamos comprender y vivir la experiencia del perdón y la salvación de Dios. El tiempo no cura nada...; sólo el perdón recibido con una obediencia sublime nos oxigena el alma, el cuerpo y el espíritu. “La única  sabiduría que nos es posible adquirir, dice Elliot, es la sabiduría de la humildad: La humildad es infinita”.

 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan. (Jn 18,1-19.42.)

 

A las tres de la tarde muere Dios... Si Dios muere ¡qué será de nosotros!... Todo está cumplido fueron sus últimas palabras...

Tras el hablar, las palabras alcanzan el silencio. En Silencio..., en silencio amoroso y profundo, con infinita tristeza y paz, escucha la “PALABRA”.

 

Epílogo:                      No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

que aunque no hubiera cielo yo te amara,

y aunque no hubiera infierno te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

porque, aunque lo que espero nos esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera. (Anónimo)

 

TIEMPO PASCUAL,   CICLO-A

 

 El tiempo pascual son los días, cincuenta, que van desde el domingo de Resurrección a Pentecostés. Es un tiempo de alegría del pueblo cristiano ante la victoria sobre el último enemigo: La muerte. La muerte ya no tiene la última palabra, sino es preámbulo de la verdadera vida, en la que se da el abrazo con el Padre, a través de Cristo, por la fuerza del Espíritu.

                      

    El cristiano ha de vivir en esta vida con una esperanza gozosa, al considerarla como “una mala noche en pésima posada” y su misión ha de consistir en ser testigo y testimonio de ese gozo pascual a toda persona con la que se encuentra en el caminar de su existencia. No es con las palabras, sino con la vida como debemos negar la frase del aquel obseso de Dios – en forma negativa – que se llamó Federico Nietzsche:" ¡Ay cristianos que poca cara de redimidos tenéis!”.

 

    Nuestro mundo está falto de sana alegría; ni siquiera los niños pueden expresar con sus juegos y carantoñas esa vitalidad desbordante que llevan en su ser dinámico como vida recién estrenada. Hemos colocado un “maldito aparato” como centro de nuestro hogar, que recoge todas nuestras miradas, todas nuestras escuchas, todo nuestros sueños. Los padres a penas juegan con sus hijos pequeños..., los hijos no pueden dialogar con sus padres y viceversa, pues al no existir la escucha entre ambos difícilmente es posible un verdadero diálogo. El domingo ya no es el día de fiesta, en el que se reúnen tranquilamente alrededor de una mesa abuelos, padres e hijos y hasta los nietos viviendo en espíritu de amor familiar. Hoy todos tienen prisa para contemplar el programa, durante la comida, del Gran W..., posteriormente la película anunciada, y al caer de la tarde el partido del siglo: ¡cuántos siglos existen! y todo con el acompañamiento del transistor escuchando los gritos desaforados cantando los goles de los partidos de la jornada. No sé si  se pierde la moral en sentido estricto, pero si lo más preciado que posee el hombre en su vivir: El tiempo.

 

    Nos interesamos más por las vicisitudes azarosas de los adolescentes y jóvenes en esas series televisivas tan conocidas y de tanta audiencia, que por descubrir los verdaderos problemas de nuestros hijos y las necesidades del otro cónyuge. Esposos: vivir un amor profundo de un “nosotros” prometido el día de vuestro matrimonio y contemplar la evolución física y psíquica de vuestros hijos tan cercanos y, a menudo, tan alejados. No juguéis a ser amigos de vuestros hijos, sino verdaderos padres; amigos pueden tener muchos, pero no padres.

    ¿Volverá la vieja y maravillosa tradición de celebrar la familia, en completo, la Pascua – y todo domingo es Pascua – en la Parroquia..., y en esa Misa, sencilla y sincera, vivir unidos el perdón de Dios y la comunión entre todos a través de Jesús?

El cristianismo es esencialmente comunidad, que comienza en la  pequeña comunidad familiar.

 

 

PRIMER DOMINGO DE PASCUA,   CICLO-A                                                                    

 

1ªLECTURA

1ª LECTURA:(Hch 10,14a.37-43.)

 

Quedaron atrás las negaciones, con juramento, de Pedro... La mirada de Cristo en Galicanto le devolvió la dignidad perdida y el cobarde va a ser el “primero” en dar testimonio de la buena noticia del Nazareno.

Nuestra vida ha tenido y tiene entremezclados gracia y pecado... Hemos de confesar, en realidad de verdad, que no somos felices, pues no hemos tenido, quizás, la fuerza y el coraje – somos tan débiles – de no romper con esas ataduras que nos alejan de Dios. No temas..., hoy Domingo de Resurrección puedes recibir la gracia del resucitado; acércate al sacramento de la reconciliación antes de la Misa y podrás vivir, cantando el “aleluia”, tu resurrección con Cristo pues: “éste es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Cristo te espera..., no dejes pasar este domingo tan maravilloso...

¡Sé fuerte!. ¡Sé feliz!. ¡Sé libre!. ¡Sé tu mismo!.

Desde la actualización de la muerte y resurrección de Cristo, esto es la Eucaristía, medita el mensaje del Nazareno, que nos ha convocado para ser todos – santos y pecadores – Iglesia. Las palabras de Lucas en la primera lectura es el resumen más impresionante sobre la “Historia de un Viviente”. Cristo no vivió, Cristo vive.

Repite despacio, a modo de mantra, esta vocablo: Vive..., Vive..., Vive...  

 

lectura  (Col. 3,1-4.)

 

Señor, somos también tierra y esta dimensión telúrica de nuestro propio ser nos tira hacia abajo, pero también siento en mi vida, Señor, que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia.

Quiero, Señor, con tu don buscar esos bienes que han sido y son, en muchos periodos de mi vida, mis ideales. Voy a intentar: ser bondadoso con toda persona que me rodea, dar paz a todo el que me encuentre en las diversas encrucijadas de mi existencia, sentirme cercano con todos lo que sufren y ser un “voluntario” más al servicio del necesitado.

Buscaré, Cristo resucitado, dignificar mi propia persona, dignificando en primer lugar a esos ancianos que son mis padres cuya vida comienza a declinar. Con la persona a la que me he unido en matrimonio viviré el ideal de ser “una sola carne” en Cristo. Respetaré el ser de la “otra persona” con la que proyecto formar una familia. Ante toda persona "andaré de puntillas y en silencio, pues es, Señor, otra persona en frase de P. Laín.

Deseo mirar arriba, pues allí contemplo a Cristo Resucitado, vivir y morir con mis hermanos en Cristo Jesús... El Reino de los Cielos, que no lo olvide Señor, se gana en “comunidad”.

  

EVANGELIO  (Jn 20,1-9.)

 

¡Que importancia y protagonismo tan grande tiene en el Evangelio de Juan, al narrar la Resurrección de Jesús, la figura de María Magdalena!. Sólo los limpios de corazón, como el discípulo amado, pueden comprender el perdón recibido por almas en un tiempo perdidas y su correspondencia amorosa total: “amaron mucho, pues se les perdonó mucho”.

María, el primer día de noche, va al sepulcro. El amor nunca es prudente en la espera... ¡Qué le importa la guardia!. El recuerdo y el amor a Jesús llena su vida, aunque esté muerto...

Ella y los doce no habían comprendido que el anuncio de la resurrección – predicho por Jesús en varias ocasiones: “El hijo del hombre debe morir y resucitar al tercer día”, “El hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra”, “Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días” – concernía, en primer lugar, a Jesús mismo. Su muerte les había roto todos sus esquemas...¡poco propicios estaban para recibir la noticia de su resurrección!. La experiencia  pascual es progresiva y va desde el sepulcro vacío - signo, pero no concluyente – hasta las sucesivas apariciones. En esta experiencia hay, por parte de los discípulos, dudas, vacilaciones, confesiones firmes de fe, miedo, pero siempre la figura de Jesús tiene el carácter de una palpable realidad...

 

La dudas religiosas son integrantes de tu fe y de la mía, pero ha de admitirse, a fuer de sincero, que muchas dudas de fe no son sino producto de una ignorancia religiosa. Como programa para estos cincuenta días podíamos, tú y yo, reflexionar sobre las apoyaturas que hacen razonable la creencia en la Resurrección de Cristo...

La fe del carbonero es maravillosa, pero para el carbonero... La cultura religiosa ha de estar al mismo nivel de la formación humana en otras áreas del pensamiento.

 

Epílogo:

  

 ¡Alegría! ¡Alegría!

Saca al balcón los líricos pendones

y festona la vía,

que ya llega, cercado

de un grupo fraternal de corazones,

Jesús resucitado.

 

Celebra el regocijo

de esta Pascua Florida.

Que suene la zampoña del cortijo,

suene el broce sonoro de la ermita gloriosa

que hace llover sobre al grama de oro.

 

Sacude tu conciencia dolorosa

cual se sacude, en el umbral abierto,

una vieja cortina polvorosa.

 

Y tiende una mirada

de candor hacia el mundo,

húmeda, azul, que no pregunte nada.

(Rafael Maya. Vida de sombra 1920-1925)

 

SEGUNDO  DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A

 

1ª Lectura (Hch 2,42-47.)

 

¡Qué diferencia siempre se encuentra entre el ideal de las doctrinas y la práctica en la vida cotidiana de aquellos que las profesan!. El cristianismo no es una excepción a esta regla general y nos preguntamos a menudo si nuestra vivencia cristiana no va perdiendo – sobre todo en este tiempo de secularismo –  demasiados quilates de vida auténtica y verdadera.

A tenor de la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles – este libro se lee en todos los domingos de Pascua – nos queremos preguntar seriamente:

1º.- ¿Escuchamos la Palabra?.

2º.- La Biblia es el libro más vendido... ¿Es el más leído?.

3º.- Nuestra vida ¿es una pregunta para los que nos rodean o, quizás, un escándalo por la incoherencia entre doctrina y vida?.

4º.-¿Compartimos, entre los miembros de la comunidad, alegrías, penas, triunfos y fracasos y los bienes materiales de tal forma que a nadie le falte nada de lo imprescindible?.

5º.-¿Vivimos la Eucaristía como verdadera actualización de la muerte y resurrección de Cristo?.

6º.- ¿A nuestras comunidades se van agregando, por nuestra forma de vivir, personas alejadas de la doctrina o de la práctica religiosa?.

Las preguntas podrían ser más duras... Relee el texto. Partimos de que los ideales nunca se realizan en su total pureza...

Yo, me he hecho las preguntas y me he angustiado y ¿tú?.

 

2ª LECTURA  (1 Pe 1,3-9)

 

“Hasta ahora mi vida tenía un sentido, ahora sólo una tumba...”. Simone de Beauvoir.

Gracias, Señor, porque a pesar de nuestros fallos e incoherencias, hemos mantenido el don de la fe en Dios, en Cristo y en su Iglesia. Nosotros no somos unos seres para la muerte, sino para la resurrección. La espera y esperanza en la resurrección da un sentido a toda nuestra vida, hasta el punto que aunque todos los proyectos concretos de nuestra existencia puedan terminar en un fiasco y fracaso, la vida conserva todo el sentido pues ella no se reduce a los proyectos como piensa el existencialismo al uso.

El mal – sin dejar de ser una realidad trágica e inhumana – ya no tiene la fuerza de absurdo total, pues la verdadera vida comienza en esa nueva creación, inaugurada por el Resucitado, en la que existirá la paz, alegría y amor pleno, rebosante de libertad.

Desde esta esperanza ya podemos vivir las primicias balbucientes de lo que “estamos llamados a ser”. Debemos ser voceros de esa buena noticia sobre todo en este mundo, en el que la ciencia y las ideologías han perdido el valor de absoluto.

En este domingo, sobre todo, el “canto” de Pedro ha de encarnarse en nuestra vida...

 

Evangelio  (Jn 20,19-31.)

 

Los cristianos hemos pasado, en nuestra patria y en pocos años, de una iglesia que tenía todo a su disposición: Escuelas, Colegios, Universidades públicas, medios de comunicación social a una iglesia humilde y pobre, cuando no marginada y despreciada. Los templos se han ido vaciando de jóvenes y sólo las personas mayores son las practicantes habituales de los actos del culto.

Las misiones populares han dado paso a un anuncio, únicamente en el templo, de un evangelio, en apariencia, sin vigencia actual. A los practicantes de ayer se les plantea esta angustiosa pregunta: ¿a dónde vamos?... Los signos religiosos son, muchas veces, motivo de mofa y befa en programas televisivos y a los jóvenes religiosos les supone un gran fortaleza y coraje el confesar sus creencias religiosas en los ambientes de la Universidad y del trabajo. Los contenidos de la fe aparecen como viejos tabúes de tiempos pasados... Hay excepciones de determinados movimientos de todos conocidos, pero son eso, excepciones que provocan un rechazo cuasi total en grandes masas de la sociedad. Estamos viviendo un aparente Silencio de Dios

Nunca mejor que en estos tiempos – los mejores por ser los únicos que nos ha tocado vivir – podemos comprender el derrumbamiento que produjo un Viernes Santo y las puertas cerradas por el miedo en aquella sala el Domingo de Resurrección. En medio de aquel ambiente tenso y enrarecido se hace presente el Resucitado con su mensaje Pascual: “La Paz sea con vosotros... Lagrimas en medio de un silencio de Presencia...

Señor, los hombres de hoy te necesitamos, pues las dudas nos abruman... ¡Muéstrate Resucitado a los que andamos en las tinieblas de tantos interrogantes, como a los discípulos en aquel día de Pascua!.

Te pedimos, también por tantos “Tomás”, que han abandonado la práctica cuando no la creencia en tu doctrina y en tu persona. ¡Hazte el encontradizo con ellos!. ¡Oblígales a meter el dedo y el puño en tus llagas!. Tú, Señor, nos comprendes...

 

Epílogo:

Tu, que hieres

Arrebatadamente te persigo.

Arrebatadamente, desgarrando

mi soledad mortal. Ven, te digo

 

como un muerto furioso. Ven. Conmigo

has de morir. Contigo estoy creando

mi eternidad. ( De qué. De quién.) De cuando

arrebatadamente esté contigo.

 

Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo

a golpes de agonía. Ven. No quieres.

Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo

 

a besos de ansiedad y de agonía.

No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres

arrebatadamente el ansía mía.

(Blas de Otero 1968 )  

 

TERCER  DOMINGO DE PASCUA,    CICLO-A

  

 1ª Lectura (Hch 2,14.22-28. )

 

En los países occidentales no sólo la practica sino también la cultura religiosa es cada día más escasa entre los  adolescentes y jóvenes. En nuestro país, otrora de piedad acendrada, los templos se han vaciado de las personas que constituyen el futuro de toda sociedad:” la juventud”. Los porcentajes de su asistencia dominical son altamente alarmantes y el desaliento es la tentación de padres, educadores y sacerdotes.

 

Como Pedro, en la primera lectura, ha de comenzarse por explicar, sin miedos ni complejos, la figura y vida de Jesús de Nazaret insistiendo en lo que da sentido a su vida y a la nuestra: su Resurrección. La visita de nuestras catedrales puede ser el comienzo de una “nueva forma de evangelizar”, y las diversas exposiciones de las “Edades del Hombre” han demostrado el interés por lo religioso, por lo menos en su dimensión cultural.

 

Internet y multimedia son formas de llegar al hombre de nuestro tiempo y los encuentros del hombre con Dios se dan en esas navegaciones en las que el espacio y tiempo se han reducido a la dimensión de cuasi presencia instantánea. ¡Ojalá nuestra sencilla página “web” sea una pequeña semilla lanzada a la red para recordar al hombre moderno la Historia del Viviente: Cristo!.

 

2ª Lectura  (1 Pe 1,17-21.)

 

¡Qué difícil es justificar el sentido profundo de los ideales del hombre moderno “Igualdad”, “Libertad”, “Fraternidad”, sin hacer referencia a un origen y fin transcendentes!. Para muchos autores ya no se puede hablar propiamente de “derecho natural”, sino de derechos históricos. Y las formas de concebir los temas como la eutanasia, el aborto y las clonaciones no son sino muestras del paso del historicismo al relativismo...

Desde un Dios Padre se comprende no sólo la maravillosa unidad de la naturaleza humana, sino la vocación a vivir la misma vida de Dios por virtud del Espíritu del Resucitado. Creación, Encarnación, Resurrección no son únicamente creencias que nos hacen más religiosos, sino valores que nos permiten comprender y vivir con más autenticidad el profundo misterio del ser humano. “Acuérdate, hombre, que para conocer al hombre, quizás has de pasar por Dios”( Pascal).

 

Evangelio  (Lc 24,13-35)

 

¿Nuestra enseñanza religiosa tuvo en cuenta el papel de la duda en toda creencia?. Para muchas personas la duda supone una cuasi implícita negación y no un poner entre paréntesis las creencias recibidas para poder realizarnos como seres pensantes, en los que la duda forma parte constitutiva para alcanzar maduramente la verdad.

¿Quién se siente representado en los discípulos de Emaús?:

Los que han abandonado la Iglesia y sienten en sus vidas la carencia de aquella paz y alegría recibida en la recepción de los sacramentos y añoran aquellas experiencias pasadas...

Los que creyendo en Dios y Cristo son incapaces, psicológicamente hablando, de romper con las ocasiones de egoísmo que les apartan del amor vital del Nazareno...

Los que han perdido la ilusión de predicar la buena noticia al contemplar la poca aceptación de sus enseñanzas y van descuidando, poco a poco, aquella entrega generosa a todo hombre por amor de Cristo...

Los que penan de una tristeza inmensa a causa de una constitución fisico-psíquica que les hace propensos a esas enfermedades de la personalidad, que fácilmente hemos etiquetado como depresiones, neurosis, psicosis...

En todo caminante en la difícil ruta de la vida siempre es posible que Jesús de Nazaret salga al encuentro como compañero de viaje... Con Él, no lo olvides, puedes compartir el pan y el vino.

 

Epílogo:

 A media tarde con fracaso en el ánima

rasgan el camino hacia Emaús dos sombras

con corazón agotado y cuerpo entumecido;

amigo, han perdido la espera y esperanza...

 

Dos años largos de creer en lo imposible,

de ver sueños y ensueños de bondades divinas

les había convertido en aprendices de un futuro reino,

rayando en delirios de antiguos profetas.

 

El dolor y la rabia contenida ante tanta locura

les hacía parlotear, sin sentido ni juicio,

vómitos de fracasos pasados y espumas del espíritu.

 

La Palabra se hace compañía entre la media luz

de aquella tarde larga, como las horas que no pasan...;

comparten pan y vino con Él. ¡Resucitó susurran en silencio!.

(P. G. G. Encuentro)

  

CUARTO  DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A

 

     1ª Lectura (Hch 2,14a.36-41)

 

A lo largo de la historia siempre se ha considerado al niño como sujeto infatigable de preguntas: ¿Por qué...? ¿Qué hago mamá, papá?. Las respuestas de esas personas han dado amor, paz y calor a esos pequeños seres que se “admiran” de todo y de todos en esa edad en la que comienza el desarrollo de la personalidad.

Los jóvenes al formar su propio yo preguntan menos que intuyen, a través de las personalidades de sus maestros, en sentido amplio, lo que se debe admitir y rechazar para tener un juicio propio ante el trabajo, ante el amor, ante la sociedad, ante Dios...

Los ancianos no preguntan sino que se preguntan seriamente: ¿Qué he hecho a largo de mi vida?... Pocos les pueden contestar serenamente en esos años en que el aplauso ha dado paso a la espera consciente de su propio fin...

Hoy ni los niños ni los adultos preguntan, pues no existe un diálogo profundo entre las personas... Se tiene una cantidad de informaciones a través de los “multimedia”, que configuran los pensamientos sobre las cosas y personas... Son respuestas estereotipadas que impiden que la mayor parte de seres racionales podamos ejercer el sentido crítico, que siempre nos ha configurado como personas...

Volvamos a preguntar, en el orden religioso, para tener un sentido profundo y no mediatizado sobre los temas que son fundamentales para vivir y morir: Dios, Cristo, Iglesia y, en silencio, leamos las palabras de Pedro en la primera lectura, que son el resumen de una perfecta catequesis sobre la obra y persona de Jesús de Nazaret. Una pregunta fundamental surgirá en tu corazón: ¿Qué me pide Jesús?. No tengamos miedo  a una respuesta generosa.

 

2ª Lectura  (1 Pe 2,20b-25.)

 

Siempre, tarde o temprano, aparece en la vida del hombre el tema del sufrimiento físico o psíquico y, ante ese mal enraizado en la misma constitución del ser humano, surge la angustiosa pregunta, sobre todo después del Holocausto: ¿Qué sentido tiene el sufrir injustamente?.

Cristo no intentó darnos unas enseñanzas sobre el mal en sus diversas formas, sino que lo asumió, Él inocente, hasta morir una muerte de cruz.

Cuando nuestras fuerzas flaqueen, ante el sufrimiento personal o de nuestros hermanos, miremos la “cruz” y allí encontraremos la respuesta vital y existencial de Jesús de Nazaret. Amemos la cruz, pero no una cruz lisa de madera - hoy tan al uso - sino al crucificado en ella... y tendrás la experiencia suave y dolorosa, en tus propias carnes, de poder compartir tu sufrimiento y el de tus hermanos con el de Cristo... Experiencia de soledad, de Dios presente por su ausencia, y del amor redentor.

 

Evangelio  (Jn 10,1-10.)

 

Cristo nos habla, en unas parábolas ingenuamente maravillosas, sobre la función del pastor, del aprisco, de las ovejas. A través del camino pascual – muerte y resurrección – Cristo ha superado la barrera de la muerte y puede conducirnos a la Vida eterna. Él es, y sólo Él, la única puerta para llegar al abrazo del Padre.

A la pregunta angustiante sobre el después de la muerte, nuestra respuesta no se basa en los argumentos esgrimidos en las maravillosas páginas sobre la inmortalidad del alma del sublime Platón en el Fedón. Nosotros no esperamos la inmortalidad del alma, sino la resurrección de los muertos... Jesús de Nazaret nos va repitiendo, ayer como hoy, a través de los escritos pascuales estas palabras del Evangelio:

Si sois mis ovejas conoceréis mi voz, que os llama por vuestro nombre, y entraréis por la única puerta, que es mi persona, a participar de mi muerte y mi resurrección.

Jesús no nos pide únicamente su imitación, ni tan siquiera su seguimiento, sino el vivir su misma vida... ¡Quién no experimentará vértigo ante la locura del amor encarnado de Dios!. “Nos amó hasta el extremo” dice S. Juan

 

Epílogo:

¡Cristo ha resucitado!

¡Resucitemos con él!

¡Aleluya, aleluya!

 

Muerte y vida lucharon,

y la muerte fue vencida.

¡Aleluya, aleluya!

 

Es el grano que muere

para el triunfo de la espiga.

¡aleluya, aleluya!

 

Cristo es nuestra esperanza,

nuestra paz y nuestra vida.

¡Aleluya, aleluya!

 

Vivamos la vida nueva,

el bautismo es nuestra Pascua.

¡Aleluya, aleluya!

 

Cristo ha resucitado!

¡Resucitemos con él!

¡Aleluya, aleluya! Amén.

 

(Del oficio de lectura)

 

QUINTO  DOMINGO DE PASCUA,   CICLO-A

 

    

 

1ª Lectura (Hch 6,1-7.)

    En la Iglesia, como en toda institución, se crean tensiones entre sus grupos. La labor de los consagrados por el sacramento del orden será siempre la predicación de la palabra y dirigir la oración comunitaria. Siempre existirá la tentación de la jerarquía de ocuparse, en exceso, de medios necesarios para el pleno desarrollo de la iglesia como son: la enseñanza y cultura profanas y el ejercicio de dirigir la beneficencia y la caridad.

    La Iglesia, a imitación de los Apóstoles, debe siempre preguntarse si todos los medios de su inserción en el mundo giran sobre los dos grandes ejes de la vivencia cristiana: una catequesis sería, profunda y siempre renovada y unas celebraciones litúrgicas que ayuden a la comunidad cristiana a vivir el encuentro del hombre con Dios.

    Recordemos – ayer como hoy – a los pastores que su misión es “estar en el mundo sin ser del mundo” y que el “activismo apostólico” acecha a una Iglesia divino-humana, santa y pecadora. El hombre de nuestro tiempo necesita vivenciar la presencia de una comunidad orante, a la escucha de la palabra.

 

 2ª Lectura (1 Pe 2,4-9.)

 

    El Concilio Vaticano II ha puesto de relieve el papel de los seglares en la Iglesia. Todos los cristianos estamos incorporados a Cristo mediante el bautismo y participamos de su función sacerdotal, profética y real: “Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo” (S. Agustín). Esta función la ejercen los seglares – ellas y ellos – en las actividades y profesiones de la sociedad contemporánea: impregnar del amor de Cristo la vida de trabajo diario en la fábrica, en la oficina, en la escuela, en la Universidad, en el hogar.

    Los laicos han de ser un testimonio, en este mundo secularizado, para nuestros hermanos alejados de que la creencia y vivencia de Dios - lejos de alejarnos de nuestro compromiso de humanizar las estructuras muchas veces injustas – son un acicate para vivir la entrega total y amorosa a todos hombres, especialmente a los más marginados. La pasión por el hombre es la divisa del cristiano.

 

 Evangelio (Jn 14,1-12.)

 

    La vida para el cristiano es una andadura, por este mundo, hacia Dios a través de Cristo. Todo creyente tiene en el orden espiritual sus momentos álgidos – “en los que los sacrificios parecen gracias” – y sus momentos oscuros – “en los que las gracias parecen sacrificios”. La regla evangélica consiste en conservar la calma y dejar que el Espíritu del Resucitado obre en nuestro ser, a fin de sortear con paz de espíritu las circunstancias tan variables que configuran nuestra vida.

    La santidad, a la que todos los cristianos somos llamados, tiene diversas vías para ser alcanzada aunque el único camino, verdad y vida sea Cristo. La petición de Merry del Val resuena en nuestros corazones: “Haz, Señor, que todos sean más santos que yo, a fin de que yo llegue a la santidad que corresponde a mis fuerzas”.

    Hay muchas moradas en la casa del Padre y cada uno ha de intentar llegar a la suya, según la gracia otorgada por Dios y nuestra capacidad de respuesta. No queramos ser ni últimos ni primeros en el Reino, sino ocupar el “sitio” que Dios nos tiene reservado.

  

Epílogo:

Salmo

Alhajados estamos de tinieblas, y a veces

cuando el espanto sube hasta mi boca

como el agua hasta el náufrago, yo clamo

a Ti, de lo profundo del abismo.

 

¿No puedes Tú sanar, pastor secreto

de la abundancia áurea de tus días,

mi mendicante mano? Oh Tú clamas

también en mí, padeces en mi alma

 

el brocado de mi necesidad. Puedo pedirte

mas no porque Tú estés en tu alto reino,

puedo pedirte a Ti, pobre y desnudo,

 

porque tienes las manos impedidas,

porque Tú nada tienes, puedes darme,

y oír caer la púrpura pesante del otoño.

 

(Fina García Marruz. Las miradas perdidas) 

 

SEXTO  DOMINGO DE PASCUA,    CICLO-A

 

 

1ª Lectura: (Hch 8,5-8.14-17.)

   

La Iglesia es esencial y dinámicamente evangelizadora. La paredes de los templos no pueden ser únicamente el marco donde los cristianos confesamos y vivimos nuestra fe. La conocida sentencia de los antiguos: “El bien tiende , por sí mismo, a expandirse” caracteriza a la Iglesia como convocatoria de fe, esperanza y caridad realizada a todo hombre por Cristo a través del Espíritu. En el pasaje de la primera lectura se nos narra la predicación de Felipe a los samaritanos, hermanos de raza y religión, pero separados de la iglesia de Jerusalén y, en lenguaje moderno, caídos en herejía. A ejemplo de Felipe, Pedro y Juan los católicos hemos de mirar a nuestros hermanos cristianos separados – rezan con nosotros el Padre nuestro y participan de la dimensión sacramental – con el amor de Cristo manifestado en su oración “sacerdotal” en la última cena. Todos los cristianos estamos unidos a Cristo por medio del bautismo y hemos de manifestar sinceramente nuestra pasión por lograr la unidad plena...., hace tantos siglos perdida El Espíritu Santo está alentando el movimiento ecuménico, sentido por todos, a fin de vivir en el mundo la petición de Cristo al Padre: “Que todos sean uno, como Tú en Mi y Yo en Ti, para que el mundo conozca que Tú me has enviado”.  

 

  2ª Lectura (1 Pe 3,15-18.)

   

 Amar a todos y no juzgar a nadie ha de ser el núcleo de toda nuestra vida cristiana. El diálogo siempre es fructífero cuando es verdadero y nunca la discusión..., en la que cada uno intenta refutar, cuando no confundir y ridiculizar al otro.

La misión del cristiano ha de ser: Dar razón de nuestra fe y esperanza, con sencillez y humildad de espíritu, a todo hombre que nos pregunte por nuestras creencias y vivencias. Siempre, sin embargo, hay que “dejar ser al otro” - en lenguaje heideggeriano – y  respetar el movimiento interior de cada persona. Todos hemos de responder ante nuestra conciencia y ante Dios, que nos llama a unos a la primera hora..., a otros a la segunda, a otros a la..., y a no pocos al caer de la tarde.

 

El cristiano es apóstol con el ejemplo de su vida y espera siempre en el hombre..., pues cree que Dios obra, a través de su Espíritu, en toda persona por caminos, a menudo, inescrutables.

Esperemos todos, con paciencia y alegría contenida, la “hora de Dios”    

 

Evangelio: (Jn 14,15-21.)

   

Cristo no vivió sino que vive entre nosotros de un modo espiritual, pero no menos real que en los caminos de Galilea y Judea. La Iglesia es una comunidad, cuyos miembros nos hemos injertado, en palabras de Pablo, a Cristo su cabeza. El hombre, tierra y espíritu, necesita de la visibilidad de los sacramentos para su encuentro con Dios. El Espíritu dirige a la Iglesia, santa y pecadora, en continuo éxodo hacia el Padre.

En los momentos difíciles de la vida, cuando la oscuridad se apodera de nuestra alma acerquémonos más frecuentemente a los sacramentos de la “reconciliación” y “Eucaristía”. La experiencia de Dios y del Espíritu del Resucitado  se harán presentes en nuestra mente y corazón..., sentiremos – el sentir es racional y humano las palabras del Evangelio – :

“Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor. que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.

Señor te pedimos que la Verdad nos haga siempre libres... en este mundo en el que la verdad y la libertad no son, a menudo, sino unos “slogans”  más... para intereses  inconfesables y bastardos  

 

te busco

 

Déjame que, tendido en esta noche avance

como un río entre la niebla,

hasta llegar a Ti, Dios de los hombres,

donde las almas de los muertos velan.

 

Los cuerpos de los tristes que cayeron,

helado y terribles, me rodean;

como muros, encauzan mis orillas,

pero tengo, desiertas mis riberas.

 

Yo no sé dónde estás pero te busco;

en la noche te busco y mi alma sueña.

Por los que ya no están, sé que Tú existes

y por ellos mis aguas te desean.

 

Y sé que, como un mar, a todos bañas:

que las almas de todos Tú reflejas,

y que a Ti llegaré cuando mis aguas

den al mar tus aguas verdaderas.

 

José Luis Hidalgo ,  "Los muertos" (1947)          

 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR   Ciclo-A  

 

 

    1ª Lectura (Hch 1,1-11.)

    El hombre del tercer milenio se pregunta, como el del primero y el del segundo, por el sentido de su vida y de su muerte. El sufrimiento y la angustia, sin embargo, no la vive sólo en sus propias carnes sino, merced a los media, las desgracias más humillantes y desgarradoras en lo físico y psíquico que padecen las personas en “esos mundos inhumanos” las puede contemplar en las pantallas de sus casas burguesas. Esas imágenes, sin embargo, pasan rápidamente entre otras de alegrías desbordantes y, sobre todo, entre esos anuncios tan  sensuales como mendaces.

Para el cristiano todo sufrimiento puede ser vivido, en espera y esperanza, gracias al núcleo del misterio pascual: Resurrección de Cristo y su exaltación a la diestra del Padre. La Ascensión es la fiesta del retorno de Jesús a los cielos para vivir corporalmente otro modo de existencia plena por la fuerza del Espíritu.

En la espera, en esperanza, de con-vivir nuestra propia exaltación personal - por medio de nuestra resurrección de la carne - en el retorno definitivo del Nazareno, repitamos insistentemente las palabras finales del Apocalipsis: ¡Ven, Señor Jesús!.    

 

2ª Lectura (Ef 1,17-23.)

 

¡Quién pude mantener todavía, aun en el plano de la hipótesis, que la esperanza cristiana en una vida plena junto al Padre sea una alienación para el hombre, que le distraiga del compromiso de humanizar el mundo concreto en que se mueve!. El hombre occidental va perdiendo la dimensión de transcendencia y se emborracha en una sociedad del bienestar y del consumismo, que le van minando, poco a poco, su sentido espiritual. La “muerte del hombre” ya no es una afirmación de un peligro futuro, sino una realidad palpable en nuestras calles y plazas del primer mundo.

Hoy, más que nunca, hemos de recordar en nuestros ambientes que la muerte está a la puerta y, con ella, el examen de amor del que nos habla Juan de La Cruz. Todos moriremos. ¿Resucitaremos todos...?. ¿Seremos todos exaltados...?.

La Ascensión es motivo de profunda alegría y esperanza...¿Para todos...?    

 

Evangelio (Mt 28,16-20)

 

Veinte siglos han pasado desde que Jesús por vez postrera – a los cuarenta días de su resurrección –  se despide visiblemente de sus discípulos. ¿Hemos seguido fielmente su mandato?. En realidad de verdad la evangelización de todos los pueblos es un ejemplo palpable de la presencia de Cristo en nuestra Iglesia. Los misioneros no “filosofan” sobre la pobreza y la miseria sino, a ejemplo del maestro, viven esas realidades por su encarnación real con los que no gozan de ningún derecho como personas. Permanecen, ellas y ellos, cuando hasta las asociaciones más humanitarias abandonan esos países en donde reina la guerra y las matanzas indiscriminadas... Vivieron dando dignidad a los hombres de esos territorios y quieren compartir su misma muerte.

 

Son testimonios maravillosos por su fe, esperanza y amor de la vigencia de Cristo, pero son tan escasos..., mientras en nuestras viejas, cuando no caducas cristiandades, abundan relativamente los sacerdotes, religiosos – ellas y ellos – y laicos comprometidos... La enseñanza de Cristo: “Cuando no os reciban en una ciudad ir a otra”, ¿no la hemos a menudo olvidado?. La cuasi total desaparición de las comunidades apostólicas en Asia Menor y en África, ¿no es un indicativo histórico de la consideración precedente?.    

 

Epílogo:

                                  

  en la ascensión

 

¡Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, escuro,

con soledad y llanto!

Y tú, rompiendo el puro

aire, ¿te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados,

y los agora tristes y afligidos,

a tus pechos criados,

de Ti desposeídos,

¿a do convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura,

que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado,

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al viento fiero, airado?

Estando tu encubierto,

¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube, envidïosa

aun de este breve gozo. ¿Qué te aquejas?

¿Dó vuelas presurosa?

¡Cuán rica tú te alejas!

¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

 

(Fray Luis de León, hacia 1574, en la cárcel)

 

 

PENTECOSTÉS  Ciclo-A

 

                

  1ª Lectura (Hch 2,1-11.)

 

¡Qué difícil es la comprensión de la persona del Espíritu Santo!. Todos podemos tener una idea analógica sobre el Padre, a través de la experiencia vivida con nuestros padres y de los sentimientos más íntimos experimentados con nuestros hijos... Todos hemos sido hijos y podemos sublimar nuestra vivencia filial para barruntar con el pensamiento balbuciente la significación de Hijo de Dios..., pero el concepto de Espíritu se nos escapa cuando pretendemos darle un sentido personal. Hablamos, sin embargo, de hombres con espíritu, con empuje creativo y con fuerza espiritual para restañar las heridas...

El Antiguo Testamento nos habla del espíritu como soplo, aire, viento huracanado que transfiguraba a los profetas; estos eran poseídos por el Espíritu de Jahvé.

El Nuevo Testamento comienza con el anuncio del ángel a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti...”. Cristo está siempre bajo el influjo del Espíritu de Dios: En el bautismo se posa sobre él bajo forma de paloma, le empuja al desierto y con su fuerza rechaza las tentaciones de riqueza, gloria y poder..., toda su acción taumatúrgica está bajo su signo y en la transfiguración le revela como Hijo de Dios...

Frente a la confusión originada con la soberbia de Babel con la confusión de las lenguas, se anuncia en Pentecostés la reunificación bajo el Espíritu Santo...

Sólo - en el silencio ante el misterio - podemos sentir la presencia de la tercera persona de la Trinidad: El Espíritu.  

 

 2ª Lectura (1 Cor 12,3b-7.12-13.)

 

Jesús fue durante su vida terrena el único, radicalmente, portador del Espíritu. Con la resurrección-glorificación comienza la misión de Cristo: infundir el Espíritu en el alma de los creyentes. En Pentecostés los apóstoles reciben el  bautismo de fuego, es decir, el Espíritu prometido por el Nazareno. San Juan relaciona con total claridad la estrecha relación entre glorificación de Cristo y envío del Espíritu: “ Si alguien tiene sed, que venga a mi y beba el que crea en mi. De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado”.

 

El espíritu habita en la Iglesia y es fuente de santidad de sus miembros, él nos va indicando el camino de nuestra propia vocación personal en el cuerpo místico de Cristo y, bajo su influjo, la comunidad cristiana goza de múltiples carismas, que enriquecen su profunda unidad.

Todos, agobiados por el ruido de nuestro entorno, necesitamos “dejar ser y obrar” al Espíritu en nuestra vida. La proclamación de la Palabra en la Eucaristía será “Palabra de Dios” no por una repetición mecánica de la Escritura, sino si es “anunciada” con la fuerza del Espíritu que habita en nuestros corazones.

¿Qué papel juega realmente en nuestra vida cristiana el Espíritu Santo?. ¿Continúa siendo el eterno desconocido?. ¿Ha llegado en nuestra conciencia temática la hora del Espíritu?.    

 

Evangelio: (Jn 20,19-23.)

 

Todo hombre, para poder vivir, necesita de la paz en su mente y corazón. La paz predicada por las ideologías políticas no puede realizarse mientras los hombres concretos no la vivan en su misma persona. La paz no es la “tranquilidad del orden” – sería la de los cementerios – sino una tensión equilibrada de todas las dimensiones que conforman la personalidad del ser humano.

La tentación ronda siempre el espíritu de todo hombre, en el que se cumple las palabras atinadas de Pascal: “Me enseñaron que el hombre es una mezcla de ángel y bestia, la vida cotidiana me confirmó lo inadecuado de tal afirmación al ser el hombre, a veces, ángel y, a veces, bestia”.

La experiencia del pecado es un dato común en nuestras vidas: “Tan pequeño y tan pecador” decía Agustín, pero como nos recuerda S. Pablo “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. El sacramento de la reconciliación, sinceramente recibido, es el encuentro del hijo pródigo -¡quién no lo es! con el Padre cuyo poder reside en su misericordia...

Los ministros del Señor son los instrumentos del perdón por la fuerza del Espíritu; no lo olvides nunca cuando te acerques a recibir esa absolución de unos hombres pecadores como tú y como yo.  

 

  Epílogo: Secuencia del Espíritu santo:

 

Alma que ilumina el mundo

Mundo que su onda engendró

Dios hogar fuerza y relámpago

Dios esfera en expansión

Dios que dirige la chispa

integral original

Dios germinador de Dios

Fuego de la noche y noche del fuego

Pulso del silencio eterno

sola cadencia, total corazón

Deslumbramiento del Sí

Por que intento definirte

cúpula anticipadora

del ser en el Orto innato

De lo finito oh, infinito,

nada del hombre Espíritu Santo.

(Pierre Emmanuel 1955) 

 

SANTÍSIMA TRINIDAD  Ciclo-A

 

1ª Lectura (Ex 34,4b-6.8-9.)

 

El gran poder de Dios, uno y trino, consiste en su misericordia y compasión. Ayer como hoy y siempre se da un encuentro entre Dios y el hombre que le busca con corazón sincero. Es necesario, para este encuentro, abandonar las preocupaciones y afanes de este mundo y ascender a la soledad de las cumbres. Sólo en las altas nubes sopla el viento del Espíritu de Dios.

 

Nuestra sociedad, al haber prescindido de Dios, necesita “profetas” que – asumiendo los pecados y culpas de nuestro pueblo, embriagado por las conquistas del espacio y los intentos de manipulación genética – repitan como Moisés: “Señor, sé tú nuestra heredad. Sé tú nuestro Dios”.

El pecado del pueblo de Israel como el pecado del hombre contemporáneo no es radicalmente el “ateismo” sino el “politeismo”. Las antiguas deidades han sido suplantadas por los nuevos dioses: Poder, dinero, fama, triunfo, con sus ídolos del mundo del deporte, del cine, de la televisión a los que se venera con toda una liturgia de adoración laica; en sus templos se entregan las ofrendas: “Estauillas doradas” (Oscars), “medallas de oro, plata y bronce” y “botas de oro”... ¡Becerros de oro!  

 

2ªLectura (2 Cor 13,11-13.)

 

La vivencia cristiana, basada en los escritos neo-testamentarios, va a dar lugar a la matización progresiva sobre el concepto de Dios. Los cuatro primero siglos de nuestra era van a girar en torno al tema de unificar la unidad y diversidad entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Antes del Concilio de Nicea (325) subsisten dos tendencias: la pluralista y la unitaria. Nicea se pronuncia por la divinidad de Cristo, insistiendo en su filiación divina; los conceptos atribuidos a Cristo por nuestro credo: “unigénito, engendrado no creado, por quien todas las cosas fueron hechas” son fruto de aquel transcendental Concilio. El Concilio de Constantinopla (381), aclarada la distinción entre esencia y persona, declara que en Dios se da una “esencia y tres personas distintas”.

 

Las Palabras de Pablo nos ilustran esa fe en el Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos permite sentirnos y ser verdaderamente hijos de Dios, coherederos con Cristo por la fuerza del Espíritu. El dogma está al servicio esta vivencia proclamada por Pablo. No se trata únicamente de saber de la Trinidad, sino de vivir, en la Trinidad,  la vida cotidiana.  

 

 Evangelio (Jn 3,16,18.)

 

Los cristianos, desde los primeros tiempos, se distinguieron de los judíos y no judíos, porque bautizaban en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El cristiano no cree en un Dios monolítico, sino en un Dios “amor”, dínamis ontológica de la plenitud del ser. El amor supone siempre, aún en nuestra vida, tres dimensiones: la del que ama, la del amado, y la del espíritu que se genera entre amante y amado.

La Trinidad es un misterio en el modo de comprender como una misma esencia puede ser participada por tres personas distintas entre sí, pero no en el sentido de que Dios, al ser amor, sea trinitario, pues lo trinitario del amor lo palpamos en nuestro amor, que participa radicalmente del amor que constituye el ser de Dios.

Amar a un Dios trinitario es vivir de la presencia del Padre, Hijo y Espíritu Santo en nuestra vida e intentar que nuestro amor a las personas que nos rodean sea una imagen del amor de Dios.

 

Trinidad es comunión, familia divina a la que fuimos incorporados por el bautismo.  

 

Epílogo: 

 

cantar del alma que se huelga

de conocer a dios por la fe

 

Aquella eterna fonte está escondida

que bien sé yo do tiene su manida

aunque es de noche.

En esta noche escura de mi vida,

que bien se yo por fe la fonte frida

aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no lo tiene,

mas sé que todo origen de ella viene,

aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella.

y que cielos y tierra beben de ella,

aunque es de noche.

Bien sé yo que suelo en ella no se haya,

y que ninguno puede vadealla,

aunque es de noche.

Su claridad nunca es escurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes,

que infiernos, cielos, riegan y las gentes,

aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente,

bien sé que es tan capaz y omnipotente,

aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede

sé que ninguna de ellas le precede

aunque es de noche.

Bien sé que tres en sola una agua viva

residen, y una de otra se deriva,

aunque es de noche. (....)

(S. Juan de la Cruz)    

  

 

 CORPUS CHRISTI   Ciclo-A

 

 1ª Lectura:  (Dt 8,2-3.14b-16a.)

 

El caminar del hombre en este mundo tiene sentido de  avanzar en el desierto. Lo terrible del hombre occidental es que, rodeado de todos los bienes y sin falta de pan..., vive en el desierto de una soledad profunda. La soledad más radical no es la del que no tiene personas con las que compartir sus alegrías y penas, triunfos y fracasos, pues éste puede tener una vida equilibrada en un diálogo maravilloso con la madre naturaleza, abierta siempre a brindarnos paz, sencillez y tranquilidad. El cielo estrellado y el frío en la aridez de una estepa pueden hacernos vivir en comunión en el horizonte de Aquél que nos transciende.         

En medio del ajetreo de calles agobiantes, de plazas que lanzan sus luces trepidantes de anuncios de toda índole, de personas que no sólo nos rodean, sino que nos aplastan, es cuando se siente y se pena de soledad, pues nadie está dispuesto no ya a compartir, sino ni siquiera a escucharnos dos minutos. Ninguno tiene tiempo...; el trabajo alienante, la maldita caja tonta, la saturación del obsesionante fútbol hacen que no exista el diálogo, que es lo que caracteriza en verdad a la persona. Cuando se siente la soledad del acompañado aparece la sensación angustiosa de sentirse “de más” en nuestra mente y corazón...

En esos momentos, entra en una iglesia – aunque no las visites desde hace mucho tiempo – y allí está Jesús esperándote, Él también sólo para compartir tu vida.  

 

2ª Lectura:  (1 Cor 10,16 17.)

 

El hombre siempre ha tenido la ilusión de una comunión perfecta con la persona a la que ama. Las palabras que se repiten en la lectura del sacramento del matrimonio: “serán los dos una sola carne”, pueden cumplirse por los proyectos comunes de la pareja, por la ilusión de un futuro compartido, por la alegría de poder contemplar juntos la sonrisa de sus hijos, carne y sangre de ambos. Él y ella serán, sin embargo, siempre dos personas...

Grandeza y miseria de la personeidad humana, radical y ontológicamente incomunicable. En la Eucaristía, sin embargo, todos vivimos en nuestro mismo ser del mismo ser de Dios. No recibimos a distintos Cristos, sino que los distintos recibimos al mismo Cristo. Al acercarnos al sacramento de la Eucaristía todos nos debemos sentirnos unidos a todos y a todo a través de Cristo, y con Él al Padre por medio del Espíritu. Después de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo no te cierres  en un “diálogo misticoide” solo con Jesús, con los ojos cerrados por tus manos..., mira a tu alrededor, siente el calor de las personas más cercanas y únete con Cristo a toda la comunidad.

Una luz de paz, unidad y fraternidad inundará toda tu persona...  

 

 Evangelio: (Jn 6,51-59.)

 

La Eucaristía es la actualización de la muerte y resurrección de Cristo. Jesús es el viviente, que no sólo está presente en el recuerdo de la historia, sino en la presencia real a través de lo signos eucarísticos.

La fe no es fundamentalmente algo que se tiene, sino que – por expresarlo con palabras más exactas – la fe nos tiene... Dios en la fe, en expresión fenomenológica, “nos ha cogido por la espalda”. Es difícil creer en la presencia real de Cristo por su humanidad en la Eucaristía..., pero si consideramos que el amante desea estar junto a las personas que ama, el corazón tiene sus razones para poder afirmar tal presencia.

No ha de olvidarse, por otra parte, que ese cambio llamado “transubstanciación” no es del orden físico-químico, sino de lo que constituye lo más íntimo de la “realidad” del pan y el vino, expresado en términos latinos de substancia.

El afán de inmortalidad, superado por la maravillosa realidad de la resurrección. se ve garantizado por la recepción eucarística: “El que come mi carne y bebe mi sangre no morirá eternamente”.

Este día nos recuerda también nuestras incongruencias de personas volcadas en la visibilidad de los espacio-temporal. Nos movemos en peregrinaciones, ciertamente laudables, realizadas con muchos sacrificios..., mientras Cristo presente en nuestros sagrarios permanece en soledad y silencio. Al amor se corresponde – no se paga –  con amor, ¡no lo olvides!.  

  

Epílogo:

 

TEMORES EN EL FAVOR

 

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,

y la cándida víctima levanto,

de mi atrevida indignidad me espanto,

y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,

tal vez la doy al amoroso llanto

que, arrepentido de ofenderos tanto,

con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,

que por las sendas de mi error siniestras

me despeñaron pensamientos vanos;

no sean tantas las miserias nuestras

que a quien os tuvo en sus indignas manos

vos le dejéis de las divinas vuestras.  (Lope de Vega)

 

DOMINGO 10º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo – A)

 

1ª Lectura: (Os 6,3b-6)

Vivimos en una situación en nuestra patria, en la que la vivencia de Dios parece haber desaparecido. Nuestros templos se van vaciando de jóvenes; la afectividad seria y responsable ha dado paso al capricho de los instintos; el terrorismo indiscriminado en el País Vasco se vive, por una parte de la población de esa maravillosa tierra, como una lucha contra las presuntas violaciones de legítimos derechos del nacionalismo. La defensa de la vida se desprecia con unos “abortos” que no sólo suponen una repulsa de la ley moral, sino una burla de las mismas leyes civiles ya harto permisivas...

En muchos creyentes ante estas realidades innegables surge imperiosamente esta pregunta: ¿A dónde vamos?. La fe y esperanza cristianas, vividas en la Pascua, se ven confirmadas por las palabras, escritas  ocho siglos antes de Cristo, del profeta Oseas en unas circunstancias tan dramáticas como las nuestras: No quiero condenas sino misericordia por este pueblo.

 

2ª Lectura: (Rom 4,18-25)

¡Qué fácil es afirmar que el hombre es creador de valores, que sólo encuentra en el mundo lo que él mismo labró con su libertad...!, pero ante la muerte concreta de un ser querido..., que se vive y se siente en nuestra propia carne, se derrumban todos los optimismos humanos... y las mismas creencias religiosas empiezan a tambalearse ante su cadáver todavía caliente, que podemos contemplar en la penumbra de una silenciosa habitación.

La figura de Abrahan – el creyente contra toda esperanza razonable – se configura en la lejanía de nuestras creencias. La cruz que acompaña al cadáver es el fundamento próximo de la espera que el Padre, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, nos resucitará también a nosotros.

Señor Jesús, te pedimos, como el régulo del evangelio, ayuda para superar nuestra incredulidad.

 

Evangelio: (Mt. 9,9-13 )

El hombre conserva siempre la dignidad recibida en su mismo ser. Hasta el final de la vida todos podemos cambiar el rumbo de nuestra pequeña, pero nuestra..., historia.

No es difícil compadecerse de las prostitutas y comprender su situación, pero ¡cuesta tanto no condenar a los que manejan a su arbitrio a las personas con esos asquerosos dineros, que les permiten compra y vender sus cuerpos, sus almas y sus conciencias!. ¡Quién no siente primariamente odio y repulsa total y absoluta por los que con guante blanco, como sepulcros blanqueados, matan a tantos seres con la maldita droga y el tráfico infernal de armas!.

Odia el mal, pero ama al desgraciado que lo comete, pues desgraciado es quien juega, sin ninguna conciencia ni remordimiento, con las vidas humanas por unas sucias y malolientes fortunas... Habla claro y condena sus crímenes, pero - con amor infinito ante sus amorales actitudes - trata con ellos del Dios de la vida y de la muerte, de la dignidad de las personas a las que han destrozado, de la posibilidad de poder volver, por un arrepentimiento profundo y responsable, al camino del bien. Quizás escuchen, como Mateo, la llamada de Dios a su conversión. Nos cuesta, Señor, escribir estas palabras pero pertenecen a tu mensaje...

 

Epílogo:

 

(...) Jesús el hombre célebre,

con su cara de bueno enflaquecido,

apareció, y cruzaba con su tropa

de pobretes.

Y yo ya lo olvida,

y seguía mi suma, pero no:

llegó a mí, y dijo: “Sígueme

sin mirar hacia atrás. Yo ¿qué iba a hacer?

Yo siempre he obedecido, y no supe;

me levanté queriendo preguntarle,

y él no volvió la cara.

¿Qué más da?

Ya llevo varios meses; todavía

no le he podido hablar a solas, pero

se me olvida qué le iba a preguntar.

Él ya cuenta conmigo; ¿qué más da?

Si yo estaba sentado, es porque nadie

pensó en mi nombre; nadie me quería.

Siento el desorden, pero ¿qué más da?

 

(La vocación de San Mateo. J. M. Valverde)

 

DOMINGO 11º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo – A)

 

1ª Lectura: (Ex 19,2-6a)

Todos hemos de sentirnos amados por Dios no sólo por haber recibido como criaturas el ser, sino por haber sido llamados a vivir, por participación, la misma vida de Dios. Injertados en la vida trinitaria por el bautismo, hemos de hacernos conscientes como adultos de lo que nuestros padres y padrinos prometieron, en nuestro nombre, en el sacramento fundamental – don de Dios –  por el que fuimos constituidos sacerdotes y profetas del reino de Dios.

En la Iglesia, comunidad de los creyentes, no existen sujetos pasivos, sino que todos, sacerdotes y laicos, hemos de dar testimonio con nuestra palabra y, sobre todo, con la vida del don recibido. El sacramento del orden confiere a los sacerdotes la responsabilidad de un servicio total, absoluto y pleno con respecto a nuestros hermanos. “Con vosotros soy cristiano, decía Agustín, para vosotros soy obispo”.

El papel de los seglares en la iglesia se ha hecho más patente en los países de misión – ¡los nuestros lo son en la actualidad! – en los que escasean las vocaciones sacerdotales. Los catequistas seglares, portadores de la buena nueva, son una maravillosa muestra de su importancia en la nueva evangelización, y el ejercicio de la caridad es tarea de laicos comprometidos, que conocen , a menudo, mejor que los consagrados las verdaderas necesidades del pueblo.

 

2ª Lectura: (Rom 5,6-11)

Desde niños se grabó en nosotros la conocida escena acontecida en “Auschwitz”: Se comienza a  diezmar, por represalia, en el conocido campo de concentración polaco. Un padre de familia escucha el número fatídico que le coloca entre los condenados. Comienza a gritar por el miedo, terror y desesperación ante la muerte... ¡Es, además, padre de familia!. Sin miedo y con los ojos encendidos por una caridad desbordante, un franciscano, el padre Kolbe - hoy santo -, pide al responsable del campo de exterminio que le permita sustituir al angustiado padre... Se le concede el ¡privilegio y gracia!. Allí en una celda muere de hambre y sed, pero lleno del Dios de la esperanza, el humilde y ejemplar religioso.

 Con esta imagen se comprende el profundo significado de las palabras de Pablo: “A penas nadie morirá por un justo, pero por un injusto”... y el profundo significado de que “todo es gracia”. El hombre se siente, a pesar de sus fallos, reconciliado y justificado por Cristo con Dios.

¡Ojalá leamos, bajo una dirección adecuada, las maravillosa epístola de Pablo a los Romanos!. En sus páginas sentiremos las tinieblas del mal y la misericordia infinita y gratuita del Padre.

  

Evangelio: (Mt 9,36-10,8)

Ayer, como hoy y siempre Dios va llamando a cada uno por su nombre para ser predicadores del Evangelio. Los sacerdotes no hemos sido escogidos ni por nuestra bondad, ni preparación, sino por la voluntad inescrutable de Cristo.

Todos los sacerdotes hemos sentido, bajo formas múltiples y diversas, esa llamada inequívoca del Nazareno. Quizás algunos nos hemos resistido, como los profetas, durante algún tiempo, pero la voz de Dios pudo más que nuestras humanas preferencias.

Los sacerdotes tenemos la “misión de vértigo” de ser “otro Cristo” y ante ese papel que nos toca vivir en nuestra vida hemos temblado ante semejante responsabilidad. El miedo a  ser infieles se dibuja a menudo en el horizonte, pero la confianza en la gracia del que todo lo puede, hace que vayamos animosos a dar razón de nuestra fe y esperanza a todos los hermanos.

Como Melquisedec hemos de ser “ sin padre, ni madre, ni genealogía” y toda nuestras aparentes renuncias quedan sublimadas positivamente  por la plenitud que confiere el amor de Dios en nuestra existencia y la ilusión de ser “mensajeros de la buena nueva” a un mundo que ha perdido el sentido y la ilusión del mismo vivir.

Al caer de la tarde de su vida todo sacerdote quisiera entregar el testigo a un joven que asumiera su función... Faltan sin embargo vocaciones. ¿Por qué?.

Silencio y oración...

 

Epílogo:

- Maestro, ¿qué podría hacer de bueno

para la salvación? –

    -  ¿por qué preguntas

qué es lo bueno? Tan sólo Dios es bueno.

Pero si quieres gloria, haz lo que Él manda.

Ya sabes: no matar, no odiar...

- desde niño observé los mandamientos - .

Jesús lo contempló, le amó mirándole,

con tristeza imposible, sin remedio:

Algo te falta aún. ven conmigo, sígueme.

¿Seguirle? (...)

 

(Panes y peces. J. M. Valverde)

 

 

 

DOMINGO 12º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo – A)

 

1ª Lectura (Jr 20,10-13)

¡”Siempre los justos mueren por los pecadores”!. Este grito de una célebre película resume la experiencia de nuestro mundo: en el que la verdad no tiene ningún valor en la vida social, sino el triunfo cueste lo que cueste y caiga quien caiga; en el que la sencillez, la humildad, la honradez y el corazón bueno se consideran virtudes pasivas cuando no signos de una moral digna de esclavos... (Nietzsche)

En la sociedad que nos rodea los hombres religiosos y las mismas creencias son ridiculizadas continuamente por la mayoría de los medios de comunicación social. Las palabras de un personaje tan poco sospechoso como A. Malraux: “El siglo XXI será religioso...”, aparecen como sueños de unas mentalidades enfermizas, que añoran ideales hace tiempo transnochados...

En medio de tanto laicismo todo profeta, y el verdadero creyente lo es, en su turbación grita como Jeremías: “¿Dónde estás Dios?”. Pasado el momento de la tentación y de la prueba, el “testigo de Dios” siente la presencia real y actual de la divinidad: “El Señor está conmigo”.

 

2ª Lectura (Rom 5,12-15)

La experiencia de Pablo la podemos constatar, cada día, en nuestro vivir. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Nuestro interior está en continua zozobra por el hombre adámico que todos llevamos y por el don de la gracia otorgada por Cristo. En medio de las frecuentes caídas no perdamos nunca la confianza en el amor de Dios compasivo y misericordioso revelado por Jesús de Nazaret.

Sentirse perdonado íntimamente por el Padre, amado como hermano por Jesucristo, y capaz de superar , con la fuerza del Espíritu Santo, todas las tentaciones del maligno, es el mejor testimonio de confesar nuestra fe, no con palabras, sino con la vida.

En los momentos recios de turbación repitamos en la mismidad de nuestro ser ( cuerpo, alma y espíritu): que el “don no se puede comparar con la caída” y “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”.

El tiempo pasa y en el horizonte ya se vislumbra la afirmación del Viviente... “Yo he vencido a la muerte...”. ¡Ven, Señor, Jesús!.

 

Evangelio: (Mt. 10,26-33)

Cristo va repitiendo siempre a través de los evangelios estas palabras: “No tengáis miedo”. En los siete versículos del Evangelio de San Mateo aparecen las mismas cuatro veces...

Jesús sabía que el miedo se iba a apoderar de nuestras personas, en cuanto humanas, débiles y timoratas, y de ahí su reiterativa insistencia... Opinamos, modestamente, que lo más difícil de poder sobrellevar no es fundamentalmente el miedo ante determinados acontecimientos, que pueden llegar o no, sino el “miedo al miedo”, que nunca por principio se concreta, sino que nos cubre, actualmente, como capa temblorosa ante todas las posibilidades que nos pudieran concernir: Miedo a no poder soportar la muerte de los seres más queridos; miedo a no dar la talla ante una enfermedad dolorosa, que se nos presentifica en nuestros cotidianos achaques; miedo a perder la confianza de los superiores cuando no el mismo trabajo; miedo ante el porvenir, siempre ambiguo, de nuestros hijos. Miedo a... la muerte, miedo a... la vida; siempre miedo actual, siempre “miedo al miedo”.

El miedo se supera y se sublima por la confianza en un Padre que cuida hasta los cabellos de nuestra cabeza. El miedo de Cristo en la cruz..., dio paso a la afirmación más sublime del amor hacia su Padre: “A tus manos Señor – no a mis miedos, vacilaciones, oscuridades – encomiendo mi espíritu”.

 

Epílogo:

Quien quiera saber si es aprobada

Una verdad que todo el mundo informa.

Que el verdadero amante se transforma

En pura forma con la cosa amada.

Mire aquella verdad en ti encerrada,

Que al mundo puso nuevo ser y forma:

Mire aquella humildad que ansí reforma

La libertad y la altivez pasada;

Mire el silencio y la pobreza santa,

Seráfico Francisco, que te han dado

La celestial y victoriosa palma.

            Veráte grande a par de cualquier planta,

Veráte, como a firme enamorado,

En tu Dios transformado cuerpo y alma.

 

(López de Maldonado, siglo XVI)

 

DOMINGO 13º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo – A)

 

1ª Lectura: (2 Re 4,8-11.14-16a)

El segundo libro de los Reyes nos describe la vida del profeta Eliseo: ser enviado de Dios para proclamar la presencia amorosa de Jahvé para con su pueblo. La vida del profeta ha de ser ejemplo palmario de desprendimiento de todos los bienes que nos rodean y, como consecuencia de ese desapego, la necesidad de depender de la caridad de los que le proporcionan mesa y alojamiento. La pobreza supone no sólo  el no poseer bienes en propiedad, sino la supeditación al “buen corazón” de las personas...

El agradecimiento de Eliseo al matrimonio mayor que lo recibe en su casa, nos recuerda las palabras del Nazareno: “Todo lo que se os dé en mi nombre no quedará sin recompensa”. El santo de Dios, Eliseo, les promete un hijo a pesar de su edad. Su promesa se verá cumplida.

Los predicadores del Reino hemos perdido, a menudo, la libertad de espíritu, que se obtiene por la renuncia de los bienes exteriores, hemos olvidando aquellas palabras de Cristo de confiar, como los lirios del campo y las aves del cielo, en el Padre que cuida de cada uno de nosotros. Los cristianos tenemos colegios preclaros, medios de comunicación social y universidades, de gran renombre y prestigio, en todo el Orbe. Una pregunta surge: ¿Tenemos el Espíritu de hacer “signos extraordinarios”, en favor de nuestros hermanos, en el nombre de Jesús?, ¿podemos decir como Juan y Pedro “ni oro ni plata tenemos”, pero en el nombre de Cristo levántate y anda?.

 

2ª Lectura: (Rom 6,3-4.8-11)

Los creyentes hemos de recordar, con frecuencia, la limpieza recibida en el bautismo, simbolizada por las vestiduras blancas... Siempre la tentación nos acecha “como león rugiente” (Pedro) de volver al hombre terreno sepultado en nuestro bautismo. La Resurrección de Cristo ha de ser el motivo de la espera y esperanza en la fuerza de Dios para poder superar, a pesar de nuestras debilidades, el pecado.

Pablo nos indica el camino positivo para poseer una existencia llena de la plenitud de Cristo: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que viviremos con Él”. No debemos obsesionarnos por el miedo al pecado – concepto negativo de la vida – sino por la participación más completa y perfecta con el Señor resucitado. La clave y fundamento del optimismo y alegría cristiana radican no en nuestras propias fuerzas, sino en la fuerza del Espíritu de Jesús.

Amemos la vida nueva nacida en y con la resurrección, vivamos de la esperanza cristiana de participar pronto en su realidad en unión con Cristo y, de esta forma, el horizonte del mal, que otrora tantas angustias ha provocado en las almas, quedará en un horizonte lejano de nuestra libertad real.  

 

Evangelio:(Mt. 10,37-42)

La instrucción del Nazareno a los apóstoles gira siempre en torno a una entrega total y absoluta a su misión, prescindiendo de toda seguridad que brindan las “economías humanas saneadas”, siempre tan ponderadas. Desprenderse, si es necesario, de una familia natural para poder extender nuestro amor a una familia más universal y necesitada, ha sido siempre la enseñanza de Jesús. Tomar la cruz de cada día, ese calvario monótono, cansado, duro y sin heroísmos puntuales es el quehacer de todo cristiano que intenta seguir y vivir la vida del predicador de Galilea...

Es relativamente fácil desprenderse de los bienes exteriores, pero qué difícil es el  desasirse de ese “yo”..., que todos hemos ido cultivando, a menudo inconscientemente , en nuestro misma tarea apostólica... Matar nuestro “propio y exclusivo yo”, hacer que el “yo” de Cristo se vaya convirtiendo en el nuestro, hasta el punto que únicamente encontremos nuestra propia vida al perderla, es la dialéctica en el núcleo del mensaje cristiano, es decir, de nuestra deificación interior. Desde el “yo” divino, que habita en nuestro corazón, se comprenden las enseñanzas del evangelio de hoy: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

Ojalá todos intentemos vivir en nuestro ser el grito enamorado de Pablo: ¡“Vivo yo, que no yo, que es Cristo que vive en mí!.

 

Epílogo:

Jesús, bendigo yo tu santo nombre;

Jesús, mi corazón en ti se emplee;

Jesús mi alma siempre te desee;

Jesús, loete yo cuando te nombre.

Jesús, yo te confieso Dios y hombre;

Jesús, con viva fe por ti pelee;

Jesús, en tu ley santa me recree;

Jesús, sea mi gloria tu renombre.

Jesús medite en ti mi entendimiento;

Jesús, mi voluntad en ti se inflame;

Jesús, contemple en ti mi pensamiento.

Jesús de mis entrañas, yo te ame;

Jesús, viva yo en ti todo momento;

Jesús, óyeme tú cuando te llame.

(Licenciado Dueñas, siglo XVI) 

 

DOMINGO 14º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo – A)

 

1ª Lectura: (Zac 9,9-10)

Toda la segunda parte del libro del profeta Zacarías (cps. 9-14) nos anuncia expectativas mesiánicas y escatológicas. La lectura de hoy evoca sin ambigüedades, en la línea de los cantos de Isaías, la aparición en medio del pueblo – destrozado por un invasor que ha devastado Siria, Fenicia y Filistea – del príncipe mesiánico de la paz.

El rey que trae la justicia de Jahvé no viene con gran poder y majestad, sino sencillo y humilde; su predicación es la proclamación de la paz entre las naciones. Cristo cumplió esta profecía el Domingo de Ramos.

La Iglesia ha de rechazar la tentación de poder que ronda siempre a toda institución, bajo capa de dirigir positivamente las mentes y corazones. El verdadero poder de Dios consiste en el anuncio de la verdad, justicia y paz.

Cuando la esperanza de la paz parece imposible en las tierras pisadas por el Nazareno, cuando todas las iniciativas se ven abocadas al fracaso, la iglesia ha de ser un instrumento de paz no sólo por sus palabras, sino por sus hechos. La defensa de unos templos y restos, por muy sagrados que estos sean, no pueden justificar la muerte de ninguna persona. El derecho de convivencia de las partes implicadas ha de fundamentarse en el amor del Dios del Antiguo  y Nuevo Testamento, que predicaba – precisamente en esas tierras –  no sólo la justicia y el derecho sino el amor entre los hombres.  

 

2ª Lectura: (Rom 8,9.11-13)

Las epístolas de S. Pablo nos muestran las dos dimensiones que nos constituyen como personas finitas: El Espíritu y la Carne. En la vida de todo cristiano existe una lucha entre la fuerza de la Carne, que nos inclina a los bienes terrenos y que conduce a la muerte, y la fuerza del Espíritu que nos hace comprender la esperanza a la que hemos sido llamados: “que nuestros cuerpos mortales sean vivificados por el mismo Espíritu de Jesús”.

Nuestra sociedad de consumo nos está ofreciendo productos y más productos, que no nos permiten pensar ni en su utilidad ni necesidad. El espíritu humano vive alienado por los resortes de la propaganda más refinada. No tenemos tiempo de retirarnos del tráfago de la cotidiana vida y mirar, desde la orilla, el río de la vida que pasa arrastrando seres humanos, que no han tenido la oportunidad de reflexionar sobre la condición de su carácter de hombres mortales.

Sólo en la soledad y retiro interior podemos plantearnos las eternas y siempre presentes preguntas del hombre: ¿De dónde venimos?. ¿A dónde vamos?. ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?.

Oigamos las palabras de Pablo: “Vivid según el Espíritu de Cristo”

 

Evangelio: (Mt. 11,25-30)

Siempre han sido mayoritariamente los pobres quienes han seguido la llamada de Dios a un entrega sin términos medios. Los apóstoles, sencillos pescadores del lago y modestos trabajadores del pueblo de Israel, fueron los primeros discípulos del Señor, que tuvieron ese conocimiento intuitivo y cuasi natural de penetrar en los misterios del amor incondicional de Jesús de Nazaret.

Nuestros seminarios estuvieron llenos, en años pasados..., de jóvenes sencillos y de corazón limpio de nuestra España profunda, que aprendieron de sus padres la honradez en el comportamiento, el sacrificio por los demás y la dureza del trabajo manual. La falta de vocaciones del mundo contemporáneo, ¿no se deberá, en parte, a la pérdida en muchas familias de esos valores tan adecuados para escuchar la llamada de Cristo?.

Nuestra vida cristiana pasa por momentos de desaliento y de duda ante la poca eficacia de nuestros trabajos apostólicos y por la situación de injusticia radical y de pecado colectivo en el que nos movemos en este mundo, en el que las desigualdades son cada día más patentes. Cuando sintamos ese agotamiento, más psíquico que físico, acudamos a Cristo; un rato de oración sosegada ante el sagrario puede ser la mejor psicoterapia para encontrar la paz en el espíritu y el equilibrio perdido del alma.

Como el Cirineo, si tomamos nuestro yugo y nuestra carga cotidiana con los padecimientos de Cristo, podremos vivir dando un sentido pleno de redención a los sinsabores y sufrimientos de nuestro caminar en esta pésima posada de la vida.

 

Epílogo:

 

                                                 de paso

 

Ya lo noto.

Es siempre de paso

como el ser camina

por esta calleja.

 

Ya lo noto.

El cuerpo me avisa

de que no es eterna

su fuerza primera

 

Ya lo siento,

en el centro mismo del alma,

que en queja,

se pregunta siempre

dónde está la meta.

 

Ya lo sufro,

el doler y el gozo

de la lucha espesa:

 

ser de carne

que ama esta tierra

y a la vez, latigazo furtivo,

sentir que es de paso, no más,

que cruzo esta senda.

(Mª Rosario García. DE PASO, 1995)

 

DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo-A)

 

1ª Lectura: (Is 55,10-11)

En la vida cotidiana nos encontramos con muchas personas proclives a dar sus oportunos consejos... Respetando su postura, algunos pensamos – tal es mi caso – que lo importante no es tanto dar consejos, sino decir alguna “palabra”.

Todo consejo supone, supone consciente o inconscientemente, una postura magistral y el hombre medianamente inteligente no encuentra demasiados “maestros” en su vida. Una palabra, por el contrario, se dice a la vera del camino, sin mirar a la persona que nos acompaña en nuestra andadura..., sólo es una palabra, pero es una “palabra” y toda palabra siempre, en alguna manera, fructifica.

Al final de la segunda parte del libro de Isaías, el llamado de “La Consolación”, hemos escuchado la bellas imágenes de lo que es la palabra de Dios: lluvia y nieve que empapan la tierra y la fecundan para producir la semilla apropiada.

Todos los domingos, después de las lecturas de la “Eucaristía”, decimos “Palabra de Dios o del Señor”; ¿la escuchamos como tal?, ¿nos dejamos interpelar por ella?, ¿damos la respuesta personal que Dios espera de cada uno de nosotros?.

Siempre con interrogaciones, que pueden denotar una postura simplemente dialéctica; ¿cuándo éstas provocarán una postura cristiana en nuestra existencia?.

 

   2ªLectura: (Rom 8,18-23)

El hombre no es un aerolito caído del cielo, ni siquiera “una animal racional” ni “caña pensante...”. El hombre concreto, el único que existe, se puede definir, en sentido fenomenológico, como “un ser con otros en un mundo”. Sin mundo no existe verdaderamente la persona y la tan citada frase de Ortega: “Yo soy yo y mis circunstancias” no es sino, en tono menor, lo que intentamos expresar.

El pecado no sólo ha dañado al hombre, sino a través de él, al mundo, que forma parte del hombre. También el “cosmos” está aguardando la redención propia de los Hijos de Dios. La intuición maravillosa de Teilhard de Chardin está anclada en los textos de Pablo, en los que Cristo aparece como principio y fin, alfa y omega, de toda la creación.

Amar a los animales, respetar a la naturaleza viva y a la muerta, es cumplir la voluntad del Padre creador de todo lo que existe. El ecologismo tiene una raíz  profundamente divina y cristológica. Dignificar a todo ser es la misión encomendada al hombre por Dios.

Leamos, de nuevo, las maravillosas palabras de Pablo a los Romanos y en ellas aprenderemos a tener el corazón limpio y abierto al “Cosmos”, como lo tuvo el cantor sublime de todas las criaturas: Francisco de Asís.

 

Evangelio: (Mt. 13,1-23 )

En los domingos XV,XVI,XVII, comienza la parte del Evangelio de San Mateo, llamada "Libro de las Parábolas”. En ellas se encuentra el mensaje profundo y radical sobre el Reino de los Cielos. El Evangelio de hoy nos narra la parábola del “sembrador”; es una narración sencilla y comprensible, cuya significación  tiene una resonancia clara y contundente para nuestro mundo.

Ayer, como hoy, ante la palabra de Dios proclamada caben diversas posturas:

Quien oye la “palabra”, pero no la escucha y la palabra no deja ningún poso ni resonancia en su vida.

Quien no sólo oye la “palabra”, sino la escucha con interés y rápidamente se queda prendado por el mensaje salvífico que conlleva, pero no tiene una madurez suficiente para que la palabra cale - profunda y lentamente - en las entrañas de su espíritu y, de esta forma, la palabra va perdiendo vigencia cuando la realidad de la vida cotidiana le va presentando las dificultades reales de aceptarla: el ser tachado de retrógrado, de defensor de causas añejas y, por consiguiente, el riesgo de perder su posición social de hombre progresista y avanzado.

Quien la escucha detenidamente, pero la tentación de vivir a tope de los goces de la vida y de labrarse un buen porvenir tienen como consecuencia que esos pensamientos positivos sobre la palabra no se materialicen, en su existencia..., en verdadera vida.

Quien escucha, por fin, la palabra con seriedad y responsabilidad, y madura radicalmente su compromiso con la “palabra” según sus fuerzas y la exigencia del Espíritu de Dios.

Epílogo: 

Profesión de fe

 

Creo en el cielo azul: (azul y cielo...)

Creo en la tierra humilde, en el precioso

don de la tierra tibia y fuerte,

de la tierra bella.

Creo en el oscuro

éxtasis del estanque; en la palabra

buena que dijo alguien y en el ala

del oro

prometido al gusano...

Creo en la Noche, Creo en el Silencio...

y en un día de luz maravilloso...

 

Creo en tu corazón azul y fúlgido

y también en mi corazón, un poco...

(Dulce María Loynaz)

 

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo-A)

 

1ªLectura: (Sab 12, 13. 16-19)

El libro de la Sabiduría constituye una verdadera joya de la literatura judía alejandrina. Su atribución a Salomón, el más sabio de Israel, no es sino un artificio literario. Su autor es un judio helenizado, lleno de fe en el Dios de los Padres y con una buena formación de la cultura griega. El texto de la primera lectura insiste en la misericordia y bondad de Dios para sus criaturas y prefigura la imagen de Dios Padre, amante de las criaturas hasta entregar por este amor a su propio Hijo, revelada por Cristo.

Dios no demuestra su poder universal, como los reyes y poderosos de este mundo, con un dominio sobre las acciones y conciencias de los hombres, sino que su misma justicia se reviste de perdón y misericordia.

Todos somos pecadores, pero nuestros fallos y caídas no han de alejarnos de Dios, sino deben servir de estímulo para acudir, como hijos débiles y pobres, al abrazo del Padre, que siempre espera nuestra arrepentimiento. El mayor pecado del hombre es el de la desconfianza en Dios... Sentirse, por el contrario, amados y perdonados por Dios es el comienzo de la vida nueva, ofrecida por Dios, a través de Jesús de Nazaret.

Perdonados por Dios, nuestro comportamiento con nuestros hermanos ha de estar lleno de humana comprensión ante sus comportamientos injustos.  

2ª Lectura: (Rom 8,26-27)

Lo más íntimo del hombre sólo puede ser observado y comprendido por Dios. El conocimiento de nosotros mismos – a pesar de la maravillosa aserción del Oráculo de Delfos... – no deja de ser un ideal utópico que siempre está sólo en el horizonte de nuestro intento de ver un poco más claro en los movimientos y motivaciones de nuestro actuar.

Nuestras acciones, aparentemente más desinteresadas, están siempre mezcladas de dosis de egoísmo y de amor propio. En lo profundo de nuestra mismidad nos sentimos divididos entre nuestro querer y pensar y nuestras acciones cotidianas. Cuando aparezca el desaliento al vernos “humanos, demasiado humanos”, pensemos en la frase del Nazareno: “Lo que es imposible a los hombres le es posible a Dios”. Debemos invocar continuamente al Espíritu para que transforme con su fuerza nuestras mentes y corazones y los haga conformes al ser de Cristo Jesús.

La devoción al Espíritu, tan olvidado temáticamente - en tiempos pasados -  en la vida práctica de muchos creyentes, surge en nuestros días con una fuerza insospechada. Los movimientos carismáticos son un signo de enriquecimiento de nuestra Iglesia.  

Evangelio: (Mt 13, 24-43)

El mal siempre ha sido una pregunta fundamental de la Filosofía y Teología. Las respuestas a este tema han sido varias a lo largo de la historia de la filosofía y  de la religión: Desde el admitir dos co-principios, el del bien y el del mal, igualmente originarios y poderosos hasta creer que el mal siempre supone, siguiendo a Platón, un conocimiento inadecuado por parte del hombre.

Los cristianos ante la existencia trágica del mal nos comportamos, a menudo, como Juan y Santiago. “Señor, manda fuego sobre esta ciudad”. La postura de Cristo es, siguiendo la tradición de primera lectura, la de dejar que el bien (trigo) y el mal (cizaña) crezcan juntos por el momento, pues el exterminio repentino y obsesivo del mal puede conllevar la destrucción, en parte, del bien.

La historia es fiel reflejo de lo expresado por Cristo... ¡tantas veces hemos cometido injusticias espantosas por salir a luchar por los pretendidos fueros de Dios y de su Iglesia!. Olvidamos, a menudo, las palabras radicales de Jesús: “no juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados”. Hasta el final de la vida ¿quién es bueno? y ¿quién malo?... Nadie podemos presumir mientras vivimos. Cuando haya caído la tarde el Padre separará el trigo y la cizaña de nuestras vidas.  

Epílogo:

Dicen que soy un ángel

y, peldaño a peldaño,

para alcanzar la luz

tengo que usar las piernas,

             cansado de subir, a veces ruedo

(tal vez serán los pliegues de mi túnica).

pero un ángel rodado no es un ángel

si no tiene el honor de llegar al abismo.

             Y lo que yo encontré en mi mayor caída

era blando, brillante,

recuerdo su perfume,

su malsano deleite.

             Desperté y ahora quiero encontrar la escalera,

para subir sin alas

poco a poco a mi muerte.

(Manuel Altolaguirre)  

 

DOMINGO 17º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo-A

 

1ªLectura:  (1 Re 3,5.7-12)

La lectura del primer libro de los Reyes debiera ser, en lenguaje clásico, de obligado cumplimiento para todos que van a ejercer una autoridad tanto en el orden civil como en el religioso. ¡Qué fácil es decir que la autoridad debe fundamentarse en el servicio a los ciudadanos..., pero en la práctica el poder lleva consigo la tentación de ser utilizado para otros fines inconfesados e inconfesables. La repetida afirmación : “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, refleja el sentimiento de la sabiduría del pueblo llano.

Servir desde el poder es fundamentalmente comprender y escuchar a las personas por medio de las mediaciones esenciales que conlleva toda sociedad civil. El despotismo ilustrado de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, pertenece a épocas felizmente superadas.

En el orden religioso la autoridad debe siempre dialogar serenamente con los hermanos, escuchar sus cuitas y deseos, comprender sus dificultades personales y estructurales e invitar al que es sujeto de obediencia a pedir, para ambos, la iluminación del Espíritu.

¡Ojalá resuenen, en nuestra sociedad  y nuestra Iglesia, la petición de Salomón a Dios: sabiduría práctica, no para su propio gobierno, sino para el del pueblo.  

 

2ªLectura: (Rom 8,28-30 )

El cristiano ha de ser el hombre que supere el mal a fuerza de bien. El cristianismo supone renuncias, pero para lograr unos valores más fundamentales y positivos para la conciencia y libertad. Las palabras de S. Agustín, comentando este pasaje de la Carta a los Romanos, son tan valientes como significativas: “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien... hasta el pecado”.

La vida de los santos es el ejemplo más palpable que el “amor” es el centro y el fin de la vida en Cristo, sus pecados les sirvieron como trampolín para amar a Dios con más intensidad y entrega: “Se le perdonó mucho porque a amado mucho”, decía Jesús de la Magdalena. “Ama y haz lo que quieras” repite el Obispo de Hipona, haciendo hincapié en el verdadero significado paulino del término “amor”: “El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia, no presume ni se engríe,(...) disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites. El amor no pasa nunca”.

El plan completo del amor de Dios es : vocación, elección, predestinación, justificación.  

 

Evangelio: (Mt 13,44-52)

“Hay cristianos que poca cara de redimidos tenéis”... Estas palabras, ya citadas de F. Nietzsche, manifiestan la poca tensión y optimismo que reflejamos muchos creyentes.

El cristianismo es vida en plenitud de Dios, de ser, de unidad y de bondad y todos, de cuando en vez, debemos hacernos unas sencillas peros sinceras preguntas:

¿Hemos predicado la enseñanza y vivencia del cristiano de una forma absolutamente positiva, no sólo en la Vida después de la muerte, sino en este mundo concreto y cotidiano en el que nos movemos?.

¿Nuestros adolescentes y jóvenes pueden colegir al contemplar el ejemplo de sus padres, maestros, sacerdotes que el Reino de los Cielos – comenzado ya en esta vida – es el tesoro más valioso no únicamente para ser hombres religiosos, sino para ser hombres...?. La distinción entre lo religioso y humano es falsa en el sujeto concreto?.

Los hombres que nos rodean no sólo tienen necesidad de alimento, sino también de alegría, espera y esperanza. Los cristianos debemos contagiar esa felicidad que  debiera embargar al que no teniendo nada lo posee todo, pues está lleno de Dios. La religión del cumplimiento ha perdido toda vigencia, hoy se impone ser “luz y calor” para una humanidad gélida por el egoísmo.

¿Se predica el Reino de Dios?. ¿Se vive del y desde el Reino?.

Silencio meditativo para responder a estas comprometedoras preguntas.  

 

Epílogo:

“Vivir de amor

no es en la cima del Tabor su tienda

plantar el peregrino de la vida.

Es subir al Calvario

a zaga de las huellas de Jesús.

y valorar la cruz como un tesoro...

En el cielo, mi vida será el gozo,

y el dolor será ido para siempre.

Mas aquí desterrada, quiero, en el sufrimiento,

¡vivir de amor!.

 

Vivir de amor es darse sin medida,

sin reclamar salario aquí en la tierra.

¡Ay, yo me doy sin cuento, bien segura

de que en el amor el cálculo no entra!

Lo he dado todo al corazón divino,

que rebosa ternura.

Nada me queda ya... Corro ligera.

Ya mi única riqueza es, y será siempre

¡vivir de amor!.

(Teresa de Lisieux)  

 

DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo-A

 

 1ª Lectura: Is 55,1-3

    La segunda parte del libro de Isaías termina con la invitación final al banquete mesiánico de la nueva alianza. La realidad del mundo en el que vivimos es tan cruda y cruel, que humildemente pedimos a Dios que estas palabras del profeta se cumplan en su significación más literal.

La mayoría de la humanidad carece de los medios necesarios no tanto para bien vivir, sino simplemente para poder vivir. La imágenes que los medios de comunicación social nos presentan sobre el hambre, son tan repetitivas – niños desnudos con los vientres hinchados, madres famélicas embarazadas a punto de expirar y, sobre todo, esas miradas sin brillo de unos ojos desvariados que propiamente ni miran ni ven – que ya no nos angustian el alma.

Es más fácil cambiar de canal y contemplar esas escenas rosas, cuando no provocativas, de determinados programas, que cambiar la actitud de nuestra vida. No se nos oculta que el problema es estructural y su solución no depende de las buenas voluntades individuales, pero ante este “pecado colectivo” del primer mundo todos podemos expresar nuestra condena. El valor social de un grito unánime contra esta injusticia puede propiciar que los poderes públicos a nivel internacional se planteen, de verdad, el tema de remediar el hambre y sus consecuencias en el mundo.

2º Lectura:  Rom 8,35.37-39

El corazón de Pablo, nos dice Agustín, era el corazón de Cristo. Pablo termina la primera parte doctrinal de la Carta a los Romanos con una reflexión amorosa de su vivencia con el Nazareno. El amor de Dios, manifestado en Cristo, hace posible superar todos los padecimientos físicos y psíquicos: hambre, desnudez, peligros, tormentos y la aflicción, angustia y el temor ante la muerte.

La historia del cristianismo es un reflejo de las palabras proféticas de Pablo. No sólo se dieron los mártires de las persecuciones en los albores de la Iglesia, sino en nuestra misma época secularizada estamos siendo testigos de esa entrega de tantos sacerdotes y misioneros – religiosos y seglares – por los hermanos más marginados de nuestro mundo que sufren y penan. Cuando todos huyen ante las guerras absurdas, esas personas permanecen para dar dignidad, no ya a la vida, sino a la muerte de los totalmente abandonados.

Por amor al mensaje de Cristo, en muchos países árabes, los misioneros testimonian únicamente con su presencia en actividades docentes y caritativas. Son los mártires del “silencio” por respeto a unas creencias, que prohíben la verdadera libertad religiosa...

 

EVANGELIO:  Mt 14,13-21

La noticia de la muerte de Juan Bautista va a dar un giro a la actividad apostólica de Jesús de Nazaret. Cristo presiente su muerte y, por consiguiente, se dedica a formar intensamente a sus discípulos. En el pasaje del Evangelio de hoy, Cristo se despide de las gentes de Galilea con una comida prodigiosa al multiplicar unos pocos panes y peces.

El apostolado del mundo moderno consiste en la promoción de todas las dimensiones, que constituyen al hombre como persona. Junto a la siembra de la palabra evangélica, la Iglesia va edificando en los países necesitados esas escuelas sencillas, que permiten al ser humano tener conciencia de su dignidad inalienable. En medio de nuestra sociedad del bienestar, la Iglesia ejerce una verdadera “caridad” que intenta paliar la miseria y pobreza existente en nuestras ciudades. “Caritas”, con sus obras,  nos muestra la vigencia del mensaje de Jesús en medio de un mundo aburguesado y satisfecho. Los pobres, los emigrantes, los sin techo siempre conocen esos lugares en los que, con escasos medios, se intenta arreglar unos papeles, encontrar trabajo, procurar un alquiler de un piso o, por lo menos, dar de comer y dormir al indigente que lo solicite...

El milagro de los CINCO panes se da todos los días en nuestras calles.

EPÍLOGO:

            de caminante

Heme aquí, con los de mi camino:

el Justo, el Pobre, el Perseguido

y el Rebelde. De parte alguna vino

mi voz, sino de ellos. Fui con ellos

a elegir mi posada, el desprendido

corazón. El pan, el vino

me fueron ofrecidos. Los destellos

de su ser me encendieron; ahora nada

tengo más que de un mundo compartido

el compartido amor y la mirada.

 

Se me fue dado este cantar por ellos.

 

Heme aquí, derramado en mi camino.


(Elvira Romero. Los innombrables)

 

DOMINGO 19º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ª LECTURA:  1 Re 19,9a.11-13a

    El ciclo de Elías en el primer libro de los Reyes nos narra la angustia del único profeta en su tiempo, que le conduce a desear la muerte. La fuerza de Dios impulsa a Elias a seguir su camino hasta el monte Horeb, y allí va a tener la experiencia del encuentro con Dios. Huracán, temblor de tierra, fuego, que en el libro del Éxodo (cp.19) manifestaban la presencia del Señor, son sólo, en este relato, preludio de su paso. Jahvé se manifiesta en un suave susurro que simboliza la espiritualidad de Dios y la profundidad de su trato con el profeta.

En nuestro mundo los creyentes nos encontramos en una dura soledad ante mucha gente que nos rodea, pues la vida cotidiana se realiza sin ninguna referencia a Dios. Vivimos, a menudo, momentos de crisis y de tristeza cuando no sentimos, en nuestro interior, la presencia de “Aquél que hace que haya” y las dudas comienzan a anidar en nuestra vida. En esos días grises, sin alma ni espíritu, pidamos a Dios fuerza y coraje para ser consecuente, a pesar de todo, con nuestra fe. Después de esas horas de tentación profunda, vendrá la paz de Dios que inundará de alegría toda nuestra alma. “La paciencia todo lo alcanza”. “Sólo Dios basta”.

 

2ª LECTURA: Rom 9,1-5

Pablo, judío, amaba a su pueblo de tal forma que, por el bien de los hermanos, hubiera deseado ser proscrito, lejos de Cristo. Cuando contemplamos los valores vigentes de nuestra sociedad, observamos la poca incidencia de la religión en ella. La televisión nos presenta programas que fundamental y radicalmente chocan contra la dignidad de la persona y, sin embrago, provocan una curiosidad morbosa y malsana. Lo más grave es su audiencia...

La juventud se engancha demasiado pronto al alcohol, cuando no a esas drogas malditas de diseño en muchas discotecas y, sobre todo, en las macro fiestas... Toda esta “movida” esta dirigida sagazmente por individuos, que únicamente buscan ganancias rápidas sin tener ningún escrúpulo sobre los medios para alcanzarlas.

Los practicantes nos preguntamos por el modo de anunciar el evangelio a “este mundo”, el mejor para nosotros, pues es el único que nos ha tocado vivir... Miremos a Pablo y amemos, con toda nuestra alma, a esta juventud; vivamos, en nuestro corazón, la tragedia de tantos matrimonios deshechos y pidamos al Padre que sane los corazones de los responsables de fomentar unos ideales tan rastreros... Recordemos que siempre los justos deben morir por los pecadores.

 

Evangelio: Mt 14,22-33

Siempre Cristo se retira a orar, solo, con el Padre. La oración presupone un silencio exterior y una paz interior, que siempre se encuentra en el desierto y en la montaña. La oración de Cristo consistía radicalmente en oír la Palabra del Padre.

En nuestra vida ha de existir una perfecta conjunción entre acción y contemplación. La acción, que no esté apoyada en una vida interior profunda con Cristo, no es , en el orden sobrenatural, sino un activismo sin vida ni espíritu. Los religiosos y religiosas de clausura no huyen del mundo, como juzgan algunos espíritus superficiales, sino que se implican en toda la problemática humana a través de su unión con Dios. Con que exactitud refleja este pensamiento el verso del celebre poeta: ¿Quién gana las batallas?. ¿La madre que se queda o el hijo que se va?.

La barca de Pedro, por otra parte, es una imagen de la Iglesia. Ella, como en San Mateo, es azotada por muchos vendavales y abandonada, aparentemente, por el Señor. En todos los siglos se viene anunciando, por diversos pensadores ateos, el fin de la Iglesia y la muerte de Dios. La Iglesia, conforme a la promesa de Jesús, continúa siendo – a pesar de sus infidelidades – “sal de la tierra y luz del mundo”. La historia siempre va repitiendo la conocida exclamación: “Venciste, Galileo”.

 

EPÍLOGO:

Cuando hay alguien...

Cuando hay alguien que implora de mi labio un consejo,

yo le ofrezco mi amor;

¿qué pudiera decirle, yo que vivo perplejo

y de mí propio espectador?

 

Ha de llegar un día que mi boca sea

venero de piedad,

exigid para entonces que yo os brinde mi idea:

¡Hoy tan sólo se amar!

                       Jaime Torres Bodet, Fervor (1918)

 

DOMINGO 20º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ª Lectura: Is 56,1.6-7

En el comienzo de la tercera parte del libro de Isaías, se repiten las palabras de salvación universal, a la que son llamados todos los pueblos, según los testimonios de grandes profetas de Israel. El autor de las mismas anuncia que pronto se admitirán en el judaísmo a los extranjeros, que busquen a Dios y guarden su justicia y derecho.

En el mundo en que nos movemos, observamos la diversidad de las religiones y, dentro del cristianismo, las diversas formas de entender la figura de Cristo, los sacramentos y la Iglesia, que surgieron fundamentalmente a raíz de la reforma del siglo XVI. Existe, sin embargo, un movimiento de tender a la unidad a pesar de las profundas diferencias que nos separan. No se trata de buscar únicamente una ética común, sino de ver las raíces profundas comunes, que se encuentran en todas las religiones. El deseo del búsqueda incesante del absoluto, la disposición incondicional a procurar una paz y felicidad al servicio de toda persona, se hallan en todos los que admitimos un principio y fin como fundamento de nuestro ser y de toda la realidad.

La oración en común de los representantes más genuinos de las religiones no supone, a menudo, un gran avance en la unidad de las doctrinas, pero sí ciertamente una comunión en los corazones. Y el amor es el comienzo y motor de toda vida... No lo olvidemos.

 

2ª Lectura: Rom 11,13-15.29-32

Pablo, el apóstol de los gentiles, declara que la incredulidad de los judíos del mensaje del Nazareno no es definitiva, sino transitoria y permitida por Dios para que la buena nueva del Evangelio se predicara a los gentiles. Todos, judíos y gentiles, necesitamos de la gracia redentora de Cristo.

El occidente cristiano está viviendo en “horas bajas” – sociológicamente hablando – con respecto a la figura y mensaje de Jesús. Nuestros seminarios, a menudo cuasi vacíos, son un reflejo de la escasez de vocaciones de sacerdotes y religiosos, ellos y ellas, y la atención religiosa de nuestras viejas comunidades va a depender de la llegada de misioneros y misioneras de los países pobres en recursos económicos, pero ricos en una profunda espiritualidad y apertura al evangelio.

La gracia de Dios y sus carismas se derraman, por medio del Espíritu, donde, cuando y como Dios quiere... y, por otra parte, la crisis religiosa de nuestros países de raigambre cristiana no podemos contemplarla desde una perspectiva adecuada, pues estamos demasiado cerca del acontecimiento... La historia futura será testigo del sentido de la evolución de este progresivo desarraigo de los valores cristianos. En los momentos actuales: la fe en la presencia de Cristo en nuestra Iglesia y las palabras de la escritura: “para los que aman a Dios todo colabora al bien”, son los ejes para poder vivir , contra toda esperanza humana, de la alegría profunda y queda de la persona y mensaje de Jesús en medio de un mundo alejado del evangelio

 

Evangelio: Mt 15,21-28

¡Qué fácil es juzgar a los hombres por las apariencias externas!. Tenemos, todos, la tendencia a etiquetar a las personas: ateas, agnósticas, no creyentes, no practicantes, buenas y malas...; es la forma de pretender clasificar, en nuestros ficheros mentales, lo que pertenece a lo más profundo del ser humano, cuando ni la misma persona sabe lo que hay dentro de sí misma, y la conciencia es tan volátil...

Nuestra divisa, como seguidores del Evangelio, ha de ser “amar a todos y no juzgar a nadie” y con esta actitud mental encontraremos, en todo ser humano, un fondo de verdad y de bondad, a menudo, insospechado. En todo error hay un alma de verdad y en toda alma existe un aleteo del Espíritu. Para un cristiano no debieran existir “enemigos de”, sino personas que pueden tener otras actitudes ante la vida contrarias a nuestras creencias y hasta éticamente reprobables, y a los que, sin embargo, debiéramos considerarlos hermanos pues todos, ellos y nosotros, hemos sido creado por Dios y redimidos con la sangre de Cristo.

¡Ojalá el Evangelio de hoy, tan exquisitamente sublime, nos quite a todos esas caretas que desfiguran la realidad e imagen profunda del hombre!.

 

Epílogo:

                   LA FE

 

En medio del abismo de la duda,

lleno de oscuridad, de sombra vana,

hay una estrella que refleja mana...

Sublime, sí; más silenciosa y muda.

 

Bajo sus rayos de dolor se escuda,

alienta y guía la conciencia humana,

cuando el genio del mal con furia insana

golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro

de la humana creación? ¿Bajo el cielo

a iluminar el porvenir oscuro?...

 

¿A servir al que llora de consuelo?

¡No sé: mas eso que a nuestra fe inflama,

ya sabéis..., ya sabéis... La Fe se llama!

 

( Rubén Darío. Poemas de adolescencia – 1926)

 

DOMINGO 21º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ª LECTURA: Is 22,19-23

Es curioso observar que el pasaje de la primera lectura es el único oráculo del profeta Isaías, que se refiere a un persona particular. Sebná parece ser un personaje advenedizo que había llegado a ser el mayordomo del palacio de Ezequías. Isaías anuncia su destitución, y el cargo pasará a regentarlo Eliacín. La entrega de la llave tiene, en los países orientales, el significado simbólico de confiar el poder sobre un reino  o, simplemente, una casa.

¡Qué poco pensamos que Dios nos ha llamado por nuestro nombre y nos ha encomendado no una misión de  poder, sino de verdadero servicio que es la única justificación, en el orden religioso, de todo poder!.

Las circunstancias concretas de nuestra vida, unidas al esfuerzo personal de cada persona, determinan la vocación particular a la que, cada uno, somos llamados. En la vida no se trata de intentar llegar a puestos relevantes, sino de cumplir, en el lugar que cada uno ocupa, de una manera seria y responsable la función de “servicio” que conlleva nuestro cometido en la sociedad. Nunca valoremos qué cargos – altos o bajos – tenemos, sino el cómo los realizamos.

Las palabras del místico resuenan en nuestro corazón: “Nos examinarán de amor”. En el horizonte de la primera lectura se esboza la figura de Pedro.

 

2ª LECTURA: Rom 11,33-36

La carta a los Romanos va repitiendo su contenido fundamental: judíos y gentiles necesitan de la gracia de Cristo. En esta sección, al tratar de la infidelidad de los judíos, se deja abierta una puerta a la esperanza a la conversión futura por la gran misericordia de Dios,

Nuestras debilidades y pecados no han de constituir un motivo de temor angustioso y de desesperanza, sino han de ser un trampolín para que, desconfiando de nuestras propias fuerzas, pongamos nuestra confianza en la compasiva sabiduría y generosidad de Dios. El pecado del “hombre” consiste fundamental y radicalmente en intentar jugar la “partida de ajedrez de la vida con Dios”, e intentar terminarla en “tablas”. El hombre religioso cuando se sienta ante el “tablero” sabe, de antemano, que la partida la tiene perdida, pero confía absolutamente en recibir el “premio” por haber sido fiel en el intento, con toda su alma, de jugarla, aún conociendo el resultado negativo de la misma.

El canto de amor al caer de la tarde ha de tener como contenido las palabras de Cristo al Padre: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. “He corrido mi carrera, he luchado mi combate, he mantenido la fe...”(Pablo)

                                                                                                                           

Evangelio:  Mt 16,13-20

Hoy también, como en Cesarea de Filipo, podemos preguntarnos: ¿qué opinan los hombres de nuestro tiempo de Cristo?. Las respuestas son unánimes, creyentes o no creyentes, en considerar a Jesús como un personaje fundamental en la historia de la humanidad. Las palabras recientes de Carlos Fuentes en su obra “En Esto Creo” son significativas a este respecto: “Busco en vano un personaje histórico más completo que Jesús, el Cristo. La figuras que con paso más recio han cruzado el escenario del tiempo carecen, por su intensa actividad externa, del reino espiritual interno de Jesús”.

Para los cristianos la figura de Jesús es tan noble y completa como hombre, que difícilmente pudiera ser..., si fuera únicamente hombre. La fidelidad al Evangelio nos exige hablar de Cristo no sólo como el gran profeta y mesías, sino - como Pedro - confesar su filiación divina.

Para muchos pensadores no creyentes la afirmación de que Cristo era el hijo de Dios, se basa en que Jesús, viviendo en un ambiente religioso de espera con una entrega total al hombre y a Dios, tuvo una experiencia tan profunda de su misión de “hacer el bien” en nombre de Dios, que inconscientemente se sintió identificado con la fuerza de Aquel, del cual se sentía portador... Para otros no fue tanto Jesús quien se atribuyó el ser el Mesías prometido e Hijo del Altísimo, sino fueron sus discípulos que idealizaron y mitificaron su figura, especialmente Pablo, el teólogo de la primera cristiandad y verdadero fundador de la Iglesia.

En este domingo hagamos un acto de fe, con la sencillez de Pedro y la fuerza del espíritu, repitiendo las palabras del Evangelio: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” y veamos - a la luz de la confesión de la Piedra fundamental de la Iglesia - en los sucesores del pescador de galilea, a los verdaderos portadores de la promesa: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos...”.

 

Epílogo: 

Fe de Vida

 

Dar fe de vida quiero, de la mía,

dar fe de que nací, de que estoy vivo,

de que soy libre, de que estoy cautivo,

de que tiene tristeza mi alegría.

 

Testimonio la noche con el día,

la presa con el corzo fugitivo,

la guerra con la paz. Y lo que escribo

es la sencilla historia de mi hombría.

 

Soy hombre y lucho y, porque lucho, existo.

Soy hombre y quemo y es amor mi llama.

Mi hombría es una forma de milicia.

 

Soy uno más que canta lo que ha visto

y mira el porvenir de frente; insisto

en que esta hora del mundo es la propicia.

 

Soy uno más que cree, que espera y que ama

y que defiendo a todo el que reclama

su pedazo de pan y su justicia.

(Antonio Murciano, Fe de vida.- 1968)  

 

DOMINGO 22º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

 

 1ªLECTURA:  Jr 20,7-9

    A Jeremías, llamado por Dios desde muy joven, le toco vivir durante los años, en los que se consuma la destrucción del reino de Israel. Alma sensible y apasionada por el amor a su pueblo, ha de predecir – por mandato de Dios y contra sus tendencias más íntimas y naturales – desgracias, luchas, guerras incesantes y hablar, en nombre de Jahvé, contra su pueblo, contra los reyes y sacerdotes, contra los falsos profetas. Como Job sus labios pronunciarán esas palabras atormentadas y llenas de desesperada angustia: “Maldito el día en que nací...”

La primera lectura, tomada del capítulo XX, contiene extractos de las confesiones del gran profeta del siglo VII a. C. Como Jeremías, los sacerdotes y creyentes del siglo XXI son también el hazmerreír de un mundo en el que determinados valores morales provocan la mofa y befa de sus conciudadanos, cuando no de sus mismos familiares más próximos.

No avergonzarse de la ley de Dios, proclamar las enseñanzas del Nazareno y vivir su misma vida, provocan, a menudo, en los anunciadores de la Palabra, una profunda crisis de identidad personal. En esos momentos de un desánimo radical, intenta leer a los profetas, releer los salmos y vivir desde una cruz y un sagrario...

 

2ª LECTURA:  Rom 12,1-2

Los cristianos no constituimos, por la gracia de Dios, la comunidad de los salvados, sino de los salvadores. La promesa de Jesús de Nazaret: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, nos da fuerzas suficientes, espíritu animoso y coraje para no desfallecer ante los aparentes fracasos de nuestro anuncio, con la vida, del mensaje evangélico.

Nunca hemos de buscar el recoger el fruto, pues “uno es el que siembra y otro el que recoge”, sino ser testigos y testimonios de que la Palabra no está encadenada, sino proclamada y vivida en una sociedad aparentemente insensible... Estar implicados en su mundo concreto, vivir “a tope” con sus hermanos fue la misión de los doce y de Pablo. La Iglesia, santa y pecadora, ha conservado, aún en sus periodos menos edificantes, íntegra e intacta la transmisión de las enseñanzas de Cristo. La persecución por defender y vivir la verdad evangélica, ha sido el destino, ayer como hoy, de los mártires, que silenciosamente han dado y dan continuamente su vida como signo – a modo de Cristo – de su entregas total a todos los hombres.

La verdad nos hará libres... ¿para vivir?..., sí, ciertamente, para morir y resucitar con Jesús de Nazaret. “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano)

 

Evangelio:  Mt 16,21-27

En el Evangelio del domingo anterior leíamos la confesión maravillosa y sublime de Pedro sobre la divinidad de Jesús. Hoy aparece el hombre Pedro, de carne y tierra, que trata de impedir el sacrificio redentor de Cristo. Jesús ve en sus palabras la imagen del Tentador que, desde el comienzo de su vida pública hasta en la cruz, intenta apartarle de la misión encomendada por el Padre.

La vida cristiana está cargada de cruces y cada uno hemos de tomar la nuestra...; en todas ellas se da, como denominador común, dolor, angustia, enfermedad y muerte. Dios conoce perfectamente la cruz que debemos llevar sobre nuestra espalda y nos concede su gracia para poder sobrellevarla con alegría en medio de temor y temblor. En el camino de la vida – como en el calvario – caeremos muchas veces... Lo importante es levantarse y seguir adelante. ¡Qué importante es, para poder cargar con nuestra cruz, el repetir a menudo, con la fe del publicano y la sinceridad del régulo del evangelio, la oración de Jesús: “El Padre Nuestro”!... “Danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestras ofensas com también nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en tentación...”.

Cuando no te atrevas por sinceridad a rezar el Padre Nuestro, pues no estas dispuesto a perdonar de corazón, ni a que se cumpla la voluntad de Dios en tu vida, yo te aconsejaría, con Peguy, que reces a la madre el “Ave María”.

No sé si será cosa de niños, pero...¿quién no lo es?.

 

Epílogo:

 

Me obsesionas, Señor,

¿Qué singular motivo

a mí me acerca?

¿Por qué esta terca

conquista

sobre mi corazón esquivo?

 

¿Qué buscas siempre en mí?

¿Qué quieres darme?

 

Dominas mi silenciosa casa.

Te colocas detrás de cada puerta.

Tras los goznes atisbas.

Por los cristales me vigilas.

 

En las noches sin luna,

un halo de paloma

se espesa en mi ventana.

¡Y eres tú que me acechas

y te asomas! (...)

 

¿Por qué nunca me dejas

y tus ojos, Señor,

¡siempre tus ojos!

me miran

sin reproche y sin queja?

(Carta a Dios.- Sagrario Torres 1971)

 

DOMINGO 23º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ªLECTURA:  Ez 33,7-9

Ezequiel es sacerdote y profeta; como sacerdote su gran preocupación es la pureza del Templo, si éste en los días de su vida se encuentra mancillado, contempla en el horizonte del futuro el “Nuevo Templo” como sede de un culto renovado a Jahvé. Como profeta se distingue por el simbolismo de sus predicciones; todas las acciones que se desarrollan en la historia apuntan, en un sentido profundo, a la providencia de Dios.

Ezequiel se considera como vigía y centinela, que ha recibido de Dios la misión de guardar a su pueblo de los ataques continuos de sus enemigos. Él ha de recordar a sus conciudadanos los mandatos y preceptos del Señor, sin miedo a las reacciones que sus palabras, duras y lacerantes, puedan provocar en los “oyentes”. Insiste siempre en la responsabilidad de cada persona en las culpas cometidas, que debe asumir con toda sinceridad y humildad de corazón. Nadie puede apelar a los pecados de sus antepasados y, de esta forma, disculparse de los graves egoísmos cometidos.

En nuestros tiempos hay silencios culpables por no tener el coraje de proclamar, sin ambages ni glosas,  los mandamientos de Dios y las enseñanzas de Jesús. Una prudencia, mal entendida, nos sirve de excusa para no condenar lo condenable. La verdad no se compra ni se vende, se dice, y, por decirla, Cristo murió en una cruz. ¡No lo olvides!... 

2ª LECTURA: Rom 13,8-10

Quizás nunca, en la historia de la humanidad, se ha hablado tanto del amor como en nuestros días. Todos los medios de comunicación van repitiendo, hasta la saciedad, el término “amor”. ¿Qué entendemos por este término tan gastado por el uso?.  Explicitar los que los cristianos entendemos por “amor” en contraposición con otras significaciones, muchas legítimas, ha de ser una de las tareas de nuestro época.

Cuando los autores cristianos se vieron en la necesidad de verter el mensaje y experiencia de Jesús en un término adecuado, se encontraron que las significaciones de los términos al uso, en esta materia, “filia” (amor de amistad) y “eros” (amor sensual y sexual) no correspondían al “amor” del que había hablado el Maestro: fue, por esta razón, que inventaron el término “agápe” – en giego bíblico – traducido por los latinos por “caritas”. Este término designa el amor de Dios a toda la creatura, amor deificante, que nos hace verdaderamente hijos adoptivos de Dios en Cristo. Juan y Pablo van describiendo este amor como: compasivo, servicial, ni presumido ni egoísta, que disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Este amor no pasa nunca.

El amor cristiano es fruto del Espíritu Santo y, por su acción, ha sido derramado en el corazón de todos los creyentes. Si Dios, por fin, es esencialmente amor, como repiten los padres griegos, nosotros debemos hacer nuestro este amor y, como Cristo, amar a todos y todo, no “por” Dios (pudiera ser “alienante”), sino “con” el amor de Dios.

Leídas estas sencillas observaciones, relee las palabras de Pablo.

 

Evangelio: Mt 18,15-20

Este año nos hemos propuesto el vivir del contenido de la atinada frase: “Amar a todos y no juzgar a nadie”. El amor intenta siempre comprender – no justificar – las acciones del prójimo y “echar a buena parte”, como dice el viejo catecismo, sus acciones. El cristiano, por consiguiente, ha de ejercer la corrección fraterna no por hacer prevalecer su verdad, ni por descubrir los defectos del prójimo, sino por “amor al hermano” cuando se trate de una falta grave y pública. La verdad y el amor son los ejes fundamentales de toda comunidad y, no olvidemos, que la Iglesia es una convocatoria de Jesús para constituir una verdadera comunidad, bajo el impulso del Espíritu.

Pablo VI y Juan Pablo II nos han recordado, en múltiples ocasiones, las distintas presencias de Cristo: La presencia más fundamental en el sacramento de la Eucaristía, la presencia en la proclamación seria y escucha atenta de la Palabra, la presencia cuando estamos reunidos en su Nombre.

Vivir, en cada Eucaristía, la presencia real, verdadera y substancial de Cristo en el sacramento del amor, presupone y lleva consigo necesariamente, el vivirla en la vida ordinaria con nuestros hermanos en los puestos de trabajo, en el asfalto de las calles, en la oración profunda y reposada. por la escucha de las Escrituras, en el hogar familiar.

¡Ojalá las palabras de San Mateo del Evangelio nos impulsen a preguntarnos si vivimos nuestro cristianismo en forma comunitaria!.

 

Epílogo:

cunado esté en tu palabra sumergido

Cuando esté en tu Palabra sumergido

hablaré otro lenguaje duradero;

cuando esté en el corazón al reverbero,

contemplaré cantando el solo Nido.

 

Cuando desgrane el fuego contenido

en el cosmos y en mí, todo el sendero

del agua nombrará a su Manadero,

Hogar del hombre y mundo reunido.

 

Cuando tu Palabra el fuego queme

mi corazón, mis labios y mi vida,

Padre, veré el abismo de mi suelo.

 

Cuando Boca, Palabra y Beso suene

único Dios en mi mortal herida,

tu Nombré cerraré en la llama el cielo.

(Emilio del Río. 1971)

 

DOMINGO 24º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ª LECTURA: Eclo 27,33.28,9

El libro del “Eclesiástico” fue escrito por Ben Sirá hacia el año 180-190 a. C. Ben Sira es un escriba amante de la ley, del santuario y abierto a la cultura profana de su tiempo. El “Eclesiástico” es un verdadero arsenal de reflexiones, sugerencias, máximas, meditaciones, proverbios y en él, por este carácter literario, estriba la dificultad de resumir sus contenidos concretos. El texto, que nos presenta la liturgia de este domingo, pertenece a la segunda colección sapiencial y en el mismo se encuentra una excelente ética social y  un profundo pensamiento religioso sobre el perdón y la misericordia.

El rencor y la venganza anidan en el corazón de muchas personas y son generalmente consecuencias de esa pasión, tan exquisitamente vergonzante y vergonzosa, que denominamos “envidia”. El compararnos con los demás y no aceptarnos como seres débiles y limitados engendra ese odio, furor y cólera contra el bien ajeno. Para curar estas pasiones Ben Sira nos recuerda que la mejor medicina es el contemplar nuestro “propio interior” y en ese examen, ante el espejo de nuestra vida, podremos ver nuestra propia miseria y podredumbre. Después...: ¿Seremos capaces de juzgar y condenar a alguien?, ¿nos atreveremos a pedir perdón a Dios por nuestros fallos y pecados, si no perdonamos de corazón las ofensas, muchas veces pretendidas, de nuestros prójimos?.

La muerte no está al final de la vida, sino enraizada en la misma constitución de la existencia humana...; el vernos abocados a una tumba, en cuanto materia, y a la bondadosa misericordia de Dios, en cuanto espíritu, nos hará disculpar y compartir, en profunda comunión, la condición humana de todos los mortales.

2ª.- Lectura: Rom 14,7-9

En este domingo la iglesia termina la presentación de la difícil, por su densa profundidad, carta a los Romanos de S. Pablo, que ha marcado la cultura y el pensamiento occidentales. Desearíamos que esta carta fuera estudiada por los grupos que conforman nuestras comunidades parroquiales. En ella se encuentra el fundamento radical del pecado y la gracia, que conforman la antropología cristiana.

Puede ser una maravillosa meditación de nuestro ser de “santos y pecadores”, ciudadanos, en esperanza, del cielo y enraizados en esta tierra y carne de pecado... En el centro aparece la figura de Cristo, único mediador y justificador de nuestros pecados ante el Padre. Su lectura reposada nos hará comprender el camino hacia un verdadero ecumenismo con nuestros hermanos separados que, sin menoscabo de la verdad de la doctrina, nos puede conducir a un común denominador sobre uno de los aspectos más fundamentales de nuestra fe: la justificación. El documento subscrito, hace poco tiempo, por católicos y protestantes ha oxigenado, con renovada esperanza, nuestros espíritus...

De la teoría a la práxis... La lectura pastoral de Pablo nos incita a la vivencia más profunda con Cristo: “Si vivimos, vivimos para el Señor, si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor”. El principio no fue el caos, ni el final será la destrucción final y la nada, sino Cristo Alfa y Omega. 

Evangelio: Mt 18,21-35

El Evangelio de San Mateo nos presenta la significativa parábola de los empleados deudores..., que constituye una profunda catequesis sobre el perdón mutuo de las ofensas.

¡Cómo nos cuesta perdonar los fallos, faltas y pecados de los demás!. La razón, repetimos es, a nuestro modesto modo de entender, el poco espíritu crítico que ejercemos sobre nuestra propia conciencia. Las palabras de Chateaubriand son plenamente relevantes y actuales a este respecto: “No sé cual será la conciencia de una persona a la que se le juzga como sinvergüenza..., sólo conozco la de un hombre al que se le tiene como honrado y me aterra”. ¡Qué escándalo no produce, ayer como hoy, la actitud de David ante Urias el hitita y la actitud, según el evangelio, de aquél al que se le perdonó una cuantiosa cantidad y su posterior comportamiento con el hermano, que le debía un pequeña suma...!. Ni David, ni el personaje del evangelio, sin embargo, se consideraban ante su conciencia como injustos y abominables.

Antes de juzgar a nadie y condenar su comportamiento, miremos nuestras propias actitudes presentes y pasadas..., mientras pensamos cómo te juzgarían, a ti y a mí, las personas de bien, si nuestros pensamientos y acciones fueran públicamente conocidos... No olvidemos nunca que a la única persona que podía lapidar a la mujer adúltera le bastó decir, en alto, estas palabras – “Quien esté libre de pecado, tire la primera piedra” – para contemplar la huida vergonzante de todos los acusadores...

A imitación de Cristo intentemos comprender siempre no el pecado, sino al pecador y, entonces, una luz iluminará nuestro espíritu de tinieblas y junto con los hermanos podremos balbucir, con profunda humildad, la oración de Jesús: “Perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden... 

Epílogo:

                                                     a cristo

Yo no puedo cantarte aquellas loas

que los santos, llorando, te dijeran;

soy un barro llagado en la garganta,

desdichado amasijo de mudeces.

 

Soy un trébol amargo, en la ceniza

que el llanto deja, suave, cuando rueda;

polvorienta campana enmudecida,

un desolado golpe sobre el lino.

 

Sin arcángel, mi boca se ha secado,

y es un pozo de hormigas y de abejas

que se mueren soñando inmóvilmente

con el agua letal de los esteros.

 

Yo quisiera decirte que te amo,

a pesar de mis huesos que no creen,

arterias rotas, peces derribados

en arena mortal desventurada. (...)

(Concha Zardoya, 1947)

 

DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A )

 

1ª LECTURA: Is 55,6-9

El libro del primer Isaias (cps. 1-39) contiene fundamentalmente amenazas y  oráculos contra las naciones: Babilonia, Egipto, Asiria, Etiopía, Tiro, Sidón, Israel... El llamado segundo libro de Isaias (40-55) trata de consolar; el juicio ha concluido con la ruina de Jerusalén, el tiempo de la restauración está cerca. Hay dos temas fundamentales, en el “libro de la Consolación”, el del Dios creador,  amante de las criaturas y el del Dios salvador de todos los hombres. La sabiduría y providencia de Dios son siempre insondables con nuestros criterios y juicios humanos.

El hombre contemporáneo esta necesitado de espera y esperanza. El mismo vivir se le hace difícil, no sólo en los países del tercer mundo por la carencia de lo más imprescindible, sino en nuestro mismo mundo del bienestar...; cada día nos emborrachamos, con tantas cosas..., en esta sociedad, que va consumiendo nuestras propias conciencias. Cuando surgen los problemas del terrorismo – que puede destruir cualquier ciudad, en breves minutos, con armas nucleares y bacteriológicas – todos nos sobrecogemos y despertamos a la realidad concreta, que se dibuja en el horizonte. Las calles circundantes al kilómetro cero de N. Y. estuvieron repletas de pancartas, después del 11 de Septiembre del pasado año, con las fotografías de los que murieron... y junto a ellas unos sencillos tenderetes, en los que, sin interés alguno, se prestaba la Biblia para que los viandantes pudieran recitar una oración. El Dios oculto se manifiesta siempre, en los momentos de angustia, como el punto de referencia del perdón amoroso del Padre...  

2ª Lectura: Flp 1,20c-24.27a

La liturgia nos va a presentar, los cuatro próximos domingos, pasajes de Pablo a la comunidad de Filipo. Pablo se encuentra, a mediados de los años cincuenta, encarcelado y en una situación difícil, con el riesgo probable de ser condenado a muerte. Desde esta situación de despedida, los pensamientos de la carta toman su sentido más hondo y profundo; no se puede nunca hacer literatura del morir cuando éste aparece cercano.

En la vida de Pablo, Cristo no sólo es un ideal paradigmático, sino que le constituye en su “mismo ser” y “vivir”. Poco importa cuándo y cómo llega el momento del abrazo del Padre, lo esencial es que “ese instante” nos configure como “seres”, que han vivido en su glorificación. El cristiano considera la muerte como la llegada, después del camino de la vida, a la estación término; la tristeza que nos  embarga, cuando se vislumbra la cercanía de esa realidad de nuestra radical finitud, se debe a que - siendo tierra – hemos de abandonar a las personas que compartieron nuestras alegrías y penas. Todo apóstol, y el cristiano lo es por su bautismo, se ha de mover en este mundo con el deseo de cumplir, en la medida de sus propias fuerzas, la voluntad de Dios: “bien por su vida, bien por su muerte”. A Pablo - al contemplar tantas personas necesitadas de una palabra de consuelo, de esperanza y de alegría - se le presenta el dilema de : seguir proclamando, por amor a los hermanos, la verdad del evangelio o llegar, cuanto antes, a cantar las misericordias del Señor.

El muero por que no muero, de Teresa de Jesús, está lleno de sentido.

 

Evangelio:  Mt 20,1-16

¡Qué duras son las palabras de este evangelio para las “buenas personas”!. En la vida nos encontramos con creyentes que, más mal que bien, llevan una vida cristiana de estricto cumplimiento por temor al “más allá”; en el fondo miran, con malsana y subconsciente envidia, a los que se mueven por deseos desordenados. Son los “cumplidores” y esperan un premio logrado a base de grandes sacrificios y renuncias; éstos no podrán nunca comprender el sentido profundo de esta parábola, tan similar a la del “hijo pródigo”.

¡Cómo van a recibir los que se acercan a Dios, en el último instante de su existencia, el mismo abrazo del Padre, que los que han trabajado por Él durante toda la vida!. Siempre hemos de recordar, todos, las palabras y comportamientos del Nazareno con la mujer adúltera, con el llamado buen ladrón, con el renegado Pedro!...

El vivir con Dios, en plenitud de entrega y diálogo profundo desde el “ser”, supone la alegría y el gozo desbordante para quien ha penetrado en los misterios de Dios y en los deseos más íntimos del corazón humano. No se puede hablar propiamente de premio, cuando se trata de la “maravillosa justicia del Padre”, sino que la recompensa se da en el mismo trabajar en la obra de divina.

Formemos conciencias limpias, maduras y responsables sobre la verdadera felicidad de la persona y no olvidemos – todos tenemos las manos sucias – que están más cerca de Dios los que desde el fango suspiran por su liberación, que los que – desde su aparente rectitud – miran con corazón no pulcro – a los presuntamente enlodados.

 

salmo del propósito de la fe

Procuraré que la esperanza mía

tenga nave que surque tu pureza.

Procuraré, Señor, que mi tristeza

mude, con tu mirada, en alegría.

Procuraré que el sueño que tenía

- centinela de ronda en mi cabeza-

quiera apostar mi fe por tu grandeza

soñando como yo te soñaría.

Toda mi fe la tengo como un vuelo

contenido en el hueco de la mano,

con la que acaso pida merecerte.

Mi sangre derramada por el suelo,

de su sueño quizá pueda temprano

despertar en tu Seno con la muerte.

(J. Gerardo Manrique de Lara, 1922)

 

 

DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ªLECTURA  Ez 18,25-28

¡Qué angustias no sentís padres en esas noches largas en las que, esperando la llegada de vuestros hijos, van pasando las horas..., y no llegan!. De repente se oyen unos ligeros pasos en la escalera, se abre la puerta y en ella aparece la figura cansada de vuestro hijo o hija; quizás les decís con un cariñoso reproche, las malas formas no tienen sentido, ¡hijo cómo tan tarde!. Vuestro corazón, sin embargo, salta de gozo y de alegría, pues ya están en casa, aunque vacilen sus pasos al dirigirse a su cuarto. Un beso y abrazo ha puesto fin a vuestros miedos y temores.

Vuestro comportamiento, padres, con vuestros hijos no es sino figura y esbozo lejanos de la actitud de Dios con sus criaturas. El Padre siempre espera al hombre y nadie puede juzgar a una persona “sin solución y remedio”, pues todo criatura tiene siempre la capacidad de reflexionar sobre su vida, de pedir perdón por sus pecados y, así comenzar una nueva existencia. En el instante de la muerte, no lo olvides amigo, se abre la última posibilidad de abrirte o cerrarte al encuentro amoroso con Dios.

¿Quién podrá rechazar a Dios en los momentos en que los condicionamientos terrenos desaparecen?. Todos esperamos en la misericordia infinita del Padre, pero no se puede negar, en principio, la posibilidad de la libertad humana de decir un “no” a Dios con la misma fuerza de Dios. Hagámonos menos indignos, mientras vivimos en esta tierra, de poder recibir el perdón del Padre. Leamos, a menudo, con toda confianza las palabras de Ezequiel.


 

 2ª Lectura: Flp 2,1-11

¡Con qué ternura habla Pablo a los fieles de Filipo!. No hemos de olvidar que Filipo fue la comunidad más amante y amada de Pablo, pues únicamente a ella permitió Pablo atender a su necesidades, pues siempre fue su divisa: “Vivir para el Evangelio, pero no del Evangelio!. Con una profunda confianza de cercanía habla a los filipenses, en torno amigable y coloquial, de que espera se mantengan ellos en el mismo amor y sentir, que pudo comprobar cuando vivió con ellos.

Hoy estos deseos de Pablo tienen una profunda vigencia en nuestro mundo cristiano, nuestra pregunta se dirige en el mismo sentido que la del apóstol: ¿Nuestras parroquias son verdaderas comunidades, en las que se vive una union- común en la fe, esperanza y caridad?. Una comunidad se constituye por la actitud de sus miembros no en buscar el interés propio, sino el de los más pobres y alejados. No se trata sólo de vivir en una clima de gozo y paz espirituales con los hermanos – desgraciadamente pocos – que participan en las acciones litúrgicas, cuyo culmen constituye la eucaristía. La liturgia ha de estar abierta, por principio, a todas las personas que se acercan a ella en circunstancias tan diversas; desde el vivir íntimamente de la actualización de la muerte y resurrección de Cristo hasta asistir, por cariño, a los funerales de un amigo o familiar. Una parroquia o es misionera o no es cristiana; acojamos con respeto y amor a todos los hermanos alejados... - ¡quién se alejo de quién! - en esas circunstancias especiales como son bautizos. bodas, confirmaciones etc.  y que nuestro trato exquisito con ellos sea ocasión de un acercamiento humano y espiritual. Sintámonos, ellos y nosotros, hombres con los hombres, para que un día nos podamos encontrar, por la fuerza del Espíritu en la hora de Dios, como hermanos en Cristo Jesús.

 


 

 Evangelio: Mt 21,28-32

¡Cómo sonarían estas palabras para los piadosos oídos – “los publicanos y pecadores os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios” – si no las hubiera proclamado Cristo, camino, verdad y vida!.

Las malditas etiquetas no sólo marcan las actitudes de ciertas personas, sino que las encierran en determinados ámbitos, de los que es imposible salir. Cristo tomó partido por “esas personas pecadoras públicas”, a las que señalamos con el dedo de acusación... Tanto Juan Bautista como Jesús recibieron de ellas el amor de un corazón abierto a nuevos horizontes de entrega incondicional. Cristo creyó en la bondad del hombre caído, al conocer perfectamente esos condicionamientos y pasiones que nublan la mente y el corazón, y confirió al hombre pecador la dignidad perdida, la de ser amado de Dios.

El amor es la raíz de todo perdón, pero éste presupone el arrepentimiento. Cuando contemplemos en nuestras calles a esas gentes tiradas en la cuneta, cual juguetes rotos, que muestras su profundo arrepentimiento, ofrezcámosles un perdón de corazón sincero y total. El arrepentimiento no significa olvido del pasado negativo, sino la asunción del mismo para, desde el arrepentimiento, dar un viraje completo a nuestra vida. Pidamos a Dios humildad para reconocernos como débiles, pues sólo desde la humildad de corazón se puede comprender y comprenderse, perdonar y perdonarse... La tentación de desaliento acecha a nuestro corazón y al de nuestros hermanos.

 

Ecce Homo: 

En calidad de huérfano nonato,

y en condición de eterno pordiosero,

aquí me tienes, Dios. Soy Blas de Otero,

que algunos llaman el mendigo ingrato.

 

Grima me da vivir, pasar el rato,

tanto valdría hacerme prisionero

de un sueño. Si es que vivo porque muero,

¿a qué viene el ser hombre o garabato?

 

Escucha como estoy, Dios de las ruinas.

Hecho un cristo, gritando en el vacío,

arrancado, con rabia, las espinas.

 

¡Piedad para este hombre abierto en frío!

¿Retira, oh Tú, tus manos asembrinas

 - no sé quien eres tú, siendo Dios mío?

 

(Blas de Otero)

 

 

DOMINGO 27º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª.- Lectura (Is 5,1-7)

El poema de Isaías de la “viña” es una de las piezas líricas más hermosas de toda la biblia. El tema de la viña de Israel, elegida y repudiada por Jahvé, es recurrente en la Sagrada Escritura. Aparece en Oseas y, en varios pasajes, lo repetirán Jeremías y Ezequiel; en contraposición de la viña desgraciada y desagradecida aparece en Juan (cp.15) el misterio profundo de la verdadera viña: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.

Este canto lo podemos aplicar perfectamente a nuestra vida. La mayoría de nosotros hemos sido, desde niños, elegidos por Dios; en nuestra familia aprendimos a balbucir unas oraciones sencillas todas las noches al pie de la cama y su rezo quedó grabado para siempre en nuestra mente y corazón. Tuvimos una educación esmerada en el orden humano y religioso y nos preparamos concienzudamente para recibir a Cristo en nuestra Primera Comunión. Fuimos creciendo y, a pesar de nuestras faltas, la práctica religiosa de los domingos y fiestas la asumíamos con verdadera libertad y los sacramentos de la  Eucaristía y Penitencia, los recibíamos con frecuencia. Con 18 años nos reafirmamos en nuestra fe, con entusiasmo de jóvenes adolescentes, por medio de la Confirmación.

Posteriormente..., la Universidad, el trabajo, los problemas afectivos hicieron que nuestra vivencia religiosa fuera apagándose... ¿En qué estado te encuentras hoy de cara a Dios?. Reflexiona, Dios, tu amigo, te espera a pesar de...

 

2ª Lectura  (Flp 4,6-9)

En la vida las palabras conmueven, los ejemplos arrastran, dice el viejo y clásico refrán castellano. Pablo, con toda razón y sinceridad, puede afirmar algo tan maravillosamente difícil: “lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra”.

Lo que nos falta a los cristianos de comienzos del tercer milenio, es poner en práctica la actitud de Jesús de Nazaret, el hombre sencillo y humilde, ungido por el Espíritu como “Señor”. Hay un palabra, en nuestra sociedad, que se va repitiendo infinidad de veces: Paz. No puede existir la paz entre las naciones ni la paz social, si previamente no vivimos la paz en nuestra vida cotidiana: en el pequeño entorno familiar, en los lugares de trabajo, en nuestra relación mutua como ciudadanos de esos pequeños pueblos o de esas grandes urbes, en las que nos desarrollamos como personas.

Cristo nos pide ser pacificadores...; para tener esa disposición debemos superar nuestro afán de suficiencia y dominio y, al mismo tiempo, fomentar la nobleza de corazón hasta el punto que, el amor y la entrega a los demás, sean constitutivos de nuestra personalidad más radical y profunda. Recordemos las palabras de Jesús. “El que pierde su vida, la ganará y el que la gane, la perderá”. ¡Ojalá que toda persona que se tope con nosotros salga, después de ese encuentro, más alegre, más relajada, más llena de ilusión, de esperanza y de paz!.

 

Evangelio: (Mt 21,33-43)

¡Cómo sufría el corazón de Cristo al pronunciar la parábola de los viñadores homicidas!. El fracaso humano de Jesús de cara a los jefes de Israel – senadores y sacerdotes – manifiesta la mala disposición de los llamados a ser los portadores de la ley y los profetas.

Las palabras del Nazareno nos interpelan a todo cristiano que, por el bautismo, participamos en el sacerdocio real de Cristo. Reflexionemos un poco. La existencia de Dios se nos dio como evidente y nunca nos interrogamos ni nos planteaban, en el colegio, preguntas tan naturales como el por qué teníamos el convencimiento de que creer en Dios fuera algo razonable y que la existencia de un Ser Supremo no fuera evidente... Salimos de los paraísos de las verdades no buscadas ni encontradas y surgieron primero las dudas sobre la Iglesia, después éstas pasaron a ser sobre la divinidad de Cristo y, al fin, sobre si la misma existencia de Dios era compatible con la verdadera libertad del hombre... ¿Se debe optar por Dios o por el hombre?.

Abandonamos, poco a poco, la práctica y hasta la creencia... 

Hoy, padres, pensemos en qué postura y actitud estamos ante ese Dios, que nos ha visitado con la alegría del bautismo del hijo y del compromiso matrimonial de aquél, niño o niña, que ha crecido tan rápidamente...

Hoy, jóvenes, ¿pensamos por qué creemos en Dios o no creemos en Él?. Las dudas y tentaciones te rodean..., ya no eres aquel niño...; antes de abandonar tu práctica religiosa plantéate, con toda sinceridad, el tema de Dios y de Cristo, pero con un estudio que supere las cuatro objeciones al uso para unos eruditos, en la negación, a la violeta.

 

 

incredulidad y fe

 

Sed de Dios, tiene mi alma, de Dios vivo;

conviérteme Cristo en limpio aljibe

que la graciosa lluvia en sí recibe

de la fe. Me contento si pasivo.

una gotica de sus aguas libo

aunque en el mar de hundirme se me prive,

pues quien mi rostro ve- dice- no vive

y en esa gota mi salud estribo.

Hiéreme frente y pecho al sol desnudo

del terrible saber que sed no muda;

no bebo agua de vida, pero sudo

y me amarga el sudor, el de la duda,

sácame, Cristo, en este espíritu mudo,

creo, tú mi incredulidad ayuda.

(Miguel de Unamuno)

 

 

 

DOMINGO 28º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª Lectura: (Is 25,6-10a)

El mensaje de Isaías se inscribe dentro de los capítulos en dimensión apocalíptica. Se acerca el día del triunfo de Jahvé

en el que se constituirá, con sede fundamental en la futura Jerusalén, un reino universal de amor, justicia y paz. El reinado de Jahvé, siguiendo el género literario oriental, se representa por un majestuoso banquete al que son invitados todos los pueblos.

Las naciones de la tierra han ido caminando, a tientas y en penumbra, en busca del verdadero Señor del Universo..., y al final de los tiempos esos pueblos, otrora politeístas, descubrirán al verdadero y único Dios.

En ese banquete ya no existirán esas duras lágrimas que nos demuestran las dificultades y sufrimientos de la vida, en los que el poder de los dominadores ha vejado siempre a las almas sencillas y humildes. La muerte ya no será, como para tantas personas desgraciadas, un final de todos los males padecidos en esta tierra inhóspita, como naturaleza, en la que el odio y rencor entre las personas ha sido moneda corriente de curso legal... El morir será paso definitivo para vivir con el Señor, en la dimensión del más allá. Dios será todo en todos, pues su presencia colmará el espíritu de los que se han hecho dignos de entrar en el abrazo definitivo del Padre.

¡Alegrémonos!. El profeta contempla, en un horizonte de sombras, la Eucaristía, como cena preparatoria del reino definitivo de la perfecta armonía del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con Dios.

 

 

2ª Lectura:    (Flp 4,12-14.19-20)

En la lectura de Pablo a los cristianos de Filipo, podemos consignar aquellos por lo que todo hombre lucha, pena y hasta muere: la libertad. Pablo fue el hombre libre, que superó los condicionamientos que tanto nos atan a los cristianos de la sociedad de consumo y bienestar: las preocupaciones por conseguir y conservar determinado nivel de vida. El hombre no es independiente por poseer muchos bienes económicos, sino por necesitar de pocas cosas para poder desarrollar su vida. La confianza en Dios, que cuida de los lirios del campo y de las aves del cielo, estaba siempre en el apóstol preso que esperaba la muerte. Sus palabras, “todo lo puedo en aquél que me conforta”, nos indican la verdadera paz del que ha puesto  su confianza únicamente en el Señor.

La confianza total y absoluta en Dios no excluye la gratitud, en Pablo y en nosotros, para aquellos que han sabido compartir – no por solidaridad, palabra pobre, sino por fraternidad – los medios económicos y los avatares de la vida: triunfos y fracasos, alegrías y penas.

La comunidad parroquial ha de ser la del fraterno compartir, si quiere ser verdadera comunidad. El amor fraterno se ha de  ejercer todos los días con las personas que se cruzan en nuestro camino y que necesitan pan, alegría y, sobre todo, a alguien que sencillamente les escuche. ¡Siempre escuchando...! puede ser el lema de la parroquia-comunidad del tercer milenio.

 

Evangelio:  (Mt 22,1-14)

Dios siempre está a la espera de la respuesta hombre a su llamada a participar en el banquete del Reino. Hoy, como ayer, muchos estamos demasiado ocupados con los negocios y tareas de la vida terrena y, con diversas excusas,  decimos un no a su llamada o, responderé más tarde, cuando haya solventado estas ocupaciones imperiosas.

Todos, tú y yo, buscamos la felicidad, pero cada día tenemos más conciencia de que a pesar de todos los anuncios-reclamos para lograrla: fiestas, viajes..., nos encontramos cada día más aburridos en el ánima y con el cuero más cansado. Sólo en el silencio profundo cuando, saliendo de la corriente que nos arrastra, nos sentamos en la orilla a contemplar “el mar y río de la vida”, lograremos la tranquilidad suficiente para hacernos la pregunta fundamental de toda persona verdaderamente consciente y responsable: Todo, para ¿qué? y, al final, ¿qué?. Las palabras de Cristo resonaran en nuestro corazón: “Si conocieras el don de Dios”. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en ti”(Agustin).

Jesús, te hemos rechazado tantas veces..., pero, en este día, te pedimos con corazón contrito, que no dejes de llamar a nuestra puerta, pues, a pesar de todo, deseamos abrirte, pero somos tan débiles..., tan de tierra...

 

huyendo

 

De Ti, Dios voy huyendo. Peregrino

de táctiles oasis en el centro

del gran desierto de mis manos, entro

 - de espaldas a tu amor - en mi destino.

 

Huérfano de tu pan y de tu vino

pierdo las fuerzas. Se me muere dentro

del corazón tu luz, y sólo encuentro

tiniebla sin orilla en mi camino.

 

Siempre huyendo de Ti. Llorando acaso,

pero grito que soy mío y no tuyo

y que no necesito que me quieras.

 

Pisando frías rosas a mi paso,

huyo de Ti. Pero por más que huyo,

con eterna paciencia Tú me esperas

 

(José Javier Aleixandre)

 

DOMINGO 29º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª Lectura: Is 45,1.4-6

La esperanza mesiánica en los profetas se va desarrollando en dos dimensiones: un “mesianismo real”, que, liberando al pueblo, unifique Oriente y Occidente y un “mesianismo espiritual”, cuyo prototipo se da en la figura del siervo de Jahvé”.

El segundo Isaías, autor al que pertenece la primera lectura, nos habla: a).- del mesianismo real encarnado en la figura de Ciro, rey de Persia, ungido por Jahvé e instrumento de Dios para liberar a su pueblo y b).- del mesianismo de salvador espiritual del siervo de Jahvé como verdadero maestro y luz de las naciones, que se caracteriza por su comportamiento misericordioso, espíritu humilde, sufriente y delicado, que es rechazado por sus congéneres, a los que salvará por la entrega de su propia vida.

La primitiva comunidad cristiana refirió todos los pasajes proféticos sobre el Mesías a Jesús de Nazaret. Él será el Salvador, el Cristo, es decir, el Mesías, descendiente de David, Rey pacífico, y, sobre todo, el Siervo doliente, el Enmanuel anunciado por Isaías .

Jesús ha rebasado todas las esperanzas mesiánicas; el mesianismo cristiano ha penetrado en lo más profundo del ser del Mesías prometido y esperado, ser Hijo de Dios. El concepto de mesianismo real de poder político ha sido explícitamente rechazado por el Nazareno de Galilea.

Contemplando la figura de Ciro, veamos, con los ojos de la fe, que Dios escribe con trazos torcidos; la historia de la salvación está inserta en la historia humana llena de luces, pero, sobre todo, de sombras.

 

2ª Lectura: (1 Tes 1,1-5b)

La Iglesia nos va a presentar, en la segunda lectura de los últimos domingos del Tiempo Ordinario, la primera carta de Pablo a los fieles de Tesalónica. En estas líneas intentaremos dar unos datos, que pueden enmarcar la comprensión de esta carta.

La primera carta a los Tesalonicenses es el documento más antiguo que conservamos del Antiguo Testamento, al que podemos datar con un grado probable de aproximación. Estamos en el segundo viaje misionero de Pablo, durante su permanencia en Corinto. Después de pasar Asia Menor y Grecia..., el Apóstol permanece algunas semanas en Tesalónica. Según el paradigma de apostolado de Pablo, éste dirige su predicación en primer lugar a los judíos, pocos de ellos aceptaron su mensaje salvífico; después a los “prosélitos griegos”, la buena noticia tiene entre ellos mejor acogida; y, por fin, a los paganos, éstos reciben, casi unánimemente y con plena entrega de sus personas, el mensaje de Jesús. Así se formó la comunidad cristiana de Tesalónica...

La ciudad de Tesalónica era, en tiempos de Pablo, un nudo vial importante de comercio y, por esta razón, la fe cristiana empezó a irradiarse pronto en sus alrededores como Macedonia, Acaya... La alegría de Pablo por la acogida del mensaje de Jesús por parte de los tesalonicenses se turbó pronto por la persecución de los judíos contra su persona. Pablo se refugia en Corintio. Entre tanto, desde Atenas, había enviado a Timoteo para que visitara, en su nombre, aquella comunidad tan querida. Cuando Timoteo vuelve a Corinto y le informa de la vida cristiana de los tesalonicenses y de los problemas suscitados, Pablo escribe esta carta, llena de ternura, de nostalgia y de amor. Estamos al principio del año cincuenta.

 

Evangelio: (Mt 22,15-21)

Solidaridad es una palabra demasiado ambigua; la primera significación en castellano académico significa “adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros”. En este evangelio vemos como los fariseos y herodianos – partidiarios de la dinastía de Herodes y designados para denunciar toda palabra o acción contra el César – se solidarizan, a pesar de sus profundas diferencias, para acusar a Jesús. Es por esta razón de solidaridades negativas, que siempre empleo, contra el decir común, el vocablo maravilloso de “fraternidad”.

Siempre, hoy como ayer, la falta de veracidad se reviste con ribetes de profunda sinceridad y amor a la verdad: “Maestro sabemos que eres sincero...y no te fijas en las apariencias..., qué opinas ¿es lícito pagar impuesto al César o no?.

La respuesta de Cristo a esta falsa e hipócrita pregunta se ha presentado comúnmente como una contestación adecuada a la distinción ente la esfera política y la religiosa. Nos parece, sin embargo, que la réplica de Cristo deja abierto el contenido concreto y real del tema planteado. Lo que verdaderamente ha de aclararse es: ¿qué es propio del César y qué es de Dios?.

La historia nos enseña la dificultad en la práctica de moverse en ese terreno tan resbaladizo existente entre lo religioso y lo secular. Por amor a Dios y a la predicación de la buena nueva del Nazareno, la iglesia – que somos todos – se ha unido demasiado en la historia pasada al poder civil, político y económico. Los concordatos han sido esos tratados, entre Iglesia y Estado, para paliar esas absurdas subordinaciones entre los poderes y poder conseguir así  el mal menor... Después de Vaticano II las relaciones de Iglesia y Estado han quedado fundamentalmente limpias y la separación entre ambos poderes ha oxigenado el ambiente social, en el que se mueven ambas instituciones. En la vida corriente en nuestras comunidades quedan, sin embargo, viejos vestigios que debieran hacernos sonrojar. La celebración Eucarística del patrono y otras efemérides importantes en nuestros pueblos y ciudades son ocasión para que las autoridades civiles, creyentes o no, en sentido amplio, queden invitadas, con sitios reservados...; ¡y se trata de “vivir la actualización de Cristo muerto y resucitado!. Demos a Dios lo que es de Dios...

 

salmo de la sed de dios

 

¡Oh, ven, bébeme ya,

álzame con tu mano hasta la boca

húndeme en tus abismos, en tu aliento de fuego!

 

Soy un agua cansada

de correr sin descanso y sin destino,

de mis oscuros fondos de olvido y de misterio

donde habitan los más huidizos monstruos

y a donde el sol no llega...

Atraviésame en luz al mirarme en tu vaso

¡y bébeme, Señor!

(José María Valverde)

 

DOMINGO 30º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

 1ª Lectura: (Ex 22,21-27)

Las palabras de la primera lectura del libro del Éxodo tienen una resonancia vital para los problemas, que se plantean en nuestras sociedades prósperas del Occidente. Los versículos del cp.22 pertenecen al llamado “Código de la Alianza”, que contiene una colección de leyes y costumbres no promulgadas en el Sinaí, sino en los primeros tiempos de una sociedad sedentaria y agrícola antes de la Monarquía.

Estos preceptos reflejan y concretan el espíritu del Decálogo, considerado como la “carta magna” de la Alianza en el Sinaí.

El problema de las migraciones pone de manifiesto la gran injusticia, por las diferencias sociales y económicas, que se dan entre Norte-Sur. Los países occidentales, otrora países de emigración, son los lugares a los que llegan africanos, asiáticos y sudamericanos... Como cristianos se nos impone el preguntarnos por la forma con que “miramos” a nuestros hermanos, que huyen de una muerte segura por el hambre y carencias, amen de guerras, de sus países de origen. La llegada será continua mientras exista esa diferencia abismal, en todos los órdenes, entre ellos y nosotros a pesar de afirmar...., con palabras, que ellos y nosotros tenemos los mismos derechos como hombres. ¿Se intenta el desarrollo de esa naciones pobres para que no necesiten “invadirnos”, cuando todavía se discute el otorgarles el 0.7 del PIB y en realidad se da el 0,3?

No olvidemos, por otra parte, el gran número de personas de nuestras naciones, sobre todo de la tercera edad, que malviven con pensiones vergonzantes y vergonzosas. ¿Qué número de personas mayores pueden acceder a una residencia?. Muchos jóvenes tampoco pueden adquirir ni alquilar una vivienda por los precios abusivos, gracias a la maravillosa ley de la oferta y la demanda...

Tantos abusos e injusticias... y todos callamos. Dios no calla... Lee, de nuevo la lectura.

 

2ª Lectura: (1 Tes 1,5c-10)

Pablo amó con toda el alma a la comunidad de Tesalónica, fue consciente  de las dificultades que habían pasado los fieles en el camino, siempre difícil, del amor fraterno y del anuncio misionero – esencial a la comunidad – con respecto a todos sus vecinos.

Hoy, en nuestras comunidades, constatamos el abandono de la iglesia de nuestros jóvenes. El comienzo del siglo pasado el mundo obrero desertó, ¿quién de quién?, de la iglesia, después de la segunda guerra mundial se pasó una gran crisis intelectual de la existencia por la falta del sentido humano de la vida, y ahora, después de las esperanzas despertadas por el Concilio Vaticano II, la deserción de los estudiantes y profesionales es manifiesta.

La vida cristiana no consiste en palabras ni recitaciones del Credo, sino en el vivir con el Nazareno la vida cotidiana en sus veinticuatro horas. Sólo una vida santa – en dimensión mística de escucha y de diálogo con Dios – puede constituir “una pregunta fundamental” para este mundo en el que los “media” no presentan razones para vivir, sino, por el contrario, ofertas atrayentes para no pensar. Los deportes ofrecen una forma de exaltación de identidades frustradas; el grito ¡hemos ganado! es el mejor signo de nuestra afirmación. Las revistas del mal llamado corazón, trivializan el amor al presentar amoríos constantes, que hacen soñar a simples y abobadas cenicientas. Se vive desde el ensueño para acallar el vacío del individuo...

¿Seguiremos los cristianos a Cristo sólo con las palabras y, a lo más, con media hora a la semana?. Tú y yo tenemos la respuesta.

 

Evangelio: (Mt 22,34-40)

Los motivos de los comportamientos humano pueden ser espurios... y tales eran los que mueven a los fariseos a acercarse a Jesús y a que uno de ellos le pregunte: ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?. Jesús tomará la pregunta no sólo para repetir las palabras del Deuteronomio: “Amarás a Dios...”, sino para dar el sentido más profundo que entraña el amor a Dios que, para ser verdadero, ha de extenderse al amor al prójimo. El fariseo le había preguntado por el mandamiento fundamental y Cristo responde que son dos, pues Dios no quiere ser únicamente amado, sino que el hombre ame con la misma intensidad – alma, corazón y ser – a todo hombre, a quien Él ha amado hasta hacerle participar de su vida divina.

Cuando se contempla la miseria del tercer y cuarto mundo, a esos niños, mujeres y ancianos que se arrastran para poder morir en medio de tantas guerras fratricidas, y lee, sin conmoverse, esas abultadas cifras, tan abultadas que nos hacen olvidar que detrás de esos guarismos de vergüenza existen personas..., un grito nace de los corazones sanos: ¿Dónde está Dios?. Fue el grito de Auswitz , que no sólo provocó desesperación y, quizá, blasfemias, sino que ayudó a los creyentes a vivir profundamente el amor a sí mismos y al prójimo identificándose con el grito del Gólgota: “Señor, ¿por qué me has abandonado?.”

Dios está presente en el hambriento, sediento, encadenado, enfermo de “sida”, en las víctimas del terrorismo y también – nos olvidamos tanto – en los enfermos psíquicos que no pueden ni vivir ni morir.

El ¿qué hacemos por Dios? se conjuga siempre con el ¿qué hacemos por el hermano?.

 

 

El día del perdón

¿Por qué, ante los que viven desangrando

al prójimo, no acierto a alzar la voz,

por más que estudie atento las astucias

de su arte, y su saberse dar razón?

Mucho tengo y tenemos compartido

con ellos en el corazón:

tendrá que haber un día que nos juzguen

a todos y nos quemen el amor;

tendrá al final que haber quien nos reúna

a todos en un fuego de perdón.

(José María Valverde)

 

 

DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª Lectura: Mal 1,14b-2,2b.8-10

El libro conocido como de Malaquías es de un autor anónimo. Podemos datarlo, con suficiente probabilidad entre los años 520-540, período que se caracteriza por estar ya construido el templo y su culto. De las insuficiencias de los comportamientos de los sacerdotes nos hablan los versículos de la primera lectura.


Los sacerdotes de hoy nos encontramos con una sociedad secularizada en la que la iglesia ha dejado de ser el centro de la vida de nuestras ciudades y pueblos. Sólo en ocasiones excepcionales de bodas o entierros se reúnen en ella los ciudadanos allegados – cualquiera sean sus creencias más íntimas – para acompañar las alegrías o tristezas de sus familiares y amigos. El sacerdote ha de ser consciente  de que los no practicantes, cuando no agnósticos y ateos, sólo se acercan a escuchar sus palabras y a seguir los ritos por motivos sociales. Una celebración cuidada y seria del culto y una homilía bien preparada, con lenguaje moderno, puede ser la ocasión propicia para sembrar en un público tan diverso la buena semilla del mensaje del Nazareno, que puede fructificar por la fuerza del Espíritu.

 

Se habla, a menudo, del apostolado con los alejados..., sin reflexionar que – con raras excepciones – no hay lugares de encuentro apropiados para dar testimonio de Cristo. Los eventos citados constituyen siempre ocasiones excepcionales para demostrar la cercanía humana y cristiana de la Iglesia.

 

2ª Lectura: 1 Tes 2,7b-9.13

 Pablo nos recuerda las circunstancias y los frutos obtenidos en la fundación de la iglesia de Tesalónica. Nuestros conciudadanos están faltos de esa felicidad íntima que no puede conseguirse con los bienes de consumo. Consciente o inconscientemente todo corazón siente la verdad de las palabras de Agustín: “Nos hicisteis, Señor, para Ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en Ti”. La única predicación cristiana valida, en los tiempos que corren, se puede dar únicamente con el ejemplo. Los que nos contemplan juzgarán de la Iglesia conforme al  comportamiento de los portadores de la palabra de Dios y de la comunidad que les rodea. Sólo una vida sencilla, austera, y abierta a los pobres de los que nos llamamos cristianos puede se un anuncio eficaz de la Palabra.

 

Vivir para la comunidad y no de la comunidad, servirla únicamente a ella y nunca servirnos de ella, debe ser el primer principio de una vida parroquial verdaderamente cristiana. Las palabras de F. Nietsche siempre me inquietaron en mi vida sacerdotal: ¡“Hay cristianos que poca cara de redimidos tenéis”!.


Evangelio: Mt 23,1-12

 Los caminos de Dios son siempre sorprendentes para el mundo. El treinta de Septiembre de 1897 moría a los 24 años, en un sencillo convento de clausura carmelitano de Lisieux, la pequeña Teresa. Hoy en Lisieux se eleva una grandiosa basílica, dedicada a esta santa doctora de los tiempos modernos, en cuyo frontispicio se pueden leer estas palabras evangélicas que resumen su vida: “El que se humilla será enaltecido y el que se enaltece será humillado”. En el siglo XIX un pobre cura ignorante de la aldea de Ars revolucionó cristianamente una sociedad laica basada en la Ilustracción y anti religiosa. Hoy se llaman Teresita, Juan XXIII, Teresa de Calcuta y tantos y tantos misioneros, religiosos y seglares, que han tomado al pie de la letra – el mejor modo de captar el espíritu – las palabras de las bienaventuranzas.

 

En nuestros ambientes clericales , no eclesiales, existe demasiada parafernalia alrededor del culto. En muchas ocasiones nos cuesta a los sacerdotes desvincularnos de la aureola de ser considerados como “maestros”, “padres”, “jefes y responsables” de las que hemos disfrutado , por desgracia, en tiempos no tan remotos, hoy felizmente superados. Sólo el que busca únicamente a Cristo puede ser libre para predicar la buena nueva de liberación en todas las dimensiones de la vida. Toda factura se paga y todo cheque recibido espera siempre una compensación. El llamamiento de Cristo, tan vigente hoy como ayer es : vivir en pobreza, vivir en la libertad de los que no teniendo nada lo poseemos todo... Las palabras del Evangelio de hoy son ciertamente duras, como la misma realidad redentora de Jesús de Nazaret.

 

 

Epílogo:

 

¡Vivir de amor quiere decir guardarte

a ti, Verbo increado, Palabra de mi Dios!

Lo sabes, Jesús mío, yo te amo,

me abrasa con su fuego tu Espíritu de Amor.

Amándote yo a ti, atraigo al Padre,

mi débil corazón se entrega a él sin reserva.

¡Oh augusta Trinidad

eres la prisionera, la santa prisionera

de mi amor!

(Teresa de Lisieux)

 

 

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS  ( CICLO – A)

 

1ª Lectura:(Apocalipsis 7, 2‑4. 9‑14.)

Hoy no es específicamente la fiesta de los grandes doctores de la Iglesia, que con su luz y santa vida iluminaron los dogmas del cristianismo, ni de los ilustres fundadores de Órdenes y Congregaciones que tuvieron la fuerza del Espíritu para crear nuevos caminos de espiritualidad. Hoy es la fiesta de la gente sencilla de nuestros pueblos y ciudades que vivieron con rectitud una vida cristiana como esposos y se entregaron, con cuerpo y alma, a transmitir la fe recibida a su prole. También es la fiesta de tantos sacerdotes, de religiosos y religiosas, que vivieron el desprendimiento absoluto con una entrega callada en los países de misión y en esos conventos de clausura, que son el camino más recto para poder estar más cerca del mundo a través de su unión profunda con Cristo, cabeza del Cuerpo místico.

En otra dimensión es la fiesta de tantos y tantas personas que llegaron a Dios a pesar de sus debilidades y caídas, pero que tuvieron una esperanza inquebrantable en la bondad y misericordia de Dios. Hoy, por fin, es un día de alegría para los que caminamos con temor y temblor hacia el Padre y esperamos ser después de la muerte miembros de esa muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, raza y pueblo.

Hoy yo rezo a mi padre y a mi madre – que están junto al Padre – para que me ayuden a llevar una vida más limpia en este mundo para ser digno de anunciar la Palabra del Nazareno.

 

2ª Lectura:(Juan3, 1‑3.)

Las palabras de San Juan no son para ser leídas ni siquiera meditadas, sino para que tú y yo, en el silencio del templo o de la habitación, vayamos repitiendo en el fondo de nuestro ser: “somos hijos de Dios”. Sentir la filiación divina en lo más profundo de la persona, dejarnos llevar por ese Dios, más íntimo a nosotros que nosotros mismos, es la escucha en dimensión mística de este día de Todos los Santos. Es, en el fondo, vivir la esperanza de un Domingo de Resurrección, en el que el Padre que resucitó a Cristo – como dice Pablo – nos resucitará a todos nosotros.

El hombre moderno ha logrado, con su poderosa técnica, salir de nuestra pequeña tierra y poder explorar otros mundos soñados por escritores utópicos, pero, sin embargo, ha perdido la identidad de su propio “yo”..., se ha convertido en masa y es incapaz de estar una hora en su cuarto y en silencio (Pascal). En la festividad de Todos los Santos pidamos un poco de luz para nuestros ojos, un poco de calor para nuestras manos para poder encontrar el sentido profundo de este maravilloso mundo que, alejado de Dios, ha perdido el Norte.

¡Ojalá seamos testigos de esperanza de cara a esa vida eterna a la que todos estamos llamados a compartir, en la que Dios será todo en todos!.

 

Evangelio:(Mateo 5, 1‑12a.)

Las bienaventuranzas constituyen el eje central del cristianismo. Hoy, más que nunca, han de predicarse esas maravillosas palabras, oportuna e importunamente, a este mundo en que imperan la pobreza y miseria y no se ve un futuro en que tantos millones de “personas” puedan no ya dar un sentido religioso a su vida, sino simplemente poder comer una vez, por lo menos, al día. ¡Cuándo comprenderemos los cristianos – la mayoría viviendo en países opulentos – que siempre los pobres, los sufridos, los que lloran, los que padecen persecución por la justicia, los limpios de corazón son verdaderamente los felices y afortunados, en esa vida en que el poder del dinero y de la mentira no son moneda para ser “alguien”...

El 11 de Septiembre del 2001 todos nos hemos horrorizado por las muertes de miles de personas causadas por esos fanáticos religiosos... Hacer de Dios el justificador del terrorismo es el uso más deleznable del nombre del Todo Santo. Quisiera que tú y yo pensáramos y recordáramos que el 11 de Septiembre del 2001 también:

Murieron de hambre 35.615 niños (FAO); Lugar: países míseros: Artículos de prensa sobre estas muertes: ninguno; Mensajes de Presidentes: ninguno; Manifestaciones de solidaridad: ninguna; Conmemoraciones de las víctimas: ninguna; movilizaciones de las fuerzas armadas; ninguna: Hipótesis sobre la identidad de los responsables: ninguna...

¡Todos los días se repiten estas cifras!. ¡Todos los días son 11 de Septiembre para esas miles de víctimas!. Todos callamos...¡No!. ¡Jesús va repitiendo las bienaventuranzas!

 Epílogo:

Señor, lo tienes todo: una zona sombría

y otra de luz, celeste y clara.

Mas, dime Tú, Señor, ¿los que han muerto,

es la noche o el día lo que alcanzan?

Somos tus hijos, sí, los que naciste,

los que, desnudos en su carne humana,

nos ofrecemos, como tristes campos,

al odio o el amor de tus garras.

Un terrible fragor de lucha, siempre

nos suena oscuramente en las entrañas,

porque en ellas Tú luchas sin vencerte,

dejándonos su tierra ensangrentada.

Dime, dime, Señor: ¿por qué a nosotros

nos elegiste para tu batalla?

Y después, con la muerte, ¿qué ganamos,

la eterna paz o la eternal borrasca?

(José Luis Hidalgo 1947)

 

 

 

DOMINGO 32º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª Lectura: (Sab 6,13-17)

    La fe no es algo, estrictamente hablando, que se posee, sino algo o alguien que nos ha cogido por la espalda. Cuando se contempla el mal llamado fenómeno de la increencia – pues ésta también es creencia – uno se pregunta ¿por qué a algunos nos posee una fe en la que nos afirmamos, a pesar de las dudas, con una certeza moral inconmovible y otros carecen de ella?. La palabras de la primera lectura nos pueden abrir unas pistas para poder comprender el “misterio de la fe”.

    Tener fe presupone estar siempre en continua búsqueda del sentido profundo de la vida, amar esa “sabiduría” que no consiste en erudición múltiple de tantos y tantos saberes, sino en vivir serenamente de cara a “saber a qué atenerse en esta vida” en la que vivimos, fenomenológicamante hablando, de prestado. A la verdad, nos dice Platón, ha de irse con toda el alma, y sólo el que arriesga su vida podrá encontrar en el horizonte que “su existencia” merece la pena de ser vivida.

    Jesús de Galilea, el hombre que amó al prójimo hasta morir por él en una muerte de cruz, nos descubre con sus palabras y vida los caminos para clarificar las eternas preguntas que siempre están a la puerta...: la existencia de Dios como persona, la esencia de Dios como Padre amoroso que desea la felicidad de todas sus criaturas.

    El Evangelio es el libro más vendido; ¿es el más leído?. En tu casa y en la mía está el evangelio: ¿En un rincón de la biblioteca?, ¿en las manos?.

2ª Lectura: (1 Tes 4,12-17)

    “Ser en esperanza” es la característica del cristiano. Esperanza en el encuentro con Cristo en la muerte de cada uno y en el momento definitivo de la recapitulación de todos y de todo con el Señor. Los muertos son transformados por Cristo resucitado  que es, a la vez, garantía y esperanza de los que todavía peregrinamos en esta vida hacia la casa del Padre.

    Pablo, estamos en el año 50, ansía el retorno de Cristo... La añoranza de con- resucitar con Cristo hace que el Apóstol desee su llegada y crea como inminente la fecha de la misma. La expectativa de Pablo no se convierte en fanatismo ni en obsesión; en la misma carta nos indica: “Vosotros sabéis que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche”.

El hombre del mundo contemporáneo occidental volcado en lograr “día a día” los bienes de la tierra ha olvidado que al final está Dios. La muerte nos coge siempre de sorpresa y nadie creemos, aunque sepamos, que la muerte va contando, con rigurosa regularidad, el paso de los días y horas que nos acercan a nuestro fin en la tierra. La muerte de los otros, aunque sea de los más allegados, nunca se puede estrictamente vivir; a  lo más estamos junto a..., cabe a... los moribundos. Cada uno ha de asumir su propia vida y su propia muerte y la grandeza y miseria del hombre es el nacer, vivir y morir en soledad radical. Sólo en el silencio se puede desear esa vida eterna a la que todos estamos llamados.

 

Evangelio: (Mt 25,1-13)

Ciertamente la castidad supone un gran valor en la vida, pero no olvidemos que la castidad no tiene únicamente una dimensión negativa, sino positivamente significa un prescindir de todos los afectos a personas y cosas, que nos impidan llegar a cumplir la misión y vocación que Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros en esta existencia concreta. Se falta también a la castidad cuando uno depende excesivamente hasta de esos instrumentos que tienen la apariencia de ser siempre positivos, sirva como ejemplo “los libros”. ¡Qué diferencia supone ante el Nazareno ambas actitudes excluyentes, si nos impiden llegar a vivir plenamente con Él!

    El Evangelio nos habla de diez doncellas o vírgenes que esperan la llegada del Señor. Todas son doncellas, ¡no lo olvidemos!, pero cinco son insensatas. Agustín, comentando este pasaje, nos dice que el “aceite” significa el amor y la caridad del que carecían las vírgenes necias.

    Al caer de la tarde nos examinarán de amor, es decir, de limpieza de corazón en el sentido más profundo y radical de esta palabra. No te preguntes sólo si has sido egoísta, en y con tu cuerpo, sino si te has entregado, hasta vaciarte, por los hermanos. Pascal, después de visitar un convento de beguardas – institución fuera de la Iglesia por sus excentricismos egoístas – pronunció estas palabras: “Son limpias como ángeles, pero soberbias como demonios”.

    ¡No te obsesiones con determinado mandamiento!. ¡Obsesiónate por Dios y por el hombre!.

 

 

 

Epílogo:

 

DEL LADO DE LA LUZ

 

Del lado de la luz

nos sobra casi todo

aunque no falte nada:

los paisajes reunidos,

el agua como acero,

lo que palpita y nace.

 

Del lado de la luz

algo traspasa el mundo

y estremece la tierra

con temblor de milagro.

No importa que se recoja

o que se siembre el trigo.

 

De lado de la luz

que suceder de horas

sin nombre y sin espacio.

Pero cómo deslumbra de lejos

la esperanza.

(1993 Ernestina de Champourcin)

 

 

DOMINGO 33º DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO – A)

 

1ª Lectura: (Prov 31,10-13.19-20)

    La vida del cristiano se desarrolla en el mundo concreto que le ha tocado vivir; en él debemos buscar la santificación a la que estamos llamados. En la Biblia se ensalza la sana preocupación por el trabajo que deriva del mandato del Creador: “Creced y multiplicaos”. La realización personal, en todos sus aspectos, es la primera tarea del hombre..., al que se la ha dado su “personeidad” y debe lograr  como tarea constante su personalidad. El trabajo no sólo es carga, sino el modo de alcanzar una conciencia y libertad individual y colectiva.

La alabanza de la mujer hacendosa es un recordatorio de la misión de la madre, dentro de un mundo rural, en una la familia. Hoy, con razón, se insiste en la igualdad en la práctica de los dos sexos y contemplamos, con agrado, como tanto en las Facultades como en las Escuelas Técnicas el elemento femenino ha igualado cuando no sobrepasado al masculino. La mujer, por otra parte, ha asumido trabajos otrora cuasi exclusivos de los varones. El sentido de la maternidad no ha de estar reñido con el puesto profesional de la mujer en las sociedades desarrolladas. Todavía estamos lejos de alcanzar la igualdad real entre hombre y mujer pero la evolución social en este tema nos parece altamente positiva.

La santidad se logra por el trabajo serio y responsable de la “persona” en conformidad con la voluntad de Dios, que nos mantiene y conserva en nuestro propio ser y obrar. Recordemos, por último, los interesantes trabajos de Max Weber sobre el trabajo en la Biblia y en las distintas religiones.

 

2ª Lectura:(1 Tes 5,1-6)

 

    La muerte es el núcleo central en torno al que gira la historia humana. Si no existiera la muerte ¡qué sentido tendría el tiempo!; pues las tareas a realizar en la vida presuponen un espacio-tiempo limitado. Fenómenos tan diversos como la libertad y democracia se basan radical y fundamentalmente en la muerte..., que no sólo tiene la dimensión de morir según las leyes psiquico-biológicas de la materia, sino de la dimensión de la posibilidad de “ser matado” por alguien antes del tiempo biológico. Recordemos que, tanto el totalitarismo de Hobbes como el “contrato social” de Rousseau”, tienen su fundamento en la angustia real de poder morir violentamente. Este miedo hace, en Hobbes, que todos depositen su propia libertad social en manos de una persona que dirija el bien común o que se llegue, en Rousseau, a “un contrato social democrático de las personas” para poder alcanzar una paz estable.

La muerte para el cristiano es un nacer a la verdadera vida junto al Padre. Mientras llega el día de la muerte, el cristiano ha de encarnarse en “el trabajo de cada día”, que es la única forma de presentarse ante Dios, pronto o tarde, con las manos medianamente llenas de amor al hombre. Al final no está la nada..., sino un Padre que espera a los hijos pródigos y ¡quién no lo es!. Paz y alegría ente el propio morir o ser aniquilado por alguien, pues el hombre está en manos de Aquél, que cuida de los lirios del campo y de las aves del cielo. Como ciudadano, el cristiano ha de trabajar en pro de un sistema político que garantice la conciencia y libertad humanas.

 

Evangelio:(Mt 25,14-30)

 

    Vivimos la vida en este mundo como si no fuéramos a morir. La eterna pregunta de “al final ¡qué!”, se responde teóricamente con “al final la muerte”; pero nadie considera vitalmente la muerte como la realidad siempre posible y nunca predecible. El silogismo de los viejos lógicos: “Todo hombre es mortal, yo soy hombre, luego yo soy mortal”, nunca se ha concretizado en los hombres en un  temor y temblor angustioso ante esa facticidad irremediable. La persona se defiende, ante la misma, con una proposición - implícita y latente - mientras se pronuncia esa vivencia: “Yo voy a morir ciertamente, pero todavía no”...(Heidegger).

Mirar, cara a cara, a la muerte es mirar y contemplar la vida, pues las razones que sirven para morir son las que nos sirven para vivir... Lo difícil es pasar por la vida conforme a las enseñanzas del Nazareno, en una paz y tranquilidad del que no teme a la muerte al haberla proyectado en todas las acciones cotidianas que conducen hacia ella.

¿Qué sentido tiene ocupar, obsesivamente, los primeros puestos y luchar por todos los medios, justos e injustos, para logra poder, dinero, fama, si todo se termina...?. Cada uno tenemos una misión que cumplir en este mundo, que se concreta paulatinamente por las diferentes circunstancias con las que nos vamos encontrando. Lo importante es trabajar con los talentos recibidos, pues “al caer de la tarde” no nos examinaran, como en la parábola, del puesto ocupado en la tierra, sino de cómo lo hemos ejercido. En el orden espiritual qué maravillosas son las palabras de Merry del Val: ¡“Que todos sean más santos que yo, a fin de que yo llegue a la santidad que corresponde a mis fuerzas!

 

 

 

 

Epílogo:                                                

                                        ESTO ES AMOR

 

Esto es el amor, llevar en la sangre

el impulso inefable de otra sangre,

buscarse el corazón dentro del pecho

y no encontrarlo hasta palpar su frente,

padecer la ansiedad de ser en otro

como grano de trigo germinado,

es trasladar el mar hasta sus ojos

y sumergirse en ellos hasta el alma,

sentir la eternidad entre las manos

al descubrir a Dios en su mirada,

árbol del bien que las horas traspasa.

Esto es amor: ser uno proyectado.

(Eduardo Cote Lamus, 1976)

 

 

DOMINGO 34º FESTIVIDAD DE CRISTO REY ( CICLO – A)

 

“Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios”. Estas palabras son la síntesis del humanismo cristiano. La persona humana no ha de optar – para ser verdaderamente hombre –  entre Dios y él mismo como pensó una corriente de existencialismo en el siglo pasado. “La conciencia humana no desaparece ni se disuelve en contacto con el absoluto” (Merleaus Ponty), sino que adquiere una categoría excepcionalmente humana, precisamente por estar orientada por y con el absoluto. Cristo Rey nos recuerda, en un lenguaje histórico determinado, la transcendencia de Dios y su inmanencia a través del Logos encarnado. El mundo ya no es ese misterio sobre el que el hombre se siente radicalmente arrojado, sino el “ser llamado” a vivir la misma vida de Dios a través de la humanización de este mundo concreto en que nos ha tocado vivir. Dar sentido a nuestra vida cotidiana en una esperanza profunda de la llegada del Reino de Dios es la tarea  a la que los creyentes nos sentimos interpelados... El hombre religioso es el que vive su religación con “aquel que hace que haya” para, a través de la vivencia ontológica con el Nazareno, “constituir un reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz” (Prefacio)...

       

 

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