Comentarios del ciclo C

 

TIEMPO ADVIENTO

 

 

DOMINGO 1º DE ADVIENTO (Ciclo – C)

COMENTARIO     (Jr 33,14-16.)  (1 Tes 3,12-4,2.)  (Lc 21,25-28.34-36.)

        En el mundo en que nos movemos la muerte de Dios se ha consumado con la muerte del hombre, es decir, con la muerte de todos los derechos materiales de las personas. Nunca como ahora se ha hablado tanto de los derechos personalizados de los niños, de las mujeres, de los emigrantes y un largo etcétera, plasmado en esa palabrería formal de los derechos humanos recogida en varios volúmenes por las Naciones Unidas. En la práctica, sin embargo, jamás se ha despreciado más a esas personas concretas que nacen, viven y, sobre todo, mueren, sin ningún sentido de estas tres dimensiones esenciales a los seres racionales. Y en este mundo, el mejor por ser el nuestro, nos preguntamos si tiene sentido hablar de una espera y esperanza en la actualización de la venida de Cristo.

        Al final del siglo XX diversos pensadores, entre ellos A. Malraux, al contemplar la desaparición de todas las ideologías en las que el hombre del siglo XIX y XX había puesto su esperanza, nos hablaban de un mundo futuro religioso, que se alumbraba en el horizonte y que podía dar un sentido transcendente y humano al mundo concreto que nos ha visto nacer y desarrollarnos. Hoy el pesimismo radical del mundo de la globalización va negando esas esperanzas nacidas  de unos deseos utópicos.

        Los cristianos que contemplamos este mundo secularizado, como Jeremías en el siglo VII antes de Cristo, hemos de anunciar la llegada de Dios que ha tomado partido por el hombre. Las palabras de Pablo deben resonar en nuestras comunidades parroquiales: “rebosar de amor mutuo y de amor a todos”. Sólo con una vida de testimonio ejemplar podemos ser testigos de la venida, en este año, de un Dios que, como hace dos mil años, nace donde y cuando nadie lo espera.

        Siempre su portal estará, ayer como hoy y siempre, situado en esas innumerables  Naciones olvidadas y en las personas que, no teniendo nada, sólo esperan despiertas, como nos dice Lucas, el milagro de Dios.

        Jugaremos, mientras tanto, los satisfechos a Nacimientos de trampa y cartón. ¡¿Cuándo terminará la farsa?!

DOMINGO 2º DE ADVIENTO (Ciclo – C)

COMENTARIO     a    (Bar 5,1-9.) - (Flp 1,4-6.8 11.)  - (Lc 3,1-6.)


        En estos tiempos de los que hablábamos el domingo pasado, sólo cabe desde un punto de vista cristiano recordar que en la historia de la salud siempre, en medio de la desesperación del pueblo judío y posteriormente del cristiano, aparecen en el horizonte unos hombres llamados por Dios que, con sus palabras y sus vidas, nos anuncian que la salvación de Dios está cerca. Al mundo moderno no le salvará ni la ciencia ni las letras, sino esos personajes llenos del Espíritu Santo, que no teniendo nada, poseen el Espíritu.
                Hoy aparece un personaje fundamental en la Biblia, Juan Bautista último de los profetas y vocero de Jesús de Nazaret que oyó la Palabra de Dios en medio del silencio del desierto. Sólo desde la aridez de las rocas y la arena se puede percibir la verdadera Palabra..., pues la Palabra no se aprende en las escuelas, ni el trajinar del mundo, sino en contacto con lo más profundo de nuestro ser y en lo más íntimo de Juan resonaron para todos nosotros estas palabras de gracia: “Preparad el camino del Señor”.
                Nuestra sociedad necesita no tanto sabios, sino personas que posean la gracia y fuerza del Espíritu Santo. La sabiduría no lo olvidemos siempre nos sirve de ayuda y medio, pero el que verdaderamente nos salva es el Señor.
       

¡Ojalá en nuestras comunidades surjan testigos y ministros de la Palabra de Dios, que llenos de Espíritu nos anuncien que pronto, en Belén y Belén es tantos sitios, tantos altares pequeños... nos ha nacido el verdadero salvador del mundo!
¡Que ojalá nosotros seamos: todo testigos, sólo testigos y, para siempre, testigos de Jesús que habitará en nuestros caminos, los que hemos preparado para El......!

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (Ciclo – C)

 COMENTARIO     a   (Sof 3,14-18a.)  (Is 12,2-3.4bcd.5-6.)  (Flp 4,4-7.)  (Is 61,1.)  (Lc 3,10-18.)

    Este domingo es llamado con toda propiedad el de la “alegría”. En medio de las dificultades del rey Josías, Sofonías contempla el declive irreversible de Asiría y espera..., con la mayor confianza y alegría, el reino de los pobres, de los justos,  de los sencillos y rectos de corazón: “El Señor, tu Dios está en medio de ti”.

        Pablo grita a los filipenses que el “Señor, el rey de la paz, está ya cerca” y la figura señera de Juan el Bautista declara que el mensaje definitivo de la salvación está ya a las puertas, él es únicamente el vocero de la “Buena Nueva” que anuncia al verdadero Salvador, el que bautiza por medio no del agua, sino del Espíritu.

        En medio de este mundo lleno de sombras de injusticias, de egoísmos exacerbados, de aparente  negación de todo lo divino, hemos de confesar que muchas veces – con la excusa de ser realistas – hemos olvidado que el Señor y su Espíritu vienen de las maneras y formas más insospechadas.

       

        Nos ha roto todos los esquemas la presencia de un anciano, cuasi inmovil por las enfermedades galopantes, que contra todo pronóstico ha congregado cerca de 800.000 jóvenes en Madrid que le aclamaban con un entusiasmo y fervor jamás contemplado. Las estrellas del mundo de la canción jamás han podido tener ese poder de convocatoria de Juan Pablo II. En medio del pesimismo ha soplado el Espíritu en el mundo de los jóvenes, al que creíamos, ¡hombres de poca fe!, perdido... La Castellana ha sido la corona, pero en Cuatro Vientos vivimos un inesperado Pentecostés. ¿Aprenderemos las lecciones de aquellos dos días...?:

       

         “Tened confianza, estoy a la puerta y llamo....

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (Ciclo – C)

COMENTARIO     a   (Miq 5,2-5a.)   (Sal 79,2ac.3b.15-16.18 19.)  (Heb 10,5-10.)  (Lc 1,38.)  (Lc 1,39-45.)

En este domingo sentimos en lo más íntimo de nuestros corazones la cercanía de la vivencia de la Encarnación. Miqueas en la segunda parte de su pequeño, pero profundo libro mesiánico, nos describe en unos textos literariamente delicados y profundos unos oráculos proféticos sobre el lugar y la acción del Mesías. Belén empieza a resonar en nuestros templos... La Navidad está cerca y con ella el recuerdo actualizado de la liberación de los opresores y la superación de toda soberbia humana.

        Se encarnó por amor al Padre y a nosotros nos lo narra, en una página memorable, el autor de la carta a los Hebreos. Cristo fue el SÍ  y continua siendo el SÍ por toda la eternidad.

        María siempre dispuesta a salir de sí misma, de su familia y pueblo para estar al servicio de las personas que necesitan de su presencia. El amor no necesita que se le llame..., siempre toma la iniciativa. La Visitación siempre será el paradigma del servicio.

        El mundo se muere de pena y de tristeza. En el primer mundo se tiene de todo, pero a costa de haber perdido la identidad que nos identifica como personas conscientes y responsables. No se espera nada pues la saciedad de todos los bienes de consumo ha hecho que nada merezca la pena de intentar ser conseguido con el esfuerzo que mantiene toda seria y fundamental esperanza.

 

        En el tercer y cuarto mundo el problema no es fundamentalmente  de carencia de los bienes más imprescindibles de la vida, sino el de que los ciudadanos de este mundo sin personalidad propia – por la falta de cultura – no contemplan su situación como un resultado de la injusticia de unos países que explotan la  miseria de las naciones más pobres. Todo parece que es fruto de esa “necesidad griega” ante la cual no se puede ni pedir ni gritar con desesperación, sino callar con la indiferencia de que a cada uno le ha tocado, en este mundo, una suerte inalterable.

        ¡Ojalá Belén sea de nuevo signo de espera y de esperanza, pues en aquella pequeña ciudad de David, nos ha nacido un Salvador…!

 

TIEMPO DE NAVIDAD

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR

 

Hoy  nace dios

 

cOMENTARIO:           (Is 52, 7-10.)  (Heb 1, 1-6.)  (Jn. 1, 1-18 )

 

Hoy debiera ser el día más grande para los cristianos, en el que conmemoramos el nacimiento de Dios entre nosotros - hace más de 2000 años - en una humilde aldea de un pequeño pueblo, Israel. La historia se ha dividido en antes y después del nacimiento de aquel niño, que tuvo que nacer en un portal, pues no había lugar ni sitio para él… en la hospedería.

La Iglesia canta con inmensa y profunda alegría, pues ese niño es el salvador del mundo, el esperado por las naciones, el niño Dios… Hoy se han cumplido las escrituras de la promesa de Dios a su pueblo y aquellos vaticinios de los profetas anunciando un Mesías han tenido pleno cumplimiento, siguiendo siempre la lógica de Dios y no la de los hombres… Cuando nadie lo espera nace Dios, de una sencilla doncella de Nazaret y a los primeros que anunciará el Señor su nacimiento serán  los pobres, los humildes, lo débiles y también a los buscadores de Dios, que llegan desde el Oriente.

En este momento de nuestra historia contemplamos la ausencia de Dios de la vida cotidiana…Ya no sólo se han secularizado las naciones, sino las mismas conciencias y son pocos los que verdaderamente vivirán la conmemoración de la Navidad más allá de unas alegrías sociales y culturales, lejos de un verdadero encuentro con Dios a través de Jesús…

En los momentos difíciles de la historia de Israel siempre surgieron las voces de los  antiguos profetas que recordaban, a un pueblo, alejado de Dios, la esperanza de un Mesías salvador… Nuestro mundo necesita voces, no sólo del magisterio diáfano de la Iglesia, que con sus vidas manifiesten la creencia de que Jesús de Nazaret no es el comienzo de la historia de alguien que vivió, sino del que “vive” entre nosotros…

En este año 2006 ¿dónde nacerá Dios?. ¿Nacerá en nuestras familias y nuestros ambientes tan llenos de apariencia de Navidad?. Ciertamente nacerá en esos lugares, en donde falta el pan para comer y los niños – imagen de Navidad – nacen para irremediablemente morir al poco tiempo; nacerá, sobre todo contra toda esperanza, en los hombres de buena voluntad, judíos y palestinos, que luchan y mueren todos los días en esa guerra absurda y no declarada que se desarrolla, precisamente, en Belén de Judá, en donde “nos ha nacido el Salvador”.

 

 

SAGRADA FAMILIA

 

COMENTARIO      (Eclo 3, 3-7. 15-17a.) (Col 3, 12-21.) (Lc 2,41-52.) 

 

        Nazaret significa para la vida de Cristo la vida en familia… A penas tres años va a pasar Jesús predicando la buena noticia a todos los hombres; sin embargo va a vivir treinta años en una vida de silencio humilde en un sencillo hogar de un artesano de Nazaret.

        La familia no significa convivencia en un mismo techo, sino un hogar; y hogar es siempre fogón, chimenea y fuego en una convivencia profunda y abierta entre los miembros que la componen. Ciertamente no podemos pensar en aquellas familias de otros tiempos en donde los espacios eran relativamente grandes y la convivencia entre abuelos, padres e hijos era posible. Las condiciones de la vida moderna, sobre todo en las ciudades, han hecho que los abuelos difícilmente pueden vivir en los hogares de los hijos y ha de pensarse en las soluciones más humanas dentro de las posibles…

        No todo sin embargo es falta de espacio, sino también en nuestros hogares falta, en primer lugar, de respeto, que es la condición primaria del amor verdadero. Los hijos no tienen el respeto debido a los padres y estos, a menudo, tampoco respetan a sus hijos cuando están labrando tan difícilmente su propia personalidad. Falta, junto al respeto, el diálogo entre padres e hijos, en el que los padres puedan crear un clima de sinceridad y sus hijos abrirse, en cuanto es posible, a sus padres. Los padres, primeros y fundamentales educadores, deben comprender que los arranques de sus hijos y sus contestaciones, a menudo, muy duras son fruto de un “yo” que está naciendo; no olvidemos que el “yo” se hace frente a un “tú”. La tensión entre padres e hijos es inherente a la condición humana, pero tensión no significa desplante, faltas de corrección, ni convertir “la casa” en una coexistencia propia de pensión barata.

        Hay que plantearse, de nuevo, las relaciones padres - hijos creando tiempos de compartir las vivencias de todos los miembros, en los que cada uno viva los problemas de los otros en un ambiente de sana alegría. Ha de mostrarse a los hijos, con el ejemplo, que una libertad, que no se base en la responsabilidad, no es verdadera libertad y que el “libre albedrío” – hacer lo que nos plazca – es el nivel negativo de la libertad, que siempre será libertad “para”, más que libertad “de”.

        ¿Es posible la familia en esas casas, y son tantas, en donde la “caja embobadora” está tantas horas encendida y, a la menor palabra pronunciada, se pide siempre silencio?.

        Los ordenadores son el centro de nuestras habitaciones…, jamás el ordenador podrá impartir “sabiduría” sino, a lo más, erudición momentánea para poder ser eruditos a la violeta. ¿Qué uso hacemos de ellos?. ¿Qué páginas contemplamos?. Padres: ¿vuestros hijos podrían ver, sin ruborizarse de vosotros, esas “películas” bajadas de “internet”. Hijos: Si supieran vuestros padres lo que veis en el ordenador y el uso que hacéis de los correos con “labtec” incluído…, ¿podrían compartir su mesa con la mirada tranquila?. La inmoralidad no esta sólo  en las calles, parques y sitios de consumo de droga y alcohol, sino esos lugares, de los que todos hablamos con escándalo farisaico, son la manifestación externa del ambiente hipócrita de los corazones, que se ensucian en nuestros hogares, aparentemente tan sanos y ejemplares.  

 

 

1 DE ENERO

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 

   

 

COMENTARIO        (Números 6,22-27) (Gálatas 4, 4-7) (Lucas 2,16-21)

 

        Hoy la liturgia y la Iglesia celebran tres acontecimientos fundamentales: Santa María Madre de Dios, papel de María en la Historia de la salvación (2ªlect.); Octava de la Natividad, día en que Jesús fue circuncidado y hecho miembro del Pueblo de Dios (Circuncisión, 2ªlect.); Día de la Oración por la Paz (1ªlect.).

        María Madre de Dios es el título mas preciado y fuente de donde dimanan todos los atribuidos a nuestra Madre; él es la consecuencia de la perfecta unión entre la naturaleza humana y divina de Cristo desde el momento de la Encarnación.

        El hombre, hoy más que nunca, se siente en una soledad profunda, resultado de una sociedad de consumo en la que los valores de amor, entrega y amistad han dado paso a un “egoísmo radical”. Las caídas de tantas ideologías que prometían un futuro esperanzador en el que el hombre estaba llamado a asumir un papel central, en muchos casos, tras eliminar a Dios, han dado paso a una generación que ya no cree en un mundo mejor y, por lo tanto, no lucha por él. Nuestra juventud escucha los ensueños de las últimas décadas del siglo pasado como unas narraciones lejanas de unos soñadores sin pueblo…, pues contemplando los resultados, difícilmente `pueden dejar de sonreír ante nuestras ingenuidades pasadas.

        Cuando caen las ideologías, no queda más salida a las generaciones que sustituirlas por “determinadas creencias” y, como tales, han de considerarse los movimientos que se pueden denominar sectas e integrismos que no se basan en fundamentos serios sino en transposiciones que prometen, bajo unas reglas despersonalizantes, salvaciones tan falsas como peligrosas para la salud moral y mental de nuestros jóvenes.

        La religión cristiana puede ser la creencia que – predicando el Evangelio sin glosas – nos remita a la vivencia del Galileo. ¿Seremos capaces los cristianos, con nuestras vidas, de acercar a las nuevas generaciones a Cristo, el hombre-Dios, que pasó haciendo el bien y que no tenía donde reclinar la cabeza…? María: ¿No será la madre que todos necesitamos para comprender la personalidad de Jesús de Nazaret?

        El primero de Enero, después de una noche en la que se ha intentado matar el pasado aunque sea con alcohol y abrazos tan compartidos como elementales, puede ser, por la tarde, ocasión propicia para un examen y reflexión profunda para contemplar nuestro mundo real, en el que no sólo existen las guerras recordadas por los Medios de Comunicación Social, sino esas treinta y…guerras olvidadas por los países del Norte, pero no por los que las sufren…

        ¿Seguiremos, en este año que comienza, despreocupados por los males que hoy afligen a los países que no tienen gobiernos a los que se pueda calificar con tal término? Los cuatro Jinetes del Apocalipsis están a las puertas de nuestra civilización Occidental…; los integrismos y las pobrezas están a punto de unirse… Pensemos en los precedentes históricos, pues el 11 de Septiembre de 2002 y nuestro Marzo del 2003 son acontecimientos  suspendidos, ya para siempre, sobre nuestra sociedad del bienestar.

 

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

 

los reyes magos…

¿Dónde está el rey de los judios que ha nacido?

 

 Comentario    (Isaías  60, 1-6) (Efesios 3,2-3a.5-6) (Mateo 2, 1-12)

 

        La festividad de los reyes magos trae tantos recuerdos a nuestros corazones…, que difícilmente podemos ser objetivos al escribir sobre esta fiesta eminentemente cristológica. Irineo, el profundo padre de la Iglesia, nos habla de la interpretación simbólica de las ofrendas: Oro, como rey, incienso como Dios y mirra como hombre.

En esta festividad se proclama le vocación de todo hombre a ser participe de la Promesa de Jesús de Nazaret, proclamada por el Evangelio. Se han roto todas las barreras y todos los “guettos”; el Dios de la Creación es el de la Redención y en Cristo, judíos y gentiles siendo todos pecadores,  hemos sido salvados todos.

        Este tenor cristológico subyace en la alegría de todos los niños en noche de Reyes, en la que los nervios, cuasi contenidos por las ilusiones y sueños sobre posibles regalos, se desatan en esas horas…¿Habrán llegado mis cartas a los Reyes de Oriente ?, preguntan los niños a sus papás y estos sonriendo les aseguran que sí llegaron. ¿Qué maravillosas y verdaderas son esas cartas de nuestros hijos, en las que se pide perdón por el comportamiento, no siempre correcto, antes de pasar a enumerar sus deseos ?... Ha llegado, por fin, el seis de Enero y en las primeras horas del alba se escuchan los gritos de sorpresa, júbilo y alegría de los niños corriendo por los pasillos y, en la habitación sagrada de los padres, se entremezclan los abrazos y risas desbordadas entre lágrimas disimuladas de los padres.

        ¿Qué maravilloso es contemplar la alegría de los niños?. ¿Podremos ser dignos de sus miradas limpias?. ¿Cuantos matrimonios, a punto del rompimiento definitivo, comenzaron una nueva vida de entrega mutua a partir de este día?. ¿Cuántas familias han sentido su verdad: la de ser hermanos, nietos, padres y abuelitos  unidos no sólo por la sangre, sino por el amor?.

        Hoy no es el día de ser “aguafiestas”, pero ojalá los padres reflexionen sobre las diferencias sociales que se dan en  nuestras sociedad a nivel nacional y, sobre todo, a nivel mundial. Para muchos niños humildes el regalo será un tambor o una muñeca sencilla de trapo; para otros – y son tantos – unos juguetes de sofisticada electrónica, que irán a engrosar las jugueterías, en las que se han convertido los cuartos de los niños…; y para los más… otro día más de hambre y de sed.

        ¡Cuando llegará el día en el que todos, digo todos los niños de este mundo tan lleno de injusticias podrán celebrar la llegada de los reyes de Oriente con sus regalos!.

 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

 

“Y vino una voz del cielo: “tu eres mi hijo, el amado, el predilecto”.

 

 

Comentario         (Isaías 42, 1-4.6-7) (Ech. 10, 34-38) (Marcos 1,7-11)

 

        En este Evangelio se nos narra, de forma clara, el encuentro de dos hombres: el último profeta, Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. El encuentro se enmarca dentro de una expectación por parte de los judíos, que se preguntan ¿será Juan el Mesías?.

        Aquel hombre venido del desierto, sólo en el desierto se puede escuchar verdaderamente la Palabra, había comenzado a predicar la conversión de los corazones y sus seguidores que habían sido bautizados en el río Jordán, río por donde atravesaron los Israelitas al llegar a la Tierra Prometida. La fama y prestigio de Juan han llegado al máximo, pero ante la insistencia de la pregunta: ¿Eres tú el Mesías?, el Bautista va a tener el valor sincero de defraudar a sus oidores y discípulos al decirles: “Yo os bautizo con agua, el que viene tras de mí os bautizará con Espíritu Santo y Fuego”. Seguirá bautizando pero el pueblo ya espera a Aquel, al que Juan no es digno de desatar las correas de las sandalias.

        Al poco tiempo Jesús se pone en fila, como un pecador más – había cargado con todos nuestros pecados como víctima – y Juan va a tener el gran don y gracia de escuchar la voz del Padre sobre el Nazareno: “Tú eres mi  hijo, yo hoy te he engendrado”.

        El bautismo de Jesús debe ser una ocasión propicia para hablar de nuestro bautismo. Nosotros al recibir el bautismo recién nacidos y el vivir en nuestras familias, bien que mal en una atmósfera cristiana, nos parece lo más natural el haber sido bautizados. Como el recibirlo no fue una decisión personal, como en la primitiva iglesia, no somos conscientes de lo que supone el primer sacramento de iniciación por el que nos incorporamos a Cristo y a la Iglesia. Ciertamente muchos cristianos nos hemos confirmado, unos siendo demasiado jóvenes para re-actualizar seriamente nuestra fe y otros en los últimos años, ¡qué tragedia y sarcasmo!, como el último acto religioso de la vida… hasta el matrimonio.

        Los catequistas de las parroquias y sus sacerdotes han de preguntarse seriamente por la dinámica de reflexión y vivencia de nuestras catequesis… Algo falla cuando los jóvenes que viven el compromiso de la fe, después del “sacramento de la confirmación”, son tan pocos… ¿Porqué no contemplamos las catequesis de confirmación como, lo que verdaderamente es, un paso para la participación más personal y comunitaria de cara a la Eucaristía. ¡Hemos insistido en que nuestra vida, como la de Jesús de Nazaret, se desarrolla entre dos bautismos: en el primero se celebra en el rito del agua, como el paso del Mar Rojo, y en el segundo nuestra muerte, es la última Pascua, que nos da acceso al Reino; entre los dos bautismos se desarrolla el tiempo del desierto, en el que se prueba nuestra fidelidad y vivencia de la Alianza a la luz de la Palabra, confortados por el verdadero pan de la Eucaristía!.

        ¿¡Nos falta, a sacerdotes y catequistas, profunda formación teológica!?. ¿Carecemos de métodos pedagógicos adecuados?. Al plantear estas dos sencillas preguntas no solucionamos el tema problemático, pero sólo con diversos planteamientos se puede obtener no respuestas, sino pistas para reflexionar.

 

 

 

TIEMPO ORDINARIO

 

 

2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO:

 

(Is 62,1-5.)  (Sal 95,1 2a.2b-3.7-8a.9-10a y c)  (1 Cor 12,4-11)  (Jn 2,1-12.)

    ¡Que humano se nos muestra Jesús!. Hoy lo encontramos en una boda, probablemente familiar, con sus discípulos. Dios no es el dios del miedo y del temor, sino, sobre todo, de la paz perpetua y de la alegría incontenible; y en un día tan señalado les falta a los esposos lo que no puede faltar en un convite: vino. Es el maravilloso caldo que alegra nuestro corazón y sazona, con su textura, esos alimentos que no deben servir solo para subsistir, sino para gozar con ellos. Todo es, en su justa medida, bueno y querido con Dios.

    La madre, como toda madre, siempre atenta a los menores detalles, presiente la carencia del buen líquido y lo expresa a su hijo. Cristo, maravilloso y tierno en esta pequeña vulgaridad, hace su primer signo de trascendencia y de amor a los  hombres angustiados al convertir el agua en generoso vino.

    Hoy el tema del matrimonio nos presenta unos “problemas” que difícilmente se podían haber presentido hace cincuenta años. Muchas parejas comienzan a convivir antes de tomar la decisión de casarse por lo civil o eclesiástico, y las relaciones de nuestros jóvenes, por no llamarlos adolescentes, – ellos y ellas – distan mucho de ser sanas y limpias… Todo se justifica con una palabra, que parece ser la panacea para resolver todos las relaciones afectivas: “amor”. Este término ha perdido la significación más radical y profunda - la del respeto entre las personas - y la consideración fundamental y lógica de mirarnos mutuamente – varón y hembra –  antes como personas que como sexuados. Siempre recuerdo las palabras del maestro Pedro Lain Entralgo – tan influenciado por el personalismo de M. Buber y del concepto de “substantividad” de Javier Zubiri –: ante una persona, aunque sea tu esposo o esposa, hay que andar de puntillas y en silencio al ser “otra persona”. En el fondo era una traducción “ a la española” del “dejar ser” a la persona (sein lassen) de M. Heidegger.

    Amar a una persona es hacerla autónoma y libre, de tal forma que el amor matrimonial ha de realizar la unión de “un yo” y un “tú” en una síntesis sublime del “nosotros”. Todos ha de ser de cada uno y todo de los dos en el gran misterio del amor matrimonial; misterio, decimos, al tener como referencia el amor entre Cristo y la Iglesia. Muchas veces nos hemos preguntado cuantos matrimonios con liturgia y ritos cristianos son verdaderos sacramentos… No nos hace falta cuantificar el número… para plantearnos todos la preparación prematrimonial de una forma mucho más seria y responsable. No se trata de cumplir con unos mínimos aparentemente tranquilizadores de conciencias, sino de tomar seriamente el “encuentro de la pareja con Dios”, que es el fundamento del sacramento del sacramento. La tragedia de tantos divorcios y las peticiones de “nulidad del matrimonio” no hacen sino corroborar nuestros asertos.  

 

 

 

domingo 3º del tiempo ordinario

(Neh 8,2-4a.5-6.8-10)  (Sal 18,8.9.10.15.)  (1 Cor 12,12-30.)  (Lc 1,1-4;4,14-21.)

“hoy se cumple esta escritura”

     El pasaje del Evangelio es tan importante que la Iglesia nos presenta, en el libro de Nehemías,  la solemne lectura de la ley en el templo de Jerusalén, reconstruido al vuelta del exilio en Babilonia; esta secuencia fue seguida por Jesús de Nazaret en la Sinagoga y es hoy es el paradigma para nuestra liturgia de la Palabra.

    Es impresionante escuchar, en el fondo de nuestro espíritu  y en profundo silencio, estas palabras de Isaías que se las apropia el Nazareno: “El Espíritu está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de la gracia del Señor”. “Hoy se cumple esta escritura que acabáis de leer”.

    Nadie es profeta en su tierra y Jesús, al atribuirse  las palabras de Isaías, va abrir una gran brecha entre sus vecinos y su persona. ¡Qué difícil es alegrase con la preeminencia  de las personas que nos rodean, cuando se conoce la historia sencilla del origen de las mismas! En el caso de Jesús, la sencillez de sus trabajos manuales para procurar el sustento de la familia y el saber que no era un hombre letrado, va a provocar el rechazo y la envidia de los nazarenos.

    En el mundo en que nos movemos no es fácil predicar la verdad fundamental del cristianismo: Jesús, el predicador de Galilea, es Hijo de Dios. ¿Acaso puede haber una proposición más absurda que atribuir a un hombre la condición de Dios? ¿No son estos términos, si no contradictorios, por lo menos absolutamente contrarios?. Esta es la causa, según nuestra modesta opinión, que la enseñanza de las verdades religiosas se apoyen siempre en mostrar a Jesús como un hombre maravillosamente humano, que tomó partido por los pobres; que anunció una revolución pacífica y que no sólo predicó el amor y la libertad, sino que las vivió como ejes radicales de su vida. Estas palabras pueden quizás encender el carácter utópico de nuestra juventud y ver en  Jesús, a través de ellas, a un personaje maravilloso…; pero cuando se trata de pasar de los humano a lo divino y predicar que este hombre era Dios…, entonces acontece a menudo – como a Pablo en el Areópago – que nos quedamos solos, siendo mofa de aquellos jóvenes tan entusiastas…

    Muchas veces me he preguntado - al contemplar a los que defienden la figura preclara de Jesús como una de las personalidades humanas más significativas de la historia, a la manera de un Sócrates, Séneca, Lao-tseu o Buda - si se puede considerar al Galileo como una personalidad sana, psíquicamente hablando, si no fuera Hijo de Dios. Mi respuesta personal es que el Nazareno, en este supuesto, vivía de una doble personalidad y autoengaño, pues aun en la misma hora de la muerte, en la que se derrumban todos los montajes ficticios…, el Crucificado, solo y abandonado por todos, está prometiendo el Reino de los Cielos a un pobre ignorante y malhechor que moría junto a Él...

    Te pedimos, Señor, humildad para creer en tu divinidad y predicarla como tal, sin intentar obtener el aplauso fácil de los oyentes, sino el servir únicamente a la Verdad total y completa de la Palabra Encarnada.

¡“Dichoso el que no se escandalice de mí”!

 

domingo 4º del tiempo ordinario

 

(Jr 1,4-5.17-19.)  (Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17.)  (1 Cor 12,31-13,13.)  (Lc 4,21-30.)

El amor no pasa nunca

     El Evangelio de este domingo, continuación del anterior, nos narra la apropiación de Jesús de las palabras de Isaías. La reacción fue la esperada…, era el vecino conocido por todos y sus familiares vivían todavía en Nazaret y, por consiguiente, lo menospreciaron. En el comentario del domingo pasado hacíamos alusión a  las palabras de Jesús: “Ningún profeta es estimado entre los suyos”.

   

    En este domingo, excepcionalmente, quisiera comentar la Epístola de Pablo a los Corintios sobre el Amor. Esta lectura me trae el recuerdo de tantos matrimonios a los que he asistido como testigo cualificado y que, la mayor parte, han escogido y leído las maravillosas palabras de Pablo. Siempre me ha parecido conveniente que los contrayentes leyeran las lecturas del Sacramento del Matrimonio, al ser ellos los ministros del mismo, y en la preparación previa a su enlace hemos analizado conjuntamente los que es el amor cristiano, que debe ser la base y fundamento de  toda su vida matrimonial. En recuerdo de ellos y de todos los que habéis leído esta lectura, o en el futuro la pensáis leer, quisiera remitiros las palabras de una “novia”que, después de haber dialogado conmigo y su novio sobre el contenido del amor cristiano, manifestado en las palabras de Pablo, me remitió este “email”:

 

“Querido Pedro:

Estas reflexiones, junto con todo lo vivido con X(novio), me llevaron a escribirle el día pasado esto que te mando, pues tiene mucho que ver con todo lo que nos dijiste y lo que me hiciste pensar:

Por favor, X, te pido desde lo más profundo de mi alma que confíes en mí, que continúes aprendiendo a quererme, que me escuches, que me valores cosas nuevas, que me quites viejas etiquetas, que sigas transformándome, que expreses tus sentimientos y necesidades, que dejes tu orgullo para cuando puedas tener motivos para mantenerlo, que perdones mis fallos, que conozcas los tuyos, que fortalezcas nuestro lazo, junto a mí, día a día, que revises tus, ideas, que seas consciente de que mi amor por ti es, cada vez, más AMOR, que construyas un “nosotros”, que amplíes y profundices tu concepto de libertad, que respetes profundamente tu libertad y la mía, que busques con cariño apoyo y comprensión, que percibas ciertos sentimientos míos, no como reproches, sino como oportunidades para construir poco a poco muestro edificio, que asumas que nunca estará acabado del todo, pero que será una maravilla construirlo juntos, que estés preparado para los desacuerdos, los problemas y los roces y pongas toda tu voluntad para convertirlos en crecimiento personal de los dos juntos, que no tengas miedo al Amor verdadero, que apuestes por Él, que transforme tu vida y la llene de sentido, que sepas que te amo a ti y a todo lo que te rodea.

 Te prometo que no pido nada que no me pida a mí misma, creo que podemos ser más felices todavía, creo que para llegar a una complejidad mayor el trabajo previo debe ser constante e intenso, y cada uno debe asumir su responsabilidad y adaptarse a la manera de ser del otro, pues ya no valen las ideas previas. Estoy convencida  de que eres el amor de mi vida. Sigue descubriéndome, como yo te descubro a ti. Un día me dijiste que soy una caja de sorpresas.

Mil gracias, Pedro, pronto te volveremos a molestar, tan contentos,

 

A los padres de esta joven profesional los había casado hace 30 años en Valencia.

 

 

 

domingo 5º del tiempo ordinario

 

(Is 6,1-2a.3-8.)  (Sal 137,1-2a.2bc-3.4-5.7c-8. )  (1 Cor 15,1-11.)  (Lc 5,1-11.)

 

       ¡¿qUIÉN SEGUIRÁ NUESTROS PASOS?!

     Lucas relata la pesca milagrosa en el contexto de la “llamada” de los primeros discípulos de Jesús. Simón, viejo lobo del lago de Genesaret que tenía un consorcio con Zebedeo y sus hijos, no puede explicarse aquella recogida de peces en un día en el que ni él ni sus compañeros, a pesar de una noche de intensa faena, habían logrado ninguna captura… Pedro se siente pecador frente a aquel hombre misterioso del que había escuchado que predicaba una “nueva noticia” y que venía de Nazaret. No necesitaba ya de los testimonios de la gente que hablaba del taumaturgo, él había contemplado, a pesar de su primera incredulidad, la gran redada de peces. La penetrante mirada del Nazareno, más que su palabra, le había invitado a seguirle y ser junto a Santiago y Juan, pescadores de hombres. No había comprendido aquellas palabras de “pescar hombres”, él avezado únicamente a mirar el viento que sopla en el lago y las nubes que presagian días esplendorosos o tormentas violentas e inesperadas en aquel “cuasi mar” interior. Lo siguieron, sin embargo, con una necesidad imperiosa ante un futuro incierto, pero él les había llamado de una forma, que era imposible no seguirle. No podían sospechar lo que les esperaba, pero él, Juan y Santiago  se habían fiado del Nazareno…, Jahvé diría…

 

    Hoy la vocación a seguir a Cristo ni se les plantea a los jóvenes, en número tan pequeño, que están colaborando en las tareas apostólicas junto con los sacerdotes. Los viejos sacerdotes hemos perdido la esperanza de encontrar, a pesar de los miles de jóvenes que han pasado por nuestros grupos catequéticos, alguno – sólo alguno, Señor –  al que pudiéramos entregar el testigo al terminar nuestra tarea. ¿Qué carrera, en lenguaje paulino, vamos a terminar? ¿Qué combate hemos mantenido con el mundo por llevar la alegría del vivir con Cristo? ¿Qué fe hemos mantenido?... Preguntas serias al contemplar la poca eficacia, aparente, de nuestro apostolado en suscitar vocaciones sacerdotales.

 

    ¿Nadie ha considerado nuestra vida interesante para ser seguida…? Venían a contarnos sus problemas… y, tantas veces, hemos sido instrumentos de Cristo en darles su perdón; les hemos visto crecer, encontrar su pareja para proyectar una vida en común en paz, alegría de amor sincero; hemos derramado el “agua de la nueva vida” en sus hijos… Y año tras año hemos comenzado de nuevo y al final Señor…, solos.

¿Hemos fracasado? Ciertamente no, pues no intentábamos triunfar. ¿Es necesario pasar por estos momentos de pasión sin ver ninguna esperanza de una nueva religiosidad? ¿Somos los últimos…?. ¿Qué futuro les espera a tantas personas que, consciente o inconscientemente, necesitan a un sacerdote que pronuncia las palabras de la Eucaristía o de la Reconciliación? Hemos vivido un Concilio con la alegría de un cristianismo más cercano al pueblo y hemos abierto las ventanas para que entrara aire fresco y al final: ¡¿qué?!

Cristo contigo hemos gritado el por qué me has abandonado, Padre… ¡Ojalá en ese caer de la tarde tan cercano podamos, por lo menos, susurrar junto a ti: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”! Joven que lees estas líneas, el viejo y achacoso sacerdote te dice: ¿Por qué no puedes tú…, precisamente tú…, coger el testigo?

 

 

 

domingo 6º del tiempo ordinario

    

 (Jr 17,5-8.)  (Sal 1,1-2.3.4 y 6.)  (1 Cor 15,12.16-20.)  (Lc 6,17.20-26.)

 

                                   DICHOSOS LOS POBRES: ¡Ay de vosotros lo ricos!

     ¡Qué fácil es decir que el hombre es creador de valores y que sólo encuentra en el mundo lo que él mismo sembró!, pero delante de un cadáver, se nos caen esas maravillosas ideas y esquemas sobre el valor del hombre y comienza a surgir aquella certeza, tantas veces camuflada, al final ¡¿qué?!  En esos momentos aparece la verdadera realidad: nosotros somos mortales y, por eso, morimos… La muerte está inserta en nuestro mismo ser y hemos de confesar que el viejo dicho de los antiguos: “Desde que el hombre nace es lo suficientemente viejo para morir”, tiene plena vigencia.

 

    El evangelio de hoy es, Señor, muy consolador en la primera parte, pero terriblemente fuerte y duro en la segunda. Cuando contemplamos – en nuestra sociedad de bienestar en la que vivimos, especialmente través de los medios de comunicación social – la pobreza y miseria de la mayor parte de la humanidad, comprendemos, Señor, tus palabras y “tus ayes”, pero al mismo tiempo nos preguntamos sinceramente: ¿Qué será de nosotros con nuestro bien vivir en comparación de esos terceros y cuartos mundos?... Sabemos que el tema es estructural y que la solución de la pobreza y miseria no depende de la mayoría de nosotros, pobres hombre sin gran incidencia social, pero, de nuevo, nos sentimos culpables a pesar de todo…

 

    En esos momentos de culpabilismo recordemos, sin embargo, tu respuesta, Señor, cuando tus discípulos te preguntaron, en el tema del matrimonio, “si la cosa es así ¿quién puede salvarse?: “Lo que es imposible a los hombres, le es posible a Dios”. Tú eres, Señor, Padre-Madre misericordioso y si nosotros, pecadores, disculpamos y perdonamos a nuestros hijos …, aunque sean drogadictos, sinvergüenzas,  perdidos…, ¿cómo no esperar de Ti la salvación, Dios Padre, de cuya paternidad nuestros padres y madres participan?.

 

    Nosotros no esperamos ni creemos, como los pensadores griegos, en la supervivencia del alma – al ser está espiritual – sino confesamos que, así como Cristo resucito, nosotros resucitaremos por tu poder, Señor. No confiamos en  nuestras méritos, sino en tu infinita misericordia, pues Resurrección significa una existencia “como nueva criatura en una renovada creación”.

En los momentos difíciles de nuestra vida, a pesar de nuestros pecados, no desconfiemos nunca del Padre que sabe de qué barro hemos sido formados… y repitamos aquellas consoladoras palabras del Salmo: “Homines et jumenta salvabis, Domine”(Salvarás a los hombres y a los jumentos). Algunos se salvarán como hombres, otros como jumentos. 

 

 

 

domingo 7º del tiempo ordinario

 

(1 Sm 26,2.7-9.12-13.22-23.)  (Sal 102,1-2.3-4.8 y 10.12-13.)  (1 Cor 15,45-49.)  (Lc 6,27-38.)

 

Amad a vuestros enemigos

     Es sublime el pasaje del primer libro de Samuel, en el que el rey David no quiere dar muerte a su enemigo mortal, pues es el ungido de Dios; esta narración sirve a la liturgia para presentar el mandato de Jesús. La ley judía del talión, “ojo por ojo y diente por diente”, supone un avance en las relaciones humanas, pues el que recibe una ofensa difícilmente reacciona, si puede, con otra similar…; la predicación del Nazareno va a superar la justicia al exigir de los cristianos  la ley del amor.

 

    El mundo antiguo, especialmente el griego, no conocía un término para poder expresar el contenido de lo que Jesús entendía por amor – término existencial que sólo se puede comprender en las circunstancias concretas –, pues para los griegos los términos “filia” y “eros” significan lo que nosotros llamamos amor de amistad y amor sensual y sexual. Por esta razón el Nuevo testamento tiene que inventar un término – agápe - para poder dar a entender lo que Cristo entendía por amor.

¿Qué es el amor?: “Haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orar por los que os injurian; a quien te quite la capa, déjale también la túnica. ”.

 

    A lo largo de la historia, esta maravillosa doctrina se ha visto tan alejada de nuestros egoísmos que todos, a menudo, hemos intentado dulcificarla con circunloquios poco conformes con la enseñanza de Jesús: Perdono, pero no olvido… ¿Se puede personar sin olvidar las ofensas?. Para comprender el contenido profundo de lo que es el amor cristiano es necesario, opinamos, profundizar en la afirmación bíblica: “Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios”. Al concebir, la mentalidad occidental, el amor como  un sentimiento, difícilmente podía comprender que el “Amor” fuera lo que constituye a Dios, es decir, su esencia. Los padres griegos, especialmente los capadocios, han insistido y profundizado en esta doctrina y, desde esta perspectiva, han sacado todas las consecuencias con respecto al amor de Dios en nosotros y  nuestro amor a todos los hermanos. No se trata de amar por Dios, sino amar con el mismo “amor” de Dios, es decir,: así como Cristo hizo suyo el amor del Padre, nosotros debemos hacer nuestro el amor de Cristo y, con ese amor, amar a todos y a todo. “Como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. (S. Juan 17,23…)

 

    Así como Dios no nos ama por nuestras perfecciones, sino crea en nosotros el poder ser objetos del amor, nosotros con el mismo amor de Dios podemos re-crear en el enemigo a un ser amado por Dios y, consecuentemente, por nosotros. Quede apuntada la significación profunda de Dios es “Amor” y “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”.

 

    Si siguiéramos esta doctrina y la  viviéramos en nuestras relaciones con nuestros hermanos, la luz de Cristo se derramaría, a través de nuestra existencia, en ese entorno en que nos movemos y en el que Dios va desapareciendo del horizonte. Sólo el Amor puede salvar a este mundo emborrachado por el dios consumo.

 

TIEMPO DE CUARESMA

 

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA

 “Acompañame, Señor, en la TRibulación”

        El cristiano no es fundamentalmente el que sigue a Cristo, ni el que lo imita, sino el que vive la misma vida de Cristo y la misma muerte de Cristo. La vida del cristiano, en este mundo, comienza con el “bautismo del agua” por el que el  bautizado participa de la misma muerte y resurrección de Cristo, simbolizada por la inmersión en el agua y elevación de la misma. El bautismo fundamental del cristiano, segundo bautismo, se configura en la muerte del cristiano en la que éste, en una opción definitiva de su existencia,“ muere con Cristo y resucita con Cristo”. El intermedio entre los dos bautismo es el caminar del cristiano por el desierto de esta vida terrena, en la que movidos por el Espíritu vivimos, como Cristo, el desarrollo de nuestra vida interior de cara a Dios y, como Cristo, somos tentados por el espíritu del mal: “demon”.

        El evangelio de este primer domingo de cuaresma nos presenta la faceta de Cristo viviendo – movido por el Espíritu –  en la soledad del desierto durante cuarenta días, a imitación de Moisés y Elias, y al final tentado por Satanás. Las tentaciones nos son bien conocidas: convertir las piedras en pan, servir al “demon” y, finalmente, arrojarse al vacío desde el Pináculo del templo. Su común denominador es servirse del poder de Dios, como Hijo de Dios, para deslumbrar a los hombres, en lugar de de servir, con el amor de Dios, a la humanidad en todas sus necesidades…

        El cristiano ha perdido la fe en ese único Dios, que nos conoce por su nombre y que cuida de sus hijos con todo el mimo de un padre-madre amantísimo. En el mundo moderno todo se quiere dejar atado y bien atado; se intenta asegurar no sólo el presente sino el futuro con seguros adicionales, que garanticen nuestra vida, incluida la misma muerte. El hombre piadoso ha perdido el sentido de la total confianza en Dios…; y las palabras de Cristo: “No penséis en el día de mañana, mirad las aves del cielo, los lirios del campo”, quedan como sueños de épocas pasadas, que nunca se cumplieron. He aquí la primera tentación:

“No sólo de pan vive el hombre”…

         El afán de triunfo y de poder domina las relaciones humanas…; se adoran los ídolos que nos pueden promocionar esos deseos compulsivos en el orden social y aun en el religioso… Segunda tentación:

“Si te arrodillas delante de mi, todo será tuyo”…

         Cuantas veces vemos personas que han dejado de creer en Dios, pues le han pedido con constancia la salud de un ser querido enfermo y no se ha curado…Han confundido la fe en la oración con la magia, en la que a base de rezos y ritos externos se puede coaccionar a los poderes superiores. Tercera tentación:

No tentarás al Señor, tu Dios.

         Siempre estamos expuestos a la tentación… ¿¡Rezaremos, con humildad de espíritu, la oración del Señor!?... “No nos dejes caer en la tentación”

 

DOMINGO II DE CUARESMA

“Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”

         Cristo va camino de Jerusalén, en donde va a vivir el Éxodo radical de su vida, es decir, la muerte y resurrección. Necesita orar para cumplir la voluntad del Padre. “El aquí estoy” fue la oración continua de su vida, el encuentro amoroso con el Padre y la respuesta a su voluntad. Cristo hombre, a semejanza de tú y yo menos en el pecado, siente la tentación del maligno, pues se acerca el espíritu de las tinieblas y como en el desierto necesita “orar”. La montaña es un lugar, en el que desparece el ruido y reina el silencio profundo, acompañado del aletear de esos vientos saludables y puros … Todo le invita, caminante y peregrino, a entrar en si mismo y susurrar al Padre con  toda espontaneidad: “Abba, Padre mío querido”.

        Mientras el escucha al Padre y habla con Moisés y Elías de su pasión, los discípulos únicamente perciben su gloria… y escuchan la voz del Padre. El recuerdo de  aquel día siempre perdurará en su memoria en los momentos difíciles de aquella pasión, que iba a convulsionar sus corazones.

        En nuestro tiempo vivimos más de la pasión de Cristo, que de su resurrección y, por todas partes, se siente el clima de una secularización progresiva de nuestras sociedades de bienestar… La sana autonomía de los temporal ha dado paso al desvanecimiento de los valores cristianos y humanos y, día a día, comprobamos como se están secularizando las conciencias.

        Nuestros jóvenes difícilmente pueden reaccionar ante una sociedad en donde el bienestar ha invadido su entorno y se ha perdido  el respeto de las personas y, ellos y ellas, se comportan, a menudo, por los fáciles y falsos deseos en los que, bajo el nombre de amor, la persona es sólo medio e instrumento… ¡¿Una persona medio e instrumento y no fin en sí misma¡?.

        Los matrimonios se desintegran en una proporción alarmante y siempre las consecuencias las pagan esos seres inocentes, que no han conocido el amor mutuo del padre y de la madre… Si la pedagogía nos enseña que el comportamiento del niño se basa en la imitación…, ¡¿que futuro nos espera?!.

        La práctica religiosa va descendiendo…; nuestras templos están casi vacíos de jóvenes y el sentido de Dios va desapareciendo. Somos pocos y mayores; pero, en realidad de verdad, cuando contemplamos esas ancianas y ancianos, fieles y constantes rezando su rosario, un rayo de fe y espera alumbra nuestros corazones, pues tanta “oración” y tan “constante”, unida a profundas lágrimas, no puede quedar baldía. “Todo es gracia” recordamos y el Espíritu se va también derramando, ayer como hoy, en todas las personas que, aparentemente, han abandonado a Dios.

        Dios escribe derecho con trazos torcidos, dice el viejo refrán castellano, y esos jóvenes - pocos en número, pero con un compromiso serio y responsable de anunciar la buena noticia del Reino - nos permiten confiar que, después de estos tiempos de oscurecimiento y de pasión de Dios, se abra una nueva luz de un renacer de la vida cristiana. “La muerte y resurrección de Cristo” son la base de nuestra espera y esperanza.

“No tengáis miedo, decía Jesús, yo he vencido al mundo”.

 

DOMINGO III DE CUARESMA

"señor, déjala todavía este año…"

  

   En el camino de la cuaresma aparece, en el Éxodo, Moisés, figura de de la Pascua definitiva que llevaría a cabo Jesús de Nazaret con su muerte, resurrección y ascensión de este mundo al Padre. Moisés se encuentra con el Dios liberador que le manifiesta quién es Él: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob y después de decirle su nombre:”Yo soy el que soy”, vuelve a repetirle de nuevo…: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”.

 

   A lo largo de la historia se ha ido especulando sobre la primera pregunta que surge al hombre, que ha tenido la experiencia, mediata o inmediata, de Dios: ¿Quién es Dios? Y las respuestas han sido múltiples según las perspectivas del enfoque del tema. Para unos Dios era el ser infinito, eterno, inmutable, omnipotente, subsistente por sí mismo…, y ciertamente estos atributos son dimensiones de una visión sobre Dios, pero el que contempla el Dios revelado por Jesús de Nazaret, se encuentra que su “inmutabilidad” es tan relativa que Dios puede sufrir con el hombre y alegrarse de sus alegrías, que su omnipotencia se  muestra en su misericordia y perdón…, y que Dios es esencialmente Amor.

 

   En el amor de Dios podemos distinguir tres grados de gratuidad: la gratuidad del amor que nos crea, la gratuidad del amor que nos diviniza y la gratuidad del amor que nos perdona. El perdón está en el núcleo del ser de Dios, es decir, es el don en su gratuidad suprema y absoluta. Un gran teólogo moderno, F. Varillon, puede afirmar: “Dios perdona, como él respira y la respiración que perdona es la alegría de Dios”. El reproche de Jesús a los fariseos consiste fundamentalmente en que ellos no quieren participar de la alegría de Dios, cuando perdona al pecador.

 

   Romano Guardini nos presenta estas cuestiones: ¿Qué es lo más fácil para Dios… Hacer que el enfermo se cure o que el pecador no sea más culpable? ¿Qué es lo que supone para Dios más poder, el crear o el perdonar? La remisión del pecado es más difícil que crear y es Jesús de Nazaret que nos anuncia no el ser supremo que puede crear, sino el Padre, del que nos sabíamos nada antes que el Hijo lo revelara. La verdadera remisión de los pecados, el verdadero perdón esta por encima de la creación como el amor lo está sobre la justicia.

 

   La doctrina maravillosa sobre el Dios Padre se encuentra en el llamado memorial de Pascal, que siempre lo llevaba cosido en su ropa… Oigámosle, pues es necesario que resuene en nuestro corazón su experiencia de Dios.

 Año de Gracia de 1654

FUEGO

Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob,

no de los filósofos y de los sabios.

Certeza, Sentimiento, Alegría, Paz.

Dios de Jesús – Cristo.

Deum meum et Deum vestrum.

Sólo se le encuentra por los caminos enseñados en el Evangelio.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido

Alegría, Alegría, Alegría, sollozos y lágrimas de Alegría.

Yo me separado de ti.

Mi Dios, ¿Os alejaréis de mi?

Que yo no me separe de vos, eternamente.

 

Para tener esta experiencia del Dios del Perdón, del Padre de la misericordia, es necesario entrar en lo más íntimo de nuestro y ser y pedir a Dios que se nos muestre en su amoroso perdón. Silencio, silencio, silencio… Dios sólo habla en el silencio

 

DOMINGO IV DE CUARESMA

"VOLVERÉ A LA CASA DE MI PADRE"

 

    La parábola del hijo pródigo constituye una verdadera catequesis de la vida del cristiano en el caminar hacia el Padre. En este camino nos encontramos con esas realidades, llamadas pecados, que contradicen nuestros sueños de santidad. Es el lado oscuro de nuestra vida y todos, como S. Agustín, podemos decir: “tan pequeño y tan pecador”.

    Con razón se ha afirmado que el hombre contemporáneo ha perdido el sentido del pecado y que, en nuestros ambientes, se vive no tanto de  una inmoralidad, que pueda producir escándalo, sino de una amoralidad. Todo parece natural y el sentido del egoísmo – que constituye todo pecado – se toma como algo connatural a las personas, que han superado el ambiente mojigato de épocas represivas.

 

    Modestamente opinamos que si se ha perdido el “sentido de pecado”, es porque anteriormente se perdió el sentido de la vida a  la que estamos llamado por Dios. Hace falta entusiasmarse con la buena noticia del Nazareno, que consiste en revelarnos que “Dios es amor” y que nos ha creado para que participáramos de ese “amor infinito”. Dios, al crearnos con el sentido de libertad en plenitud, corrió el riesgo y la aventura de poder ser abandonado por nosotros y anduviéramos por caminos errados…; pero el Dios que nos creó “con y por amor”, sigue llamando continuamente a la criatura que se ha alejado…, y se convierte en el Dios buscador del hombre. ¡Qué significativas son las palabras bíblicas de nuestra búsqueda comenzando por aquel grito de Dios”Adán, ¿dónde estás tú?! (Gn.3,9).

 

    La historia del hijo pródigo es nuestra historia. Llamados a “re-crear” nuestra persona en contacto con la vida divina fuimos formando una personalidad feliz en conciencia y verdadera libertad, pero la tentación fue tan fuerte que, tantas veces, abandonamos la casa del padre y comenzó nuestra “de-creación”; perdimos la libertad y nos hicimos esclavos de esos bienes efímeros tan atrayentes…Caímos tan bajo…, tan bajo… que, de lejos, escuchamos una llamada, “susurro de Dios”, que volvía a llamarnos: “hijo, ¿¡dónde estás?!.

 

    Volvimos a Dios y conocimos lo que verdaderamente es el Dios del perdón, que tiene un “corazón que late, como dice Péguy, por nuestros pecados” y sentimos física y psíquicamente – pues lo sentimos – que el “Dios amor” manifiesta su profundidad última en el perdón, que potencia la nueva re-creación. ¡Jamás los pecadores hemos experimentado más profundamente la paternidad de Dios que en le perdón! Antes creíamos que Dios era nuestros Padre, pero, después del pecado,   - en la reconciliación - hemos experimentado, repito, existencialmente su paternidad que no puede expresarse con palabras.

 

    Desde el perdón comprendimos mejor que nosotros somos pecadores no tanto cara a unas reglas de moral, ni siquiera de espiritualidad, sino por la relación sentida, en el perdón, con la pureza absoluta del Amor de Dios. Desde el pecado fuimos conscientes de lo que habíamos perdido…, a lo que estábamos llamados: Compartir la misma pureza absoluta de Dios. Pureza en el sentido de un amor sin mezcla de egoísmo. Habíamos sido en el pecado “monstruosamente mediocres”…, pues vendimos nuestra vida con Dios por menos que un plato de lentejas.

 

    No hemos hablado del hermano mayor de la parábola…; quizás, o sin quizás, él también al contemplar su mediocridad con respecto al comportamiento de su padre, tuvo conciencia de su pecado y se unió a la fiesta, experimentando el perdón con su hermano junto con el Padre…

   

    ¡Quién no ha sido y sigue siendo pródigo! ¡¿Por qué no experimentamos, en el sacramento de la reconciliación, el perdón del Padre?! En tu abismo…, siempre existe el susurro de la llamada de Dios.

¡¿Volveremos?!.

 

DOMINGO V DE CUARESMA

"Nadie te ha condenado…, yo tampoco"

     Este pasaje narrado por San Juan (1º) es de una delicadeza extraordinaria… Jesús esta orando durante la noche y vuelve al templo a enseñar a los sinceros y rectos de corazón, que son los únicos que han acogido su palabra… Mientras tanto los fariseos, siempre al acecho de poner en dificultad a Jesús delante del pueblo, le traen una mujer y la colocan en medio… Ha sido cogida en adulterio. ¿Se atreverá el que se dice el “enviado por Dios”, cuando no, con blasfemia, el mismo hijo de Dios a perdonar a la adultera contra le ley de Moisés…?

    Ellos han soportado demasiados perdones, han visto con escándalo - en la misma casa de Simón y en un banquete al que asistían los más notables de ellos – cómo una mujer de la calle se echó a sus pies, le ungió con un bálsamo y le secó con sus mismos cabellos y cómo no pudieron contestar a sus palabras de perdón: “al perdonarse mucho amó mucho”, pues se mostraba arrepentida; pero en este caso…,  ha de ser apedreada. ¿¡Qué hará el Nazareno, el mal llamado Profeta?!

    Todos conocemos esas maravillosas palabras, que destrozan toda su perversa argumentación de cumplidores de la ley: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra” y se agacha y escribe… Dos veces repite las palabras y el gesto de escribir en el suelo. La palabra tiene la fuerza de que todos se retiren, comenzando por los más viejos y cumplidores…

    Jesús contempla a la mujer, rota por el pecado en el alma, no sólo reconociendo su pecado, sino su propia culpabilidad sin atenuantes… Jesús no hará consideraciones sobre la falta de fidelidad, la gravedad del pecado, la vergüenza y el escándalo provocado por su comportamiento como, con la mejor intención, lo hubiéramos hecho nosotros…, sino le dice sencillamente: ¿Dónde están los acusadores?. ¿Nadie te ha condenado?... Tampoco yo te condeno: Vete y no peques más…

    ¡Qué sublime es el comportamiento de Jesús!: tan exquisito, fino, pulcro y elegante… Sólo el Amor puede tratar de este modo a la mujer pecadora. El Dios Padre siempre es infinitamente misericordioso… ¿“Puede una madre olvidarse de sus hijos?, pues aunque ella se olvidé, yo nunca me olvidaré de vosotros”.

    Muchas veces nosotros nos escandalizamos de muchas personas por la vida depravada que llevan ante nuestros ojos; y también somos verdaderos inquisidores, con intención recta, ante tantos programas que se pueden contemplar en la televisión y, no en menor medida, en los anuncios entre los programas. Ciertamente hemos de procurar intentar que las televisiones, sobre todo públicas, no sean motivo de escándalo para nadie, especialmente para los niños, pero mientras tanto formemos a la juventud para que sepa discernir lo que procura la cultura y el ocio sano y saludable, de los programas basura que desdicen de la dignidad de las personas… La persona nunca puede ser medio en la vida, pues su dignidad humana le confiere el sentido de  ser fin en sí misma.

    No nos escandalicemos tanto por los programas, sino por la audiencia de los mismos, que nos están indicando la falta de madurez, cuando no de limpieza de corazón, de tantos adultos y familias. Procuremos siempre  mirar a todas las personas, sanas o escandalosas, con la mirada de Jesús de Nazaret con respecto la mujer adultera y las prostitutas del Evangelio. No seamos fariseos e inquisidores de las intenciones de nuestros prójimos, sino que recordemos siempre la oración de Jesús: “Perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”… Nuestro lema al leer el Evangelio de este domingo debiera ser:

amar  a todos  y  no  juzgar  a  nadie

 (1º).- Esta perícopa 7,53 – 8,11, omitida por los testigos más antiguos (versiones y Padres) y desplazada por otros, con estilo de su colorido sinóptico, no puede ser del mismo San Juan. Pudiera atribuirse a S. Lucas. Su canonicidad, su carácter inspirado y su valor histórico están fuera de toda duda ( nota: Biblia de Jerusalén).

 

 

DOMINGO DE RAMOS

             Se va a consumar la vida del Nazareno… A menudo el triunfo aparente es preludio de un fracaso total. San Lucas nos dice que los discípulos alfombraban, con ramos de olivo, la entrada de Jesús en Jerusalén. No eran muchos, no, eran los que le seguían fieles a pesar del horizonte de condena y muerte, que percibían en el entorno de los sacerdotes, escribas y fariseos. La suerte estaba echada desde que Jesús se había mostrado como superior a Moisés y a su ley…

El blasfemo debía morir…

            Comienza la semana más importante para un cristiano, pues en ella se actualiza, en la liturgia, la muerte y resurrección de Cristo… En estos días la mayoría de los que pueden permitirse tomarán vacaciones en las altas montañas o en las costas de buen sol primaveral… A veces nos hemos escandalizado del comportamiento de multitud de bautizados… para los que esta semana representa tan poco en su vida Hoy, menos puritanos y más comprensivos, comprendemos que la Pasión de Cristo se esta realizando como hace veinte siglos en Jerusalén… Pocos fueron testigos de los hechos narrados por los Evangelistas…, la mayor parte del pueblo ignoraba que moría el Mesías esperado desde antiguo, el Santo de Israel y, en esta semana, los habitantes de Jerusalén contemplarán, con indiferencia, a los fieles cristianos que pasan por la “vía dolorosa”, parándose en sus estaciones, tras una cruz…

            Cristo está siempre en agonía hasta el final de los tiempos, como nos dice Pascal. ¿Qué actitud hemos de tomar los que, por don y gracia de Dios - no lo olvidemos -, queremos seguir y vivir los pasos de Cristo en esta semana? No se trata de imitar a Cristo, ni seguir a Cristo, sino de vivir, por participación, la misma vida de Cristo…

            En este domingo vivamos el comienzo y preludio de una tragedia que comienza con unos hosanas y aleluias… Cristo entra, sencillo y humilde sobre un  pollino, en esa Jerusalén que siempre ha dado muerte a los profetas. Acompañemos, con nuestra oración y silencio, el devenir de estos tres días (lunes, martes y miércoles), en los que el Nazareno se enfrenta, junto al templo, a la hipocresía de los fariseos, letrados y sacerdotes. La verdad nos hará libres, ciertamente como Jesús, para morir, pues el grano de trigo tiene que corromperse lentamente para dar fruto.

 

            Llegado el Jueves Santo identifiquémonos con Cristo, tirado a los pies de los discípulos y lavando, como un esclavo – esclavo de amor era –, los pies de sus discípulos…

            Leamos atentamente al Evangelista Juan, presente en esa cena de despedida en la que Jesús, muerto ya sacrificialmente, nos habla del amor entre nosotros, de la unidad de sus discípulos y de su presencia hasta el final de los siglos, y como prueba de esa entrega total “hasta el extremo”por todos los hombres, instituye el Sacramento de la Eucaristía. Todo es posible para el Amor, si este es absoluto, y su Presencia bajo las especies de pan y el vino - desde esa noche trágica en la que triunfa, aparentemente, el espíritu de las tinieblas - nos acompañará siempre en este camino de en fe, esperanza y amor hasta llegar, ¡por fin!, al abrazo del Padre

 

Viernes Santo, día de meditar junto al Inocente, que sufre y muere por nosotros; desde ese día siempre se cumplirá el viejo adagio: “los justos siempre morirán por los pecadores”.

            Quisiéramos que todos siguiéramos los Evangelios, hora por hora,  desde Getsemaní hasta el Gólgota y que tuviéramos entre las manos los salmos 69 y. sobre todo, 22 que comienza, como el salmista, con el grito de Cristo: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿Por qué me has abandonado?

            En el abandono y desprecio de Jesús por aquel pueblo, se identifican todos los dolores de “una humanidad”, a menudo inocente, que sufre, pena y muere – sabiéndolo o no – con el Crucificado. Desde una cruz todo tiene sentido ciertamente, pero a través del misterio… de “Jesús Rey de los Judíos” como se escribió en el madero.

 

 

domingo de resurrección

 

Vio y creyó…

 

            Hoy es la festividad más importante del cristianismo. En palabras de Pablo, que nos ha transmitido, el primero por escrito, la “buena noticia” de la Resurrección de Cristo: “Si Cristo no ha resucitado nuestra fe está vacía y sin contenido, pero Cristo resucitó…”.

            Hoy celebramos la actualización de Cristo resucitado, que da un sentido a nuestra vida y a nuestra muerte… En las ideología que han imperado hasta nuestros días, especialmente en la marxista, el paraíso comunista lo íbamos a poder vivir las generaciones futuras en un mundo en el que se iba a realizar la plena identidad del hombre consigo mismo, del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza, pero siempre había que admitir el fracaso de las generaciones pasadas, que en las clases más bajas se habían sacrificado por crear la nueva criatura… La realización personal de los oprimidos quedaba condicionada al triunfo del “comunismo”… que inauguraba, en el mejor optimismo, un nuevo reino de paz y tranquilidad, en la que el hombre era fin en sí mismo y no medio, como en los siglos precedentes.

            Para los cristianos el Cristo resucitado da un sentido a toda la humanidad y aun a la misma naturaleza, desde el comienzo de la creación hasta la última criatura que abandone este mundo, cuyas coordenadas se mueven en un espacio y tiempo.

            A menudo hemos insistido en que la fe no es un grito y no sólo podemos, sino debemos preguntarnos por las bases de nuestra creencia en que Cristo resucitó. La historia de Cristo no es la de de una persona que vivió hace dos mil años, sino de Alguien que vive, es decir, “la Historia, repetimos, de un Viviente”.

            La Resurrección de Cristo es, a la vez, hecho histórico y un acontecimiento de fe. Si no hubiera existido el hecho histórico no podríamos hablar de acontecimiento. En lenguaje más exacto podíamos decir que la resurrección es un acontecimiento para le fe, unido a un hecho histórico. ¿Cuál es por tanto el hecho histórico? Es el testimonio de los apóstoles; de aquellos hombres que habían convivido con Jesús, que confiesan, después de su muerte en la cruz, que le han visto; “Ôphtè” , ha sido visto…; Cristo se ha dejado ver.

 

            La Resurrección misma no es un hecho histórico. Nadie ha podido contemplar a Jesús saliendo triunfante del sepulcro. Mal servicio, desde el punto de vista exegético, nos han dado las obras de arte de afamados pintores, que nos muestran la salida de Cristo desde el sepulcro con una bandera triunfadora en sus manos.

            Junto al testimonio de los apóstoles hoy hemos podido escuchar las palabras del Evangelio, en la que se nos narra la contemplación de Pedro y Juan del sepulcro vacío. Ellos lo vieron y creyeron. El sepulcro vacío es también un hecho constatado, cuya validez de apoyo para la fe hemos de profundizar en estos domingos.

            Hoy es el día de pedir sencillamente un poco de fe, Señor, para creer que Tú has resucitado y que nosotros, a pesar de nuestros fallos, mediocridades y cobardías también resucitaremos. Muchas veces nos hemos preguntado por el sentido de tantas vidas que nacieron para morir sin tener conciencia ni libertad de haber vivido; de tantas personas subnormales que nunca pudieron ejercer su personalidad en este mundo; de tantas injusticias y tanto sufrimiento aparentemente baldío…

            Desde Tu Resurrección no recibimos la sabiduría de responder claramente a toda nuestra problemática, pero contemplamos el horizonte en el que estas “duras cuestiones” se proyectan dentro de una esperanza cierta. Te pedimos Señor, con el poeta, en este  día un “poco de luz para lo ojos y un poco de calor para las manos”, para poder vivir en este mundo desde tu Resurrección. La muerte ya no tiene la última palabra.

Gracias Cristo Viviente, ¡Gracias!.

 

 

TIEMPO de PASCUA

 

 Segundo Domingo de Pascua

 

    Las apariciones del Resucitado son una serie de signos que, para aparecer como tales, necesitan de la fe. La cercanía de los acontecimientos no es un criterio para provocar la fe… Los jefes de los judíos han mandado guardar la tumba de Cristo, han contemplado los primeros el sepulcro vacío, pero no han creído… Su corazón estaba cerrado a la verdad y todo lo atribuían a un poder satánico… En la mal llamada resurrección de Lázaro – en realidad es vuelta a la misma vida espacio temporal y al mismo cuerpo – al ver el prodigio del Nazareno sacan esta conclusión: “Hay que matarle”. “Todo es limpio para los limpios y todo es sucio para los sucios”, había repetido el Galileo.

    Jesús se muestra sumamente comprensivo con aquellos apóstoles que, en aquellos días del Viernes y Jueves Santo, no tuvieron la gallardía de seguirle… La naturaleza es siempre débil y la misión mesiánica sólo la comprenderán en estos días en los que Cristo, después de su resurrección, sale a su encuentro y les da las últimas recomendaciones antes de recibir la fuerza del Espíritu en Pentecostés. Las primeras palabras del Resucitados serán siempre, a modo de saludo, la de la paz. Decir paz es decir perdón, tranquilidad, esperanza de un futuro siempre nuevo que se abre con la Resurrección de Jesús.

    En el Evangelio de hoy se otorga los apóstoles la facultad de perdonar los pecados de los hombres…  Cristo no sólo no les echa en cara su cobardía…, sino que a ellos y precisamente a ellos, los pecadores y traidores les da el poder no sólo  de excusar y aun comprender los pecados de los hombre sino de, a su vez, perdonarlos. La predicación de los apóstoles estará llena de ternura antes los  hombres débiles, pues ellos mismos han podido contemplar en su propia vida su propio pecado, a pesar de haber tenido el mejor maestro: Jesús el Nazareno.

    Los sacerdotes hemos de tener un corazón de apertura comprensiva a todo hombre que se acerca nosotros pidiéndonos una palabra de alivio ante sus vidas no siempre conformes con las orientaciones del Crucificado. No debemos mirar, únicamente, de que barro estamos hecho nosotros mismos y que todos los días debemos pedir perdón por nuestras faltas, infidelidades y pecados, sino contemplar la Cruz y escuchar las palabras de Cristo: “Señor, perdónalos pues no saben los que hacen”, ¡ y los que no sabían eran: los sacerdotes, escribas y fariseos que habían rechazado la verdad y salvación que les ofrecía la predicación de la buena nueva del Nazareno!.

    Cuando tú y yo nos encontremos abrumados por los pecados recurramos al sacramento de la reconciliación…, y cuando quizás desesperados, en palabras de Bernad Saw, pudiéramos decir : “Padre he matado”, ojalá escuchemos la voz, en ese silencio del templo, de un sencillo sacerdote que, en nombre de Cristo, nos dice: “Hijo: ¿a cuántos?”.

    Todos somos Tomás en tantos momentos de la vida, pues la fe lleva siempre consigo  una posibilidad de  duda. Cuando vuestros hijos  os abran sus corazones y al comienzo de su juventud les asalten, por su espíritu crítico o por el ambiente de incredulidad que les rodea, dudas de las creencias que recibieron de vosotros y de los catequistas desde su infancia, no les digáis nunca recházalas como tentaciones, sino acompáñalos con unas lecturas apropiadas a su edad, para que puedan responderse ellos mismos, a pesar de sus dudas, de la verdad del contenido de sus creencias. Creer no es un grito, sino algo razonable y las dudas nunca pueden superar, como decía Newman, la certeza de la fe.

 

 

TERCER Domingo de Pascua

 

     La liturgia de este domingo nos coloca ante unos textos impresionantes. En la primera lectura se nos muestran los apóstoles, otrora cobardes, transformados por la fuerza del Espíritu en personas que no temen al Consejo de los sanedritas y salen, después de ser azotados, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

    El Evangelio de Juan nos presenta la aparición del Nazareno junto al lago de Tiberiades y la triple confesión de amor de Pedro antes de transmitirle, en colegialidad con los demás apóstoles, el primado de su Iglesia. Es curioso observar que el marco es el mismo que en la primera vocación de los Apóstoles: Allí, la pesca milagrosa y la vocación a ser pescadores de hombres; aquí, la misión de predicar a todos los pueblos la buena nueva de Cristo resucitado.

    Después de veinte siglos las lecturas de hoy parecen ser dirigidas a nuestras propias comunidades eclesiales en comunión, a través de nuestros Obispos, con el supremo pastor, el Obispo de Roma. Hoy no existen esas persecuciones físicas programadas contra los cristianos, aunque las hemos vivido hasta hace pocos años, en unos casos, por ideologías contrarias a la existencia de Dios y también, en otros lugares, por la proclamación del Evangelio a las capas más humildes de la sociedad…, las palabras evangélicas también son rechazadas cuando se habla de la injusticia de los opresores del primer mundo.

    Las persecuciones psíquicas – a menudo más temibles que las físicas – están al orden del día cuando se proclama el Evangelio de la Vida en todas las dimensiones. Muchos medios de comunicación social se escandalizan por las guerras existentes y aplauden la postura de Juan Pablo II en este tema; sin embargo, hacen mofa y befa cuando los cristianos, en unión con sus pastores y por amor a la vida de los seres más indefensos, nos oponemos al aborto.

    También se rechaza la enseñanza de la Iglesia al defender la dignidad e igualdad de todas las personas sin ninguna distinción de raza, pueblo, nación y religión y se concretizan esos derechos en el trato fraternal, que ha de darse a lo emigrantes. En este caso son muchas las voces que se levantan contra esa “ invasión” que puede, dicen, perjudicar las condiciones de trabajo de nuestros compatriotas. Gracias, sin embargo, a esos emigrantes, muchos de los cuales hablan nuestra misma lengua, vemos en nuestras ciudades que nuestros queridos mayores pueden salir a pasear en compañía de esas mujeres, que les atienden con todo cariño; y nuestros bebes pueden ser atendidos en sus propio hogares . No podemos generalizar los hechos trágicos e irracionales, ocurrido el 11 M en Madrid. Casi un tercio de los muertos eran emigrantes… La religión malentendida conlleva un fanatismo que no se para ante los crímenes más horrendos… ¡Servirse de Dios para vilmente asesinar!

    Ser testigo viviente de Cristo supone, en un mundo secularizado y secularizante, sufrir la incomprensión por parte de los estudiantes no cristianos… y de los trabajadores no practicantes, cuando no su sonrisa burlona, pues el entorno no es propicio a los valores religiosos y a la verdadera tolerancia… Los cristianos cuando vivimos el evangelio somos la voces que claman en el desierto, sabiendo que – a imitación del Maestro –  jamás veremos los frutos y que la libertad que predicamos nos hace libres, como a Jesús de Nazaret, para poder morir con dignidad personal. Todo se puede aguantar en la vida…, pero jamás a unas personas que, con su silencio callado y comprensivo, nos arrancan las máscaras que todos llevamos en una inconsciente esquizofrenia de hablar de los derechos humanos y conculcarlos en muchas de las actuaciones de la vida.

¡Ojalá sea nuestro comportamiento vital cristiano lo que provoca estas actitudes y no nuestros criterios burgueses y adocenados…!

Pidamos a Dios que, a imitación de los Apóstoles, seamos cristianos comprometidos con el Evangelio en nuestras palabras y, sobre todo, en la vida… y en medio de este mundo – el mejor por ser el único que nos ha tocado vivir – podamos encarnar, en medio de las tribulaciones, estas palabras:

Amar a todos y no juzgar a nadie

 

 

 CUARTO Domingo de Pascua

 

     Las lecturas de este domingo nos presentan a Cristo como el único “mediador” entre Dios y los hombres. La salvación viene de Cristo y no de la ley y todos los hombres estamos llamados a vivir de la gracia del Nazareno… Pablo y Bernabé predican  el universalismo de la Palabra de Dios con gran alegría y contento de los gentiles, mientras los judíos y las señoras distinguidas por su “piedad” provocaron una persecución sobre Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.

    No es fácil comprender el universalismo del cristianismo y como en tiempos de los Apóstoles hemos vivido la conmoción, aun doctrinal, que supuso el Concilio Vaticano II. La figura de Juan XXIII marcó un hito en la historia de la Iglesia y la abrió a nuevos horizontes en un diálogo profundo con el mundo que nos rodea. Todavía hay creyentes que se resisten inconscientemente a asumir las consecuencias del  Concilio Vaticano II y, a lo más, lo consideran como el punto final de un proceso de reflexión desde la Escritura y Tradición y no como un comienzo para poder  desarrollar y profundizar en las doctrinas implícitas en sus cuatro Constituciones, nueve documentos y seis declaraciones.

   

    La Lectura del Apocalipsis nos muestra “la muchedumbre inmensa que nadie podría contar de toda nación, raza, pueblos y lenguas de pié delante del Cordero”.

A tenor de esta lectura, quisiéramos reflexionar, siguiendo las directrices del  Concilio Vaticano II, sobre el papel salvífico que representan las religiones cristianas y no cristianas.

    En cuanto a las religiones cristianas el documento del Concilio que trata del tema - tan vital en el apostolado - sobre Iglesias separadas es fundamentalmente el “Decreto sobre el Ecumenismo”, promulgado el 21 de Noviembre de 1964. En su Proemio se nos dice sobre la división de las Iglesias cristianas:

    “Esta división contradice abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio en el mundo”. El movimiento ecuménico - que caracteriza en nuestros tiempos no sólo con respecto a las personas, sino también a las comunidades - se caracteriza por el espíritu de arrepentimiento y el deseo de unión que procede del Espíritu Santo, que obra tanto en la Iglesia católica como en las Iglesias de “nuestros hermanos separados”. Las divisiones en la Iglesia aparecieron ya desde el principio y el Concilio nos indica que las responsabilidades de las separaciones de la Iglesia Católica no se dieron “sin culpa de los hombres de una y otra parte”. Nuestros hermanos separados, “justificados en el bautismo por la fe, están incorporados a Cristo y, por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos, y los hijos de la Iglesia Católica los reconocen, con razón, como hermanos en el Señor”. “El Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas (comunidades separadas) como medios de Salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia de Cristo”.

    Con respecto a las Iglesias no cristianas el Concilio trató del tema en la Declaracion “Nuestra Edad” sobre las relaciones de la Iglesia con la religiones no cristianas”, promulgada el 28 de Octubre de 1965. La declaración nos invita a los cristianos al diálogo y a la colaboración con los creyentes en otras religiones; la postura de la Iglesia Católica cara a ellas las resume el Concilio con estas matizadas palabras: “ La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen en muchos puntos de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de Aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar a Cristo que es el camino, verdad y vida, en quien los hombres encuentran  la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas”.

 

    Los hechos son más relevantes que las palabras y no sólo Juan Pablo II se ha reunido repetidas veces con nuestros hermanos separados, sino que el 13 de Abril de 1986 visita, el “Siervo de los siervos de Dios”, la sinagoga de Roma y el 27 de Octubre de 1986 convoca a los representantes de otras religiones a una plegaria común en Asís a favor de la paz. Esta iniciativa la repetirá el 24 de Enero de 2002.

 

¡¿Nos sentimos los cristianos unidos a todos los hombres a través del Espíritu Santo que ha sido derramado en todos los corazones?!.   

 

domingo V de pascua

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva…

 

    Con que sencillez nos narran los hechos de los Apóstoles el nacimiento de las iglesias locales y cómo se van organizando en “comunión de presbíteros y discípulos”. Vemos el carácter itinerante de Pedro y Bernabé al seguir el mandato del Señor: Ir a todos los pueblos… La Iglesia, esencialmente misionera, nos muestra con toda autenticidad el anuncio del Reino de Dios…

 

    Después de más de veinte siglos contemplamos que el fervor de anunciar la Buena Noticia está presente en nuestra iglesia… Los misioneros siguen, en circunstancias no mejores, compartiendo su fe en el Nazareno con esos países pobres, dejados a su suerte – demasiado de prisa y sin preparación –  por los países colonizadores cristianos . Allí han quedado  algunos misioneros acompañando al clero nativo y dejando año tras año el testigo del Evangelio a los sacerdotes aborígenes con sus respectivos pastores. África, Asia y Oceanía son los frutos maduros de una iglesia Occidental, que ha sabido dar lo mejor de sus hijos para fundar unas iglesias jóvenes, que proyectan una renovación ejemplarizante para nuestras viejas y, cuando no, caducas cristiandades…

 

    El futuro de nuestras comunidades del primer mundo está en la necesidad de ser, a su vez, evangelizadas por los misioneros de esos países, pobres en medios materiales, pero llenos de espíritu en corresponder con una entrega total al servicio del Reino. Hoy contemplamos las comunidades, otrora vivas como Antioquia, Listra, Panfilia…, formadas, en el mejor de los casos, por un pequeño grupo de cristianos; en un futuro pueden llamarse Madrid, Bilbao, Toledo o Granada.

 

    El Evangelio nos presenta la pregunta fundamental para todos los que nos creemos buenos cristianos:¡¿ “Cómo os amáis los unos a los otros”?!. Ser cristiano no es seguir a Cristo, ni imitar a Cristo, sino vivir la misma vida de Cristo. El Amor de Dios está en nosotros si amamos sinceramente a nuestros hermanos, y hermano, en lenguaje bíblico, es toda persona con la que yo me encuentro o me pueda encontrar, aun los que con razón pueda considerarlos como enemigos…

 

    Cuando pasamos por nuestras calles y vemos tantas necesidades que nos rodean: hermanos en paro…, emigrantes sin papeles y trabajando en una condiciones de esclavitud larvada, ancianos con pensiones de hambre, que sólo tienen la esperanza de morir pronto para no ser una carga para sus hijos - pues en las residencias públicas las listas de espera son largas… y  las privadas son totalmente prohibitivas -,  ¿qué actitud y postura tomamos ante estas condiciones de injusticia?. No basta con dar unas cuantas monedas en las colectas de “Caritas”, sino implicarse en los puestos políticos, sociales y sindicales para poder trasformar esta sociedad de un capitalismo, casi salvaje, en un mundo más humano y cristiano. La caída de los regímenes comunistas no implica la consagración como única forma de gobierno del capitalismo a secas, sino de unos regimenes políticos y sociales en los que se puedan dar la equitativa distribución de los bienes de la tierra. Ciertamente se nos dirá que la pobreza no puede repartirse…, sino a lo más compartir, pero ¿compartimos la riqueza?. El gran drama de nuestro tiempo consiste en la diferencia, cada vez mayor, entre Norte y Sur y vemos que todavía estamos muy lejos… en nuestro nación de ayudar al desarrollo de los países pobres con ¡0,7 del PIB!. Y nos llamamos democracias que predican, con mucha palabrería, los derechos inalienables de toda persona y su radical igualdad… Los antiguos tenían, como justificación de la desigualdad  entre los hombres, su concepción filosófica de la distinta naturaleza de los esclavos y, en parte, de las mujeres… Pero nosotros…

 

    ¿Dónde ha quedado el “tuve hambre, sed, estuve desnudo, encarcelado… del Evangelio de Jesús?. Al caer de la tarde nos examinarán de Amor…

 

    ¿¡Quién pasará el examen!?   

 

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

                                                               "Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…"

     En el comentario del Domingo cuarto de pascua hacíamos alusión al Concilio Vaticano II, que supuso una renovación para la Iglesia de cara al mundo moderno. Hoy nos recuerda la primera lectura al “llamado Concilio de Jerusalén”, en que los apóstoles reunidos llegan a un acuerdo, bajo la presencia del Espíritu Santo, de no imponer prácticas puramente judaicas – principalmente la circuncisión y sus consecuencias – a los gentiles. La salvación nos viene de Dios a través de Jesús de Nazaret y no de la ley, como pensaban los judaizantes.

    En  nuestra Iglesia se dan múltiples caminos para llegar a Dios: Las órdenes, las congregaciones, los institutos seculares, las posibles prelaturas, a semejanza del Opus Dei, las asociaciones de fieles, las comunidades de base etc.  y la santificación – sin ninguna sigla especial –  a través de la mayoría de las parroquias. Este pluralismo nos indica que el soplo del Espíritu, a través de sus carismas, es magnífico dentro de la unidad de tener todos “una sola fe, un bautismo y un solo Dios y Padre.

    Existe el peligro, somos hombres, de intentar absolutizar los distintos caminos a los que pertenecemos y querer, por tanto, presentarlos como los mejores para nuestro tiempo en orden a la santificación de las personas y a la misión apostólica. Las palabras de Jesús son significativas en este aspecto: “Ni el que siembra es algo, ni el que riega, sino el que produce el fruto”; “uno es el que siembra y otro el que recoge, vosotros recogisteis el fruto de lo que no sembrasteis y otros recogerán el vuestra “sembradura”. El apostolado de todos los que buscamos la mayor gloria de Dios tiene que tener en cuenta el respeto que se debe a toda persona y con palabras del maestro Lain Entralgo podemos decir que “frente a una persona, aunque sea tu esposa o esposa, hay que andar de puntillas y en silencio”. Nunca podemos intentar entrar en las conciencias ajenas sin ser llamados, y las insinuaciones apostólicas, deben ser únicamente una siembra para que las personas puedan meditarlas y poder ejercer - cara a ella - una verdadera libertad. El fin nunca justifica los medios, aunque sea para la aparente mayor gloria de Dios y conversión de las almas.

    Como sacerdote diocesano y trabajando también en una sencilla parroquia, quisiera insistir en el grado de universalidad que conlleva toda parroquia. La parroquia está abierta a todos: santos y pecadores, creyentes, agnósticos,  ateos…;  todos pueden tienen cabida en ella. La universalidad de la Iglesia la representan las parroquias territoriales, en las que todo ciudadano, sólo y únicamente por tener su domicilio en sus límites, tiene el derecho de ser atendido en sus necesidades humanas y espirituales.

    Los párrocos y vicarios pastorales de muchas parroquias del clero diocesano quizás, en algunas ocasiones, no pueden tener la especialidad, en algunos campos, de otros sacerdotes pertenecientes a órdenes o congregaciones; la experiencia, sin embargo, de ser un vecino más de nuestros pueblos y ciudades, el compartir con ellos la vida común y corriente les da una sabiduría y prudencia, difíciles de conseguir únicamente a través de estudios altamente especializados.

    No hemos de minusvalorar, por lo anteriormente citado, la gran preparación de muchos sacerdotes seculares, pues con palabras del gran teólogo dominico del Concilio Vaticano II, Yves Congar, se puede afirmar que, por vez primera en la historia, un Concilio (Vaticano II) tuvo lugar en Lovaina. Fueron los teólogos y pensadores de la famosa Universidad de Lovaina – perteneciente al clero secular- los que hicieron posible el bien hacer, la prudencia y el consenso de las Constituciones, Documentos y Constituciones del transcendental Concilio.

    Al ser estas líneas para las parroquias no podía por menos de hacer un elogio merecido de nuestro sencillo, pero fundamental apostolado del clero secular al que  inmerecidamente, repito, pertenezco.    

 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

                                                             "Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría…"

     La Ascensión, tal como la considera la Iglesia en esta fiesta, sólo es mencionada por Lucas en los Hechos de los Apóstoles y en el Evangelio de hoy, ya que Marcos no se puede considerar “testimonio” independiente de Lucas. Después de su última aparición a los cuarenta días de su Resurrección Lucas nos dice: “Fue arrebatado al Cielo” y “levantado ante los ojos de ellos” y, como en la teofanía de la transfiguración del Señor, aparece la nube como signo de la presencia de Dios…: ”una nube le sustrajo de sus miradas”. Según el relato de los Hechos de los Apóstoles, Jesús fue arrebatado al cielo por el Padre mediante el Espíritu Santo, de la misma forma que, según Pablo Rom. 6,4, también fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre. (Bauer).

    Junto a esta Ascensión visible de Cristo, el mismo Lucas nos habla - como todos los testimonios del N. T. - de la Resurrección, Exaltación y Glorificación de Cristo. Exaltación, Glorificación y Resurrección forman una unidad indisoluble, que es el eje de la predicación apostólica, junto a su segundo advenimiento en gloria. Hemos de concluir, por tanto, que la Ascensión visible de Cristo a los cuarenta días no desempeñó un papel importante en el anuncio de la Buena Nueva en la Iglesia Primitiva.

    La festividad de la “Ascensión del Señor”, en el sentido actual, sólo es celebrada por la liturgia a partir del siglo IV. Pronto, sin embargo, tomó una gran importancia, por el mensaje de espera y esperanza que se transmitía a los cristianos como testigos de la Resurrección en orden a la predicación evangélica.

    En los tiempos actuales a menudo se achaca al cristianismo el tener el pensamiento en las cosas del cielo, sin preocuparse suficientemente de los problemas que nos presentan las injusticias, no tanto a nivel individual, sino a nivel colectivo. Las estructuras que dominan el mundo occidental son de un  neocapitalismo, a menudo, salvaje. La caída de la ideología o ciencia marxista en sus concreciones históricas, ha dado pie a considerar las estructuras capitalistas como las únicas capaces de servir al desarrollo de los pueblos en orden al bienestar. La pregunta que debemos hacernos todos los que sentimos que el gran problema del mundo actual, es el galopante, y siempre en aumento, distanciamiento existente entre el Norte y el Sur. Frente a al poderío americano en todos los aspectos y superado el gran competidor del Oriente, Japón, comienza el desarrollo de la vieja Europa por la unión, fundamentalmente económica, hoy de veinticinco países, incluidos  los diez últimos estados, otrora del Este. La competitividad dólar – euro está marcando las políticas económicas del futuro y el creciente paro y menor crecimiento de países tan emblemáticos como Alemania y Francia ponen en entredicho el sueño de una Europa fuerte y competitiva de cara a Norteamérica.

    Mientras las sociedades llamadas del bienestar no cejan en su empeño de intentar aumentar el sueño de un mundo casi ideal en el futuro, asistimos a la gran injusticia de cara a los países subdesarrollados, que difícilmente pueden intentar paliar su miseria y comenzar una explotación razonable de sus abundantes materias primas… Las guerras civiles están diezmando a países de África con gobernantes títeres que sirven al enriquecimiento de una clase dirigente, muy a menudo corrupta, al servicio de intereses de la Nación… que gobierna – directa o indirectamente –  los destinos del mundo. Y la mayoría de los países del mundo capitalistas son, sociológica mente hablando, países cristianos…

    ¿Se puede ser cristiano sin levantar una voz de protesta ante las desigualdades existentes entre Norte y Sur?. ¿Se puede tolerar que en nuestras naciones se considere, como un ideal a conseguir, el 0,7 del P.I.B.?. ¿Cuántas protestas callejeras se dan en nuestras calles, tan sensibles a otros problemas,  ante el sarcasmo indignante no ya del 0,7, sino del 0,320, ?. El desarrollo de los países no se logra, por otra parte, únicamente por la economía, sino que ésta depende en parte del nivel cultural que puedan alcanzar los habitantes de los “países ricos en analfabetismo”. ¿Los países colonizadores procuraron dar una cultura adecuada en sus colonias para la preparación de cuadros de aborígenes?.

    No podemos contentarnos con enviar misioneros a esas tierras para compartir su morir, sino que las misiones dependen radicalmente que, en los países de tradición cristiana, se predique la buena noticia de la hermandad entre todos los hombres al tener un solo Padre.

 ¿Dónde han quedado las enseñanzas del Nazareno que murió y resucitó para la salvación, que comienza ya en esta tierra, de todos los hombres?

 

 

PENTECOSTÉS

 "Recibid el Espíritu Santo"

     Hoy termina el tiempo pascual con la venida sobre los discípulos del Espíritu Santo. En Dios la persona del Espíritu Santo es aliento creador, empuje de vida, viento impetuoso y huracanado, tempestad y poder irresistible. Las palabras de Jesús no tienen ninguna ambigüedad: “conviene que yo me vaya, pues si no lo hago, no recibiréis el Espíritu”. Aquellos discípulos ven transformarse su personalidad por el empuje recibido del Espíritu Santo y comienzan a hablar lenguas extranjeras según les sugería el Espíritu. Al comienzo de la Biblia se da la dispersión de los hombres por pretender ser como dioses y este hecho esta simbolizado por la confusión de las lenguas junto a la torre de Babel; Pentecostés es la antítesis de Babel: “todos les oyen hablar en sus propios idiomas”. Ese Espíritu no sólo se derrama sobre los discípulos, sino que llena el corazón de todos los que acuden en masa al oír aquel impetuoso ruido: Partos, medos, forasteros de Roma, judíos y  prosélitos, cretenses y árabes…

    Después de dos mil años de Pentecostés, los cristianos hemos olvidado, tantas veces, el vivir del Espíritu. Vivir del Espíritu es vivir de la libertad de los hijos de Dios, pues Dios a través de su Espíritu nos hace libres; libres no con un libre albedrío – significado pobre y negativo de la libertad – sino libres para poder elegir el abrirnos a la acción de Dios y participar de un modo real de la misma vida divina. ¡Que maravillosas son las palabras de Juan de la Cruz cuando escribió, en lo alto del Monte Carmelo, desde su yo integrado en el Yo divino!: “Se ha terminado el camino por aquí, porque no hay ley para el justo”; el gran místico de los tiempos modernos el P. Delp, encadenado en la prisión, nos decía estas palabras llenas de la unción de un hombre verdaderamente libre con la libertad que le transmitía la acción del Espíritu: “El Espíritu Santo es la pasión con la que Dios se ama. El hombre tiene que encomendarse a esta pasión; ella tiene que realizarse. Entonces el mundo se hará capaz de amor verdadero. Sólo podemos reconocer y amar a Dios si Dios nos toma y nos arranca de nuestro egoísmo. Es preciso que, en nosotros y por nosotros, Dios se ame a sí mismo. Entonces viviremos en la verdad y el amor de Dios llegará a convertirse en el corazón viviente del mundo”.

    Si los sacerdote viviéramos desde ese amor de Dios y de su Espíritu que rezumen estos maravillosos pensamientos, ¿el mundo permanecería indiferente cuando le habláramos del Dios del amor y de la misericordia? Ya el viejo adagio decía que “nadie da lo que no tiene” y nuestra carencia de una vida entregada al Espíritu y del Espíritu, hace que nuestras ”divinas palabras” se conviertan en palabrería bien sonante, pero que no lleva la fuerza radical del Espíritu como en Pentecostés. La secularización progresiva de nuestra sociedad nos está indicando la necesidad de la venida del Espíritu… La gracia actualizada de la liturgia de este día, puede ser el comienzo de un revulsivo espiritual para nuestros espíritus mezquinos.

    Si predicáramos, oportuna e importunamente, la libertad que nos concede el Espíritu de Dios, nuestros jóvenes ¿no volverían a escuchar estas palabras liberadoras de tantas imágenes falsas de un Dios, que nos contempla con su mirada justiciera y mirante como nos insinúa el mismo Sartre? En tiempos no demasiado lejanos lo tuvimos todo en nuestras manos: escuelas católicas, enseñanza del dogma y religión católica en nuestros Institutos y Universidades, pero ¿cuáles han sido los frutos?… Una pregunta siempre ha surgido en mi modesta persona cuando se escucha lamentar tiempos pasados…. ¿Teníamos el Espíritu de Dios? Los Hechos de los Apóstoles nos narran como Pedro y Juan curan a un paralítico que pedía limosna en la puerta llamada Preciosa diciendo estas palabras: “Ni oro ni plata tenemos, pero en el nombre de Jesús, levántate y anda”.

    Nosotros no podemos decir que ni oro ni plata tenemos, pero tampoco: “En el nombre de Cristo levántate y anda”

 

 

CORPUS CRHISTI

"el cuerpo de cristo"

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

     Siempre la presencia real de Cristo en la Eucaristía ha constituido la entraña y el eje del cristianismo y, como tal, ha sido motivo de profundas discusiones. Si al hombre de hoy le cuesta creer en la presencial verdadera, real y substancial de Cristo en la Eucaristía, hemos de recordar que esta dificultad se ha dado a través de todos los siglos, comenzando por los acompañantes de Cristo. S. Juan nos narra que la promesa de la Eucaristía -  narrada en el capítulo 6º de san Juan - provocó una de las primeras deserciones en el seguimiento de las gentes que seguían al Nazareno: “Duras son esta palabras…¿Quién puede comer su carne y beber su sangre?”. Muchos le abandonan y Jesús pregunta a sus mismos discípulos si ellos también le van a dejar; Pedro, siempre Pedro - el del arrojo y de las negaciones, nunca el mediocre y el conformista - responderá: “¿A quién vamos a ir, tú tienes palabras de vida eterna?

    La fe y el amor hacen posible esta creencia: Sólo el que contempla a Dios como amor hasta el extremo puede aceptar y hasta comprender, dentro del misterio, que Dios se haga presente para estar con nosotros por su humanidad. Todo amor  no sólo desea estar con la persona amada sino llegar una plena identificación con ella. La grandeza y miseria de la persona humana es la imposibilidad de este encuentro totalizador. Sólo a través de lo signos, significativos de la intencionalidad más profunda del interior de la persona, el encuentro se hace lo más íntimo posible en la diversidad. Jesús se queda con nosotros a través del pan y el vino para compartir, en un encuentro siempre eficaz y tota, la unión a través de la comunión o de su presencia en el sagrario.

    No podemos menos de citar lo que San Hilario nos dice sobre el sacramento de la comunión en su conocida obra sobre la Trinidad: “Hasta que punto estamos nosotros con él por el sacramento de la comunión de su carne y de su sangre nos lo atestigua él mismo al decir: El mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Porque yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo, y yo con vosotros. Estas palabras nos indican que él está con el Padre por su naturaleza divina, mientras nosotros estamos en él por su nacimiento humano y él está en nosotros por la celebración del sacramento: así se manifiesta la perfecta unión realizada por el Mediador, porque nosotros habitamos en él y él habita en el Padre y, permaneciendo en el Padre, habita también en nosotros. Nadie podrá, pues,  habitar en él, sino aquel en que él ha habitado; es decir, Cristo asumirá solamente la carne de quien haya comido la suya según sus palabras: el que come mi carne y bebe mis sangre habita en mi y yo en él”.

    En estos momentos en lo que se va apagando en muchos cristianos la necesidad de acudir a la Eucaristía, hemos de recordar los pastores nuestra obligación de predicar el sentido más profundo de la Santa Misa: El encuentro de la comunidad con Cristo que se nos da como comida y bebida…A menudo no hemos explicado suficientemente lo que la comunidad vive en los momentos culminantes de la Eucaristía: Pedir perdón juntos por nuestros pecados, principalmente por lo de omisión, ofrecernos juntos como somos: débiles, pobres y pecadores y recibir a Cristo…: todos, al comulgar a Cristo, nos unimos íntimamente al Señor y, a través de él, a nuestros hermanos. El amor de Dios siempre hace realidad sus sueños…

    Que tristeza, por otra parte, nos producen esas iglesias cerradas fuera del horario de las misas… No se me ocultan las dificultades de dejarlas abiertas en nuestras ciudades…, pero Cristo está allí para encontrarse con nosotros: “Venid a mí los que estéis cansados y agobiados…Cristo siempre nos espera para escucharnos y todos tenemos tanta necesidad de que alguien recoja nuestras penas…Si supieran nuestros hermanos lo que significa la presencia de Cristo en el sagrario ¿permitirían que nuestros templos se cerraran?...

    Tengamos creatividad para colocar alarmas etcétera.., pero muestras iglesias deben permanecer, por lo menos durante el día, abiertas

 

TIEMPO DEL AÑO

Domingo XII del tiempo ordinario

     La liturgia del domingo nos presenta la lectura de un libro, de piezas anónimas, que lo podemos datar en los últimos decenios del siglo IV, después de la conquista de Alejandro. Es importante el trozo de la primera lectura pues tiene resonancias mesiánicas y como tal ha sido citado por Mateo y, sobre todo, por Juan (19,37) en su dimensión mesiánica… La espera en un Mesías pobre, humilde, manso y    anuncio misterioso del Traspasado…

    La buena noticia del Nazareno es descrita por Pablo de una manera absolutamente original en un mundo divido por la diferencia de naturaleza entre los hombre y, dentro de la misma naturaleza, por las clases, cuando no por las castas. Por el bautismo nos incorporamos a Cristo de tal forma que el cristiano no es radicalmente el que imita a Cristo, ni el que sigue a Cristo, sino aquél que vive – física y realmente – la misma vida de Cristo. El cristianismo deshace toda concepción que discrimina artificialmente a los hombres por sus relaciones económicas – esclavos y libres –, la raza y cultura – judíos y gentiles- , el sexo – hombres y mujeres – .

    Cuando superficialmente se tacha al cristianismo y a S. Pablo de una forma de pensar con prejuicios sobre la mujer ha de leerse estos textos, que nos muestran el gran valor que Cristo en los evangelios – no olvidemos que los primeros discípulos de la  muerte y resurrección de Cristo fueron mujeres – y Pablo, dentro de los condicionantes históricos a los que están sometidos los mismos evangelios, suponen un  avance gigantesco con respecto al mundo griego – latino.

    Jesús, después de haber vivido y convivido con los discípulos, les pregunta lo que la gente piensa que es él. Ellos sencillos y sinceros contestan lo que han oído y ellos mismo han podido  barruntar de la opinión generalizada de sus compatriotas: Ciertamente es uno de los grandes profetas, bien de los antiguos como Elías o de Juan cuya memoria esta en la mente de todos. Después Jesús les pregunta directamente lo que ellos mismos piensan de él. Pedro, el hombre sincero y sin complejos, con la entrega total a Cristo responderá: El Mesías de Dios.

    Hoy ante la figura de Jesús todos los hombres, creyentes o no creyentes, se han preguntado quien era Jesús de Nazaret, cuya existencia es incontestable…; todos han hecho gran alabanzas de aquel hombre que, entregado al amor de todos, no tenía donde reclinar la cabeza. Todos admiran la figura de sabio y sacrificado que representa el Nazareno y en comparación a las personalidades que han dejado un rastro inconfundible en la historia, como Sócrates o Séneca, resaltan que Jesús tiene una característica especial: la de no juzgarse a sí mismo como sabio ni despreciar a los que, en su entorno, no disfrutan de una categoría propiamente de tal estado; los esclavos, siervos y mujeres. Mientras que a Sócrates se le contempla como el hombre fuerte que, por amor a las leyes, no le importa morir – despachando a las mujeres que no se comportan como personas dignas de tal nombre , al no contemplar la muerte como el horizonte deseado – , vemos que Cristo tiembla ante la muerte y suda sangre en las horas previas… y serán, precisamente  las mujeres - las débiles y sencillas - que estarán junto a la Cruz, en esos momentos en que los varones fuertes…, le han abandonado o traicionado con juramento.

    Al final de la Cuaresma se estrenó en nuestras pantallas “La Pasión”, famosa película de Mel Gibson… En España, tras unos días de ferviente entusiasmo y de controversias más o menos condicionadas, la película se ha ido diluyendo… En Francia y en Italia tuvo no sé si más éxito, pero ciertamente más controversia sobre si era anti judía o no… y si el sentido duro de la pasión suponía un masoquismo más o menos camuflado. Se intentó compararla con el film de Pasolini”El Evangelio según S. Mateo” de Pasolini, cuando realmente  se trataba de dos géneros distintos en espacio y el tiempo. En ambas películas podemos decir, sin embargo, que el sencillo espectador se conmovía ante la figura de aquel hombre que, no teniendo nada, dio su vida por amor a los amigos y a los enemigos. En todos los espectadores surgió, por algunos días, la misma pregunta comparativa de la vida del Nazareno y la nuestra. Ojalá esas películas hayan proyectado el deseo de leer, de tirada, alguno de los cuatro evangelios…; pues conocemos pasajes de la vida de Cristo, pero no su biografía.

    ¿Nuestra vida de cristianos es un pregunta continua para las personas que nos rodean, o es de una mediocridad  tan espantosa, que no genera mas que desilusiones continuas?.   

 

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

    ¡Qué triste es, a los ojos del mundo, la suerte de los Profetas!. La primera lectura nos presenta la vocación del profeta Eliseo. Elias antes de dejar el mundo –   estando en el monte Horeb – recibe una voz que le dice: ¿qué haces aquí?. “Ardo en celo por Jahvé, responde, pues los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela”.

    La respuesta del Señor será que unja, como profeta sucesor, a Eliseo. Eliseo, desprendiéndose de todos sus bienes, después de haber celebrado una comida como despedida, se pone a las órdenes de Elias.

    El llamamiento de todos los profetas se da siempre bajo el mismo esquema: llamada de Dios - directa e indirectamente -; seguimiento total e incondicionado al Señor para que el “hombre de Dios” pueda alcanzar la libertad.

    El canto a la libertad de la segunda lectura es una de las piezas más hermosas que se han escrito sobre este anhelo y grito de todos los tiempos: “Queremos ser libres”. Libre no es el que se destroza a sí mismo y a sus hermanos merced al concepto de libre albedrío siguiendo los instintos del ego-ismo, sino el que se entrega al desarrollo de su propia personalidad y, al mismo tiempo, al desarrollo de los hermanos mediante la entrega amorosa a los mismos. El hombre libre es el que se deja guiar por el Espíritu, pues donde se da el Espíritu de Dios hay libertad y no se está bajo la ley, aunque no sin ley (2ªCor. 3,17)

     No es libre, nos dice Tomás de Aquino, “aquel que evita el mal no porque es un mal, sino porque es precepto del Señor; el que evita el mal, por ser un mal, ese es libre”: Libre no en el sentido de no estar sometido a la ley divina, sino por que su dinamismo íntimo le lleva a hacer lo que prescribe la ley. En estos tiempos, en que la juventud nos habla siempre de libertad, debemos insistir no sólo en su derecho a serlo, sino en su deber más profundo a lograrlo; aunque hemos de señalar igualmente que libertad, responsabilidad y conciencia sana, son términos que suponen una cuasi identificación.

    El mandamiento por el mandamiento – recordemos las palabras de S. Tomás – no puede ilusionar a nadie, sino provocar por si mismo un rechazo instintivo: sin embargo muchos padres y educadores hemos, con la mejor de las voluntades, exigido el cumplimiento de los mandatos por el principio de autoridad. No se trata de lograr unos caracteres aparentemente recios, que recuerdan al “imperativo categórico kantiano”, sino de hablar de la ley del amor y de la libertad. El amor conlleva siempre una entrega a la persona del prójimo y un amor a nuestro propio ser, pues difícilmente puede dar amor a los demás quien, previamente, no se lo ha dado a sí mismo. El común denominador de esta actitud amorosa es el respeto mutuo hasta el punto de poder expresarnos, como un gran pensador, que amar es “dejar ser al otro en cuanto otro…, aunque sea tu esposo o esposa, o la persona con la que vas a iniciar un proyecto común de vida”.

    Jesús aparece en el Evangelio, camino de la Pascua, como la persona que va a entregarse hasta la muerte por amor a todos; no evita, como la mayoría de los judíos, en pasar por Samaria en su caminar a Jerusalén, sino que intenta atravesar, por amor a ellos, por esa región hereje; para ellos, precisamente para ellos, ha sido enviado… No le reciben, pero en su negativa ha quedado sembrada la semilla que siempre fructifica. Siempre los hombres somos propensos a condenar y a castigar llevados por el falso celo de Dios…, tal es la posición de Santiago y Juan. Jesús no sólo calla sino que les corrige severamente. Los cristianos, ayer como hoy, en estos momentos difíciles por los que estamos pasando hemos de recordar esta maravillosa actitud de nuestro maestro y señor, que se puede concretar en: “Amar a todos y no juzgar a nadie”; y ante los derechos  legítimos que se nos pueden negar recordar las palabras del Nazareno: “No es el discípulo mayor que su maestro, si a vosotros os persiguen pensad que antes a mi me persiguieron”. ¡Ojalá que nuestro rechazo sea siempre por defender la causa de Cristo y de los hermanos más desfavorecidos, empezando por lo vivos y no nacidos!.

    La Biblia comienza con una pregunta y, al caer de la tarde, nos examinarán de la ella: ¿¡Dónde esta tu hermano!?.

  

Domingo XIV tiempo ordinario

El Evangelio de hoy nos narra, con sencillas palabras, el envío de setenta y dos discípulos a predicar la buena noticia… La Iglesia tiene la misión de llevar el Evangelio a todo el mundo; este cometido lo va cumpliendo con exquisita delicadeza y entrega. Frente a nuestras viejas iglesias occidentales, están surgiendo unas comunidades pujantes por su actividad y espíritu de entrega y de sacrificio, que nos recuerdan la vitalidad y el entusiasmo de los primeros cristianos.

Hoy más que nunca, por la secularización en que nos movemos, contemplamos la labor de los misioneros que dejando su patria, cultura y cierto bienestar, han marchado, sólo con la fuerza del Espíritu, a llevar la felicidad a esos pueblos de África, Asía, América y Oceanía, levantando junto a los templos los colegios para poder elevar el nivel cultural de esas naciones que están, en muchos casos, hundidas en la miseria. La miseria tiene sus raíces más profundas en la falta de cultura, que posibilita a los aborígenes el poder tomar las riendas de sus propios destinos y enfrentarse a una explotación de las propias riquezas naturales.

Los misioneros son un testimonio de creer y vivir del Evangelio de Jesús, encarnando en su vida las bienaventuranzas al pie de la letra. Dieron su vida por entregarse a los pobres de esos mundos perdidos y les acompañaron a vivir y a morir. No intentaron perpetuar su labor, sino como apóstoles itinerantes y, quien no los es si sigue al Nazareno, formaron pronto un clero indígena para que asumiera sus tareas. Llenaron las Universidades católicas de estudiantes que vinieron a formarse en letras, ciencias y, otros muchos, a seguir la llamada de Dios a través de una formación filosófico-teológica que les hiciera competentes en su sacerdocio.

A su vuelta tomaron la dirección de hospitales, comunidades cristianas y escuelas, pues en un ambiente de descolonización y de conciencia nacional, los extranjeros  difícilmente podrían no ser vistos como extraños; sólo el clero indígena y los seglares de esas maravillosas tierras pueden asumir ante sus vecinos labores religiosas, sociales y aun políticas. La visión de futuro del siempre recordado Juan XXIII, con la consagración de obispos propios, está dando magníficos resultados en todos los órdenes.

Nuestras comunidades han de comprender la gran labor que les es propia: orientar su vida en la Evangelización de los pueblos, pues sólo una comunidad diocesana o parroquial se puede llamar verdaderamente cristiana, si tiene su horizonte de hermanamiento con esas iglesias, que llenas de fervor apostólico sufren de los malos endémicos de todos los Países del Sur. Las misiones no son tareas de unos sacerdotes aguerridos y medio aventureros – a tenor de muchas mentalidades – sino una labor de la Iglesia en su conjunto.

Ha de orientarse, por otra parte, que el concepto de evangelización no puede identificarse con la eficacia de hacer cristianos en breve tiempo… Los tiempos de Francisco de Javier han cambiado de signo y vemos que muchos países no cristianos, sirva de ejemplo nuestros hermanos mahometanos, difícilmente se convierten a la religión católica. Las Misiones, sin embargo, estarán siempre presentes, aun en estos países, para cumplir el mandamiento del Señor: “Id a todos los pueblos y predicad el Evangelio…”; y la iglesia se va extendiendo por todos los países, independientemente de los resultados…No olvidemos que la Iglesia no es la reunión de los salvados, sino de los salvadores y que modestamente hemos de ser  “fermento” para una masa y “sal” que sazona… Dios conduce a los espíritus por diversos caminos y el papel de las religiones ha quedado maravillosamente expresado por el Concilio Vaticano II.

En nuestras cristiandades y dada la insuficiencia de las vocaciones sacerdotales, vemos, cada vez más claro, que los sacerdotes del tercer mundo vendrán, no tardando mucho, a evangelizar a los países que teniendo gran abundancia de bienes materiales, hemos perdido el espíritu cristiano y aun humano. Vamos pasando de los “pobres son evangelizados” a la necesidad de que “los pobres nos evangelicen” para vivir una vida más cristiana, más fraternal y solidaria. La historia del cristianismo nos muestra que antiguas y vitales cristiandades de África y Medio Oriente, hoy están casi extinguidas…; quizás mañana nuestras ciudades, con sus templos magníficos, pueden correr la misma suerte…El Espíritu sopla cuando, donde y como quiere. (El ejemplo del bueno Willy en nuestra parroquia es altamente significativo). No lo olvidemos

 

Domingo XV tiempo ordinario

     En las lecturas de este domingo se encuentra el mandamiento que es el centro de la  religión judía y, especialmente, en unas vertientes insospechadas en la predicación del Nazareno: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”.

    Sólo puede amar a Dios, a quien no vemos, el que se entrega total y absolutamente al amor al hermano y, concretamente, al prójimo. La pregunta del letrado del Evangelio, independientemente de su intención, se plantea a toda persona que busca con sinceridad a Dios y al hermano:¿Quién es el prójimo?.

    El que intenta definir el significado de este término no lo encontrará, pues la fenomenología nos ha enseñado que el término prójimo (Max Müller) tiene un significado existencial; es decir, que sólo se puede comprender en las circunstancias concretas y variable de nuestro devenir cotidiano. Esta es la razón por la que Cristo, para explicar quien es el prójimo, pone un ejemplo de la vida común, que sea como paradigma de nuestros comportamientos en el mundo que nos movemos: la parábola el buen samaritano.

    A lo largo de la historia se han ido sacando las conclusiones de esta parábola: la figura del buen samaritano, curiosamente un hereje para el pueblo judío; los comportamientos moralmente culpables de aquellos que, por su condición de servidores de Dios y del prójimo, debían haber prestado ayuda al molido en el camino por lo unos bandidos; la actitud generosa del posadero que se fía de la promesa del samaritano. En todo el relato se insiste en que lo importante es tener los ojos y el corazón abiertos a las necesidades de las personas que, en circunstancia jamás previamente predecibles, nos encontramos en nuestros calles y caminos. La importancia de la faltas de omisión, a pesar de lo claridad de la parábola, no ha quedado patente en nuestra vida práctica… Personalmente yo no sé si Dios nos tendrá en cuenta las faltas cometidas, que nos provocan, a menudo, obsesiones culpabilizantes, pero sí ciertamente del bien que dejamos de hacer.

Hoy, en nuestra vida moderna, la parábola del buen samaritano se presenta todos los días en múltiples y diversas formas:

    ¿Quién para su conche para interesarse del que encontramos tirado en nuestras carreteras?. Ya sé que existen personas que, so capa de necesitar urgente ayuda, son capaces de agredirnos y hasta de intentar convencernos de falsas averías en nuestros vehículos para poder desvalijarnos, pero si siempre actuamos con tanta  y, a menudo, excesiva prudencia dejaremos continuamente a la buena ventura a personas verdaderamente necesitadas… ¿Llamamos, por lo menos, por teléfono a la policía cuando las circunstancias parecen peligrosas?... Los gritos de coche a coche, por discutibles infracciones con insultos infamantes, ¿los podemos justificar? y, quizás hemos salido del templo o vamos al templo… Hoy nuestra actitud en las carreteras está muy lejos de ser un ejemplo de comportamiento humano y menos cristiano.

    En mi modesta opinión la parábola ha de extenderse a un mundo globalizado…, en donde las necesidades de nuestros hermanos se manifiestan, a través de los medios de comunicación social, en breves minutos: Necesidades de ayuda a los países pobres, pues siempre son los pobres los sujetos de los desastres y calamidades “naturales”… ¿Cómo colaboramos?... No se me oculta que el pueblo madrileño, en aquel 11 M en el que nuestras conciencias fueron sacudidas por la sangre en nuestras calles, dimos un ejemplo de entrega generosa…, pero hay que esperar al anuncio de tantas muertes absurdas, en medio de los sonidos de tantas sirenas en nuestras ciudades, para conmovernos… En todas nuestras iglesias encontramos pobres pidiendo…; no se me oculta la picaresca existente de puestos repartidos para obtener unos ingresos, a mundo, cuantiosos; pero si no damos en la calle por motivos de abusos conocidos, nos sirven estas disquisiciones para colaborar con cantidades fijas a “Caritas” etc…

    Hoy somos 25 los países de la Unión Europea… Las ayudas a los países más necesitados han de repercutir negativamente en nuestra patria… ¿Lucharemos por subvenciones, quizás no tan justas, o miraremos con ojos evangélicos el compartir los bienes escasos?. ¿La Unión Europea será un egoísmo de “25” Estados con relación a los Países del Sur?. ¿Preguntas y Preguntas?. Mira tu conciencia y respóndete. Sólo el que se hace preguntas puede alguna vez responder…

 

  Domingo XVI tiempo ordinario

     El Evangelio de hoy nos presenta la figura de Marta y de María y su diálogo con Jesús de Nazaret. Es bien conocida la amistad de Cristo con esa maravillosa familia de Betania, en la que buscaba el descanso de sus correrías apostólicas. Unos días antes de la Pasión – signo de la entrega de Cristo hasta la muerte por amor a los hombres – Jesús se retira para equilibrar su psicología, era perfecto hombre, antes del paso sangriento hacia el Padre.

    A menudo se ha querido contraponer las figuras de Marta y María con las vocaciones religiosa de la vida contemplativa y de la vida activa… Cristo no critica la vida activa de Marta, sino su nerviosismo e inquietud que le separa de la unión profunda con Dios. En la vida contemplativa se pueden encontrar muchas Martas – inquietas y nerviosas por mil nimiedades – y, al contrario, muchas Marías en la vida activa en las que se da una unión continua y perfecta con Cristo a través de la entrega a sus hermanos: Tuve hambre, sed, estaba desnudo…

    Hoy nos encontramos que las vocaciones religiosas están en crisis en muchas partes de nuestro Occidente, tanto en la vida activa como contemplativa… No se trata de analizar un tema tan complejo como el fenómeno pluridimensional de las vocaciones religiosas, pero sí de insinuar algunas pistas que nos descubran los hilos que se mueven dentro de este fenómeno fáctico de la falta real de seguimiento de Cristo a través de la vida consagrada.

    En primer lugar creemos que muchas “vocaciones” que antes se realizaban únicamente a través de las religiosas – como el servicio a los pobres en los hospitales y la enseñanza a las clases más humildes – se pueden hoy ejercer también por seglares – hombres y mujeres –   entregados en cuerpo y alma a esa tarea, sin tener que renunciar a una familia. Por otra parte la participación de los seglares en las tareas eclesiales, a partir del Vaticano II, ha ido descubriendo el sacerdocio real que se da en todos los bautizados a través del Bautismo. No nos cansaremos de recordar aquellas palabras, tan significativas como ilustradoras, del Santo de Hipona, cuando expresa - en realidad de verdad - la importancia del bautismo: “Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy Obispo”.

    Los seglares siguiendo las normas evangélicas han descubierto la llamada a la santidad que nos convoca Jesús de Nazaret. Los grupos de oración mística de jóvenes y adultos seglares – ellos y ellas – nos descubren la dimensión de entrega absoluta a través de esa experiencia de Dios que supone la dialéctica del “todo y la nada” que nos describe maravillosamente Juan de la Cruz en la Subida al Monte Carmelo. Se puede entregar al matrimonio en unión de santidad  a través de un desprendimiento previo de todo, para poder volver al amor humano y cristiano en el sacramento del matrimonio…

    Siempre, sin embargo, existirán personas que quieren que solo Dios sea el centro de su vida y que sublimarán el amor humano por el amor al Dios del amor, para dar dos testimonios: Desprendimiento de los lazos matrimoniales y, consecuentemente, de los filiales, para poder dedicarse completamente la Reino de Dios, como nos recuerda Pablo; y, por otra parte, la renuncia positiva a todo maridaje – en el sentido más amplio de esta palabra – para ser testimonio y ejemplo para este mundo, de vivir con una entrega total y absoluta a Dios, como figura de la Vida Eterna en la que Dios será todo en todos.

    Los votos de obediencia, castidad y pobreza no tienen un significado negativo de prescindir de los bienes materiales, de una autonomía completa y de una afectividad ordenada a la procreación, sino un significado positivo de  que “Dios y sólo Dios basta, cuando Él quiere llenar por completo  no sólo el espíritu, sino el mismo cuerpo de la persona humana…

    No se trata de frustraciones más o menos camufladas, sino de la sublimación, repito, por entrega a “Aquel que hace que haya” y que es origen de todo amor verdadero y del bien que encontramos en las cosas creadas; es decir: “Vivir en la Fuente y desde la Fuente” de donde dimana todo lo sublime del amor.

¡Quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta!.

 

Domingo XVII tiempo ordinario

     Nunca nos cansaremos de afirmar que el mayor pecado de nuestra vida es perder la confianza en la misericordia de Dios. Quedaron lejos, gracias a Dios, las enseñanzas que, con la mejor intención, nos insistían en la gravedad del pecado y en el temor al “Dios del Juicio”después de la muerte… Se creía que la insistencia en el temor a Dios, que no era un temor en sentido bíblico, sino jurídico, nos podía conducir a un comportamiento más generoso respecto a nuestros deberes religiosos. Hoy podemos contemplar frutos de las catequesis de  los niños, que se muestran en la forma de expresarse en el sacramento de la reconciliación: con una sinceridad, confianza y amor a Jesús unidas a una paz y alegría en sus tiernas almas.

    El Dios de los atributos clásicos, tan cercano al Dios de los filósofos y desistas, ha dado paso al Dios de la Biblia.

    La narración de la primera lectura tiene una expresión, de confianza y de regateo,  que llega a:“Si hay diez justos, les perdonarás…”. Palabras que nos muestran al Dios que quiere salvar a todos los hombres y mostrar su misericordia de un modo tan diferente a nuestras pretendidas justicias humanas. Sodoma es el límite de la perversidad del mal y su símbolo histórico…, y Abrahán nos va indicando cómo el mismo pecado, puede ser compensado por la bondad y la gracia de pocos hombres y así servir de contrapeso en las cuentas de Dios… La culminación del regateo de Abrahán se cumplirá hasta bajar a “uno solo”, el Mesías y Esperado, que puede salvar a muchos( Isaías. 53).

    El Evangelio nos habla de la manera de orar y nos muestra la enseñanza del Nazareno de esa oración sublime que la mayoría de nosotros la aprendimos de nuestro padres. La oración del Padre Nuestro tiene una parte ineludible: la aceptación total, confiada y absoluta en Dios como padre, santificador y señor…, después aparece la parte de pedir por cosas concretas. A lo largo de la historia se han hecho miles de comentarios sobre la oración del Padre Nuestro; nosotros queremos insinuar el aspecto de “trato y encuentro con el Padre”.

    A un padre se le ruega una y varias veces, es nuestro padre…, y todos sabemos el amor que nos profesa. A veces, dada nuestra edad e ignorancia de las circunstancias  no podemos comprender muchas de sus negativas. Al adentrarnos en la experiencia de la vida vamos aprendiendo a saber dar y, sobre todo, a saber negar – posición la más difícil par un bondadoso padre – . Este sencillo ejemplo de la vida cotidiana en la relación padre –  madre – hijos nos hace comprender la bondad del padre hasta en sus mismas negaciones… Cristo nos dice que pedimos y recibiremos…; lo que no nos dice es que recibiremos lo que pedimos, pues en la providencia de Dios sobre nuestra vida, quizás lo que pedimos no va a realizarnos como personas, que es el fin para el que hemos sido creados.

    Muchas veces vemos, con dolor, que una interpretación falsa de las palabras de Jesús en el Evangelio han hecho que muchos se alejaran de la misma iglesia y hasta de la creencia en un Dios bueno…: “He pedido la salud de mi padre, de mi hijo de 22 años y Dios no me ha escuchado”. Una imagen mágica de Dios ha convertido la fe y el encuentro profundo y radical con Dios – que es la oración – en una consideración de Dios que podemos manejar a nuestro antojo a base de peticiones continuas... Pidamos con fervor a Dios por nosotros y nuestras familias, pero dejando siempre abierta el alma a su voluntad que desea lo mejor para nosotros mismos. “El que pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”,  es la oración sublime de Jesús, mientras se moría de tristeza”. Esta frase evangélica es la mejor explicación para el alma ante el problema de unos inocentes que mueren, aparentemente sin sentido… En esos momentos podemos decir - con lágrimas de dolor, pero con una confianza en el Dios del Evangelio, cuyos designios para nuestra bien permanecen, a menudo, ocultos - : “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.

    Cada día cuando veo la bondad del hombre tan maravillosa en las mismas personas que consideramos – maldita frase – como perdidas y  sin remedio, recuerdo aquella frase de Gesché: “El hombre no es “malo”, sino comete maldades. El mal absoluto es el “demon”, cuya presencia se encuentra en esas tentaciones que superan las maldades propias del hombre.

“No nos dejes caer, Señor, en tentación”. 

 

SANTIAGO APÓSTOL

 

Nuestros conocimientos bíblicos:

 

    Santiago, apóstol, hermano de Juan Evangelista, hijo de Salomé (Mt 27,56) y de Zebedeo (Mt 10, 2) y pescador de oficio como su padre (Mt. 4, 21-22), natural de Betsaida (Juan 1, 44).

    Simón Pedro, Zebedeo y sus hijos habían formado una especie de consorcio de pesca en el lago de Genesaret (Lc 5, 10). Tras la pesca milagrosa (Lc.5, 4-11), relato claramente destinado a justificar la expresión” de ahora en adelante” te haré pescador de hombres “, Santiago renuncia a su oficio y al consorcio de pesca.

    Es testigo con Pedro y Juan de la resurrección de la hija de Jairo (Mc. 5, 37) y de la Transfiguración (Mt.17, 1) y acompaña a Jesús durante su agonía en el huerto 

( Mt,26, 37 y par.)

    Por último  se habla de Santiago en Hech. (12, 1-3): Herodes Agripa para sofocar la nueva secta cristiana y  sobre todo para congraciarse con el Sanedrín, decreta la muerte de Santiago y el encarcelamiento de Pedro antes de la pascua(finales de marzo o principios de Abril del 42 D, C.). Si Santiago y Pedro fueron elegidos como víctimas es señal que eran figuras de primer orden en la comunidad cristiana de Jerusalén. Santiago es, pues, el primer protomártir.

    El primer documento que refiere la predicación de Santiago en España es la edición latina del Breviarium apostolorum bizantino (siglo VII), pero se trata de una interpolación evidente , ausente del original  griego,

    La primera noticia de la traslación del cuerpo de Santiago a Compostela es el Martirologio de Floro (808-838). Santiago fue Apóstol y Mártir:

 

Apóstol

 

    A partir del siglo II los doce apóstoles son para la conciencia cristiana el punto decisivo del paso histórico de Jesucristo a su Iglesia.

Mártir..El significado de este término es el de “testigo”. A partir del siglo II empieza esta palabra a designar  a la persona creyente, que sufre y muere por la fe; el simple “testigo” será llamado confesor. Santiago fue el primer apóstol que dio su vida por Cristo. Los sufrimientos y la muerte del mártir son manifestación  de la fuerza de la Resurrección, porque en los mártires Cristo sufre y vence sobre la muerte.

    Los mártires ,con su intrepidez, suscitaron la admiración de los paganos. Justino, el primer pensador cristiano, confiesa que se convirtió  movido por el ejemplo y la valentía de los mártires:”viéndoles intrépidos ante la muerte -nos dice en el de su Apología -juzgué imposible que vivieran en el vicio o en el amor a los placeres “. Tertuliano observa (¿será por su conversión ?)que “ ante el espectáculo que los mártires ofrecen, ¿ ¿quién no se siente movido a indagar la razón?. Y hallándola, ¿quién no presta su adhesión?, y dado este paso ¿quién no desea padecer ?” (Apolog. 50 ).No cabe dudar de la eficacia misionera del martirio ; baste citar la frase célebre de Tertuliano : “ La sangre de los mártires es semilla de cristianos.-

    ¡Qué lejos estamos de imitar la entrega total y absoluta del apóstol - mártir Santiago, nuestro patrono!. Indudablemente se mantiene viva la tradición , nacida en el medio evo, de hacer el camino a la tumba del Apóstol, pero el camino fundamental es ese itinerario interior a lo íntimo de nuestro propio yo, para adentrarse verdaderamente por la ruta de un cristianismo evangelio, donde exista más vida que elementos exteriores. Ciertamente el hombre no puede prescindir de los signos ni  símbolos. Pero a menudo estos han perdido su sentido más profundo y originario. Ciertamente nos duele, fuera de este año, al coincidir con el domingo, que en Madrid y otras comunidades el día de Santiago no sea fiesta...Pero el verdadero sentido de honrar al patrono se lleva en el espíritu y en la Eucaristía de un día laborable - a efectos “civiles” - podemos testimoniar, quizás más profundamente, el verdadero sentido del seguimiento de Cristo, a imitación del Patrono de España. .

 

    En estos momentos difíciles por los que atravesamos los españoles pidamos al Apóstol, coraje para enfrentarnos a las situaciones con seriedad, responsabilidad y justicia, pero dejando, a un lado, el miedo a la marginación de principios religiosos. Creo que nos entendemos todos. Una “Eucaristía es siempre pedir perdón todos a una, ofrecimiento de nuestras vidas y acción de gracias ;con el propósito firme de comenzar, cada día, una creatividad nueva tanto en el orden individual como, sobre todo, en esta festividad, en el social. 

 

Quiero citar unos versos maravillosos, según mi modesta opinión, de León Felipe

 

ROMERO SOLO

 

Ser en la vida

romero,

romero sólo que cruza

siempre por caminos nuevos;

ser en la vida

romero

sin más oficio, sin otro nombre

y sin pueblo...

ser en la vida romero... romero... sólo romero

Que no hagan callo las cosas

ni en el alma ni en el cuerpo...

pasar por todo una vez,

una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.

 

 

(León Felipe) Versos y oraciones del Caminante

 

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

     La primera lectura nos presenta el comienzo de un libro bíblico maravilloso: “El Eclesiastés”. Es la obra de un sabio erudito que se encuentra en la encrucijada de pensar sobre el problema del mal y del sentido fundamental de la vida; está escrito en el siglo III A. C., en tiempo de los Ptolomeos en los que Israel ha comenzado a recibir la corriente humanística y no se ha producido la fe y esperanza que caracteriza  a las generaciones de los Macabeos. El autor no tiene una línea programática de pensamiento, sino que se mueve en una serie de variaciones sobre el sinsentido profundo de la vida. Todo, nos dice, es falaz: la ciencia, la riqueza, el amor y, sobre todo, la vida misma. Lo que llamamos existencia, no es sino una forma de pasar, más mal que bien, por acontecimientos que  no dominamos y que dan paso irremediable a esa vejez del chocheo y después a la muerte irremediable… ¿Qué hay después de la muerte?... No existe una respuesta clara a esta pregunta y es interesante leer el final de este pequeño libro, que repite con otras sugerentes palabras el mismo comienzo: “Vanidad de vanidades, todo vanidad”.

    A partir de los libros de los Macabeos ya se admite una vida plena en el Señor después de la muerte, con bastantes, sin embargo, reticencias, reacuérdese el movimiento de los “saduceos”, Desde esta perspectiva Pablo nos recuerda que la vida terrena tiene unos valores incontestables y que en ella nos hacemos dignos de la vida en el más allá. Ambas dimensiones de vida se configuran en la unión en la muerte y resurrección de Cristo – primer bautismo – y en el segundo y definitivo bautismo en el paso de la vida a la muerte: muriendo definitivamente la muerte de Cristo y resucitando con Cristo para toda la eternidad.

    El Evangelio tiene una indiscutible actualidad en nuestras sociedades occidentales del bienestar. La Economía Política tiene vigencia únicamente en un mundo de recursos limitados, pues se trata de un organización coherente de los mismos. Hoy la repartición de las riquezas supone un escándalo a nivel mundial. Mientras muchos países gozan de un nivel de vida extraordinario, la mayoría, sin embargo,  no puede solucionar los problemas más perentorios: el de comer y beber y protegerse con sencillas vacunas contra las enfermedades cada día más acuciantes. ¡Qué tristeza da contemplar que los países ricos se planteen el poder en un futuro llegar al 0,7 del PIB para remediar las carencias de los países pobres, cuando no míseros!. La avaricia de la que nos habla el evangelio se llama hoy capitalismo – no pongamos adjetivos – pues todo capitalismo moderno tiene la característica de salvaje. De que ha servido que los Papas y, en este terreno, la valentía de Juan Pablo II es manifiesta, nos hablen de repartición y de los deberes - no de caridad, sino de justicia - de compartir solidaria y fraternalmente los recursos…

    La parábola del rico que levantó nuevos graneros para poder almacenar la cosecha y la enseñanza de Cristo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida”, nos recuerda esos grandes capitales a nivel mundial que dominan no sólo la economía, sino la política ya globalizada… Como no se contemplan en vivo las necesidades concretas de los países del Sur, ni se es consciente en que se emplean las ganancias de la grandes multinacionales, nadie se siente culpable cuando parte de su dinero lo emplea en esas sociedades anónimas en donde todo es de todos y de nadie, en general, concreto. La cultura del “pelotazo” en el terreno bursátil ha sido la gran ilusión de aquellos que tenían dinero para intentar  multiplicar sus inversiones. La realidad, gracias a Dios, ha sido inexorable y tantos valores que subieron hasta las nubes, los hemos visto bajar y bajar – no hace mucho tiempo – en las bolsas mundiales. La facticidad de los hechos negros del capitalismo tiene, en sus repercusiones negativas, grandes enseñanzas: “lo árboles no suben hasta el cielo”. Pensemos en tener un vivir bueno pero austero, pues no olvidemos las Palabras de los libros Sapienciales: “ no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”,

    Nuestros hijos tienen demasiado, les hemos dado lo nos pedían sin mirar el sentido educativo en los valores de solidaridad…y, sin embargo, vagan por esos mundo de Dios buscando amistades con las que puedan pasar el rato y abrirse, a menudo, de mala manera a los demás… Sus padres no tuvieron tiempo para escucharles sencilla y tranquilamente.

¿Qué hacemos con los hijos?. ¿Qué hacemos con los padres? 

 

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

    Las lecturas de este domingo están totalmente centradas en la fe. A medida que pasan los años la meditación personal va consignando las palabras de Pablo cuando se acerca la hora de su partida al Padre. “He combatido mi combate, he corrido mi carrera, he conservado la fe”. Conservar esa virtud que se nos infundió en el bautismo por la que nos integramos a Cristo, es la única esperanza de cara al futuro, cuando las realidades de este mundo van pasando, dejando restos en el alma de alegrías y penas, triunfos y fracasos…

    ¿Qué es la fe, en el sentido religioso de la palabra?. El autor de la Carta a los Hebreos nos la describe, de este modo, en la segunda lectura: “seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”; a continuación, siguiendo el movimiento bíblico del recuerdo presente en la historia va repasando los ejemplos de fe en la Historia de la salvación. Abraham, el creyente contra toda esperanza aparece – véase Pablo – como el paradigma y canon de la fe; van pasando, posteriormente y de modo pormenorizado, los grandes personajes del A. T: Jacob, Isaac, Sara.

    Fe significa, al mismo tiempo, el acto de por el que realizamos la conversión a Dios y conseguimos la salvación y el objeto de la fe. La fe va unida íntimamente a la confianza y espera, primariamente, en Dios mismo y, después de la resurrección, en Cristo en cuanto que en Él se manifiesta el poder de Dios. De esta forma Jesús se convierte de portador del mensaje en contenido del mismo y pasa a ser de predicador a objeto de la predicación: Jesús es confesado como el Kirios Cristus.

Fe como acto de la persona. El acto de fe, ha de ser un acto de compromiso y decisión  de todo el hombre en lo que le constituye como centro más íntimo y radical de la persona(cor, Agustín; mens, Tomás); en él se da una unidad indivisible entre libertad, conocimiento y amor. La fe, por lo tanto es un encuentro personal con Cristo, que le coloca al hombre en una perspectiva de cara a Dios, a su persona y al mundo; bajo este punto de vista se puede llamar la fe no sólo acto personal, sino radicalmente personalizante. La fe en el “Otro”, como asentimiento a la persona de Cristo que se revela, comprende al mismo tiempo lo revelado y puede ser por ello calificada como fe en “algo” o en el mensaje. La Fe en la doctrina se fundamenta en la fe en la persona, mientras la fe en la persona es confirmada y respaldada  por la fe en la doctrina. (Fries).

    Cuando se contempla la realidad de nuestro mundo no secular, sino secularizado; no laico, sino laicista, nos surgen a todos lo que intentamos predicar, desde nuestro pleno convencimiento personal, la buena noticia del Nazareno diversas preguntas, comenzando por la de la eterna paradoja de la figura excelsa y maravillosa de Jesús de Nazaret – el hombre que no tenía donde reclinar la cabeza – admitida por  prácticamente todos los hombres, y el desprecio o mejor dicho la beligerancia, cuando no la indiferencia despectiva por la Iglesia… Ciertamente que muchos miembros de la Iglesia somos indignos y, algunos, hemos provocado con nuestra incoherencia su rechazo a nuestras pretendidas, en su visión, creencias…, pero esta Iglesia – de santos y pecadores – ha hecho posible la guardia y predicación de la figura de Jesús, sin mutilaciones de esos Evangelios que son los que nos juzgan a todos los miembros de la Iglesia. Cuando se estudia las manipulaciones, más o menos camufladas, de Lenín sobre Marx y las clarísimas de Stalin sobre Lenín, uno piensa en el milagro del Espíritu de conservar las palabras evangélicas más duras sobre la pobreza, la sencillez, las mujeres públicas…, por miembros insignes de esa misma Iglesia que, a pesar de sus vidas contradictorias, jamás se atrevieron a tocar los textos sagrados. También debiéramos reflexionar que el carisma de la jerarquía, en su grado episcopal con el Papa, no es el de la santidad sino el de conservar la verdad íntegra y sin glosas. El Hombre más representativo de la religiosidad del siglo XII, no fue un Papa del mismo, sino el pobre de Asís y sus hermanos que nos abrieron los ojos de la historia para poder contemplar la felicidad de aquellas personas que, no teniendo nada, conservaban la paz en sus conciencias y creían – a pesar de todas las dificultades – en la providencia de Dios sobre el mundo, de ese Dios que cuida de los lirios del campo y de las aves del Cielo y que nos enseñaba a no pensar en el día de mañana.

    El tema es tan sugerente que prometemos volver sobre el mismo con preguntas como: ¿Perdimos la fe o no la tuvimos nunca?. ¿Cómo fue nuestra formación religiosa?. ¿Nuestra cultura religiosa fue suficiente para respondernos a las cuestiones que nos planteaban los tiempos modernos?. ¿Cómo impartimos nuestra catequesis a los adolescentes, jóvenes y adultos?. Estos temas están en la calle y todos podemos ayudar a los sacerdotes en la nueva evangelización… España, no lo olvidemos, es un país de misión. 

 

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

Asunción de María

Espero en la resurrección de la carne

 

    El 1º de Noviembre de 1950 Pío XII proclamó solemnemente, con gran jubilo de la comunidad católica, el dogma de la Asunción de María, es decir, su pascua: “al final de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma al Cielo”. Una tradición histórica subterránea en los primeros seis siglos, había dado paso a una explicitación más clara y distinta de este dogma tan consolador para los hombres, que somos cuerpo.

    Toda la historia dogmática sobre María, da al misterio de la Madre de Dios un sentido cristológico. Se podría afirmar incluso que la iglesia primitiva formula los dogmas cristológicos, también, en terminología mariana: Humanidad de Cristo – Maternidad de María; La persona de Cristo formada en dos naturalezas – María Madre de Dios; Resurrección de Cristo – Asunción de María como la primera redimida.

    Hoy es el día de sentirnos unidos a nuestra madre, pues ella es verdaderamente persona humana y su persona participa, también en su cuerpo glorioso, de la gloria del Padre. Una filosofía fundamentalmente dualista había despreciado la función del cuerpo al asimilar su concepto con el término materia…; somos cuerpo y queremos que nuestro cuerpo, del mismo modo que en esta tierra en dimensión espacio temporal ha participado de todos los avatares de la persona, participe también en esa glorificación final en donde Dios será todo en todos. Maria es por fin símbolo real y el prototipo de la redención, al ser la realización destacada de lo que constituye la esencia del ser redimido: “el llegar a ser conformes a la imagen de su hijo”.(Romanos 8,29).

    Estamos en un mundo, en el que la creencia en Dios y en Cristo ha quedado relegada – en muchos casos – a unas costumbres validas en otras etapas de la historia y hoy, se dice, felizmente superadas. El hombre nuevo creador de sus propios valores y hacedor de una tierra nueva en donde reine la justicia y la paz era la esperanza de la ideología humanamente y en el orden teórico la más profundamente humana: el marxismo. Había que escoger entre Dios y el hombre, añadían, y estos pensadores del XIX y XX optaron por el hombre; lo contrario constituía una perdida, es decir, una alienación de la característica más propia del hombre: la libertad. El ateismo se mostró no como una negación de Dios, sino como una necesidad del hombre para que llegara el reino de las identidades perdidas: del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza”.

    El final del siglo XX contempló el fracaso práctico del existencialismo y marxismo y nació un pesimismo más profundo al contemplar la agonía del hombre y sus valores…; los pretendidos igualitarismos se veían cada día más alejados… El enemigo del hombre no era Dios, sino el egoísmo de esas colectividades que llamamos “Estados del Primer Mundo” frente a los cuales se alzaban, como males endémicos, los llamados del Tercer Mundo. La paz después de la segunda guerra mundial se truncó primero por los dos bloques y, posteriormente, por el reinado absoluto de un capitalismo “cuasi salvaje” y unos Países dependientes totalmente del mismo. La descolonización de los países dio paso a unas fronteras – basas en razones de conveniencia – y en unos gobiernos títeres del mundo occidental.

    La virtud de la caridad (amor), característica del cristianismo, no se puede  realmente predicar al faltar el fundamento en que se apoye: la “justicia” en el sentido más pleno de la palabra. Hoy África está  asolada de guerras no declaradas y olvidadas al ser moneda corriente en lugares en los que los que los intereses económicos impiden tomar partido por la justicia. Judíos y Palestinos luchan sin tregua, pues las advertencias y condenas claras de la ONU no se cumplen por determinados vetos de todos conocidos… Que decir del hambre en la India…, China… etc.

    Ante estas miserias, Madre de los pobres y asunta al Cielo, con el corazón roto y un grito de estopa en la garganta te pedimos que pronto se cumpla el artículo del Credo: “Espero en la resurrección de la carne”…   

 

Domingo XXI tiempo ordinario

“tuve hambre, sed, estaba desnudo y…

       La primera lectura de este domingo tiene carácter escatológico, es decir, de las ultimidades: “así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mi presencia – oráculo de Jahvé – así permanecerán vuestra raza y vuestro nombre”. Este es el fin al que está llamado Israel al final de los tiempos, visto en perspectiva de Isaías en el Exilio.

        Toda la vida del cristiano está marcada por un doble movimiento inherente a la condición humana e histórica: Creados por Dios para vivir en una unidad perfecta del hombre con el hombre, con la naturaleza y, sobre todo, con el Creador, siempre surge la tentación humana de “querer ser dioses por su propia fuerza”; la tentación babilónica de “dispersión” se repite en todas las etapas de la historia a nivel individual y colectivo… Frente a la tentación Dios llama constantemente al hombre por medio de los patriarcas, profetas y, sobre todo, por su propio Hijo, y su mensaje se repite en términos de “reunir”. Dispersión y reunión son las dos categorías que nos marcan nuestra propia historia personal: “Tan pequeño y tan pecador repite Agustín y,  con él,  cada uno de nosotros. La parábola del hijo pródigo es siempre el paradigma de la fáctica condición  humana”.

        El Evangelio nos habla de la salvación, y la pregunta de si son pocos o muchos los que se salvan no parece merecer una respuesta directa de Jesús. En la vida hay que esforzarse por cumplir la voluntad de Dios, que nos constituye en la felicidad a la que podemos aspirar en este mundo. La felicidad supone poseer y ser poseídos del Dios de la paz; esta paz, sin embargo, es de tensión y de esfuerzo para lograr  nuestro bien  y el de nuestros hermanos. No es lo mismo orden y paz…; en el orden se da la aparente paz silenciosa de los cementerios, para conseguir la paz de nuestras conciencias y la paz entre las naciones ha de darse una continua búsqueda, que haga posible un diálogo armonioso con nosotros mismos y con los demás. Sólo, por consiguiente, conseguirán la paz los que la buscan y creen que la concordia, que aparece como imposible en estos tiempos de guerras intestinas, es posible, pues siempre hay tiempo para poder reunirse indefinidamente para poder encontrar unos equilibrios, siempre difíciles, pero por los que merece la pena de esforzarse. La bienaventuranza del Nazareno expresa claramente lo que les aguarda a los hacedores de la paz: “ser llamados Hijos de Dios”.

        De cara al más allá siempre nos movemos en un misterio en que se trata de conjugar la bondad de Dios Padre y el libre albedrío del hombre: el poder decir no con la misma fuerza de Dios. Jesús nos advierte que la justicia divina poco tiene que ver con los cumplimientos exteriores y las funciones – grandes o pequeñas – que hemos realizado como cristianos y, quizás, en el mismo nombre de Cristo: “hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”… “no sé quienes sois repite Jesús”. Frente a los comportamientos externos se encuentran los verdaderos adoradores de Dios, que siempre se mueven en una dialéctica de  búsqueda y encuentro: “Cómo te hubiéramos buscado si no te hubiéramos encontrado”, nos dice Agustín, y las palabras de Cristo son bien significativas: “Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán en la mesa en el reino de Dios”, pues habrá últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

        Recordemos las palabras del místico: “Al caer de la tarde nos examinarán de amor”, y amor es entrega total absoluta e incondicionada a Dios a través de los hermanos que nos rodean; en ellos es donde se encuentra presente Cristo que vive entre nosotros: “Tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo…” ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, dirán sorprendidos los elegidos y rechazados: y  ambos escucharán esa voz que clama siempre con la justicia amorosa desde una cruz: “Cada vez que lo hicisteis por uno de estos hermano por mi lo hicisteis o no lo hicisteis”. Ni los bendecidos por Dios sabían que lo hacían por Cristo, ni los rechazados intentaban rechazar al Señor. La Encarnación supone tomar partido preferencial, a la manera de Jesús, por los pobres, débiles, ninguneados, por la escoria de este mundo a los ojos de los poderosos, por pecadores que sufren por su continuas caídas e intentan levantarse: “Las mujeres públicas os precederán en el Reino de Dios”.

Sembremos amor a todos y a todo y nos recibirá el Dios amor que se entregó por cada uno de nosotros y sigue padeciendo los males de sus hijos y hermanos de Cristo.

 Una concepción más adecuada de la vida trinitaria implica, por fin, que no sólo sufre el Hijo, sino, con Cristo, el Padre y el Espíritu Santo. 

Domingo XXII tiempo ordinario

“El que se enaltece será humillado,

y que se humilla ensalzado”

 

        Siempre ha sido una característica de los sabios la sencillez y la humildad, desde Sócrates, genio de la inteligencia y prudencia al máximo, hasta los grandes hombres de nuestro tiempo, que obtienen los premios Nóbel – sobre todo en ciencias -. Ciertamente que los llamado sabios conocen sus propios saberes, pero precisamente por conocerlos, perciben en lo más profundo de su inteligencia y corazón lo que desconocen: todo problema resuelto nos abre a cien nuevos problemas sin resolver… El saber que no se sabe verdaderamente nada, es la marca que caracteriza a los que han sido unos jalones en las artes y las ciencias.

        Sólo los humildes – los que conocen su limitación – pueden abrirse al Trascendente, es decir, a Dios.

        Surge sin embargo una pregunta planteada por Husserl en el lecho de su muerte: “Si existe Dios como podemos conocerle”. El concilio Vaticano Primero nos enseña que la Naturaleza humana puede, teóricamente, demostrar a Dios, pero en las actuales circunstancias para un conocimiento asequible a todo hombre es necesaria la revelación; es decir las Escrituras… Si queremos conocer lo que es Dios cojamos la Biblia y, sobre todo, el Nuevo Testamento y en su lectura reposada comprenderemos lo que Dios nos dice de sí mismo.

        La antigua teodicea nos mostraba un Dios no demasiado diferente de aquel que nos anunciaban los teístas, siguiendo las trazas del viejo Aristóteles: Primer motor inmóvil, y del que nos dice Voltaire: “No hay reloj sin relojero, ni mundo sin Dios”. Pero ante ese Dios ni se baila ni se reza…, nos dice bellamente Heidegger y la segunda lectura de la liturgia de hoy nos habla de una Dios cercano, que no se muestra ni en las tormentas ni en los nubarrones, ni en sonido de trompeta, sino en la persona de Cristo, único mediador entre el hombre y Dios y cuyo nombre significa: Salvador o liberador.

        El Evangelio de hoy es una muestra de cómo Jesús de Nazaret va a superar todos los esquemas antiguos sobre Dios. Cristo el puro, pero jamás puritano, se deja invitar por los fariseos, aun sabiendo que le están espiando… Él mientras tanto observa como los convidados que intentan escoger los primeros puestos…, las palabras de Jesús no tratan tanto de esa prudencia humana en el escoger para no ser avergonzados, sino con motivo de ella mostrar que ante Dios “todo el que se humilla será enaltecido y el que se ensalza humillado”. Hace 50 años, no siendo todavía sacerdote, me acerqué a visitar los lugares de “Teresita de Lisieux, aquella santa a la que debo, en gran parte, mi vocación sacerdotal. Al contemplar la Basílica me llamó la atención lo escrito en el frontispicio de la misma, que son las palabras de Cristo mencionadas… Contemplaba aquel convento, aquella niña, que muere a los veinticuatro años, no comprendida por casi nadie, pero con una idea de Dios que va  marcar la espiritualidad y teología del siglo XX: La infancia espiritual, la sencillez y confianza ante Dios. Cuando uno lee a los grandes teólogos conciliares ve, con la sorpresa de Dios, la devoción entrañable de un Congar, Lübac, Philips etc… La comprensión ante los pecadores, la apertura al ecumenismo, la concepción de la iglesia, estaban presentes en la vida de oración de aquella niña del Carmelo, hoy Doctora de la Iglesia.

        Por último la enseñanza de Cristo sobre el comportamiento de  los cristianos con respecto a nuestros hermanos difiere tanto de nuestras costumbres, que a penas podemos aguantar la lectura sin que nos remueva el corazón. Si en la sociedad en la que nos movemos nos comportáramos de la manera que nos dice Jesús, entonces verdaderamente todos los que están en nuestro entorno verían la gracia del Espíritu en nuestra vida. ¡Qué lejos estamos del pobre de Galilea que no tenía donde reclinar la cabeza, pero poseía el Espíritu!. Tengamos los predicadores la valentía de proclamar desde nuestras iglesias, sin temor a escandalizar, las palabras:

        “Cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.

 

Domingo XXIII tiempo ordinario

“¿que hombre comprende lo que dios quiere?”

         El texto de la primera lectura se inspira en la oración de Salomón, que aparece en el 1º de los Reyes cp.3º. En él se encuentra la debilidad del hombre para poder conocer la voluntad de Dios sobre su vida, debilidad que se atribuye a un cuerpo corruptible – la visión dualista de la filosofía neoplatónica es manifiesta – y se puede superar gracias al Espíritu que habita en nuestros corazones y nuestro espíritu. Los condicionamientos del hombre de hoy se deben tanto a su cuerpo como a su espíritu; descendemos no de unos espíritus puros, sino de hombres que nos han marcado por vía genética muchas de nuestras inclinaciones, que nos arrastran al egoísmo. Hoy, sin embargo, tanto o más como a los condicionamientos biológicos han de considerarse los de la cultura… Nacemos en una Nación determinada por los avatares de una historia que nos precede y nos acompañará toda la vida; nuestro hogar está marcado por la vida y costumbres – positivas o negativas – de nuestros padres y hermanos. El ambiente de la escuela, la Universidad y lugares de trabajo nos acompañarán durante toda la vida… Ciertamente podemos poner en tela de juicio todo lo recibido, pero siempre condicionados y desde lo recibido. La pureza de una conciencia sin presupuestos hace tiempo que dejó de ser el ideal en el que pensara el primer Husserl. Ciertamente somos libres, pero no en todas las acciones y menos aún sin grandes condicionamientos.

        La oración del A.T y Nuevo testamento se puede resumir en la “Oración por antonomasia” del Padre Nuestro, en que nos dirigimos a Dios pidiendo, después de una invocación de alabanza, que venga su reino, que se haga su voluntad y nos libre del maligno, La Iglesia siguiendo el espíritu de Jesús comienza toda la liturgia solemne por la invocación del Espíritu Santo, en el que creemos, por el que nos sentimos ayudados y del que esperamos la fuerza necesaria para poder llevar una vida recta. ¡Ojalá nuestras oraciones en los momentos fundamentales de la vida diaria, que aprendimos de los labios de nuestros padres, nos las olvidemos, sino que enseñemos a recitarlas a nuestros hijos! La crisis más radical por la que estamos pasando en el mundo contemporáneo es la no existencia de la familia, al no existir el hogar, que siempre es fuego, calor, diálogo profundo y afectivo entre padres, hijos y hermanos. Las casas son un lugar de comer juntos – cuando se puede- y de dormir… y poco más, la figura del padre, de la madre y de los hermanos ha quedado relegada a un papel totalmente secundario. La frase más dura con la que podemos traducir esta situación es, a mi modesto entender, aquella que dice: “A mis padres y hermanos me los dieron a mis amigos los elegí”. El apostolado con los matrimonios jóvenes es la tarea más urgente de nuestras parroquias, pues a las catequesis vienen los niños para celebrar unos ritos, que no van a ser compartidos en el futuro por sus padres… y después de tres años, realizada la primera comunión, se morirán poco a poco aquellas enseñanzas y vivencias… Mis padres no me traen a mi misa me llevan a… repiten las crituras…

        La segunda lectura nos pone ante nuestros ojos el peso de la historia en las doctrinas, aun las de  derecho natural. Se trata de Onésimo, esclavo, que ha huido de su amo. Pablo le pide a su critiano amo que lo reciba como hermano y a él le indica que se comporte como un buen esclavo. El peso de la esclavitud estaba tan arraigado que van a se necesarios muchos siglos para sacar las consecuencias lógicas de la doctrina cristiana, en la que afirmamos que todos somos hijos de un mismo Padre y, por consiguiente, hermanos e hijos de Dios, que debemos gozar de conciencia y libertad interna y externa para poder ser sencillamente hombres. La abolición de la esclavitud duró hasta bien entrado el siglo XIX y existe aún, más o menos camuflada, en ciertos países de África. La esclavitud en sentido amplio se da todavía en los países en donde los hombres no han obtenido los derechos fundamentales de su condición y dignidad humana.

        Del Evangelio oigamos estas palabras que nos juzgan a todos:

        “El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. ¡¿Cuántos discípulos tiene, en la hora actual, Jesús de Nazaret?!

 

Domingo XXIV tiempo ordinario

La oveja perdida…

         ¡Que consoladora es la primera lectura para los hombres que nos sentimos débiles, pobres y, sobre todo, pecadores!. Todos nosotros hemos construido nuestro pequeño – somos mediocres – becerro de oro al que damos culto. Ayer como hoy se dan esas almas puras y limpias, verdaderos mediadores de Dios, que interceden por nosotros. En el orden eclesial sacramental contemplamos a esos sacerdotes que, con sus defectos y pecados, son instrumentos de Dios para reintegrarnos a su gracia y a la vida divina; son los Moisés que piden perdón por sus propios pecados antes de pedir por los del pueblo al que sirven. Como sacerdote hoy quisiera dar gracias a esos sacerdotes seculares de nuestros pueblos y ciudades que fueron, hay excepciones, un paradigma de una vida entregada a los demás y que sembraron en nosotros una vocación maravillosa, por la que nos sentimos repletos de paz y alegría – en medio de las dificultades – y somos llamados por tantos  fieles sencillamente padres…

        La segunda lectura nos muestra como el perdón de Dios es fuente de total rehabilitación de la persona. ¡¿Quién de nosotros hubiera nombrado a Pedro – el que negó al Señor con juramento – piedra angular de la nueva comunidad cristiana?! En esta carta al discípulo predilecto Timoteo, Pablo al caer de la tarde de su vida le da unos consejos pastorales, que comienzan por recordarle lo que fue su existencia antes del encuentro con Cristo: blasfemo, perseguidor y violento. Nuestra prudencia hubiera creído más oportuno obviar o disimular su vida anterior, pero a Pablo le interesa acentuar que todo es gracia de Dios y que Cristo se fió de él. Pablo es modelo, por que en su persona se puede contemplar la paciencia de Jesús y a Cristo que vino al mundo para salvar a los pecadores; Pablo fue el primero, en el que derrochó su gracia dándole la fe y el amor cristiano.

        Por mucho que nos hayamos alejado de Dios, por grandes que sean nuestros pecados, jamás desconfiemos de que Dios nos quiere siempre como el Padre; nosotros podemos separarnos de Dios, pero él jamás se separa de nosotros. Cuando veamos a esos jóvenes y aun adolescentes que ni tienen conciencia de sus egoísmos y viven en una vida no inmoral, sino amoral, que llenan nuestras calles y plazas, pensemos que la gracia del Espíritu se está dando también en ellos y son precisamente ellos a los que se ha de predicarse la palabra de Dios, que puede llenar su vida de un sentido profundo que conlleva la felicidad y la libertad a la que siempre aspiraron por caminos errados. Son los chicos y chicas del botellón y del hachis, cuando no de las drogas más duras, ellos se encuentran vacíos y esperan – aun sin saberlo – a alguien que los escuche. No tengamos miedo al fracaso…, lo importante para los padres, educadores y sacerdotes es ir sembrando – a su manera de entender – una pequeña semilla de comprensión y de amor sincero que algún día fructificará. Uno es le que siembra y otro el que recoge, decía Jesús de Nazaret, quien no sólo creyó en el ser humano, sino que dio su vida por todos los hombres de todas las épocas.

        El Evangelio narra con tres parábolas el amor de Dios a todo pecador: la oveja perdida, la moneda extraviada, y el hijo pródigo. Hoy, siguiendo el hilo conductor de este sencillo comentario, quisiera insistir sobre la oveja perdida. En ésta se invierte , en nuestros tiempos, el orden evangélico. Nos hemos quedado con el pequeño rebañito al que cuidamos y alimentamos, a veces, de una forma  relativamente exagerada, mientras la mayoría de las ovejas vagan sin que nadie se interese por ellas, como ovejas sin pastor. En muchas ocasiones el apostolado de ordenes, congregaciones, movimientos… se mueven en torno a ese pequeño rebaño y pasan de un movimiento a otro… Pescamos siempre en el mismo estanque y dejamos los demás estanques a los que nadie osa, por miedo o temor al rechazo, de echar las redes.

        No es fácil pensar lo que haría Jesús por esas ovejas maltrechas, enfermas y moribundas, pero ciertamente su comportamiento – a tenor del Evangelio – sería mucho más entregado a su búsqueda, dejando pequeños motivos de posibles escándalos!!!. ¡Cuántas veces alrededor de nuestros mismo templos, se encuentran los chicos y chicas del botellón…, acerquémonos a ellos con una sonrisa, saludémosles y aunque se puedan reír de nuestra ingenuidad…, la gracia siempre obrará en ellos. Creamos en la bondad del hombre y en el amor de Dios a todo, digo a todo, hombre.

 

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

     ¡Que cercan están de nosotros los gritos del profeta Amos!. Este personaje sencillo, dedicado al pastoreo, sin pertenecer a las hermandades de los profetas, fue tomado por Jahvé para predicar a Israel sus delitos y pecados. Como todo profeta es exiliado, y vuelve de nuevo a su antiguo oficio de pastor.

    “Escuchad esto los que oprimís al pobre y despojáis a los miserables… Jura el Señor que no olvidará jamás vuestras acciones”.

    El reinado de Jeroboán  en el que habla nuestro profeta, se distingue por el gran esplendor del reino del Norte en que se da el lujo de los poderosos y el hambre y la necesidad de los pobres. El afán de dinero y de poder se ha enseñoreado de las ciudades de Israel hasta el punto que los ricos quisieran que no existieran las fiestas sagradas a fin de tener más tiempo para poder explotar a los indigentes. El esplendor de un culto lleno de hipocresía y falto de religión verdadera, encubre las injusticias del pueblo bajo… Estamos, querido amigos, en el siglo VIII ante de Cristo.

    El evangelio sigue la línea de Jesús con respecto a la pobreza: “No podéis servir a Dios y al dinero”. “El pobre para los evangelistas es un signo universal de la presencia de Cristo en medio de los hombres y el pasaje del Evangelio de Mateo de las bienaventuranzas corrobora esta toma de postura de Cristo con respecto a los pobres.

    Si miramos a nuestro alrededor hemos de admitir que, a pesar de las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia en sus documentos pontificios en relación a la justicia social, los pobres no tienen asignado el puesto que les debe corresponder en una “Iglesia de los pobres”. En las festividades más importantes tenemos, en nuestros templos, sitios reservados para las distintas autoridades, a pesar de la sepación sana de la Iglesia y del Estado. Inconscientemente muchas de nuestras Eucaristías en Bodas y Funerales de “Estado”, suponen la asistencia a las mismas como actos sociales…. ¡¿Puede haber absurdo y contradicción más grande que “la actualización de la muerte y resurrección de Cristo” – que tal es la Eucaristía –  se convierta en un acto social!?. Todos callamos, sin embargo, a pesar de tener ante nuestros ojos la figura de Cristo y de los Apóstoles… A este propósito siempre recuerdo el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que se narra como Pedro y Juan van al templo y encuentran en la “puerta preciosa” a un tullido que les pide una limosna… La respuesta de los dos discípulos de Cristo es tan sencilla como significativa para el tema que nos ocupa: “Ni oro ni plata tenemos, pero en el nombre de Cristo, levántate y anda”. Nosotros que somos todos Iglesia quizás no podemos decir, en realidad de verdad, que no tenemos oro ni plata, pero quizás tampoco podemos añadir “en el nombre de Cristo levántate y anda”

    Nuestro países ricos han encontrado el camino de poder competir en los precios y hacerlos bajar radicalmente, con el coste social de dejar sin trabajo a muchos de nuestros obreros, éste ha sido tan sencillo como inhumano: mandar que se hagan los productos en los países en donde la mano de obra es total e injustamente barata… Oprimimos a los pobres de aquellos países que necesitan vender su trabajo para poder subsistir malamente, cuando no empleando a niños de corta edad para que  las manufacturas tengan precios todavía más bajos. Cuando se contemplan esas maravillosas alfombras realizadas por niños de siete años, que son los únicos capaces de realizar “tal cantidad de nudos por centímetro cuadrado” gracias a la delgadez de sus dedos, y nadie clama contra tanta injusticia culpable; un grito de asco y desprecio se levanta en el corazón de los profetas – que existen –  de este occidente hipócrita, que todavía… nos habla de los derechos de los hombre y de los niños. ¿¡Podemos decir que nuestras sociedades son todavía humanas…!? Hace pocos días todos nos hemos angustiado, con razón, ante la matanza sádica y sin escrúpulos de los niños en Osetia del Norte…, al no tener compasión ni entrañas los terroristas ni aun de los niños inocentes y, sin embargo, la muerte de tantos millones de niños que mueren todos los años de un terrorismo, no por más camuflado menos real, que supone el hambre, la sed y los remedios más elementales como unas simples vacunas, no merecen la atención de unos gritos continuos en las sociedades del bienestar… Absurdo pero real

    Los cristianos creemos que en esos niños está muriendo Cristo en la historia concreta del mundo… ¿Iglesia por que duermes?. Y la Iglesia somos tú y yo, que leemos estas líneas y nos decimos cristianos… ¡¿Las semanas santas de Cristo de todos los días¡?. “Alguien sufre, Cristo sufre, alguien muere, Cristo muere. Cristo está en agonía hasta el final de los tiempos”(Pascal).

Sigamos llorando ante el film de la “Pasión” y pasemos de largo – como en la parábola del buen samaritano – como el sacerdote y el levita ante las Pasiones que se encuentran al salir del cine en nuestras mismas calles… ¿¡Seguirá la farsa!?  

 

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

    En este domingo continúa el tema de los ricos y el reino de Dios. Amós el sencillo pastor y profeta echa en cara la vida escandalosa de los habitantes de Samaría y Sión. Viven en un sibaritismo absurdo, caracterizado por sus lechos de marfil, por sus copiosas y excelentes comidas regadas con generosos caldos, mientras los pobres sufren y mueren en miseria en las misma ciudades. Se acabará, en el exilio próximo, esta vida de orgía de los disolutos.

    El Evangelio nos presenta la parábola del Nazareno dirigida a los fariseos, conocida desde la antigüedad como la del “Rico Epulón y el Pobre Lázaro. Siempre al caer de la tarde nos examinarán de amor y el examen del rico será ¡tan diferente al del pobre!…, que sus “estados” en el Reino estarán tan lejanos el uno  del otro como lo estuvieron, para dicha y desdicha, los de su existencia cotidiana en esta tierra en la que todos nos movemos y en la que hemos constituido un mundo tan diferente del programa al que Dios nos había invitado a ejecutar. El libre albedrío nos ha colocado en un mundo en el que, en lugar de manar leche y miel, se desarrollan las injusticias más profundas y los odios y rencores que de ellas dimanan.

    De esta parábola aprendemos que el Reino de Dios ha comenzado ya entre nosotros y sólo a través de nuestra encarnación y compromiso con el mundo – el mejor, pues el único en el que nos movemos – hemos de hacernos dignos de la plenitud de ese Reino en el que Dios será todo en todos. No busquemos milagros para comprometernos en nuestro compromiso de fe, sino que tomemos en nuestras manos las palabras de Dios en la Escritura y, a través de la historia de la salvación,  comprometámonos con las consecuencias que derivan de nuestra fe.

    De esa fe nos habla Pablo en esa epístola de un Padre – que morirá dos años después de esta carta –  con respecto a ese entregado discípulo, Timoteo, al que ha dejado la responsabilidad de varias comunidades en ese interregno en el que se va constituyendo, poco a poco, lo que será la estructura de la Iglesia con sus obispos y sacerdotes en comunión para regir el pueblo de Dios en marcha.

    Practica la justicia le dice Pablo… La justicia no es, estrictamente hablando el mensaje revelado por Jesús, sino la caridad y el amor; pero como condición de poder practicar ese amor, es necesario el cumplimiento previo de la justicia. ¿¡Cómo podemos hablar de amor en Irak… etcétera…, si no se cumplen por todas partes – hoy divididas por el odio – una justicia en la que los derechos y deberes se cumplan por las partes en conflicto!?.

    Practica la religión y la fe. El hombre religioso no es aquel que pretende dirigirse a Dios, sino el que se siente, en lo más profundo de su propio ser, religado a ese Dios “que hace que haya…” No preguntemos que haya ¿qué?.., pues el origen de la nuestra vida solo se puede asumir, en profundo respeto, con ocasión del don de la existencia que siempre hemos de asumir con sencillez de criatura. Pablo al fin de su existencia pudo expresar con estas palabras lo que es el compromiso de la fe: “He combatido mi combate, he corrido mi carrera y he mantenido la fe”. La fe no es algo que podemos tener o no tener, sino que, hablando con propiedad, la “fe nos tiene”. El hombre es cogido por la espalda por ese Dios que nos anuncia la maravillosa aventura de poder ser felices en grado sumo y desarrollar, de esa forma, nuestra propia personalidad, constituida por la conciencia y la libertad. ¿¡Qué poco proclamamos lo que supone la creencia y la fe a la juventud que nos rodea y que siempre habla de libertad!?. El núcleo del mensaje cristiano esta basado en la verdadera libertad. Dios nos ha llamado a ser libre y autónomos y no necesitamos como los héroes de la Antigua Grecia – cuya figura será siempre Prometeo – robar el fuego de los dioses, pues ese fuego - de libertad y responsabilidad en crearnos a nosotros mismos y así ser como dioses - nos ha sido ofrecido por el Dios creador y redentor por amor de su propio hijo… “Cristianos que poca cara de redimidos tenéis” grita Federico Nietsche, buscador hasta la locura de Dios, con la tragedia del que no ha recibido todavía la buena noticia. A menudo he pensado que hemos predicado no una fe alegre, espontánea y creativa, sino un  mero cumplimiento de unas norma morales, mercede a las cuales nos merecemos el Cielo…

    Volvamos al Libro y pongámoslo en las manos de nuestra juventud, para que descubra la maravillosa vida de Jesús, que no teniendo donde reclinar la cabeza, nos hablaba de los lirios del campo y de las aves del cielo… Nuestras comunidades ¿viven desde estas palabras o del temor de un Dios, no justo sino justiciero, que recoge donde no siembra y vigilante estricto, hasta la meticulosidad, de todas nuestras acciones?.

    Ama de verdad y haz lo que quieres…, decía Agustín de Hipona.

Domingo XXVII tiempo ordinario 

¡Señor, aumenta nuestra fe…!

        El profeta Habacuc  ejerce su apostolado al principio del siglo VII a.C. El libro que escribe está en total consonancia con los problemas que tú y yo nos planteamos y que, desde el hombre de la calle hasta los agudos pensadores, nos plantean todos los días sobre los males del mundo. Cuántas deserciones de la Iglesia podemos constatar a causa de una mal que se sufre en la propia carne o de las condiciones lamentables en la que viven la mayor parte de la humanidad, mientras una mínima parte de la misma escandaliza - por el derroche en fiestas y gastos fastuosos - a todo espíritu que sienta un mínimo de solidaridad fraternal. Nuestra Patria es y ha sido testigo de esos personajes del medio oriente con su petrodólares, que intentan comprarlo todo, objetos y personas, mientras sus pueblos mal viven en un silencio incomprensible. La falta de cultura hace posible que los pueblos permanezcan inmóviles y resignados, como si todo dependiera del hado y necesidad griega…

        Ciertamente no se puede simplificar el tema y lo que es de algún modo natural como los males y enfermedades, debidas a nuestra condición corporal, no se pueden comparar con el mal, llamado desgracia, que no depende tanto de nuestras libertades personales: Huracanes, lluvias torrenciales, sequías, plagas… En este mal, sin embargo, tampoco está exenta la estructura de culpabilidad del hombre…: viviendas frágiles, carencia de vegetación etc.. Los efectos de las desgracias naturales siempre les toca a los países más pobres y menos preparados… Siempre - por fas o nefas - sufren los mismos, es decir, los pobres y miserables.

        Dentro de la doctrina de los profetas, Habacuc es el único que se atreve a pedir cuentas al mismo Dios. Su raciocinio es bien sencillo: Judá y sus habitantes han pecado, pero ¿por qué el Dios santo (1,12) con ojos demasiado puros para soportar el mal, escoge a los caldeos para ejercer su venganza?. ¿Por qué Dios ayuda a castigar el mal por medio de otro mal más injusto?. La respuesta no es fácil de aceptar, pues supone la fe…; Dios omnipotente prepara la victoria final: “El justo vivirá por su fe”. Esta maravillosa frase será el tema central de la Epístola a los Romanos de San Pablo.

        La segunda lectura ha de ser escuchada en comunión religiosa con Cristo y con Pablo. El Apóstol está a punto de morir – año 67 – y como testamento espiritual para su fiel Timoteo, le recuerda como fue él escogido mediante la imposición de las manos y le pide que renueve siempre esa gracia y don recibido de Dios. Ser cristiano y apóstol es confesar ante los poderes de este mundo la fe en la buena noticia del Resucitado y, a pesar de los trabajos y padecimientos, no tener miedo a nada ni a nadie y unirse, con su padecimientos, al sufrimiento de Pablo y de Cristo. Siempre la vida del apóstol ha de sustentarse no en sus propia fuerzas, sino en el Espíritu que se derrama continuamente en nuestros corazones y nos permite amar y confiar en el Padre. 

        Hoy el ser cristiano y apóstol no tiene, gracias a Dios, ninguna relevancia social; pasaron los tiempos en los que la condición de creyente era un tinte de gloria y de alabanza social. Se promulgan leyes que son diametralmente opuestas a la moral cristiana y la enseñanza religiosa en la educación pública se contempla con un horizonte incierto. En estos momentos hemos de recordar, históricamente hablando, que la Iglesia  siempre ha visto multiplicar sus frutos en los momentos difíciles; las palabras de Cristo se dijeron también para los siglos venideros: “No tengáis miedo… Mirad los lirios del campo y las aves del cielo”. “No penséis en el día de mañana”. “Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nos pasarán”.

        Cuando se contempla la trágica separación total entre Iglesia y Estado en Francia a principios del siglo XX, se puede consignar que la ausencia total de enseñanza religiosa en toda la enseñanza pública, fue la ocasión de tener que organizar - en las parroquias - unas catequesis ejemplares, que hoy son el modelo para todos los países y cuya dirección esta encomendada a seglares bien formados, en teología y pedagogía. que han asumido las funciones que anteriormente ejercían los clérigos. 

        Pidamos al Padre, por medio de Cristo, que aumente nuestra fe..., esa fe que maravilló a los poderes del mundo en toda la historia; esa fe que dio fuerza y valor a los encarcelados en los campos de exterminio; esa fe que nos hace ver – a pesar de nuestras dudas con respecto al sentido de tanto mal absurdo – a Dios  en todo y en todos, principalmente en los momentos en donde su ausencia parece palparse en el ambiente de total indiferencia religiosa de nuestra ciudad secular.

 

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 ¿No ha vuelto más que un extranjero para dar gloria a Dios?

    La fenomelogía del agradecimiento (Balduin Schwarz) supone una relación del “yo y el tu” en el que el dador de un bien y el que lo recibe se encuentran en una relación maravillosamente misteriosa tanto en el dar como en el recibir, y el que lo recibe se ve impulsado a “dar gracias”. Dar gracias es, por tanto, en un existencial de emoción, que no sólo es sentimiento sino que declaración con – palabra, gesto, mirada, llanto – y ha de realizarse como acto social.

    El agradecimiento manifiesta la dependencia de los unos con los otros para convivir verdaderamente y supone la sencillez del humilde, que no se siente inferior en el reconocimiento del bien que ha recibido y que le permite realizarse más como persona. Nunca el soberbio podrá admitir que necesita de “otro” para ser el mismo y el dar gracias supone para él una virtud de los hombres, que no tienen la valentía ni el coraje de tomar su propio destino.

    Para el creyente todo fundamentalmente viene de Dios y la escritura tiene una expresión exquisita para expresar esa dependencia: “todo es gracia”. A lo largo de la vida vamos pasando por periodos en los que los hombres nos sentimos creadores de nuestra propia personalidad y lo somos ciertamente admitiendo que Dios nos ha constituido libres, hasta el punto que con la “fuerza de Dios nos podemos enfrentar al mismo Dios”. Misterio extraordinario del don de Dios significado en las palabras “vosotros sois dioses” sin necesitar como Prometeo –  el personaje del mito mas maravilloso de la tragedia griega – robar su fuego.

    La vida, sin embargo, es un juego en el que no siempre tenemos buenas cartas y cuando aparecen los achaques físicos – somos débiles, enfermos y mortales –, esa dependencia se nos hace más explícitamente manifiesta; experimentamos el depender de un hilo que nos remite a la oración o la rebeldía.

    Cristo tuvo la experiencia de la falta de gratitud en aquellos nueve leprosos que no tuvieron ni la necesidad ni la delicadeza de volver a darle las gracias, a pesar de haber sido curados de la enfermedad, entonces infamante, de la lepra. Uno sólo vino y era… samaritano, un hereje para los judíos. En la primera lectura del Libro de los Reyes se nos narra la misma curación de la lepra de Naaman el Sirio y su agradecimiento en ver, en ese signo milagroso, la mano del único Dios verdadero.

    San Pablo nos recuerda que el agradecimiento del cristiano consiste en una acción de gracias tal, que supone una verdadera incorporación a la vida de Cristo, a su muerte y resurrección: “Si morimos con él, viviremos con él, si perseveramos, reinaremos con él”.

    ¡Qué difícil es se agradecido en la vida de nuestro tiempo!. Recuerdo, a este respecto, el dicho de un buen amigo que - cuando alguien le comentaba - “fulano hablaba mal de ti” -, solía añadir extrañado, a veces, esta frase tan significativa: “no recuerdo haberle hecho ningún favor. Si el refrán castellano nos dice que “de bien nacidos es ser agradecidos” también el refranero tiene la contrapartida: “haz un bien a alguien y te ganarás un enemigo”.

    En nuestro mundo vivimos en pequeñas células, llamadas pisos, y entre los vecinos no existe el verdadero agradecimiento, al no darse una vida social en la que compartamos, como hombres, alegrías y penas, triunfos y fracasos. Nos contentaríamos con una buena educación y buenas maneras en el encuentro de todos los días con nuestros vecinos y ciudadanos. ¿Qué triste y, sin embargo, tan real, es que sólo en las fiestas cuando corre el alcohol nos miramos – bien o mal pero nos miramos –  los unos y los otros!. El botellón nos está indicando la falta de verdadero amistad y diálogo entre nuestros jóvenes, en los que la falta de un vocabulario rico, se suple con los consabidos “tacos malsonantes” y “palabras repetitivas”.

    ¡Ojalá los cristianos comencemos el amor al prójimo con un sincero comportamiento de cara a toda persona que se cruce en nuestros camino; que tengamos la delicadeza de dejar los puestos en los autobuses a los ancianos o personas que tienen alguna dificultad!. Se me dirá que el amor cristiano es y supone mucho más, pero no olvidemos que “estos detalles sociales” también son verdadero amor. Por último insinuemos que así como en el “dar gracias” entramos en contacto con los hombres, asimismo vale para el encuentro con Dios; en expresión afortunada: “las gracias le conocen”(Hölderlin).

 

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Cuando venga el Hijo del Hombre: ¿Encontrará esta fe sobre la tierra?

         Toda religión tiene distintas formas de dirigirse a Dios. El término común de las mismas recibe el nombre de “oración”, La oración principal del cristiano es el Padre Nuestro, cuya recitación en “espíritu y verdad” sumerge al cristiano en pleno misterio trinitario. La oración de los primeros cristianos era humilde, alegre, segura y perseverante. Toda oración – aunque sea individual –  tiene por su misma esencia un carácter comunitario, al ser alabanza y acción de gracias por el Hijo y recoger las intenciones de la iglesia entera con la mediación de Cristo, nuestro hermano mayor (Clemente).

        De todos es conocido la importancia que los mártires – testigos de Cristo – han tenido en la historia del cristianismo; el confesor de la fe expresa, como el protomártir Esteban, el diálogo continuo con Cristo bajo las torturas, y la experiencia de la presencia de Dios le va acompañando y robusteciendo visiblemente al mártir. En el siglo III surgen los primeros tratados sobre la oración, centrados todos ellos en el comentario extenso y pormenorizado  de el Padre Nuestro. Ha de destacarse por su importancia el tratado de Tertuliano sobre la oración cristiana. Cristo, dice este autor, es “el espíritu que previene, la palabra que enseña, la razón que vivifica”. El Padre Nuestro, añade Tertuliano, es “el compendio de todo el evangelio” y la oración va unida ciertamente de los gestos – genuflexión, postración etc. – pero también del ayuno y de la hospitalidad. Agustín nos recuerda el carácter eclesial de toda oración, especialmente del padrenuestro, al que llama “sacramento”. La oración de Cristo es la nuestra, y la nuestra pasa a ser la de Cristo. La oración que aparece en sus Confesiones nos manifiesta la experiencia espiritual y mística del obispo de Hipona, en la que su la vida se mueve en torno a una oración humilde, constante y perseverante. Resumiendo: para los padres el hombre de fe ha de vivir la vida en la oración y la oración en la vida.

        El hombre de nuestro tiempo ha perdido, en gran media , la experiencia de Dios en el horizonte de su existencia; no sólo el agnosticismo y el ateismo creciente se apodera de la sociedad, sino que en los mismo cristianos se da un falta de encuentro con Dios que supone toda oración. Dios sólo habla en el silencio y la oración más profunda en el Nuevo Testamento no es tanto hablar con el Padre, sino escuchar al Padre. Cristo es el “el oyente de la palabra” y para oír la palabras de Dios hemos de crear un clima en donde el ruido interior esté, si no suprimido, por lo menos controlado.

        Es curioso observar que los cristianos, en la mayor parte de las ocasiones, acuden a dios en los momentos difíciles de su vida, en espera de obtener esas gracias, cuyas carencias se manifiestan en la existencia, sobre todo, de orden material: salud, enfermedades, trabajo… ¡Qué pocos piden por su vida interior, para tener un corazón más limpio y una purificación profunda en todas sus actitudes ante la vida!. Nos movemos tanto de lo que el poeta llama tierra…:”Eso que tengo de tierra”, que los favores espirituales quedan en segundo plano.

        Lourdes no es fundamentalmente un lugar en el que se dan “signos o milagros de orden corporal”, sino principalmente un espacio, en donde la oración y la petición espiritual está siempre presente. ¡Cuántas veces hemos escuchado, en esas largas noches frente a la gruta, este clamor: que se curen los que más lo necesiten!. El retorno de los espíritus a Dios, al que se había abandonado; la vida de gracia que se derrama mediante el sacramento de la reconciliación y el culto centrado en la Eucaristía son los signos de la Presencia de Dios en ese lugar no de milagros sino fundamentalmente de gracias interiores.

        Los jóvenes han perdido el sentido de la oración, al carecer de la vivencia de Dios en su vida. Frente a un mundo amoral en el que nos movemos, en donde todo se compra y se vende y las personas se reducen a objetos de uso y disfrute, los cristianos hemos de ofrecer espacios de meditación en los que nuestros jóvenes encuentren un poco de paz y alegría. Todos llevamos caretas en la sociedad y jugamos a mostrarnos felices cuando, en el fondo, y aun en la forma, nos sentimos terriblemente solos y sin nadie al que poder acudir ante nuestras las crisis…  Prediquemos a este mundo la libertad de los hijos de Dios, la dignidad de toda persona y el vivir la alegría de poder dar una pequeña sonrisa a todo el que se nos acerca… Nuestro lema ha de ser: Amar a todos, escuchar sin descanso unos minutos y crear un clima de diálogo…”Para dialogar, decía Machado, preguntar primero, después… escuchar”. Hablar a los perdidos en las drogas, sexo y alcohol, no  tanto de sus pecados, sino positivamente - como Cristo a la Samaritana - : “Si conocieras el don de Dios”.

 

Domingo XXX  tiempo ordinario 

“el que se enaltece será humillado  y el que se humilla será enaltecido”

     ¡Que consolador  es el Evangelio de este domingo para los hombres que nos sentimos sinceramente pobres, humildes y débiles!. Cuanto más observa el hombre los sentimientos que suben desde su conciencia, menos se atreve a juzgar a nadie. El hombre religioso no es el  cumplidor de todos los mandamientos, sino aquel que, quizás con grandes dificultades, va caminando por el mundo en medio de logros y caídas; siempre, sin embargo, confiando en el Nazareno que comprende nuestras propias flaquezas, pues sabe de que materia estamos hechos los humanos.

    El fariseo no mentía al afirmar que cumplía con todos los mandamientos…, sino que su pecado consistía en el orgullo de creer que lo hacía con sus propias fuerzas y méritos; tenía el atrevimiento de juzgar la conducta de un hermano, que pedía clemencia y perdón al Señor sin atreverse a levantar los ojos al cielo.

    Hoy también en los momentos que atraviesa nuestra patria, los creyentes y practicantes tenemos el peligro que, al salir por los fueros de Dios, juzguemos demasiado atrevidamente las intenciones de los que legislan al margen de las enseñanzas de nuestra doctrina. Dejemos las intenciones a Dios y sólo defendamos, sencilla, sinceramente y sin presunción de ser superiores, nuestra visión del mundo y del hombre. No tengamos miedo, pues la gracia del Espíritu se derrama hoy en todas las personas.

    Cuando contemplemos a nuestra juventud, en gran parte con comportamientos no inmorales, sino amorales, debemos hacerlo bajo la perspectiva de las enseñanzas del evangelio, en el que se nos dice que cuidado…, pues hay últimos que serán primeros y primeros últimos; y que las mujeres públicas nos precederán en el reino de los cielos.

    Cualquier persona que conozca los aspectos más fundamentales de la psicología se puede preguntar qué libertad tienen esos adolescentes que, desde niños, no han tenido una visión ni de la moral ni de la vida cristiana; y si el concepto de libertad que les fue transmitido no fue…: “hacer lo que se desea”…, en un mundo donde todo consumismo esta permitido, incluso el de las mismas personas. Los niños fundamentalmente no escuchan, sino que en sus comportamientos son “imitadores” de lo que ven y ¿qué observan en esos programas de la televisión basura y, sobre todo, en los anuncios tan excitantes y provocadores?. Todo vale para obtener audiencia y los programas más despreciables - desde el punto de vista del respeto a la persona y a la intimidad - son los que tienen una audiencia masiva… Pocos son los que admiten que contemplan estos programas pero, sin embargo, los números cantan y no son los adolescentes los que primeramente los ven, sino madres y padres – ¡aparentemente morales! – en su vida cotidiana.

    La lectura de Pablo es el testamento para Timoteo y sus discípulos. El Apóstol siente cercana la muerte y hace un resumen de su vida, lleno de sinceridad, al acercarse la hora del encuentro con el Padre. En la hora de la muerte no se puede hacer literatura y Pablo recuerda el abandono de todos… No hay lamentos sino comprensión: “Que Dios los perdone”; y gratitud a Dios a quien atribuye todos los trabajos realizados, pues de él recibió todas las fuerzas y gracias para poderlos llevar a cabo. Oigamos de nuevo, repitiendo en nuestro interior, esas maravillosas palabras con las que comienza la segunda lectura: “he combatido bien mi combate, he corrido la carrera, he mantenido la fe”. Para los que como Pablo tenemos que anunciar el evangelio y nos vemos tan llenos de imperfecciones, faltas y pecados, no  nos atrevemos – por lo menos yo – a decir al final de la vida( ya próxima) que hemos combatido bien el combate, sino que hemos intentado hacer un poco de bien, pero  a menudo no medimos, con la debida prudencia, las consecuencias de muchas de nuestras  acciones…; y tantas veces hemos perdido perdón como Pedro en “Gallicanto” y lo hemos obtenido, esperamos, en el sacramento - inestimable para los débiles - de la reconciliación.

    En mi caso puedo decir que - sin ningún mérito personal, pues toda en mi vida ha sido gracia - he conservado la fe. Esa fe por la que me entregué con alegría al sacerdocio y al servicio de todos, especialmente de los jóvenes y, en medio de un constante trato con agnósticos y ateos por mi apostolado de “fronteras”, siempre conservé la confianza en Cristo, el amor a la Iglesia y la creencia en la amistad de todos los que me rodearon. Siempre he intentado ver el bien que existe en todo hombre, al contemplar con la mirada de Cristo a todo el que se acercaba a mi persona. A nadie consideré malvado, sino una persona tan sincera en sus afirmaciones y creencias como yo en las mías. Nunca fui relativista sino contemplé las perspectivas desde las que mis amigos – tantos no creyentes – veían el mundo y al hombre; siempre les comprendí, aunque no compartiera su visión del hombre y del universo.

Perdonad esta licencia – sit aetatis venia –  de desgarrada sinceridad…  

Domingo XXXI tiempo ordinario

“Hoy ha sido la salvación de esta casa”

     ¡Que cerca de cada uno de nosotros está el pasaje del libro de la Sabiduría!. El autor, un judío helenizado de Alejandría, lleno de fe en el Dios de los padres se dirige a sus hermanos de Alejandría, cuya confianza y fidelidad a Dios está en inminente peligro por el prestigio de la civilización y cultura reinantes en la gran ciudad: el renombre y atracción de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias humanas, el atractivo de las religiones “esotéricas” tan sugerentes en sus enigmas, misterios e invitación a una vida profunda en sus consideraciones espirituales, la ciencias astrológica en la que el hombre se siente llamado a interpretar su destino grabado en el firmamento estrellas… El escribidor de este libro tan importante no es, propiamente, un filósofo de profesión, ni un erudito teólogo, sino un sabio de Israel, que exhorta a sus conciudadanos a la búsqueda de la sabiduría que procede de Dios.

    Su exhortación está tan llena de ternura y misericordia que nos recuerda, como precedente, las palabras sobre el perdón en boca del Nazareno. “La compasión de Dios es uno de los signos no de su flaqueza, sino precisamente de su poder; el perdón es fruto de la comprensión de un Padre, que cierra los ojos - maravillosa imagen – para que entretanto sus hijos puedan arrepentirse…. Ama a todos pues los ha creado para que ellos puedan desarrollar todas sus potencialidades para ser felices en este mundo y en el futuro.

    Todos son tuyos, Señor, ¡amigo de la vida!. ¿Se puede decir mejor el comportamiento de un padre para con sus hijos?. Hoy cuando vemos no ya los peligros que rodean a nuestra juventud y a nosotros mismos, sino como hemos caído en ellos y, en nuestros entorno, se desarrolla una civilización en donde el consumismo  por el consumismo es la máxima de toda la filosofía de la vida, quisiéramos hacer hincapié en la necesidad de hablar de Dios como fuente de la felicidad y amigo de la vida. Una de las características que más resalta entre los valores de nuestra juventud es el de la amistad profunda; alejados de Dios y, a menudo, no comprendidos por sus propios padres ni maestros, los adolescentes no pueden sino acercarse a alguien que les pueda escuchar… No es que esperen grandes consejos, sino que sienten una necesidad imperiosa de vomitar su soledad radical, la hartura ante su vida inconsecuente y el vacío ante un futuro siempre incierto. Los creyentes podemos acercarnos a ellos y en vez de juzgar sus comportamientos – tan absurdos para nuestra moral – escuchar sincera y sencillamente todo lo que sienten y, por desgracia, no encuentran a nadie que tenga sólo unos minutos de su  tiempo para hacerlo…

    Después con una palmada en el hombro, acompañarlos unos momentos en un silencio que es más expresivo que todas las palabras…; si se da el caso…, quedar con ellos para otra ocasión y darles, si lo desean, nuestros propio teléfono y después… esperar la “hora de Dios”. Nunca hemos de coaccionar sus comportamientos futuros, sino creer en el Espíritu que obra en ellos. Les llegará ciertamente la llamada de Dios; aunque nosotros probablemente no seremos los que contemplemos esa llegada, sino alguien que cogió nuestro relevo… “Uno es el que siembra y otro el que recoge” decía la sabiduría del Nazareno.

    El Evangelio de Zaqueo es altamente significativo… Dios llama a los ricos a su conversión, que es la de tener en cuenta a los hermanos que carecen de lo más necesario en la vida. La riqueza es un obstáculo para la vida eterna, al existir el peligro de confiar en ella y olvidarnos de Dios. Todo se compra y se vende, dice el viejo aforisma de todos los tiempos, excepto a Dios y su Reino…; siempre serán bienaventurados los pobres, los que sufren por la justicia, los que son portadores de paz y de mansedumbre.

    Amemos a los ricos y no dudemos de decirles a tiempo y a destiempo el peligro, que corren… No se trata que ellos den unas monedas para tranquilizar sus conciencias, sino de hacer más productiva y fructuosa su misma riqueza. La pobreza ciertamente no se puede repartir, pero si la riqueza; y mientras existan esas diferencias entre las clases y países, existirán personas que, por el Reino de Dios, vayan por esos mundos…, no a repartir limosnas, sino a compartir la vida y la muerte con los pobre y olvidados. Sólo puede ser aceptado por los desheredados y marginados, quien se hace como ellos en lo moralmente posible. ¡Ojalá de nuestras visitas a los ricos, buscando únicamente su conversión, podamos alguna vez escuchar esta palabras: La mitad de mis bienes los doy – de una forma o otra en sentido productivo – a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituyo cuatro veces más!.

    Se nos tachará de ingenuos y crédulos, pero ¿acaso el evangelio no fue escrito para los que creen que es posible a Dios, lo que parece ser imposible a los hombres?      

 

 DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

        La historicidad del hombre y, por lo tanto, de los autores humanos de la Biblia, se muestra de un modo patente en la narración de la muerte de la madre y los siete hijos, mártires por amor a Dios y a las leyes de Israel. A menudo se suele afirmar que la idea de Dios surge con o, por lo menos, con motivo de la creencia en el más allá que supone el culto a los muertos. En Israel, sin embargo, se da una creencia adecuada en un Dios monoteísta sin tener una idea clara hasta los tiempos de los libros de los Macabeos sobre lo que sucede en el más allá.

        Por primera vez en este texto del libro 2º de los Macabeos y del libro de Daniel, se afirma la resurrección y la vida eterna, subyacente a lo largo de toda el relato ejemplar del martirio de los siete hermanos y, siguiendo la misma línea, se afirma en el cp. 12 la tesis del sufragio de los vivos por los difuntos y de estos por los vivientes.

        Los cristianos no afirmamos la supervivencia del alma como los griegos, en especial el platonismo, sino la resurrección. La tesis platónica, contenida en el libro tan rico en enseñanzas del Fedón, se basa en la inmortalidad del alma, al ser esta espiritual y, por tanto, no teniendo un principio interno de descomposición; considerando el alma  y el cuerpo como dos principios unidos accidentalmente. Aristóteles, en cambio, ve al hombre como un compuesto de alma y cuerpo en unidad substancial, donde el alma y cuerpo son coprincipios; como consecuencia negará, a pesar de las creencias en contrario…, la inmortalidad del alma.

        La vida que llevamos en el mundo concreto en el que nos movemos es cansada y cansina, en la que siempre soñamos con el ideal de una vida retirada del mundanal ruido lejos de las grandes ciudades, en la que se pueda dar una “vida descansada”. ¿Es posible realmente esa vida?. Yo no se si lo fue en algunos momentos de la historia humana, pero en estos tiempos se encuentran las nuevas adquisiciones de la técnica: radio, televisiones, ordenadores, etc. en los lugares más recónditos de nuestro mundo occidental. Esas máquinas son maravillosas para una “cultura globalizada del hombre”, pero tienen los grandes inconvenientes de haber introducido, en todos los hogares, elementos de dispersión de lo propiamente humano.

        El hombre moderno vive en dos dimensiones, ambas inquietantes, cuando no absurdas: Bien en esos países en donde no se encuentran esos medios técnicos y, en consecuencia, en esos espacios se muere de hambre y de enfermedades de todo género o bien  en los países de consumismo en los que no existe ni la tranquilidad ni la calma para estar contemplando, sin prisa, la naturaleza y, también, poder entablar unas conversaciones enriquecedoras con los que nos rodean. Hay un tirano que nos arrebata toda la tranquilidad: ese diminuto “reloj” que nos controla no sólo nuestros quehaceres, sino nuestro propio “yo” con su conciencia.

        Todos anhelamos descansar…, y no hay tiempo. Esta es la razón por la que muchos, entre los que me cuento, no nos apuntaríamos a la tesis platónica de la supervivencia… y decimos con Miguel Alcantara: “si tocan a despertarse a mi que no me despierten”…

        Nosotros no afirmamos por razones filosóficas la inmortalidad del alma, sino que creemos en la Resurrección… Resucitar es entrar en una dimensión junto al  Padre que es Vida para vivir, en Cristo y por Cristo, a través de su Espíritu. Es un nacimiento para ser una nueva criatura con un cuerpo no material sino espiritual. Dios será… todo en todos.

        Nosotros, que nos movemos siempre en la temporalidad y en un espacio determinado, no podemos figurarnos lo que será una vida sin esas dimensiones  esenciales al “ser en el mundo”. A Cristo cuando le preguntan - sin afán de conocer, sino para ponerle trampas vulgares - sobre como será el matrimonio en la Vida Verdadera contesta: hombres y mujeres “ya no pueden morir” y serán hijos del Dios de Abraham, Isaac, Jacob…; Dios no lo es de los muertos, sino de los vivos, porque para él todos viven”.

        Si la fenomenología nos ha mostrado que para poder vivir auténticamente en este mundo, es necesario precursar (Vorlaufen) vivencialmente la propia muerte, cuanto más hemos de vivir y morir con Cristo, en esta vida fatigante y fatigosa, con un compromiso serio y responsable con respecto a nuestros hermanos, para poder resucitar con Él a la Vida Eterna.

        No tengáis miedo yo soy la Resurrección y la Vida, dice el Nazareno.

 

Domingo XXXIII tiempo ordinario

         El Evangelio de Lucas nos describe los últimos días de Cristo en Jerusalén y su enseñanza en el templo. La liturgia nos presenta este pasaje con tintes apocalípticos, pues se acerca el fin del año litúrgico, que comenzará  el 18 de Noviembre después de la fiesta de Cristo, Rey del Universo.

        Es el resumen final de la vida y enseñanza del Nazareno; el evangelista coloca en escena a Cristo dando los últimos consejos a sus apóstoles. Difícilmente se puede encontrar en tan pocas líneas unas palabras tan intemporales para todos nosotros; de hecho, a lo largo de a historia del cristianismo, muchas veces se ha creído observar los signos que describe el Evangelio, como previos a la venida del Señor. El mismo Pablo en su vida tuvo el presentimiento que  él vería la Parusía; pronto, sin embargo, cae en la cuenta – léase la segunda lectura – que el Reino de Dios ha llegado ya y su coronamiento final llegará en los tiempos que “ha designado el Padre”.

        Nosotros en una espera, sencilla y silenciosa, debemos repetirnos – sobre todo en el tiempo que estamos viviendo – las palabras: “os echarán mano, os perseguirán entregándoos a los tribunales y a la cárcel y os harán comparecer ante reyes y gobernadores”.

        Estas palabras sirvieron a nuestros hermanos cristianos y judíos, en el Nazismo, para poder soportar todos los padecimientos en aquellos campos, no de concentración, sino de exterminio; y tanto los que supervivieron como los gaseados, lo hicieron con una dignidad, que asombraba a sus guardianes. Durante más de 70 años nuestros hermanos católicos, protestantes y, sobre todo, ortodoxos en el régimen en la URS y posteriormente - en sus países satélites y en China - fueron totalmente perseguidos por el comunismo, altamente beligerante con la Iglesia. Los cristianos, sacerdotes y obispos fueron maltratados y encerrados en cárceles inhumanas y, en medio de aquella persecución, sacerdotes y aun algún obispo crearon el clero chino y una iglesia cristiana independiente de Roma. Nadie puede juzgar las intenciones de estos últimos…; sus padecimientos y, quizás, su voluntad de salvar lo imposible hicieron  que obraran de una forma y una actitud no coherente con la doctrina de Jesús. Esperamos una pronta reconciliación con Roma, pues Dios escribe, a menudo, con trazos torcidos.

        Estamos experimentamos en nuestra patria lo que significa vivir bajo un gobierno laico cuando no laicista… Hemos visto, en pocos años, pasar de un régimen en donde todas nuestras exigencias se veían cumplidas – no sin gran pérdida de nuestra libertad evangélica – a unos momentos en los que los deberes y derechos derivados, según nuestro entender, de una ley natural se ponen en entredicho… La enseñanza religiosa se plantea en términos no demasiado alejados de los planteados en Francia de 1905 con la separación radical entre Iglesia y Estado. Nosotros no estamos acostumbrados a vivir en un horizonte de laicismo creyendo, a pesar de todo, en la verdad del evangelio y en las palabras del Nazareno: “No tengáis miedo, que yo estaré con vosotros todos los días hasta el final del mundo y ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”. Desde el punto de vista histórico, cuando la iglesia se encuentra en momentos desfavorables, es precisamente entonces, cuando surge con más vigor la fe de los cristianos y su confianza en Dios. En los momentos en que  creíamos que la religión cristiana estaba a punto de desparecer, bajo regímenes ateos, pudimos contemplar cómo la gracia de Dios se dispensaba a raudales en una iglesia de silencio… Los mismos presidentes y secretarios generales de repúblicas ateas habían, a menudo, recibido el bautismo y la iglesia de las catacumbas vivía pujante en la sombra en un mundo sobre el que  los cristianos occidentales nos preguntábamos angustiados: ¿Qué quedará de la fe cristiana?... El Espíritu de Jesús había suplido, con creces, la falta de seminarios y de enseñanzas religiosas. Bastó las caída del muro de Berlín para que surgiera el milagro de la gracia…

        La libertad religiosa, sin embargo, en países de tradición cristiana como Polonia, nos trajo consecuencias insospechadas… Mientras el cumplimiento del precepto dominical se practicaba, bajo el régimen comunista con un 70 por ciento, ha bajado a un cuarenta en nuestros días. No se nos oculta que estas cifras han de contemplarse bajo una mirada crítica, y considerar que la Iglesia, en estos países constituía la única canalización de posturas contra los regímenes imperantes. La sociedad de consumo y el capitalismo sin trabas, dificulta la vida religiosa profunda.

        Los cristianos en los momentos actuales hemos de vivir de la esperanza cristiana: creer que, a pesar de derechos conculcados, poseemos la “palabra y el espíritu” de Jesús de Nazaret que,  desde una cruz y abandonado por todos, nos descubrió el amor salvador de Dios.

        Desde el abandono de todo y de todos y hasta, aparentemente, de Dios, repitamos estas palabras: “A tus manos, Señor, encomendamos nuestro espíritu”.    

 

DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

Cristo Rey

“Yo he venido al mundo para ser testimonio de la verdad

       La festividad de Cristo Rey se instituye el 11 de Diciembre de 1925, por la Encíclica de Pí XI: “Quas primas”. Después del Vaticano II ha sido colocada el último domingo del Tiempo Ordinario, para expresar la plenitud del plan divino que conlleva el “titulo Cristo Rey”, alejado de las diversas interpretaciones políticas-religiosas que pudieron darse, en otros tiempos, a este título. Sólo desde la fe podemos afirmar que Jesucristo es Señor del mundo y de los hombres.

        Cristo reina desde una cruz, abandonado de todos y en soledad profunda. Ante la pregunta - grito de Cristo: “Señor, ¿por qué me has abandonado?, el Padre no responde, contrariamente a la respuesta a Job ante el mal, aparentemente sin sentido, que angustiosamente sufre el protagonista de ese libro tan trágicamente humano.

        El prefacio nos concreta de modo admirable el sentido religioso, lejos de todo poder humano, que nos recuerda esta festividad. Su reino, nos dice, “es reino de la verdad y la vida, reino de la santidad y la gracia, reino de la justicia, el amor y la paz”.

Reino de la verdad

        Cristo morirá en una cruz por ser la misma Verdad encarnada. Existe una pregunta, nos dice Kierkegaard, la más absurda de toda la historia y es aquella en la que Cristo se encuentra ante Pilato y al oír decir a Cristo que vino al mundo para ser testigo y testimonio de la verdad, el procurador romano, con un cinismo mezclado de relativismo político, añade: ¿Qué es la verdad?... Cristo calla, pues no podía decir nada ante un hombre que, en presencia de la Verdad encarnada por él, no supo descubrirla. Antes y fundamentando toda demostración está la “mostración” de la realidad ante la mente y el corazón. Todo hombre puede aguantar muchas cosas en la vida y muchos comportamientos absurdos de sus semejantes, pero difícilmente a una persona verdadera. La verdadera persona, que sea al mismo tiempo persona verdadera, nos quita, por su sola presencia, todas las caretas que llevamos en la vida según el entorno en el que nos movemos. Tenemos demasiados “yoes” que van adornándose con rostros diversos: “ el yo que somos” (¿Quién lo sabe?), el “yo que deseamos ser”, “el yo que quisiéramos que vieran los demás”, “el yo que los demás perciben de nosotros”, el “yo que los demás quisieran percibir” … ¡Para que seguir el juego de comedia, cuando no tragedia que llevamos en la vida… cotidiana!.

Reino de santidad, de gracia, de justicia…

        Sólo los justos y santos pueden morir por los pecadores. En la cruz se encuentra Jesús con dos crucificados, el conocido como el buen ladrón y el mal ladrón. A ambos contempla con un amor de comprensión total y absoluta y a los dos ofrece el perdón. Sólo conocemos la reacción del que, siendo homicida y reconociendo la justicia de su condena, susurra, con voz entrecortada ante la actitud del Nazareno, las palabras en las que reconoce el amor y poder misericordioso de Dios: “Acuérdate de mi, cuando estés en tu reino”. La respuesta de Cristo no se hace esperar: “Hoy estará conmigo en el Paraíso”. Señor, ¿acaso el amor puede estar sobre la justicia?. ¿No es una subversión de todos los valores y derechos de los hombres en sociedad, el perdón absoluto de un homicida, sin pagar nada de la deuda contraída de cara al castigo ejemplarizante de toda culpabilidad?. La justicia amorosa de Dios tiene otras coordenadas que jamás los hombres, con nuestro sentido de trasgresión, podemos barruntar. El amor no sólo perdona al hombre, sino que los transforma totalmente con una nueva regeneración que hace al hombre pecador justo y al homicida un amado de Dios y digno de poder finalizar su camino de santidad en el mismo instante de su abandono en las manos de Dios.

Reino de amor y de paz

        El amor de Cristo se manifiesta en su poder de morir él - el solo inocente – por todos los pecadores. No creamos que la gloria de Dios se da únicamente en su resurrección, sino también en su muerte ignominiosa en una cruz, siempre escándalo y necedad para los judíos y gentiles. Quisiéramos citar las palabras, a este respecto, de San Andrés de Creta: “La gloria del Señor se refiere a la cruz, en la que fue glorificado Cristo, resplandor de la gloria del Padre, tal como lo afirma él mismo, en la inminencia de su pasión: Ahora es glorificado el hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Con estas palabras identifica su gloria con su elevación en la cruz. La cruz de Cristo es, en efecto, su gloria y su exaltación, ya que dice: Cuando yo sea elevado, atraeré a todos hacia mí”.

        Solo desde una cruz el cristiano – a imitación de Cristo –  puede hablar del reino de Dios. Morir y resucitar son las dos cara de la moneda de la redención. ¿Cuándo comprenderemos la sabiduría y el amor “irracional y loco” de Dios: El amador del hombre?

                                                                                              Pedro Gil Garbisu

 

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